Buscar este blog

domingo, 7 de febrero de 2016

"Navega mar adentro, y echen las redes"

Quinto domingo del tiempo ordinario
(07/02/2016)

Libro de Isaías 6, 1-2a.3-8. 

El año de la muerte del rey Ozías, yo vi al Señor sentado en un trono elevado y excelso, y las orlas de su manto llenaban el Templo. Unos serafines estaban de pie por encima de él. Cada uno tenía seis alas: con dos se cubrían el rostro, y con dos se cubrían los pies, y con dos volaban. Y uno gritaba hacia el otro: "¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos! Toda la tierra está llena de su gloria". Los fundamentos de los umbrales temblaron al clamor de su voz, y la Casa se llenó de humo. Yo dije: "¡Ay de mí, estoy perdido! Porque soy un hombre de labios impuros, y habito en medio de un pueblo de labios impuros; ¡y mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos!". Uno de los serafines voló hacia mí, llevando en su mano una brasa que había tomado con unas tenazas de encima del altar. El le hizo tocar mi boca, y dijo: "Mira: esto ha tocado tus labios; tu culpa ha sido borrada y tu pecado ha sido expiado". Yo oí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré y quién irá por nosotros?". Yo respondí: "¡Aquí estoy: envíame!".


Salmo 138(137), 1-2a.2bc-3.4-5.7c-8.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.

y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.

Que los reyes de la tierra te bendigan
al oír las palabras de tu boca,
y canten los designios del Señor,
porque la gloria del Señor es grande.

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.

Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos.


Carta I de San Pablo a los Corintios 15, 1-11.

Hermanos, les recuerdo la Buena Noticia que yo les he predicado, que ustedes han recibido y a la cual permanecen fieles. Por ella son salvados, si la conservan tal como yo se la anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí: Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. Se apareció a Pedro y después a los Doce. Luego se apareció a más de quinientos hermanos al mismo tiempo, la mayor parte de los cuales vive aún, y algunos han muerto. Además, se apareció a Santiago y de nuevo a todos los Apóstoles. Por último, se me apareció también a mí, que soy como el fruto de un aborto. Porque yo soy el último de los Apóstoles, y ni siquiera merezco ser llamado Apóstol, ya que he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fue estéril en mí, sino que yo he trabajado más que todos ellos, aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. En resumen, tanto ellos como yo, predicamos lo mismo, y esto es lo que ustedes han creído.


del Evangelio según San Lucas 5, 1-11.

En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron.









REFLEXIÓN

Idea principal: La vocación, o sea, el llamado de Jesús a seguirle.

Síntesis del mensaje: Continuamos con el ministerio de Jesús en Galilea. Ahora, con la vocación de sus primeros discípulos, junto al lago de Tiberíades y la pronta respuesta de dos parejas de hermanos. Como preparación de esta escena leemos en la primera lectura la vocación profética de Isaías. Hoy se nos invita a reflexionar en el sentido de la vocación en la vida de todo cristiano.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Dios a unos llama para la vida consagrada o sacerdotal. ¿Quién llama? Dios nuestro Señor y Padre. ¿A través de qué o de quiénes llama? A través de causas segundas: un sacerdote, un amigo, una lectura, un accidente, un retiro, una decepción. ¿A quién llama? A hombres y mujeres normales, con virtudes y defectos, pero que sienten en su corazón un llamado especial a dar la vida y energías a Dios mediante una especial consagración. ¿A qué llama? A consagrarse a Cristo en cuerpo y alma, ya sea como sacerdote, o monja, o religioso o consagrado laico. ¿Por qué llama? Porque Dios es libre y llama a quien quiere por amor y libertad; no se vio obligado a escogernos por ser buenos; ni tampoco nuestros pecados le impidieron de elegirnos. ¿Para qué llama? Para estar con Él, intimar con Él, conocer los secretos de su corazón, y después para ir a predicar y llevar su nombre y su mensaje de salvación por todas las partes del mundo, echando las redes con todo el arte a derecha y a izquierda, adelante y atrás (evangelio). ¿Dónde llama? A unos llama en la parroquia, a otros en el colegio o universidad, a otros en un hospital, y quién sabe si también a través de sueños o después de haber caído en el pozo oscuro y lóbrego del pecado. ¿Cómo llama? Con gran respeto de nuestra libertad, pero con mucho amor y confianza; a veces con insistencia, otras, suavemente. ¿Qué pide? Dejar todo y seguirlo, confiados en Cristo que nos llama. ¿Qué ofrece? Aquí en la tierra, su amistad y compañía, su gracia y consuelo; y después, la vida eterna. ¿Cuál debería ser la respuesta de ese hombre y de esa mujer? La misma de los profetas, apóstoles y tantos hombres y mujeres de todos los siglos: “Aquí me tienes. ¿Qué quieres de mí? Mándame”. ¿Por qué algunos y algunas dan negativas a Dios? Por el misterio de la libertad, porque les cuesta dejar todo, como le pasó a ese joven rico, por tanto, por apego a este mundo y a sus vanidades.

En segundo lugar, a otros Dios llama para la vida matrimonial. Ya escuchamos tantas reflexiones que los obispos pronunciaron durante el sínodo de la familia. El matrimonio es un don y regalo que Dios concede a unos hombres y mujeres para ser sacramento del amor de Cristo con su Iglesia, para ser signos del amor esponsal de Cristo con la Iglesia, para prolongar el amor fecundo de Dios en otros seres queridos, los hijos, traídos al banquete de la vida por amor y en el amor. En ese matrimonio no puede faltar nunca el vino del amor, como pasó en Caná; y cuando las tinajas amenacen por vaciarse, imploremos a María que interceda ante su Hijo por esos matrimonios tentados, en crisis, en desajustes y dificultades normales, provocados por alguno de los cónyuges y permitidos por Dios para que maduren en su entrega. En la vocación matrimonial también esposo y esposa e hijos están llamados a la santidad de vida, viviendo en la fidelidad y en la educación humana y cristiana de los hijos, a quienes Dios les encomendó. Por eso, urge reconquistar las prácticas de piedad en familia, como se dijo en el sínodo: misa dominical, oración antes de las comidas, el rezo del santo rosario. El mundo quiere ver hoy esas “iglesias domésticas” donde reina la unión, la armonía, el aprecio. Son ya antesalas del cielo. Y los hijos aprenderán el valor de la familia. Y como dice el padre Zezinho: “…y que el hombre retrate la gracia de ser un papá. La mujer sea cielo, ternura, afecto y calor, y los hijos conozcan la fuerza que tiene el amor. Bendecid, oh Señor, las familias. Amén”.

Finalmente, también hay un tercer grupo a quien Dios llama para una vida de solteros dedicados a una causa noble y digna, no por cobardía ni miedo a una vida matrimonial o consagrada. Es un hecho que Dios no quiere “solterones” –basta releer el libro del Génesis-, pero puede pedir a algunos la soltería para dedicarse a una misión específica que pide también la entrega de todo el ser y energías. Aquí no tratamos de quien tiene alguna discapacidad permitida por Dios; ya es bastante la cruz que lleva encima. Hablamos de los que están en su sano juicio y con buena salud. Hermoso es ver un hijo o una hija cuidando de su padre o de su madre enfermos. Edificante contemplar esa persona dedicada las 24 horas a esos prójimos que se encuentran en un hospital. O aquel maestro o maestra felices, abocados a la enseñanza de niños y niñas en escuelas del interior o en colegios de la ciudad. Mucho mérito tiene también quien se consagra a los ancianos en asilos o geriátricos. Todas estas son causas nobles y dignas que exigen la totalidad de la vida y fuerzas. Detrás de estas vocaciones se esconde la fuerza del amor, pues “si no tengo amor, nada soy”.

Para reflexionar: ¿Ya descubrí la vocación de Dios en mi vida? ¿A qué espero para responderle con prontitud y amor? ¿Qué voy a perder si dejo todo y le sigo? ¿Qué voy a ganar? Meditemos estas palabras de santo Tomás: “A los que Dios elige para una misión, los dispone y prepara de suerte que resulten idóneos para desempeñar la misión para la que fueron elegido” (Suma Teológica, 3, q.27, a. 4c).

Para rezar: Entonemos la famosa canción de Cesáreo Garabain:

Señor, me has mirado a los ojos,
Sonriendo has dicho mi nombre.
En la arena he dejado mi barca:
Junto a Ti buscaré otro mar.

escrito por Antonio Rivero, L.C.
Doctor en Teología Espiritual,
profesor y director espiritual en el seminario diocesano Maria Mater Ecclesiae de são Paulo (Brasil).
Cualquier sugerencia o duda pueden comunicarse con el padre Antonio a este email: arivero@legionaries.org
(fuente: zenit.org)

sábado, 6 de febrero de 2016

Sintió compasión de ellos

Sábado de la cuarta semana del tiempo ordinario
(06/02/2016)

Primer Libro de los Reyes 3, 4-13. 

El rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí, porque ese era el principal lugar alto. Sobre ese altar, Salomón ofreció mil holocaustos. En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras". Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor, David, mi padre, con gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un hijo que hoy está sentado en su trono. "Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?". Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti." Y también te doy aquello que no has pedido: tanta riqueza y gloria que no habrá nadie como tú entre los reyes, durante toda tu vida.


Salmo 119(118), 9.10.11.12.13.14.

¿Cómo un joven llevará una vida honesta?
Cumpliendo tus palabras.
Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.

Conservo tu palabra en mi corazón,
para no pecar contra ti.
Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos.

Yo proclamo con mis labios
todos los juicios de tu boca.
Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.


del Evangelio según San Marcos 6, 30-34.

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.








REFLEXIÓN

“Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo... que es resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Heb 1,1-3). Ya en el Antiguo Testamento el Dios de Israel se había revelado como un Dios personal, que ama a su pueblo y lo salva, que lo conduce como un pastor a su rebaño, que vela por el huérfano y la viuda y que defiende personalmente a los débiles. Pero la revelación plena de Dios se nos iba a dar en su Palabra encarnada, Jesucristo. En efecto, “a Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1,18).

Dios es invisible; pero no por esto perdemos toda esperanza de verlo, pues su Hijo único “lo ha contado”, lo ha hecho visible en su propia persona. A esto se refiere Jesús cuando declara: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9). Nuestra principal ocupación debe ser, entonces, contemplar a Jesús. Viendolo actuar a él debemos concluir: “Así es Dios”. Es lo que haremos leyendo el Evangelio de este domingo.

El Evangelio nos relata el momento en que los apóstoles regresan donde Jesús, después de haber sido enviados por él en una primera misión: “Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado”. Habríamos esperado que Jesús hiciera con ellos una evaluación de esta primera experiencia apostólica. Pero la preocupación de Jesús se centra en ellos. Jesús está más preocupado de procurarles descanso a ellos: “Entonces, él les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’”. Jesús los defiende del “stress”, pues -dice el Evangelio- “los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer”. Y se fueron con él en la barca a un lugar solitario. Concluimos: Así es Dios. Para él lo importante es el bienestar nuestro. Dios es un Padre que se interesa por cada uno de sus hijos personalmente y vela incluso por sus necesidades temporales, por su descanso y su alimentación.

Van con Jesús en la barca a un lugar solitario con intención de “descansar un poco”. Pero la multitud se les adelanta por la playa y “al desembarcar, vio mucha gente”. No los dejaron cumplir con su objetivo de descansar y comer. ¿Cómo reacciona Jesús ante esta contrariedad? Habríamos esperado algún gesto de impaciencia o de molestia. Pero no hay ni sombra de esto. Al contrario, Jesús reacciona de esta otra manera: “Sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor”. Jesús reacciona como el pastor que ellos buscan, más aun, como “el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). No está velando por su propio descanso, sino solamente por el bienestar de esas ovejas: “Se puso a enseñarles muchas cosas”.

Al observar esta actitud de Jesús, debemos concluir: “Así es Dios”. Dios es un Padre que está siempre disponible para sus hijos, sobre todo cuando lo buscan. Así lo expresa hermosamente la IV Plegaria eucarística: “Compadecido tiendes la mano a todos, para que te encuentre el que te busca”.

escrito por + Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles
22 de julio de 2012
(fuente: aciprensa.com)

viernes, 5 de febrero de 2016

El camino de Dios es perfecto

Viernes de la cuarta semana del tiempo ordinario
(05/02/2016)

Libro de Eclesiástico 47, 2-13. 

Como se aparta la grasa del sacrificio de comunión, así fue elegido David entre los israelitas. El jugó con leones como si fueran cabritos y con osos como si fueran corderos. ¿Acaso, siendo joven, no mató a un gigante y extirpo el oprobio del pueblo, cuando lanzó una piedra con la honda y abatió la arrogancia de Goliat? Porque él invocó al Señor, el Altísimo, que fortaleció su brazo para exterminar a un guerrero poderoso y mantener erguida la frente de su pueblo. Por eso, lo glorificaron por los diez mil, y lo alabaron por las bendiciones del Señor, ofreciéndole una diadema de gloria. Porque él destruyó a los enemigos de alrededor y aniquiló a sus adversarios, los filisteos, quebrando su poderío hasta el día de hoy. En todas sus obras rindió homenaje al Santo Altísimo, con palabras de gloria; cantó himnos de todo corazón, mostrando su amor por su Creador. Estableció cantores delante del altar, para que entonaran cantos melodiosos; dio esplendor a las fiestas, y ordenó perfectamente las solemnidades, haciendo que se alabara el santo nombre del Señor y que resonara el Santuario desde el alba. El Señor borró sus pecados y exaltó su poderío para siempre, le otorgó una alianza real y un trono de gloria en Israel. Después de él surgió un hijo lleno de saber que, gracias a David, vivió desahogadamente. Salomón reinó en tiempos de paz y Dios le concedió tranquilidad en sus fronteras, a fin de que edificara una Casa a su Nombre y erigiera un Santuario eterno.


Salmo 18(17), 31.47.50.51.

El camino de Dios es perfecto,
la promesa del Señor es digna de confianza.
El Señor es un escudo para los que se refugian en él,
¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca!

¡Glorificado sea el Dios de mi salvación!
Por eso te alabaré entre las naciones
y cantaré, Señor, en honor de tu Nombre.

Él concede grandes victorias a su rey
y trata con fidelidad a su Ungido,
a David y a su descendencia para siempre.


del Evangelio según San Marcos 6, 14-29.

El rey Herodes oyó hablar de Jesús, porque su fama se había extendido por todas partes. Algunos decían: "Juan el Bautista ha resucitado, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos: Otros afirmaban: "Es Elías". Y otros: "Es un profeta como los antiguos". Pero Herodes, al oír todo esto, decía: "Este hombre es Juan, a quien yo mandé decapitar y que ha resucitado". Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano". Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto. Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta. La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista". El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.









REFLEXIÓN

Nos disponemos a la oración pidiendo al Espíritu que nos conduzca en este momento.

Ven Espíritu Santo, quiero estar un momento contigo, Señor.
Deseo que este momento esté consagrado solo a Ti.
Ven a tocar mi mirada interior para que pueda contemplar tu Gloria divina que no tiene límites.
Te doy gracias porque he podido conocerte. Porque has derramado en mí la fe
y puedo invocarte con profunda confianza.
Te doy gracias porque contigo todo se me hace más fácil
y cuando te invoco me quedo en paz.
Realmente Gracias Señor.
Gracias por tu amistad
y porque puedo dialogar contigo sobre las inquietudes de mi vida.
Sí Señor, porque puedo vivir en tu presencia
y todo está ante tu mirada y todo se contiene en tu existencia.
Te adoro Señor, en esta cercanía.
Te adoro porque nunca estás lejos,
siempre estás iluminando lo más íntimo de mi ser.
Gracias Espíritu Santo porque cuando camino estás conmigo.
Cuando trabajo estás conmigo.
Cuando sueño estás conmigo.
Cuando sufro estás conmigo.
Cuando me alegro estás allí conmigo.
Y cuando no puedo más, también estás conmigo.
Amén.
Ave María purísima. Sin pecado concebida.

Hacemos el camino juntos, hoy iluminados por la Palabra que nos deja un Jesús que da que hablar, que mueve, nada queda quieto donde pasa el Señor. El Señor moviliza, despierta, activa, sacude, y algunos salen disparando. Hasta que llegó un momento en la vida en que el Señor tuvo que mirar fijo a los suyos y les hizo aquella pregunta terrible: ¿Ustedes también se van a ir? Para mucha gente el ser discípulo, dicen, es mucho sacrificio, pura renuncia, no hay una satisfacción. Sabe que cuando la fe se queda sólo como una pintura a la cal en el rancho y no está penetrada a las paredes, cuando la fe no está arraigada, cuando es sólo un esquema, cuando es sólo una idea, palabras, nociones, pero no está encarnada en la vida por el Espíritu, entonces, no solo parece difícil el cristianismo sino que realmente se experimenta la imposibilidad del mismo. Hay que saber que hay una expresión fundamental que anima la vida. La vida para nosotros, lo sabemos por experiencia, todo es gracia. Ese es nuestro anuncio. Vivimos de la experiencia de la gracia.

Hoy vamos a ver la figura de Juan el Bautista, gran hombre de Dios que vivió una misión extraordinaria y que fue realmente el antecesor y fue en toda su vida un signo de lo que Jesús iba a vivir. Viviéndolo en sí mismo también anunció lo que iba a vivir el Mesías.

Hoy la Iglesia celebra a Santa Águeda, alguien que dio la vida por el Señor. Lo que el Señor hace en las personas, les da la capacidad de dar la vida, eso es algo increíble, difícil de comprender muchas veces, pero es una de las cosas lindas que nos deja el testimonio de la fe vivida a pleno. El Señor da otras cosas que nosotros no podemos ver con los ojos del cuerpo. Da una virtud, una capacidad y eso pasa a ser un gran signo. Para mucha gente el tener que morir por alguna causa es una desgracia, es como si se les acabara todo en la vida. Para el cristiano la muerte es la puerta a la entrada a la vida.

El Señor, a donde va, moviliza. Verlo a Jesús sacudiendo la existencia humana, nada queda indiferente al Señor. Hace tanto bien verlo así, da mucho consuelo. Muchas veces nos quedamos con un concepto equivocado de la identidad cristiana, de la vida del cristiano, de la vida de la fe. A veces confundimos la experiencia del don de paz como una cosa del que nunca tiene problemas. Si yo soy bueno, si rezo, hago lo que Dios me pide, hago caridad y soy bueno con los demás entonces pienso que Dios me tiene que ayudar en todo y muchos cristianos se desaniman mucho cuando haciendo tantas cosas buenas tienen dificultades. Piensan que el Señor los abandona, y eso es tan humano, tan extendido, que a veces hasta los que están con una gran formación en la vida espiritual, se confunden en el camino. Ustedes saben que una cosa muy grande justamente es esta, cuanto más grande es el don de la paz más puede brillar en medio de las dificultades. Cuanto mayores son las dificultades las cruces, las contradicciones, mayor es la posibilidad de re significar la presencia de Dios en medio de nosotros. El Reino de Dios va a pasar por las pruebas. “En el mundo tendrán muchas pruebas, pero no tengan miedo, yo he vencido al mundo”, le dirá el Señor a sus discípulos y nos lo dice también a nosotros en este tiempo. El Señor ya ha vencido así es que no hay que asustarse de las dificultades.

El Señor tiene un sueño que quiere realizar en este día en tu persona. El Señor tiene un proyecto maravilloso, en serio, abrí tus sentidos, puede ser con dolor, con gozo, no importa, que no te asusten los lenguajes de Dios, déjalo, abrí la mente, no tengas miedo a lo que venga, abrí el pecho grande, Dios quiere realizar su proyecto en tu persona empezando a través de la palabra. Abrí tu corazón.

El Señor, su presencia, manda sus discípulos. Comienza a haber signos de la presencia de Dios, sanaciones, curaciones, se expulsan demonios. La experiencia de Jesús y de los discípulos es una experiencia del poder de la gracia. Esto es realmente una novedad. Aparte el Señor empezó a llamar la atención porque ya no era un maestro más como había en Israel, que tenía sus discípulos, porque había muchos maestros que tenían sus seguidores. Ese liderazgo que hay en el pueblo de Israel y que hay siempre en la historia, en todos los campos. Siempre hay liderazgos, y también Jesús era un líder, pero diferente. No era un maestro más como todos. El Señor tiene algo distinto, tiene ese no se qué que contagia, atrae, magnetiza, personalidad magnética y atractiva que nos llevaba a comprender aquellas palabras de la escritura: Tú me sedujiste y yo me dejé seducir. El Señor, cuando pasa despierta cosas, es como los imanes, o atrae o rechaza, no el señor sino que muchos se alejan de el o se sienten doblegados por la presencia, ternura, impresionante presencia del Señor.

Así es que el Señor no deja a nadie indiferente. Por ahí estoy en mi vida espiritual y hace tiempo sigo en la búsqueda de una quietud, quiero estar demasiado tranquilo, y no sé si ese es el paso de Dios. No sé si el estar tan instalado, tan asegurado, tan sereno, tan sin dificultades, no. No crea que hay que salir a buscar las dificultades, no, ese tampoco es el camino del Señor. Lo que has de buscar es el proyecto de Dios, que quiere el Señor, por donde pasa el Señor. Un espíritu guiado, un corazón guiado por el Señor no es un corazón estable. Si nos molesta mucho la inestabilidad, lo cambiante, no nos gusta eso, nos gusta el mate tranquilo, manso, pero es necesaria la tormenta, es necesaria la mansedumbre según el proceso que haya en el plan de Dios desde toda la eternidad pensado para cada uno de nosotros. Un corazón guiado por el Espíritu nunca está estable. Por eso el ser humano tiene que tener, desde su condición bautismal, una gran disponibilidad, una gran ductilidad, y creo que tenemos que crecer esencialmente en eso. Ese es el nervio central, la raíz de una fe que se pueda vivir, una experiencia de Dios que se pueda hacer en concreto, que sea real, que no esté herida por la imaginación, o soñada, o volada o huyendo del plan de Dios. No tener miedo de dejarse pulsar por el Espíritu de Dios y yo creo que es esto a lo que tenemos que disponernos cada día y en un momento muy intenso decir al Señor: Aquí estoy Señor, tú tienes un sueño para mí, un proyecto. Porque para eso es la fe, para eso hemos sido iluminados por la fe, para eso fuimos transformados y nacimos, para ser movidos por el Espíritu de Dios. Entonces, el que es movido por el Espíritu de Dios va dejándose conducir por el y entonces el Espíritu le va indicando, le va pulsando, y a veces, las decisiones tomadas no son suficientes, necesitan ser revisadas, cambiadas, a veces hay caminos de los que hay que salir. Hay tareas que hay que dejarlas, hay deseos buenísimos y loables que están pulsando mi existencia, pero el Espíritu de Dios me dice no. David quería hacerle la casa a Dios: “No puede ser” decía David, “yo vivo en palacio y el Señor en una tienda, le voy a hacer la casa”. Y el Señor le decía: No David, me la hará tu hijo. Y David tuvo que cambiar.

El Señor está pulsado por el Espíritu, su presencia es motivadora, llama la atención, cautiva, trae muchas curiosidades, despierta muchas cosas ocultas. Cuando un buen cristiano está entregado al amor de Dios no tiene que tener miedo de los juicios, de las elucubraciones del ambiente, aunque sean para socavarle una fosa. No tengas miedo, el Señor va a ir mostrando el camino de la verdad y así va a ir apareciendo la mentira, la mala intención, la dureza que hay en muchos corazones. Este niño, le dijo Simeón a María, Nuestra Señora, será causa de caída y de elevación para muchos en Israel. Tú como cristiano también. La presencia del discípulo es una presencia profética y el Señor se encarga de sus profetas. No lo olvides.

El Señor presente, despertando inquietudes. El Seño no deja nada indiferente.

Aquello que recordábamos de Simeón a María: Este niño será causa de caída y de elevación para muchos, y también: A ti, una espada te atravesará el corazón. Le anticipaba Simeón la condición de perfecta discípula de María, hasta donde es conducido el discípulo. Entiendo que de miedo esto. Provoca miedo saber que el amor pide la vida. Se nos ha vuelto extraño comprender que el amor pide la vida. Quizá se ha encogido el corazón del hombre en este tiempo y no porque no tenga capacidad de más sino porque a veces ciertas corrientes van induciendo. El demonio también es inteligente, va trabajando, y el Señor le permite que por momentos se adueñe de la historia humana para que el hombre no pierda el camino de la humildad, que no olvide que debe ser pequeño, dócil, obediente, que no debe tener miedo, que debe descubrir el camino de la confianza. Pero se nos hace extraño pensar que amar significa morir. Amar significa también el sacrificio, la oblación, que el amor implica el dar la vida y que el amor es el negocio en el que no se especula, es un negocio en el que se cree, se confía. Es el negocio en el que se espera. El amor es el negocio en el que la vida se alcanza porque se la da. El que es capaz de perderla la gana. El que la guarda la pierde, dice el Señor. El Señor no dice mentiras. Si no sabemos como es esto el Señor sí lo sabe. Docilidad. Crecer en la disponibilidad que el Señor cuando pide algo da la gracia, y la gracia hace cosas que uno no puede hacer. Cosas de las que uno va a quedar admirado. Y además, si somos muy dóciles quedaremos llenos de estupor y se nos va a hacer hábito el estilo de María que guardaba y meditaba todas estas cosas en su corazón. El cristiano tiene que vivir desde esta docilidad. Dejar a Dios actuar para que se nos llene y se nos dilate el corazón. El corazón del hombre se ha arrugado, achicharrado, encogido. El hombre quiere traer la vida a la medida, los límites de las paredes de su sensibilidad y de su receptividad temporal, a la medida de su racionalidad, pero la fe va más allá. Hace mucha falta que muchos quieran amar y ser generosos, aprender de Juan Bautista. Me gustó porque en la Palabra, la presencia del Señor va despertando un montón de criterios de pensamientos, y empiezan a decirlo en voz alta. Hasta ahora nadie había dicho nada pero se ve que esto estaba escondido adentro de los corazones. Muchos secretos saldrán a la vista da a entender Simeón a María con ocasión del niño en sus brazos. Este niño hará que muchos secretos escondidos queden develados. Y como también dice la escritura: “No hay nada escondido que no vaya a ser manifiesto o revelado” Todo sale a la luz, se afloja la mugre del fondo del tacho. Muchos pensaban que era un profeta, otros que era Elías, Herodes, que lo había mandado a matar a Juan el Bautista estaba traumado y lo que le salía de adentro era eso, decía era Juan que había resucitado. No, Jesús es Jesús, es intransferible, es único, y todo lo otro existió y sucedió de tal manera para que fuera posible el encuentro con Jesús. Jesús es la Palabra, es la respuesta final del padre Dios a nuestra aspiración humana, a nuestra búsqueda, a nuestra aspiración humana. Jesús es único, es insustituible, esencial. Jesús no podrá ser callado nunca y en donde Jesús aparece empieza a despertar inquietudes.

Tengo otra cosa que también quiero compartir con ustedes. Esta palabra me sugiere que la actitud de Herodes en el fondo también nos puede estar pasando a nosotros. Creyendo vivir la fe estamos proyectando en nuestros miedos, nuestros pecados, nuestras culpas. Cuantas personas, como Herodes, viven la vida de fe creyendo que viven la fe y que siguen al Señor y en realidad siguen sus propias sombras, sus propias locuras. Hay que estar atento y hacer un discernimiento. Saber que necesitamos alcanzar una fe sana. Ir saneando nuestro corazón. Se tiene que ir transformando, cuidado porque a veces ciertos fanatismos en la vida espiritual, muchos cristianos aferrados a sus propias ideas religiosas están siguiéndose a sí mismo, no siguen el Señor. Y cuanto más nos seguimos a nosotros mismos más fanáticos somos. Así, más fundamentalistas nos ponemos. Nunca los que aman al Señor y tienen una fe sana, son fanáticos. Lo único que tienen es que son obedientes y son incondicionales y no tienen pereza y están dispuestos a hacer lo que Dios les pide. En cambio, el fanatismo que a veces proyecta nuestro propio interior, la visión del Dios que nosotros queremos y no el Dios que es. El fanatismo nos hace tercos, desobedientes, sectarios, y hay mal olor. Y ciertamente tiene mucha fuerza, tiene mucho éxito también, y es muy atractivo porque muchos débiles quedan seducidos y embaucados, porque el demonio también se viste de Dios y de Virgen María. Cuidado, no seamos ingenuos en sentido negativo. Hay que dejar que la Iglesia, que tiene el Espíritu Santo y que está asistida con una palabra incondicional, la Iglesia de Pedro es la que recibe la asistencia incondicional del Espíritu para que no se desvíe del camino del Bien y de la Verdad. También en nuestra vida personal, mucho voluntarismo, mucha seguridad en nuestra fe, sabemos demasiado, la tenemos demasiado clara. Es preocupante tener un cristiano que tiene las cosas demasiado claras. Si a usted le dicen: Usted sí que la tiene clara, cuídese. Si los demás, muchos, perciben eso, entonces por favor empiece a bajarse del caballo. Ser humilde. Muchas expresiones de la fe no son sino la expresión de mi propia locura y no la búsqueda de un Dios que es real.

escrito por Padre Mario Taborda
(fuente: radiomaria.org.ar)

jueves, 4 de febrero de 2016

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros

Jueves de la cuarta semana del tiempo ordinario
(04/02/2016)

Primer Libro de los Reyes 2, 1-4.10-12. 

Estando ya próximo a su muerte, David hizo estas recomendaciones a su hijo Salomón: "Yo me voy por el camino de todo el mundo. Sé fuerte y compórtate como un hombre. Observa las prescripciones del Señor, tu Dios, siguiendo sus caminos, observando sus preceptos, sus mandamientos, sus leyes y sus instrucciones, según lo que está escrito en la Ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y en todo lo que emprendas, y el Señor mantendrá esta palabra que me ha dicho: Si tus hijos vigilan su conducta, caminando delante de mí con fidelidad, de todo corazón y con toda su alma, nunca te faltará un descendiente en el trono de Israel. David se fue a descansar con sus padres, y lo enterraron en la Ciudad de David. Cuarenta años duró su reinado sobre Israel: reinó siete años en Hebrón y treinta y tres en Jerusalén. Salomón se sentó en el trono de su padre David, y su realeza quedó firmemente afianzada.


Primer Libro de Crónicas 29, 10.11ab.11d-12a.12bcd.

Después David bendijo al Señor en presencia de toda la asamblea, diciendo:
“¡Bendito seas, Señor, Dios de nuestro padre Israel, desde siempre y para siempre!
Tuya, Señor, es la grandeza, la fuerza, la gloria, el esplendor y la majestad;
porque a ti pertenece todo lo que hay en el cielo y en la tierra.

Tú te elevas por encima de todo.
De ti proceden la riqueza y la gloria;
tú lo gobiernas todo,
en tu mano están el poder y la fuerza,
y es tu mano la que engrandece y afianza todas las cosas.


del Evangelio según San Marcos 6, 7-13.

Entonces llamó a los Doce y los envió de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus impuros. Y les ordenó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero; que fueran calzados con sandalias, y que no tuvieran dos túnicas. Les dijo: "Permanezcan en la casa donde les den alojamiento hasta el momento de partir. Si no los reciben en un lugar y la gente no los escucha, al salir de allí, sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos". Entonces fueron a predicar, exhortando a la conversión; expulsaron a muchos demonios y curaron a numerosos enfermos, ungiéndolos con óleo.











REFLEXIÓN

Jesús envía de dos en dos y sólo con un bastón

La imagen de los apóstoles así enviados es una imagen llena de dinamismo evangélico. Estamos en el corazón del anuncio y aquí aparece la mirada puesta de Jesús en el camino, y al mismo tiempo que Él es el camino, invita a los discípulos a abrir caminos. En eso consiste el envío misionero.

¿Y en qué consiste la misión? Hay que leer bien y mirar la escena del envío una y otra vez, en cada evangelista, para darle al evangelio la oportunidad de sorprendernos, de ser “buena nueva”, hoy, para nosotros. El enviado no es puesto a hacer una función o un servicio, como un cadete que envía tal sobre. Es el mensajero quien lleva el mensaje, por eso es muy importante que el que va por los caminos esté profundamente identificado por el mensaje.

Si uno quiere ver bien de qué se trata el envío es, por tratar de decirlo de alguna manera, un freno a toda interpretación funcionalista y un movimiento inverso que tiene una fuerza irresistible: el pasaje del envío en Marcos nos retrotrae a Jesús. Si uno lee bien en Marcos, sorprende un poco que Jesús no les dice “a qué los envía”. Simplemente los envía, como si en el envío estuviera el contenido de la misión. Es un “ir yendo” que en el camino lo confiado irá apareciendo. Es lo que nos viene diciendo el Papa Francisco, que en la misión misma va apareciendo la identidad de nuestra vocación más profunda. Es en un hacer que nace del envío y sobretodo de quién me envía, de Jesús. Voy en su nombre y con Él.

Aquí hay un rasgo del texto que vale la pena destacar. Hay pobreza en lo que el Señor envía. La pobreza vivída evangelicamente hablando es un reaseguro contra toda fuerza del mal. Porque en esto de ir sin nada por el camino, sin atarnos a nada, está la fuerza puesta en Dios mismo que es quien nos envía. “No lleven más que un bastón, ni pan, ni alforja, ni dinero, no lleven más de dos túnicas”. Es un ir libres, sin nada, porque Él mismo va con ellos acompañando. No implica mandarlos a la muerte y sin nada, sino al contrario, Jesús los manda sin nada porque con Él lo tienen todo.

Solamente cuando nos damos cuenta que el tesoro que tenemos Dios lo ha puesto en vasijas de barro, puede el Señor obrar con poder en medio de nuestra pobreza. Su poder se manifiesta en medio de nuestra fragilidad. Por eso es que hay que ir a la misión como estamos, con sencillez y con pobreza. Sólo así el Señor podrá vencer las fuerzas del mal a través nuestro mientras recorremos los caminos.

Llevamos un tesoro en recipientes de barro

Un testigo de este testigo gozoso del evangelio es San pablo, el apóstol de los gentiles. “Hemos recibido este misterio y no nos acobardamos antes bien renunciamos a callar por verguenza. No queremos proceder con astucia sino que declarando la verdad nos encomendamos delante de Dios

Este tesoro, el del anuncio de la buena noticia, lo llevamos en vasijas de barro para que se vea bien que ese poder extraordinario procede de Dios y no de nosotros.

Cuando el Papa Francisco dice “¡cómo quisiera una Iglesia pobre para los pobres1” no está diciendo que bajemos el nivel de lo que hacemos. ´Francisco se refiere a que administremos los biene que tenemos con austeridad pero poniendo en el centro a Dios que brilla en nuestros corazones con la buena noticia de Cristo Jesús que quiere ser proclamada a todos. Solo cuando la Iglesia y el evangelizador elige el camino de la fragilidad y la pobreza, no sufriendolo sino viviendolo y haciéndolo vida, el poder del evangelio llega con toda su fuerza a quien lo necesita. Como dice Pablo a los que “eligieron estar ciegos y rechazar a Dios” a ellos no lelga porque hay una actitud tomada. De igual modo nosotros creemos que Dios puede vencer allí, salvo que la corrupción como modo de vida haya sido una elección de acuerdo con un pacto con el enemigo de la naturaleza humana. Ahí sí terminamos enfrentándonos cara a cara con la fuerza del mal, y en la cruz de Cristo, terminará el Señor por vencer.

Como el testimonio que escuchaba ayer de Mons. Romero, con una consciencia de que enfrentando al poder político de corrupción en su país, su suerte va a ser el martirio. Recibió el testimonio de su amigo el P. Rutilio Grande, también asesinado, que ahora se le entregaba a él la causa que debía terminar. Eso ocurre cuando la ceguera de la fuerza del mal pacta con sectores de la sociedad no encuentra otro modo que generar la muerte de los testigos que plantean algo diferente. Ahí lejos de perderse el evangelio, allí se multiplica. El testimonio que da Romero es que de la muerte del padre Rutilio Grande le viene la fuerza del testamento que él había sembrado. Como diciendo que en el martirio de su hermano estaba la fuerza para afrontar lo que le venía.“Esa noche sentí una inspiración divina para ser valiente y tener una aptitud de fortaleza, mientras que en el país, flagelado por la injusticia social, aumentaba la violencia: violencia de la oligarquía contra los campesinos, violencia de los militares contra la Iglesia que defendía a los pobres, violencia de la guerrilla revolucionaria” cuenta Romero. Mons. Romero es uno de los 3 sacerdotes de la historia que muere durante la misa, durante la misam pascua de Jesús.

Anunciamos la buena noticia llevando el poder de Jesús pero desde el vaso de barro que somos, en condición de sencillez y humildad en la que se manifiesta Cristo Jesús. Lo que importa no somos nosotros sino que aparezca la luz de Cristo en todo su esplendor.

Tanto ha hecho el amor de Dios en nosotros que “como callar lo que hemos visto y oído” dirán los apóstoles. Cuando creemos que nosotros tenemos los instrumentos en nuestras manos y creemos que manipulandolos con criterios llegamos a donde tenemos que llegar, es que no entendemos nada. Dios hace su obra como quiere y desde sus criterios. La fuente del anuncio está en el poder que la Palabra tiene en sí misma y no en los instrumentos. Por ahí pasa que ponemos más la fuerza en los intrumentos que en Quien nos envía, Jesús.

Hacen falta las estrategias y los planes pero evangelicamente hablando, poniendo siempre al Señor y su poder primero. A veces, valiéndonos “sanamente” de algunos instrumentos que nos ofrece la sociedad terminamos poniendo más el acentro allí que en el poder de Dios. Por eso en la misión, a veces, con menos se hace más.

La misión de a dos

La misión a la que el Señor envía supone la presencia de dos o más. Es hermoso el testimonio de Henry Nowen un sacerdote psiquiatra que ha vivído en Harvard con una carrera brillante y tras una crisis sacerdotal muy grande, va a la comunidad del Arca. Es una comunidad de personas con discapacidad. Allí se da un proceso de recuperación interior hermoso, y estando en la comunidad del Arca le toca dar una conferencia en Harvard. Cuando uno vive en comunidad, las tareas se hacen en comunidad, y por ende uno de sus hermanos discapacitados lo acompaña. Estando allá, su compañero le decía una y otra vez “Henry lo hacemos juntos”.

Y lo hicieron juntos. Henry Nowen dio su conferencia sobre la fuerza del evangelio y la capacidad de transformar a las personas desde lo más profundo y estuvo muy bien. Pero luego su acompañante tomó la palabra, y tras su testimonio, el anfiteatro se elevó en aplausos.

No hace falta mucho para llegar al corazón, simplemente hay que tener consciencia de que lo hacemos juntos, con Dios. Sólo en la medida en que permanecemos en comunión la misión es eficaz. “Padre te pido que sean uno para que el mundo crea” rezará Jesús.

Lo importante es sabernos enviados, contando con nuestras pobrezas pero revestidas de la riqueza enorme con la que Dios nos bendice invitándonos a compartir la Buena Nueva.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: radiomaria.org.ar)

miércoles, 3 de febrero de 2016

" ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?"

Miércoles de la cuarta semana del tiempo ordinario
(03/02/2016)

Segundo Libro de Samuel 24, 2.9-17. 

El rey dijo a Joab, el jefe del ejército, que estaba con él: "Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba y hagan el censo del pueblo, para que yo sepa el número de la población". Joab presentó al rey las cifras del censo de la población, y resultó que en Israel había 800.000 hombres aptos para el servicio militar, y en Judá 500.000. Pero, después de esto, David sintió remordimiento de haber hecho el recuento de la población, y dijo al Señor: "He pecado gravemente al obrar así. Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio". A la mañana siguiente, cuando David se levantó, la palabra del Señor había llegado al profeta Gad, el vidente de David, en estos términos: "Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo". Gad se presentó a David y le llevó la noticia, diciendo: "¿Qué prefieres: soportar tres años de hambre en tu país, o huir tres meses ante la persecución de tu enemigo, o que haya tres días de peste en tu territorio? Piensa y mira bien ahora lo que debo responder al que me envió". David dijo a Gad: "¡Estoy en un grave aprieto! Caigamos más bien en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres". Entonces el Señor envió la peste a Israel, desde esa mañana hasta el tiempo señalado, y murieron setenta mil hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba. El Angel extendió la mano hacia Jerusalén para exterminarla, pero el Señor se arrepintió del mal que le infligía y dijo al Angel que exterminaba al pueblo: "¡Basta ya! ¡Retira tu mano!". El Angel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo. Y al ver al Angel que castigaba al pueblo, David dijo al Señor: "¡Yo soy el que he pecado! ¡Soy yo el culpable! Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre!".


Salmo 32(31), 1-2.5.6.7.

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado
y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor
no le tiene en cuenta las culpas,
y en cuyo espíritu no hay doblez!

Pero yo reconocí mi pecado,
no te escondí mi culpa,
pensando: “Confesaré mis faltas al Señor”.

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
Por eso, que todos tus fieles te supliquen
en el momento de la angustia;
y cuando irrumpan las aguas caudalosas
no llegarán hasta ellos.

Tú eres mi refugio,
tú me libras de los peligros
y me colmas con la alegría de la salvación.


del Evangelio según San Marcos 6, 1-6.

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos? ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa". Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos. Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.














REFLEXIÓN

Los paisanos del tiempo de Jesús solo alcanzan a ver en el hijo de María y José el carpintero, a un vecino más de ahí. Jesús se extraña de la falta de fe de ellos y citando aquello tan antiguo que solo es en su propia tierra despreciado un profeta da a entender que su peregrinar trasciende el ámbito al que pertenece al vinculo que tiene con ellos de familiaridad vecinal.

La falta de fe de sus vecinos es lo que le impide un paso más en cercanía que permita ver en el hijo de José y María al mismo enviado de Dios. Cuando no hay fe las cosas de Dios resultan extrañas, resultan incomprensibles, porque el misterio que esconde Jesús sólo se lo puede penetrar por el don maravilloso de la fe. Es solo por la fe como podemos acceder desde la carne de Jesús al misterio de la redención.

Es solo por la fe donde podemos penetrar lo impenetrable que resulta el misterio de Dios entre nosotros si no estamos asistidos por la fe. habitando en medio nuestro en la cotidianidad haciendo que la vida no caiga en la rutina, el don de la fe nos abre al misterio de la presencia de Dios que vino a poner su morada en medio nuestro. Todo se hace rutinario cuando nos falta el don de la fe y no encontramos sentido ni rumbo. “Las cosas son como son y no pueden ser de otra manera”. La vida del hombre en su dignidad está para ser vivida en plenitud y lo hacemos cuando desde la inteligencia, sin evadirnos, podemos encontrar valor y sentido en el claroscuro de la vida. Eso lo aprendemos cuando desde la fe leemos los signos de los tiempos que Dios va dejando en el camino. Así el camino es de plenitud y no nos enredamos en lo de todos los días. La voluntad de Dios no nos quiere transcurriendo el tiempo sin sentido sino siendo partícipes, protagonistas.

“Sabemos, además, que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio” (Rom 8, 28). Nada de lo que acontece escapa de las manos de Dios, todo lo que acontece es para bien de los suyos, que somos todos. Nada escapa a la mirada de Dios, y somos quizás nosotros los que nos movemos sin Él. Que Él nos de mirada de trascendencia y sentido en medio de las cosas de todos los días.

Jesús y su propuesta en lo de todos los días, del valor de lo que trasciende, no sólo para darnos un aire nuevo sino para mostrarnos que no existe nada de todo lo que acontece que no se escape de sus manos.

Nos pasa tantas veces que la realidad nos ahoga, nos achica la mirada, nos deprime el encontrarnos todos los días con la “novela” de la realidad… como para utilizar una imagen que aunque nos hayamos perdidos algunos capítulos no hay mucho que haya cambiado. El sistema lejos de liberar las fuerzas humanas para construir algo nuevo, termina por determinarlo o coartarlo. Cuando nos encontramos repetidamente en ese escenario el alma se nos va acabando y el sentir interior es de sinsentido y vacío. Allí intentamos sumarnos para “pasarla bien” o nos animamos a romper interiormente con una saludable rebeldía buscando nuevas salidas. Nosotros proponemos uno de renovación que es lo que entendemos Dios hizo desde hace tiempo cuando comprometió la gracia de la Salvación “cuando la caída del hombre lo puso bajo la caída del hombre, yo pondré en enemistad entre tú y la mujer.

Nosotros entendemos que es Dios mismo quien quiere intervenir en la historia y queremos sumarnos a Él en la construcción de un mundo nuevo. Ciertamente lo nuevo, lo no conocido, lo no sabido, genera un cierto temor y desconcierto. Cuando nos movemos en el esquema de repetirnos, de no quedar expuestos frente a los demás por temor al qué dirán, la vida termina por repetirse y sos uno más del montón. No se trata de sobresalir por sobresalir sino de llegar a ser lo que estás llamado a ser. Dios mismo a querida involucrar su presencia para que llegues a ser lo que pensó para vos desde siempre.

Para salir de esta rutina aburrida y el sistema tedioso, proponemos 4 puntos que puedan ayudarte a renovar en el camino:

1) El encuentro con la Palabra de Dios desde la lectura orante de la misma
2) revalorizar y renovar nuestra vida sacramental
3) a través de una buena catequesis que sea adecuada a nuestra realidad
4) recuperando el diálogo creyente de la oración en clave de amistad.

Encontrarnos con la Palabra de Dios y dejarnos interpelar

El encuentro con la Palabra de Dios en la lectura orante como un camino que nos lleva a poner en el centro ya no la economía del mercado, ni el “bienestar”, y poner en el centro a lo que nos trasciende. Si no hay algo que nos trascienda dificilmente salgamos del encierro y bostezo aburrido de lo cotidiano. Es lo que les pasaba a los contemporáneos de Jesús que prefirieron quedarse con lo de siempre.

¿Cómo? Primero hacernos un tiempo. El Papa Francisco ayer decía que con 15 minutos alcanza. Ponerse frente al texto de la palabra y allí animarnos a meternos en la escena de lo que está ocurriendo. Por ejemplo, en el texto de hoy imaginarnos cómo es que Jesús llega a ese espacio comun, cómo es que Jesús actúa en medio de ellos, cómo es que proclama la Buena noticia…. Y la gente mirandolo a Jesús con asombro. Uno puede imaginarse el cuchicheo, la sorpresa, y el descrédito con el que lo miran. Entonces pensar como este Cristo que tiene una misión que trasciende a lo suyo, la gente busca encorsetarlo por miedo. ¿Cómo son esos diálogos, qué dicen, qué opinan, y cómo es que buscan dejarlo a Jesús allí en su territorio. Por otro lado Jesús que no se deja escapar.

Entonces imaginarme esa escena y con ello dialogar con el Señor. Por ejemplo las veces que en mi propia vida yo mismo me autoboicoteo, mientras Él me invita a algo nuevo, yo mismo me clavo. Me tengo que cuidar la salud y yo mismo como de manera desordenada, etc etc.

Se trata de leer la Palabra de Dios e imaginarme lo que pasa y desde allí reflexionar, ver qué me dice la Palabra y que tengo yo para decirle. La Palabra de Dios siempre tiene algo nuevo para decirme aquí y mi ahora.

Dios no es extraño a mi historia y no solamente me dice esto en la Palabra que le da un contendido a mi propia historia sino que como la Palabra de Dios actúa en lo que dice aquello mismo que la Palabra pronuncia viene como a realizarlo en medio de mi propia historia.

Renovar la vida sacramental

Un segundo paso en la búsqueda de la centralidad de Jesús para nuestra vida es revalorizar y renovar la vida sacramental en nosotros. ¿Por qué una vida sacramental renovada? Porque hay una cierta costumbre de la comunidad católica que hace que la vida de los sacramentos sea casi un trámite de rutina. Hemos armado un Dios de consumo y entonces, los chicos tienen que ser bautizados, no sabemos por qué pero hay que hacerlo… después la comunión también, y si quieren la confirmación. Y si al final de la vida vemos que viene complicada la cosa, llamamos al cura para que le de una bendición. Es un modo de ridiculizar los modos con los que nos vinculamos al sacramento.

Para renovarnos vamos por lo primero: los sacramentos son signos sensibles y en la comunidad reunida en asamblea actúa a través del ejercicio ministerial de servicio a través de los cuales se significa de una manera diversa su presencia. Si bien es cierto que los sacramentos obran por sí mismos, para que obren con mayor eficacia hace falta tener el corazón bien preparados para recibirlos.

Claro que si la catequesis que hemos recibido es la de la primera comunión, evidentemente hay cosas que ya no convencen como cuando teníamos 10 años, y necesitamos otros espacios para vincularnos con la fe. Si no hay una renovación, se hace por cumplimiento, en donde cumplimos y mentimos. Mi corazón está lejos de entender de qué se trata la propuesta de Dios para mi vida en este tiempo. La fe necesita ser reflexionada, de ahí la importancia de buscar espacios comunitarios donde poder vivir la fe de manera adulta.

Jesús con los niños jugaba y con los adultos evangelizaba. Nosotros solemos hacer al revés y catequizamos a los chicos. Necesitamos nuevos espacios en donde madurar la fe. En el centro de la propuesta debe estar la Palabra de Dios, que es el eje de lo que plantea el Concilio Vaticano II. Una fe adulta que confronte la propuesta del evangelio con los desafíos del mundo.

Desde esa catequesis, recibir los sacramentos que son nuestro alimento cotidiano: bautismo, confirmación, eucaristía, reconciliación, matrimonio, orden sagrado, unción de los enfermos.

Cada uno de manera adulta tiene que preguntarse cómo vivo mejor con Cristo sacramento. Los sacramentos que son 7 derivan de Cristo que es el sacramento, como signo eficaz de la vida de Dios en nosotros. En esos 7 canales Dios alimenta y robustece nuestra fe para que la trascendencia encuentre un lugar sólido donde afirmarse.

Jesús se nos manifiesta dando vida en el Bautismo, reconciliando en el sacramento de la Reconciliación, haciéndose alimento en la Eucaristía, sanando en la unción de los enfermos, dando orden de gobierno de santificación en el don del ministerio sacerdotal para la vida del pueblo de Dios como pastores, también haciéndose misterio de alianza en el matrimonio.

Es el mismo Jesús que sensiblemente se hace presente de una manera eficaz. De ahí cuando nosotros celebramos un sacramento es Cristo que se hace presente detrás de la pobreza de los signos que nos acercan su misma persona.

Cuando nosotros tenemos conciencia de que es Jesús quien actúa a través de la pobreza de estos signos los sacramentos se transforman rápidamente por su eficacia comprometido en ellos desde hace dos mil años en una fuente de renovación de vida interior para nosotros. Entonces no hay rutina que se haga aburrida sino en todo caso novedad constante de la presencia de un Dios que nunca se repite y siempre es creador en su modo de manifestarse.

La Catequesis para esta etapa de mi vida

El tercer modo a través del cual el Señor nos quiere renovándonos en la centralidad de su misterio es a través de una buena catequesis según la etapa de la vida que me encuentro.

Nosotros hemos presentado la vida catequística de la comunidad no como un itinerario permanente sino como salir al cruce de una enseñanza solo en términos conceptuales no tanto confrontándola con la vida para el cumplimiento o acceder a un sacramento. Entonces tenemos la catequesis para la confirmación, para la comunión, para el bautismo pero siempre como orientado a la celebración sacramental.

Eso hace de nuestra vivencia de servicio en la catequesis que nuestra fe se vaya sacramentalizando, sacramentalista le llamamos a esa fe cuando se la vive en función del sacramento no como lo decíamos antes de una manera renovada sino para tenerlo como quien pasa por una Iglesia y carga nafta como si ésta fuera una estación de servicio.

Hay que proponerse un encuentro con el Señor catequístico y proponerlo dentro de la comunidad a la que pertenecemos que trascienda el ámbito de lo sacramental.

Esto hace que la catequesis sea un itinerario permanente. Un peregrinar constante con Jesús en mi niñez, en mi adolescencia, en mi juventud, en mi juventud adulta, en mi adultez, en mi tercera edad. Siempre estamos necesitando de la presencia catequística de Jesús maestro y nosotros siempre como discípulos.

Entonces cuando hablamos de una renovada catequesis hablamos de un mensaje de Jesús adecuado a ésta etapa de la vida que estoy viviendo, un confrontar la vida con lo que ella tiene de exigencia con el mensaje de Jesús no creyéndome que ya lo tengo todo respondido porque ya he hecho todo lo que tenía que hacer para vivir en la fe de Jesús sino animándome a seguir creciendo en Él.

La oración: hablar con un amigo

El Señor quiere conversar con nosotros como conversa con un amigo, en un diálogo adulto. Como lo hacía Dios con Moisés. Un diálogo sincero, cara a cara y sin muchos protocolos, sabiendo quién con quién habla. A este lugar tiene que llevarnos este proceso de renovación interior a la que el Señor nos llama para que su presencia no sea como la de sus coterráneos que no veían nada nuevo. Si Dios no tiene nada nuevo para ofrecerme es porque yo me declaré viejo de golpe. Es posible encontrar novedad a los 70 y a los 80 años.

La amistad sólo crece cuando es cultivada, lo mismo pasa con la amistad con el Señor. Y éste encuentro, como cuando ocurre con los amigos, se da cuando nos ponemos a conversar de nuestras cosas. Es el trato de amistad que renueva la centralidad de su presencia en nuestra vida.

La oración, decía Teresa de Jesús, es estar muchas veces a solas en trato de amistad con quien sabemos nos ama. En el modo de relación de Moisés y de todos los santos se trata de un trato de familiaridad con El. Moisés hablaba con Dios como habla un amigo con su amigo. Muy lejos está Dios de ser extraño a nosotros, muy lejos también de ser uno más de nosotros. No es el Dios intocable, el innombrable como decía a veces el Antiguo Testamento ni el barba como irrespetuosamente lo tratamos.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: radiomaria.org.ar)

martes, 2 de febrero de 2016

llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley

Fiesta de la Presentación del Señor
(02/02/2016)

Libro de Malaquías 3, 1-4. 

Así habla el Señor Dios. Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años.


Salmo 24(23), 7.8.9.10.

¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!

¿Y quién es ese Rey de la gloria?
Es el Señor, el fuerte, el poderoso,
el Señor poderoso en los combates.

¡Puertas, levanten sus dinteles,
levántense, puertas eternas,
para que entre el Rey de la gloria!

¿Y quién es ese Rey de la gloria?
El Rey de la gloria es
el Señor de los ejércitos.


del Evangelio según San Lucas 2, 22-40.

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor. Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo: "Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel". Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos". Estaba también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.












REFLEXIÓN

Oración introductoria

Prepara, Señor, mi corazón para que con una disposición de apertura y docilidad te deje entrar hasta lo más íntimo de mi alma pues sé con certeza que quien se pone en tus manos está en camino de la verdadera felicidad.

Petición: Que me acepte, Señor, como soy para que, reconociendo tu mano en mi creación, pueda prepararme con entusiasmo cuando me presente ante ti al final de la batalla.

Meditación del Papa Francisco

El Evangelio viene a nuestro encuentro con una imagen muy bonita, conmovedora y alentadora. Es la imagen de Simeón y de Ana, de quienes nos habla el Evangelio de la infancia de Jesús, de san Lucas. Eran realmente ancianos, el “viejo” Simeón y la “profetisa” Ana que tenía 84 años. No escondía la edad esta mujer. El Evangelio dice que esperaban la venida de Dios cada día, con gran fidelidad, desde hacía muchos años. Querían verlo precisamente ese día, recoger los signos, intuir el inicio. Quizá estaban también un poco resignados, ya, a morir antes: esa larga espera continuaba sin embargo ocupando su vida, no tenían compromisos más importantes que este. Esperar al Señor y rezar. Y así, cuando María y José llegaron al templo para cumplir la disposición de la Ley, Simeón y Ana se movieron impulsados, animados por el Espíritu Santo. El peso de la edad y de la espera desapareció en un momento. Reconocieron al Niño, y descubrieron una nueva fuerza, para una nueva tarea: dar gracias y dar testimonio por este Signo de Dios. Simeón improvisó un bellísimo himno de júbilo. Ha sido un poeta en ese momento. Y Ana se convierte en la primera predicadora de Jesús: “hablaba del niño a quienes esperaban la redención de Jerusalén”. (Audiencia de S.S. Francisco, 11 de marzo de 2015).

Reflexión

La presentación de Jesucristo toca el timbre de nuestra conciencia al recordarnos lo importante que es presentarnos, ofrecernos a Dios. Este presentarse adquiere diversos matices: primero, la donación que hacemos de nosotros mismos a Dios al escucharle, al dejar que cada día vaya plasmando su obra en nuestra vida. Cada alma en particular fue creada con un fin, con una misión concreta dentro del plan providente de Dios, y Dios quiere hablar y manifestarse en el mundo, pero necesita voluntarios. Significa además la entrega que hacemos a todos los que vamos encontrando en nuestro camino. ¡Cuánto puede ayudar una sonrisa! Basta un gesto, una actitud. Por último, dicha presentación asegura, firma un pacto, cuyo cumplimiento tendrá lugar en el momento de nuestro abrazo definitivo con Dios, cuando cansados de nuestro peregrinar por esta tierra, le podamos decir a Dios: ¡Valió la pena apostar por ti!

No son las grandes predicaciones, no son las grandes obras de apostolado ni los proyectos de gran envergadura los que suscitan la verdadera admiración de los hombres. El asombro viene cuando detrás de todo aquello está un hombre que vive de Dios, un hombre que aprendió a presentarse a Dios y a los demás. María Santísima es experta en llevar nuestras obras a buen puerto. Basta una decisión libre y un entusiasmo por lo que tenemos que hacer.

Propósito: En cinco minutos que saque de oración, pediré por aquellas personas que he conocido.

Diálogo con Cristo:

Qué paz me da, Señor el ejemplo de tu Madre al ofrecerte a Dios, como el acto de cualquier mamá que ofrece a Dios el fruto de su amor a Dios en cada alumbramiento. Que el día cuando me presente a ti, pueda a mi vez presentarte otras muchas almas, ganadas para ti con horas de oración y sacrificio. Hazme comprender que cada acto de donación es una invitación a los hombres a creer en ti.

"El amor no puede permanecer en sí mismo. No tiene sentido. El amor tiene que ponerse en acción. Esa actividad nos llevará al servicio"(Madre Teresa de Calcuta)

escrito por Arturo López
(fuente: catholic.net)

lunes, 1 de febrero de 2016

"Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti"

Lunes de la cuarta semana del tiempo ordinario
(01/02/2016)

Segundo Libro de Samuel 15, 13-14.30.16,5-13a. 

Cuando David recibió esta noticia: "Todos los hombres de Israel están de parte de Absalón", dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: "¡Rápido huyamos! Si Absalón se nos pone delante, no tendremos escapatoria. ¡Apúrense a partir, no sea que él nos sorprenda, que precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!". David subía la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que lo acompañaba también llevaba la cabeza cubierta, y lloraba mientras subía. Cuando el rey llegaba a Bajurím salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Simei, hijo de Guerá. Mientras salía, iba lanzando maldiciones, y arrojaba piedras contra David y contra sus servidores, a pesar de que todo el pueblo y todos los guerreros marchaban a la derecha y a la izquierda del rey. Y al maldecirlo, decía: "¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y canalla! El Señor hace recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, a quien tú has usurpado el reino. ¡El Señor ha puesto la realeza en manos de tu hijo Absalón, mientras que tú has caído en desgracia, porque eres un sanguinario!". Abisai, hijo de Seruiá, dijo al rey: "¿Cómo ese perro muerto va a maldecir a mi señor, el rey? ¡Deja que me cruce y le cortaré la cabeza!". Pero el rey replicó: "¿Qué tengo que ver yo con ustedes, hijos de Seruiá? Si él maldice, es porque el Señor le ha dicho: "¡Maldice a David!". ¿Quién podrá entonces reprochárselo?". Luego David dijo a Abisai y a todos sus servidores: "Si un hijo mío, nacido de mis entrañas, quiere quitarme la vida, ¡cuánto más este benjaminita! Déjenlo que maldiga, si así se lo ha dicho el Señor. Quizá el Señor mire mi humillación y me devuelva la felicidad, a cambio de esta maldición que hoy recibo de él". David siguió con sus hombres por el camino, mientras Simei iba por la ladera de la montaña, al costado de él; y a medida que avanzaba, profería maldiciones, arrojaba piedras y levantaba polvo.


Salmo 3, 2-3.4-5.6-7.

Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se levantan contra mí!
¡Cuántos son los que dicen de mí:
“Dios ya no quiere salvarlo”!

Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria,
tú mantienes erguida mi cabeza.
Invoco al Señor en alta voz
y él me responde desde su santa Montaña.

Yo me acuesto y me duermo,
y me despierto tranquilo
porque el Señor me sostiene.
No temo a la multitud innumerable,
apostada contra mí por todas partes.


del Evangelio según San Marcos 5, 1-20.

Llegaron a la otra orilla del mar, a la región de los gerasenos. Apenas Jesús desembarcó, le salió al encuentro desde el cementerio un hombre poseído por un espíritu impuro. El habitaba en los sepulcros, y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. Muchas veces lo habían atado con grillos y cadenas, pero él había roto las cadenas y destrozado los grillos, y nadie podía dominarlo. Día y noche, vagaba entre los sepulcros y por la montaña, dando alaridos e hiriéndose con piedras. Al ver de lejos a Jesús, vino corriendo a postrarse ante él, gritando con fuerza: "¿Qué quieres de mí, Jesús, Hijo de Dios, el Altísimo? ¡Te conjuro por Dios, no me atormentes!". Porque Jesús le había dicho: "¡Sal de este hombre, espíritu impuro!". Después le preguntó: "¿Cuál es tu nombre?". El respondió: "Mi nombre es Legión, porque somos muchos". Y le rogaba con insistencia que no lo expulsara de aquella región. Había allí una gran piara de cerdos que estaba paciendo en la montaña. Los espíritus impuros suplicaron a Jesús: "Envíanos a los cerdos, para que entremos en ellos". El se lo permitió. Entonces los espíritus impuros salieron de aquel hombre, entraron en los cerdos, y desde lo alto del acantilado, toda la piara -unos dos mil animales- se precipitó al mar y se ahogó. Los cuidadores huyeron y difundieron la noticia en la ciudad y en los poblados. La gente fue a ver qué había sucedido. Cuando llegaron adonde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su sano juicio, al que había estado poseído por aquella Legión, y se llenaron de temor. Los testigos del hecho les contaron lo que había sucedido con el endemoniado y con los cerdos. Entonces empezaron a pedir a Jesús que se alejara de su territorio. En el momento de embarcarse, el hombre que había estado endemoniado le pidió que lo dejara quedarse con él. Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: "Vete a tu casa con tu familia, y anúnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti". El hombre se fue y comenzó a proclamar por la región de la Decápolis lo que Jesús había hecho por él, y todos quedaban admirados.















REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO
El Papa en Sta. Marta: ‘No hay humildad sin humillaciones’

En la homilía de este lunes, el Santo Padre reflexiona sobre el camino hacia la santidad del rey David

El papa Francisco, en la homilía de la primera misa del mes de febrero celebrada en Santa Marta, ha subrayado que la humildad es el camino de la santidad. De este modo, el Santo Padre ha reflexionado sobre la historia del rey David que, consciente de su pecado, acepta las humillaciones con espíritu de confianza en el Señor. Asimismo, ha asegurado que Dios perdona el pecado, “pero las heridas de una corrupción difícilmente sanan”.

El Pontífice ha explicado que el rey David “está a un paso de entrar en la corrupción”, pero el profeta Natán, enviado por Dios, le hace entender el mal que ha realizado. Así, el Papa ha recordado que David es pecador pero no corrupto porque “un corrupto no se da cuenta”. Por eso, ha precisado que “es necesaria una gracia especial para cambiar el corazón de un corrupto”. Y David, que tenía el corazón noble aún reconoce su culpa. Y Natán le dice: “el Señor perdona tu pecado, pero la corrupción que has sembrado crecerá. Has matado a un inocente para cubrir un adulterio. La espada no se alejará nunca de su casa’.

Por eso, el Santo Padre ha indicado que “Dios perdona el pecado, David se convierte pero las heridas de una corrupción difícilmente sanan. Lo vemos en muchas partes del mundo”. David debe enfrentar al hijo Absalón, ya corrupto, que le hace la guerra. Pero el rey reúne a los suyos y decide dejar la ciudad y deja volver el Arca, no usa a Dios para defenderse. Se va “para salvar a su pueblo”. Y este –ha precisado– es el camino de santidad que David, después de ese momento en el que había entrado en la corrupción, comienza a hacer.

El Pontífice ha proseguido la homilía recordando que David llorando y con la cabeza cubierta deja la ciudad y hay quien le sigue para insultarlo. Entre estos, Simei le llama “sanguinario”, lo maldice. David acepta esto porque, tal y como ha afirmado el Papa, “si maldice es porque el Señor” se lo ha dicho.

El Papa ha proseguido explicando que “David sabe ver los signos: es el momento de la humillación en el cual él está pagando su culpa”. Y ha añadido: “este es el recorrido de David, desde el momento de la corrupción a este confiarse a las manos del Señor. Y esto es santidad. Esto es humildad”.

Yo –ha observado el Francisco– pienso en cada uno de nosotros, si alguno nos dice algo, algo feo”, “enseguida tratamos de decir que no es verdad”. O hacemos como Simei: “damos una respuesta más fea aún”.

Por otro lado, el Santo Padre ha aclarado que “la humildad solamente puede llegar a un corazón a través de las humillaciones. No hay humildad sin humillaciones y si no eres capaz de llevar algunas humillaciones en tu vida, no eres humilde”.

Finalmente, el Pontífice ha resaltado que “el único camino para la humildad es la humillación. El fin de David, que es la santidad, viene a través de la humillación. El fin de la santidad que Dios regala a sus hijos, regala a la Iglesia, viene a través de la humillación de su Hijo, que se deja insultar, que se deja llevar a la Cruz, injustamente”. Y este Hijo de Dios que se humilla –ha concluido– es el camino de la santidad. Y David, con su actitud, profetiza esta humillación de Jesús”.

El Obispo de Roma ha invitado hoy a pedir la gracia, para cada uno de nosotros, para toda la Iglesia, la gracia de la humildad, pero también la gracia de entender que no es posible ser humildes sin humillación.

(fuente: zenit.org)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...