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lunes, 21 de marzo de 2016

"Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura"

Lunes Santo
(21/03/2016)

Libro de Isaías 42, 1-7. 

Así habla el Señor: Este es mi Servidor, a quien yo sostengo, mi elegido, en quien se complace mi alma. Yo he puesto mi espíritu sobre él para que lleve el derecho a las naciones. El no gritará, no levantará la voz ni la hará resonar por las calles. No romperá la caña quebrada ni apagará la mecha que arde débilmente. Expondrá el derecho con fidelidad; no desfallecerá ni se desalentará hasta implantar el derecho en la tierra, y las costas lejanas esperarán su Ley. Así habla Dios, el Señor, el que creó el cielo y lo desplegó, el que extendió la tierra y lo que ella produce, el que da el aliento al pueblo que la habita y el espíritu a los que caminan por ella. Yo, el Señor, te llamé en la justicia, te sostuve de la mano, te formé y te destiné a ser la alianza del pueblo, la luz de las naciones, para abrir los ojos de los ciegos, para hacer salir de la prisión a los cautivos y de la cárcel a los que habitan en las tinieblas.


Salmo 27(26), 1.2.3.13-14.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es el baluarte de mi vida,
¿ante quién temblaré?

Cuando se alzaron contra mí los malvados
para devorar mi carne,
fueron ellos, mis adversarios y enemigos,
los que tropezaron y cayeron.

Aunque acampe contra mí un ejército,
mi corazón no temerá;
aunque estalle una guerra contra mí,
no perderé la confianza.

Yo creo que contemplaré la bondad del Señor
en la tierra de los vivientes.
Espera en el Señor y sé fuerte;
ten valor y espera en el Señor.


del Evangelio según San Juan 12, 1-11.

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado. Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales. María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume. Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?". Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella. Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre". Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado. Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él.








REFLEXIÓN

Sin atender al inminente peligro, del cual tiene perfecto conocimiento, Jesús va a Jerusalén con los discípulos para la Pascua. Seis días antes de la fiesta llega a Betania, donde se queda por poco tiempo. Allá, probablemente al anochecer del sábado, se le ofrece un banquete. Los preparativos de un banquete se podrán hacer sin dificultad el sábado, por la tarde, porque el tiempo de reposo concluía a la caída del sol.

El evangelista se limita a señalar a Lázaro entre los comensales y a decir que Marta sirve y que María era la mujer que ungió a Jesús.

Esta cena o celebración es una acción de gracias a Jesús por el don de la vida. "Le ofrecieron allá una cena". No ponen a la familia de Lázaro como sujeto. Es toda la comunidad de todos los tiempos. Recuperada de su tristeza, la comunidad celebra la vida recibida, reconocida en Jesús como en su fuente y en Lázaro como beneficiario. Este banquete en memoria de un muerto se convierte en acción de gracias para celebrar la presencia del autor de la vida y la victoria sobre la muerte. Este banquete como la eucaristía misma, anticipa también en cierto modo el banquete final, cuyos comensales serán todos los que han recibido la vida definitiva.

"María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso; le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera y la casa se llenó de la fragancia del perfume". María muestra su agradecimiento por el don de la vida; el precio del perfume es símbolo de su amor sin medida.

Para describir la escena utiliza el evangelista el lenguaje del Cantar de los Cantares, mostrando que María, representante de la comunidad, asume, el papel de esposa respecto a Jesús. Así Ct 1, 12: "Mientras el rey (=esposo) estaba en su diván, mi nardo despedía su perfume" (Jn 12, 3).

El tema de los cabellos se encuentra en Ct 7, 6: "con tus trenzas cautivas a un rey".

El perfume que derrama María es símbolo del amor de la comunidad por Jesús que responde al amor que él le ha mostrado, comunicándole la vida. Al secarle los pies con el pelo, en el cual queda cautivado el esposo, se insinúa el amor con que corresponde Jesús a los suyos.

"La casa se llenó de la fragancia del perfume" (Ct 1, 3 (LXX)) "La fragancia de tus perfumes supera todos los aromas, perfume derramado es tu nombre, por eso las doncellas se enamoran de ti". Con Jesús, el esposo, ha vuelto la alegría que llenó a Juan Bautista (3, 29). La casa entera, la comunidad, se llena de la fragancia del Espíritu, amor recibido de Jesús y devuelto a él, vínculo de unión entre los discípulos.

Aquel hedor irremediable del hermano muerto se ha cambiado en perfume, porque la comunidad sabe ahora que la vida ha vencido a la muerte. Jesús ha llevado a cabo el designio de Dios sobre el hombre, dándole la vida definitiva. De ahí el precio del perfume. Esta vida sobrepase todo precio.

"Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: ¿Por qué no se ha vendido este perfume por 300 denarios para dárselos a los pobres?" En la comunidad se alza una voz discordante. No todos los discípulos aceptan el mensaje de Jesús. Judas prefiere el dinero al amor y, por tanto, a Jesús. En realidad está poniendo precio a su persona. Ha tasado lo que no tiene precio. Resuena de nuevo el texto del Cantar de los Cantares: "Si alguien quisiera comprar el amor con todas las riquezas de su casa, se haría despreciable" (8, 7). Judas no cree en el amor generoso; el dinero es para él el valor supremo. María, la comunidad cristiana, desvaloriza el dinero; Judas desvaloriza el amor.

El pretexto que pone consiste en darle más importancia a la actividad exterior de la comunidad -compromiso social o político- que a la expresión de su propia vida.

Al no participar de los valores del grupo, quiere disimular su falta de integración apelando a una actividad que es en realidad una evasión; habla como si se pudiese amar a los de fuera sin amar a los de dentro o como si el amor no fuera la identidad y distintivo de la comunidad y la plataforma necesaria para el testimonio, del que deriva la posibilidad de la fe para el mundo (13, 34 ss; 17,22).

Pretende oponer los pobres a Jesús. Piensa que nadie, ni Jesús mismo, merece un amor total. No está dispuesto a darlo todo por nadie en concreto, se refugia en lo genérico, en la masa abstracta (los pobres).

Como solución a la pobreza propone Judas la limosna en vez de la comunidad; la comunidad, para Jesús, no vive en estructuras de dinero (compra-venta) sino de acción de gracias y puesta en común (6,11), de amor compartido y que comparte. Por eso Jesús contesta; "a los pobres los tenéis siempre entre vosotros".

Estas palabras indican la forma de relación que se establece entre la comunidad y los pobres.

Los pobres no son el término de una actividad hacia el exterior, como si estuviesen fuera del grupo cristiano; se les considera dentro de él, o porque pertenecen a la comunidad o porque se les acoge en ella. La comunidad está separada del mundo, pero no de los pobres.

Al morir, Jesús va a dar la posibilidad y señalar el camino para abolir la opresión y la pobreza, pero no partiendo de una situación de fuerza y de dominio (riquezas) sino de solidaridad (don de sí hasta la muerte). La comunidad no se distingue de los pobres, es una comunidad de pobres que se aman y que, a través del compartir, expresión del amor, superan su condición de oprimidos.

Por eso, los pobres no pueden ser el objeto externo de la solicitud de la comunidad. El amor no pone una limosna en la mano del pobre para desentenderse luego. El amor de Jesús consiste en acoger admitiendo a la propia mesa y a la propia intimidad. Así es como los pobres han de estar siempre entre los discípulos. Es en la relación personal donde se manifiesta el amor de Jesús.

escrito por Mateos Barreto
EL EVANGELIO DE JUAN
ANALISIS LINGÜISTICO Y COMENTARIO EXEGETICO
EDICIONES CRISTIANDAD/MADRID 1982 .Págs. 538 ss.
(fuente: www.mercaba.org)

domingo, 20 de marzo de 2016

"Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor
(20/03/2016)

Libro de Isaías 50, 4-7. 

El mismo Señor me ha dado una lengua de discípulo, para que yo sepa reconfortar al fatigado con una palabra de aliento. Cada mañana, él despierta mi oído para que yo escuche como un discípulo. El Señor abrió mi oído y yo no me resistí ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas, a los que me arrancaban la barba; no retiré mi rostro cuando me ultrajaban y escupían. Pero el Señor viene en mi ayuda: por eso, no quedé confundido; por eso, endurecí mi rostro como el pedernal, y sé muy bien que no seré defraudado.


Salmo 22(21), 8-9.17-18a.19-20.23-24.

Los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que Él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto.»

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies.
Yo puedo contar todos mis huesos.

Se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.

Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.»


Carta de San Pablo a los Filipenses 2, 6-11.

Jesucristo, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor y haciéndose semejante a los hombres. Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: "Jesucristo es el Señor".


del Evangelio según San Lucas 22, 14-71.23,1-56.

Llegada la hora, Jesús se sentó a la mesa con los Apóstoles y les dijo: "He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el Reino de Dios".
Y tomando una copa, dio gracias y dijo: "Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios".
Luego tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes. La mano del traidor está sobre la mesa, junto a mí. Porque el Hijo del hombre va por el camino que le ha sido señalado, pero ¡ay de aquel que lo va a entregar!".
Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién de ellos sería el que iba a hacer eso.
Y surgió una discusión sobre quién debía ser considerado como el más grande.
Jesús les dijo: "Los reyes de las naciones dominan sobre ellas, y los que ejercen el poder sobre el pueblo se hacen llamar bienhechores. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que es más grande, que se comporte como el menor, y el que gobierna, como un servidor. Porque, ¿quién es más grande, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es acaso el que está a la mesa? Y sin embargo, yo estoy entre ustedes como el que sirve. Ustedes son los que han permanecido siempre conmigo en medio de mis pruebas. Por eso yo les confiero la realeza, como mi Padre me la confirió a mí. Y en mi Reino, ustedes comerán y beberán en mi mesa, y se sentarán sobre tronos para juzgar a las doce tribus de Israel. Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido poder para zarandearlos como el trigo, pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos".
"Señor, le dijo Pedro, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel y a la muerte". Pero Jesús replicó: "Yo te aseguro, Pedro, que hoy, antes que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".
Después les dijo: "Cuando los envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalia, ¿les faltó alguna cosa?".
"Nada", respondieron.
El agregó: "Pero ahora el que tenga una bolsa, que la lleve; el que tenga una alforja, que la lleve también; y el que no tenga espada, que venda su manto para comprar una. Porque les aseguro que debe cumplirse en mí esta palabra de la Escritura: Fue contado entre los malhechores. Ya llega a su fin todo lo que se refiere a mí".
"Señor, le dijeron, aquí hay dos espadas". El les respondió: "Basta".
En seguida Jesús salió y fue como de costumbre al monte de los Olivos, seguido de sus discípulos.
Cuando llegaron, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación".
Después se alejó de ellos, más o menos a la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: "Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya".
Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.
En medio de la angustia, él oraba más intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.
Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los encontró adormecidos por la tristeza.
Jesús les dijo: "¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación".
Todavía estaba hablando, cuando llegó una multitud encabezada por el que se llamaba Judas, uno de los Doce. Este se acercó a Jesús para besarlo.
Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?".
Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le preguntaron: "Señor, ¿usamos la espada?".
Y uno de ellos hirió con su espada al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha.
Pero Jesús dijo: "Dejen, ya está". Y tocándole la oreja, lo curó.
Después dijo a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "¿Soy acaso un ladrón para que vengan con espadas y palos? Todos los días estaba con ustedes en el Templo y no me arrestaron. Pero esta es la hora de ustedes y el poder de las tinieblas".
Después de arrestarlo, lo condujeron a la casa del Sumo Sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.
Encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor de él y Pedro se sentó entre ellos.
Una sirvienta que lo vio junto al fuego, lo miró fijamente y dijo: "Este también estaba con él".
Pedro lo negó, diciendo: "Mujer, no lo conozco".
Poco después, otro lo vio y dijo: "Tú también eres uno de aquellos". Pero Pedro respondió: "No, hombre, no lo soy".
Alrededor de una hora más tarde, otro insistió, diciendo: "No hay duda de que este hombre estaba con él; además, él también es galileo".
"Hombre, dijo Pedro, no sé lo que dices". En ese momento, cuando todavía estaba hablando, cantó el gallo.
El Señor, dándose vuelta, miró a Pedro. Este recordó las palabras que el Señor le había dicho: "Hoy, antes que cante el gallo, me habrás negado tres veces".
Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Los hombres que custodiaban a Jesús lo ultrajaban y lo golpeaban;
y tapándole el rostro, le decían: "Profetiza, ¿quién te
golpeó?". Y proferían contra él toda clase de insultos. Cuando amaneció, se reunió el Consejo de los ancianos del pueblo, junto con los sumos sacerdotes y los escribas. Llevaron a Jesús ante el tribunal y le dijeron: "Dinos si eres el Mesías".
El les dijo: "Si yo les respondo, ustedes no me creerán, y si los interrogo, no me responderán. Pero en adelante, el Hijo del hombre se sentará a la derecha de Dios todopoderoso".
Todos preguntaron: "¿Entonces eres el Hijo de Dios?". Jesús respondió: "Tienen razón, yo lo soy".
Ellos dijeron: "¿Acaso necesitamos otro testimonio? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca".
Después se levantó toda la asamblea y lo llevaron ante Pilato.
Y comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos encontrado a este hombre incitando a nuestro pueblo a la rebelión, impidiéndole pagar los impuestos al Emperador y pretendiendo ser el rey Mesías".
Pilato lo interrogó, diciendo: "¿Eres tú el rey de los judíos?".
"Tú lo dices", le respondió Jesús.
Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: "No encuentro en este hombre ningún motivo de condena".
Pero ellos insistían: "Subleva al pueblo con su enseñanza en toda la Judea. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí".
Al oír esto, Pilato preguntó si ese hombre era galileo.
Y habiéndose asegurado de que pertenecía a la jurisdicción de Herodes, se lo envió. En esos días, también Herodes se encontraba en Jerusalén.
Herodes se alegró mucho al ver a Jesús. Hacía tiempo que deseaba verlo, por lo que había oído decir de él, y esperaba que hiciera algún prodigio en su presencia.
Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le respondió nada.
Entre tanto, los sumos sacerdotes y los escribas estaban allí y lo acusaban con vehemencia.
Herodes y sus guardias, después de tratarlo con desprecio y ponerlo en ridículo, lo cubrieron con un magnífico manto y lo enviaron de nuevo a Pilato.
Y ese mismo día, Herodes y Pilato, que estaban enemistados, se hicieron amigos.
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los jefes y al pueblo, y les dijo: "Ustedes me han traído a este hombre, acusándolo de incitar al pueblo a la rebelión. Pero yo lo interrogué delante de ustedes y no encontré ningún motivo de condena en los cargos de que lo acusan; ni tampoco Herodes, ya que él lo ha devuelto a este tribunal. Como ven, este hombre no ha hecho nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".
Pero la multitud comenzó a gritar: "¡Qué muera este hombre! ¡Suéltanos a Barrabás!".
A Barrabás lo habían encarcelado por una sedición que tuvo lugar en la ciudad y por homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra con la intención de poner en libertad a Jesús. Pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!".
Por tercera vez les dijo: "¿Qué mal ha hecho este hombre? No encuentro en él nada que merezca la muerte. Después de darle un escarmiento, lo dejaré en libertad".
Pero ellos insistían a gritos, reclamando que fuera crucificado, y el griterío se hacía cada vez más violento. Al fin, Pilato resolvió acceder al pedido del pueblo.
Dejó en libertad al que ellos pedían, al que había sido encarcelado por sedición y homicidio, y a Jesús lo entregó al arbitrio de ellos.
Cuando lo llevaban, detuvieron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.
Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "¡Hijas de Jerusalén!, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos. Porque se acerca el tiempo en que se dirá: ¡Felices las estériles, felices los senos que no concibieron y los pechos que no amamantaron! Entonces se dirá a las montañas: ¡Caigan sobre nosotros!, y a los cerros: ¡Sepúltennos! Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?".
Con él llevaban también a otros dos malhechores, para ser ejecutados.
Cuando llegaron al lugar llamado "del Cráneo", lo crucificaron junto con los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda.
Jesús decía: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Después se repartieron sus vestiduras, sorteándolas entre ellos.
El pueblo permanecía allí y miraba. Sus jefes, burlándose, decían: "Ha salvado a otros: ¡que se salve a sí mismo, si es el Mesías de Dios, el Elegido!".
También los soldados se burlaban de él y, acercándose para ofrecerle vinagre, le decían: "Si eres el rey de los judíos, ¡sálvate a ti mismo!".
Sobre su cabeza había una inscripción: "Este es el rey de los judíos".
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: "¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros".
Pero el otro lo increpaba, diciéndole: "¿No tienes temor de Dios, tú que sufres la misma pena que él? Nosotros la sufrimos justamente, porque pagamos nuestras culpas, pero él no ha hecho nada malo".
Y decía: "Jesús, acuérdate de mí cuando vengas a establecer tu Reino".
El le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso".
Era alrededor del mediodía. El sol se eclipsó y la oscuridad cubrió toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del Templo se rasgó por el medio.
Jesús, con un grito, exclamó: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". Y diciendo esto, expiró.
Cuando el centurión vio lo que había pasado, alabó a Dios, exclamando: "Realmente este hombre era un justo".
Y la multitud que se había reunido para contemplar el espectáculo, al ver lo sucedido, regresaba golpeándose el pecho. Todos sus amigos y las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea permanecían a distancia, contemplando lo sucedido.
Llegó entonces un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo, que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios. Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.
Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.
Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado. Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley.









REFLEXIÓN: DOMINGO DE TRIUNFO Y PASIÓN, COMO LA VIDA MISMA

¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! San Pablo nos dice que Cristo se anonadó a sí mismo, pasando por uno de tantos; fue semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. Sí, Cristo conoció momentos de triunfo y momentos de pasión. La liturgia del domingo de ramos nos describe estos momentos de triunfo y los momentos de pasión con una viveza y una plasticidad asombrosa. Comenzamos la ceremonia con la bendición y la procesión de los ramos: es el momento del triunfo. Quizá el pueblo fiel ha identificado siempre la fiesta del Domingo de Ramos con la procesión: a la fiesta del Domingo de Ramos se iba preparado, sobre todo, para ver y participar en la procesión que había antes de la misa. Para eso se vestían con el mejor traje, o con la mejor falda, blusa o abrigo que encontraran en el armario. ¡Quien no estrena en ramos, o es manco, o no tiene manos!, oía yo decir, cuando era niño, a mis familiares y amigos.

Para ellos, la fiesta del Domingo de Ramos era la fiesta de la procesión de ramos. Y sabían, quizá de una manera imprecisa y no muy teológica, que eso lo hacían para honrar al Señor, para acompañarle en su entrada triunfal en Jerusalén. Ellos, todos, estaban de parte del Señor, le aclamaban como a su verdadero rey y Señor. Los demás reyes y señores de la tierra eran nada comparados con la grandeza del Rey y Señor de los señores, con Cristo Jesús. Yo no sé lo que sentiría Cristo cuando, montado en un pollino, entró triunfalmente en Jerusalén, aclamado con gritos y cánticos por el pueblo sencillo y viendo el camino alfombrado con los mantos de la gente. Pero indudablemente debió sentirse agradecido a la piedad sincera de aquella gente sencilla. Por eso, cuando algunos fariseos le dicen que reprenda a sus discípulos, Jesús les replica: os digo que, si estos callan, gritarán las piedras. Aclamemos hoy nosotros, desde los pliegos más sencillos e íntimos de nuestra alma, a quien vino a la tierra para salvarnos y liberarnos de tanta miseria y de tanto mal como nos circunda. Dejemos que Cristo sea, en este momento, el rey y señor de nuestros corazones.

2.- No oculté el rostro a insultos y salivazos. Es el momento del sufrimiento y de la pasión. Muchos momentos de la vida de Cristo fueron momentos de pasión. Jesús no buscó el sufrimiento porque le gustara sufrir; Jesús aceptó el sufrimiento porque para ser fiel a la voluntad de su Padre Dios tuvo que hacer muchas cosas que le causaron un gran sufrimiento. No ocultó el rostro a insultos y salivazos, no se acobardó ante el sufrimiento que le suponía su lucha constante contra el mal, su denuncia diaria de la ambición, de la hipocresía y de la maldad de muchos jefes políticos y religiosos de su tiempo. Por eso, en la liturgia de este domingo de ramos leemos también el relato de la pasión y muerte de Cristo, para que no olvidemos que en la vida de Cristo, junto a los momentos de triunfo hubo también momentos de pasión.

Como la vida misma, hemos dicho arriba, porque también nosotros, si queremos ser fieles a la voluntad de nuestro Padre Dios, hemos de saber aceptar en nuestra vida los momentos de triunfo y los momentos de pasión con igual entereza y con amor. Participemos hoy con alegría en la procesión de los ramos y unámonos espiritualmente, en la lectura de la pasión, al Cristo que, por amor, aceptó valientemente el sufrimiento, sin ocultar su rostro a insultos y salivazos.

escrito por Gabriel González del Estal
(fuente: oleadajoven.org.ar)

sábado, 19 de marzo de 2016

José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado

Solemnidad de San José, esposo de la Virgen María
(19/03/2016)

Segundo Libro de Samuel 7, 4-5a.12-14a.16. 

Pero aquella misma noche, la palabra del Señor llegó a Natán en estos términos: «Ve a decirle a mi servidor David: Así habla el Señor: Cuando hayas llegado al término de tus días y vayas a descansar con tus padres, yo elevaré después de ti a uno de tus descendientes, a uno que saldrá de tus entrañas, y afianzaré su realeza. El edificará una casa para mi Nombre, y yo afianzaré para siempre su trono real. Seré un padre para él, y él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino durarán eternamente delante de mí, y su trono será estable para siempre.»


Salmo 89(88), 2-3.4-5.27.29.

Cantaré eternamente el amor del Señor,
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones.
Porque tú has dicho:
«Mi amor se mantendrá eternamente,
mi fidelidad está afianzada en el cielo.»

Yo sellé una alianza con mi elegido,
hice este juramento a David, mi servidor:
«Estableceré tu descendencia para siempre,
mantendré tu trono por todas las generaciones.»

El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le aseguraré mi amor eternamente,
y mi alianza será estable para él.


Carta de San Pablo a los Romanos 4, 13.16-18.22.

Hermanos: En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común, como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen. Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia. Por eso, la fe le fue tenida en cuenta para su justificación.

del Evangelio según San Mateo 1, 16.18-21.24a.

Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado.








REFLEXIÓN

Durante su vida, que fue una larga peregrinación, José, al igual que Virgen permaneció fiel, por eso Dios lo llama “el justo”. No sabemos cuánto tiempo vivió José, ni qué pasó después.

En la vida de José, dice San Juan Pablo II, ese sí se hizo en su hacer. El primer “hágase” es el comienzo del camino de José, hizo como el ángel le había dicho: “no temas en tomar a María tu esposa como tu mujer. José hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado”. Es similar al sí de María, y en el caso de José se manifiesta en su obrar. ¿Qué es lo que le permite a José ser un libro abierto del hacer de Dios en su propia biografía? El silencio. Es el silencio que le permite abrirse al obrar de Dios.

El es maestro del silencio en el descanso, en donde Dios le habla. Su silencio posee una especial elocuencia. Gracias a este silencio se puede leer el verdadero contenido del juicio del evangelio, el “justo” que nos abre al hacer de Dios. Hace falta saber leer ésto, porque allí se contiene uno de los misterios más hondos del hombre y de su vocación. Es el testimonio del hacer de Dios en este ejemplo, en José. El silencio nos abre a la llave de Dios que hace. En medio de las soledades y de las tormentas, y en su caso en medio del “no lugar” para que el niño nazca, de la persecusión cuando deben ir a Egipto… José calla y hace.

José, el justo, el esposo de María

Es Nazareth el territorio donde ocurre principalmente el quehacer de José. Belén, Egipto y sobretodo en Nazareth, es donde José construye su ser de varón justo. El don de su esponsalidad, en Nazareth, el territorio casi perdido en el mapa tiene, características especiales. María es la mujer desposada con un hombre llamado José. Los evangelios ponen ante nosotros la imagen del esposo y la esposa, como si fuera en ese vinculo de intimidad y mutua pertenencia donde Dios va trabajando su salvación. En el pueblo hebreo, primero se da el casamiento legal, y pasado un tiempo, el hombre lleva a la mujer a vivir a su casa.

Antes de vivir con María, José ya era su esposo. Se podría preguntar como se concilia el deseo virginal de María con su ser esposa y madre. Aparece una especial intervención de Dios en el momento de la anunciación. María sabe que en Dios ella es virgen y a la vez será la madre del hijo de Dios. La maternidad es la forma de donación que el mismo Dios espera de ella. A tanto Dios de Dios ella responde con su maternidad. María le pertenece toda a Dios sin por eso dejar de estar con José. A su vez, José caminará el mismo sendero: José es el justo de Dios antes de ser su esposo. Éste vínculo matrimonial revela a Dios como el gran hacedor de sus vidas y también el de su vínculo esponsal.

El evangelio dice que Dios dirigiéndose a José a través del ángel anuncia que él será el esposo de María. Dios reafirma su vínculo de amor “no temas en tomar contigo a María, tú mujer, porque lo engendrado en ella es obra del Espíritu Santo”. El misterio de Dios lejos de dividir, acerca, en lugar de separar, fortalece. La presencia de Jesús hace más fuerte la primera etapa de vínculo formal matrimonial.

En la palabra de la anunciación nocturna, José no sólo escucha la verdad a cerca de la vocación de su esposa, sino también la suya. Él es el varón justo, el esposo de esta mujer. Él tiene vocación de padre y de esposo. José, dice la palabra, hizo como el angel le había mandado y la tomó consigo. Con ese verbo implica que toma y es tomado. Esto vuelve a aparecer cuando el ángel le dice “toma al niño y a la madre y huye a Egipto”, en donde el toma y a la vez es tomado por ellos.

El amor de comunión entre ellos se hace más fuerte. A la vista de esta expresión podemos concluir que su amor es engendrado también por Dios. En el corazón de José, la esponsalidad con María crece y su paternidad es manifiesta. Tomar a la mujer es tomar a ella y a quien en ella ha sido engendrado por el Espíritu Santo. José está recibiendo la confirmación del anuncio esponsal y la paternidad.

Virginidad y fecundidad en la Familia de Nazareth

En María y su esponsalidad con José, nos ayuda a pensar en algunas condiciones de la Iglesia y del matrimonio. María es virgen y es esposa, es madre y es virgen. La Iglesia también es madre y es esposa de Cristo, y a la vez es virgen. “no temas en tomar contigo a María, tu mujer”. Esto explica el misterio de la esposa de José, María que es madre. En ella el hijo del Altísimo asume cuerpo humano. Dios cuando se dirige a José lo hace como el esposo de la virgen de Nazareth. Lo que se ha cumplido con ella es obra del espíritu santo.

La virginidad y el celibato en la Iglesia se viven de manera esponsal y con fecundidad. La vocación a lo virginal no hace estériles a las personas, sino que a modo de este vínculo entre María y José, es fecundo. Es una linda invitación a los consagradas, redescubrir el sentido casto y puro y a la vez abrazar sin temor y con afecto a los que Dios nos confía. Seguramente que así, en nuestor hacer apasionado en el amor por lo que Dios nos confía, muestra condición virginal y célibe y a la vez fecundo. Lo peor que nos puede pasar a los consagrados es que nos agarre la soltería y la esterilidad. Dios nos quiere consagrados y desde su amor a todos los que se nos confía.

Este vinculo de caridad y amor en Dios, la Iglesia lo celebra. Hoy en José nos queremos detener para disfrutarlo y celebrarlo. José y María viven en clave de la sencillez, pobreza, belleza, trabajo, oración y vecindad comprometida. José es un gran hacedor de muchos quehaceres domésticos. Más que una carpintería, por las características geográficas de esa región, José tenía como una empresita de servicios. José es un gran servidor, y eso es lo que mamó Jesús en el seno de amor de sus padres. El servicio será la clave desde la cual Josés va a interpretar el modo de abrirse al amor de Dios. Aquí hay una clave que parte en el medio los vínculos y que la familia de Nazareth pondrá como se sello: se rompe la relación de poder y se pone el centro en el servicio. José es el hombre de lo concreto.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

viernes, 18 de marzo de 2016

"reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre"

Viernes de la quinta semana de Cuaresma
(18/03/2016)

Libro de Jeremías 20, 10-13. 

Oía los rumores de la gente: "¡Terror por todas partes! ¡Denúncienlo! ¡Sí, lo denunciaremos!". Hasta mis amigos más íntimos acechaban mi caída: "Tal vez se lo pueda seducir; prevaleceremos sobre él y nos tomaremos nuestra venganza". Pero el Señor está conmigo como un guerrero temible: por eso mis perseguidores tropezarán y no podrán prevalecer; se avergonzarán de su fracaso, será una confusión eterna, inolvidable. Señor de los ejércitos, que examinas al justo, que ves las entrañas y el corazón, ¡que yo vea tu venganza sobre ellos!, porque a ti he encomendado mi causa. ¡Canten al Señor, alaben al Señor, porque él libró la vida del indigente del poder de los malhechores!


Salmo 18(17), 2-3a.3bc-4.5-6.7.

Yo te amo, Señor, mi fuerza,
Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador.
Mi Dios, el peñasco en que me refugio,
mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoqué al Señor, que es digno de alabanza
y quedé a salvo de mis enemigos.

Las olas de la Muerte me envolvieron,
me aterraron los torrentes devastadores,
me cercaron los lazos del Abismo,
las redes de la Muerte llegaron hasta mí.

Pero en mi angustia invoqué al Señor,
grité a mi Dios pidiendo auxilio,
y él escuchó mi voz desde su Templo,
mi grito llegó hasta sus oídos.


del Evangelio según San Juan 10, 31-42.

Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?". Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios". Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- ¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"? Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre". Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad". Y en ese lugar muchos creyeron en él.










REFLEXIÓN

«Querían de nuevo prenderle, pero se les escapó de las manos.» (Jn 10,39)

«Si la Ley llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quién el Padre envió y consagró al mundo, ¿decís vosotros: ¡blasfemas! Porque he dicho: yo soy el Hijo de Dios?» (Jn 10,35-36) ¿De hecho, si Dios habló a los hombres para que sean llamados dioses, cómo la Palabra de Dios, el Verbo que está en Dios, no sería Dios? ¿Si los hombres, porque Dios les habla, son hechos partícipes de su naturaleza y llegan a ser dioses, cómo esta Palabra, de la que les viene este don, no sería Dios?… Tú, tú te acercas a la Luz, y la recibes, y te cuentas entre los hijos de Dios; si te alejas de la luz, te oscureces, y te cuentas entre los hijos de las tinieblas (cf. 1Tes. 5,5)…

«Creed a las obras. Para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí y yo en el Padre» El Hijo de Dios no dice «el Padre está en mí y yo en el Padre» en el sentido en que los hombres pueden decirlo. En efecto, si nuestros pensamientos son buenos, estamos en Dios; si nuestra vida es santa, Dios está en nosotros. Cuando participamos en su gracia y cuando somos iluminados por su luz, estamos en Él y Él en nosotros.

Pero reconoce lo que es propio del Señor y lo que es un don hecho a su servidor. Lo que es propio del Señor es la igualdad con el Padre; el don concedido al servidor, es participar en la Salvación. «Entonces intentaron detenerlo» ¡Si sólo lo habían cogido – pero por la fe y la inteligencia, y no para atormentarlo y matarlo! En este momento en que os hablo, todos, vosotros y yo, queremos coger a Cristo. ¿Prenderlo, en qué sentido? Vosotros lo cogéis cuando lo comprendéis. Pero los enemigos de Cristo buscaban otra cosa. Vosotros cogéis para poseer, ellos querían cogerlo para desembarazarse de él. Y porque querían cogerlo así, ¿qué hace Jesús? «Escapó de sus manos». No pudieron cogerlo, porque no tenían las manos de la fe… Verdaderamente cogemos a Cristo si nuestro espíritu coge al Verbo.

escrito por San Agustín,
Sermón sobre el evangelio de Juan, n. 48, 9-11: CCSL 36, 417
(fuente: deiverbum.org)

jueves, 17 de marzo de 2016

"Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy"

Jueves de la quinta semana de Cuaresma
(17/03/2016)

Libro de Génesis 17, 3-9. 

Abrám cayó con el rostro en tierra, mientras Dios le seguía diciendo: "Esta será mi alianza contigo: tú serás el padre de una multitud de naciones. Y ya no te llamarás más Abrám: en adelante tu nombre será Abraham, para indicar que yo te he constituido padre de una multitud de naciones. Te haré extraordinariamente fecundo: de ti suscitaré naciones, y de ti nacerán reyes. Estableceré mi alianza contigo y con tu descendencia a través de las generaciones. Mi alianza será una alianza eterna, y así yo seré tu Dios y el de tus descendientes. Yo te daré en posesión perpetua, a ti y a tus descendientes, toda la tierra de Canaán, esa tierra donde ahora resides como extranjero, y yo seré su Dios". Después, Dios dijo a Abraham: "Tú, por tu parte, serás fiel a mi alianza; tú, y también tus descendientes, a lo largo de las generaciones."


Salmo 105(104), 4-5.6-7.8-9.

¡Recurran al Señor y a su poder,
busquen constantemente su rostro;
recuerden las maravillas que él obró,
sus portentos y los juicios de su boca!

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.


del Evangelio según San Juan 8, 51-59.

Jesús dijo a los judíos: "Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás". Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. ¿Acaso eres más grande que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.






REFLEXIÓN

La invitación de Jesús es clara: guardar la Palabra. La Palabra es Él mismo, que nos invita a guardar el vínculo con él. Por eso, el que cree en Él, tiene vida. El que no cree, no tiene vida. Guardar la Palabra para tener vida.

Si nosotros buscamos un lugar donde observar cómo es esto de guardar la palabra, cómo se hace y qué significa hacerlo, en María encontramos la referencia. Ella canta la grandeza del Señor, y su espíritu se alegra de gozo en Dios su Salvador. Ella es el modelo a seguir. Como dice el Evangelio:“María,por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19). Y también: “Su madre conservaba estas cosas en su corazón” (Lc 2, 51). Las guardaba y las conservaba, meditándolas. Rumiándolas, dejando que la Palabra vaya empapando la tierra de su corazón, para producir mucho fruto. Como la llovizna tenue que cae durante el día y que penetra lentamente la tierra hasta lo más hondo de ella.

Y nosotros somos como la tierra, sedienta de agua, necesitada de ser regada. Nosotros nos abrimos para recibirla. Ésta es la actitud mariana: silenciosa, orante, contemplativa. Guardar en el corazón y meditar es entrar en esta dimensión de mirada contemplativa, orante, silenciosa. Y obediente, como enseña María a los sirvientes en las Bodas de Caná: «Hagan todo lo que él les diga». (Jn. 2, 5). María medita la palabra, la contempla, la reza en silencio. Deja que penetre en su corazón, como el rocío de la mañana, para vivir de la Palabra, para hacer lo que la Palabra sugiere, suscita, indica.

El Evangelio hoy nos dice: «Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás» (Jn. 8, 51). Nosotros queremos vivir. Y no a medias, sino que anhelamos en lo más hondo de nuestro corazón vivir la vida con intensidad, en plenitud, ordenada, armónica y en comunión con las personas que amamos.

¿Desde dónde podemos soñar un proyecto de vida convivencialmente armónico? ¿Desde dónde podemos anhelar una vida en el trabajo bien sostenida, con capacidad de desarrollo y crecimiento, con posibilidades de revertir lo que en justicia hace falta revertir, con nuestro compromiso personal puesto sobre ello, cuidando nuestros vínculos primarios, familiares? Lo podemos soñar desde la Palabra, que produce fruto por sí misma, “sea que nosotros estemos despiertos o dormidos”, porque es penetrante. Y tiene la fuerza de transformar lo que toca. La palabra da vida, mucha vida.

La Palabra todo lo transforma

En torno a esto, Jesús proclama: «Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá». (Jn. 11, 25). Y también: «Les aseguro que la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan, vivirán». (Jn. 5, 25). ¡Qué belleza! Es hermoso poder encontrar la forma de afrontar la muerte y que podemos pensar en una vida nueva al escuchar la Palabra de Jesús. La Palabra de Dios es Vida que nos rescata de las distintas formas de muerte por las que puede pasar el ser humano: la tristeza, la angustia, el olvido, la separación, la auto-agresión, el no sentirse amado, el desamor, el egoísmo, la soberbia, la vanidad.

La Palabra de Dios, aún cuando algo termina en nuestra vida, nos sigue sosteniendo y hace que todo se transforme o vuelva a empezar. Por eso Jesús nos dice: «Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás».

Escuchar la Palabra, meditarla y guardarla nos lleva a ser dóciles a lo que esa Palabra nos sugiere; a dejarnos llevar por su mensaje. Escuchar la Palabra con un corazón obediente hasta el final, al modo de Jesús. Como dice Filipenses 2, 8: «Cristo se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz». Es en la obediencia donde nosotros recibimos la gracia de vida que trae la Palabra.

En la escucha obediente de Jesús está el fundamento del Reino: «Mi alimento es hacer la voluntad de Aquél que me envió y llevar a cabo su obra» (Jn. 4, 34). Y en el momento más duro, más difícil, en el Getsemaní, Jesús también lo dice claramente: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc. 22, 42). El desprendimiento de su querer para hacer la voluntad del Padre es la fuente de vida de Jesús en nosotros: “Jesús, poniéndose de pie, exclamó: «El que tenga sed, venga a mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: "De su seno brotarán manantiales de agua viva".” (Jn 7, 37-38) Y es de su Corazón abierto de donde brota Sangre y Agua, ese torrente que llega hasta nosotros en la medida en que nos vamos haciendo uno con Jesús.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

miércoles, 16 de marzo de 2016

"conocerán la verdad y la verdad los hará libres"

Miércoles de la quinta semana de Cuaresma
(16/03/2016)

Libro de Daniel 3, 14-20.91-92.95. 

Nabucodonosor tomó la palabra y les dijo: "¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed Negó, que ustedes no sirven a mis dioses y no adoran la estatua de oro que yo erigí? ¿Están dispuestos ahora, apenas oigan el sonido de la trompeta, el pífano, la cítara, la sambuca, el laúd, la cornamusa y de toda clase de instrumentos, a postrarse y adorar la estatua que yo hice? Porque si ustedes no la adoran, serán arrojados inmediatamente dentro de un horno de fuego ardiente. ¿Y qué Dios podrá salvarlos de mi mano?". Sadrac, Mesac y Abed Negó respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: "No tenemos necesidad de darte una respuesta acerca de este asunto. Nuestro Dios, a quien servimos, puede salvarnos del horno de fuego ardiente y nos librará de tus manos. Y aunque no lo haga, ten por sabido, rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que tú has erigido". Nabucodonosor se llenó de furor y la expresión de su rostro se alteró frente a Sadrac, Mesac y Abed Negó. El rey tomó la palabra y ordenó activar el horno siete veces más de lo habitual. Luego ordenó a los hombres más fuertes de su ejército que ataran a Sadrac, Mesac y Abed Negó, para arrojarlos en el horno de fuego ardiente. Entonces el rey Nabucodonosor, estupefacto, se levantó a toda prisa y preguntó a sus consejeros: «¿No hemos echado nosotros al fuego a estos tres hombres atados?» Respondieron ellos: «Indudablemente, oh rey.» Dijo el rey: «Pero yo estoy viendo cuatro hombres que se pasean libremente por el fuego sin sufrir daño alguno, y el cuarto tiene el aspecto de un hijo de los dioses.» Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sadrak, Mesak y Abed Negó, que ha enviado a su ángel a librar a sus siervos que, confiando en él, quebrantaron la orden del rey y entregaron su cuerpo antes que servir y adorar a ningún otro fuera de su Dios.


Libro de Daniel 3, 52.53.54.55.56.

Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y exaltado eternamente.
Bendito sea tu santo y glorioso Nombre,
alabado y exaltado eternamente.

Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
aclamado y glorificado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino.
aclamado por encima de todo y exaltado eternamente.

Bendito seas Tú, que sondeas los abismos
y te sientas sobre los querubines,
alabado y exaltado eternamente por encima de todo.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente.


del Evangelio según San Juan 8, 31-42.

Jesús dijo a aquellos judíos que habían creído en él: "Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, serán verdaderamente mis discípulos: conocerán la verdad y la verdad los hará libres". Ellos le respondieron: "Somos descendientes de Abraham y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo puedes decir entonces: 'Ustedes serán libres'?". Jesús les respondió: "Les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado. El esclavo no permanece para siempre en la casa; el hijo, en cambio, permanece para siempre. Por eso, si el Hijo los libera, ustedes serán realmente libres. Yo sé que ustedes son descendientes de Abraham, pero tratan de matarme porque mi palabra no penetra en ustedes. Yo digo lo que he visto junto a mi Padre, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre". Ellos le replicaron: "Nuestro padre es Abraham". Y Jesús les dijo: "Si ustedes fueran hijos de Abraham obrarían como él. Pero ahora quieren matarme a mí, al hombre que les dice la verdad que ha oído de Dios. Abraham no hizo eso. Pero ustedes obran como su padre". Ellos le dijeron: "Nosotros no hemos nacido de la prostitución; tenemos un solo Padre, que es Dios". Jesús prosiguió: "Si Dios fuera su Padre, ustedes me amarían, porque yo he salido de Dios y vengo de él. No he venido por mí mismo, sino que él me envió.










LECTIO DIVINA

Oración inicial

Ilumina, Señor, el corazón de tus fieles purificando por las penitencias de Cuaresma, y tú, que nos infundes el piadoso deseo de servirte, escucha paternalmente nuestras súplicas. Por nuestro Señor.

Reflexión

En el evangelio de hoy sigue la reflexión sobre el capítulo 8 de Juan. Como en círculos concéntricos, Juan profundiza en el misterio de Dios que envuelve a la persona de Jesús. Parece una repetición, porque siempre vuelve a hablar del mismo punto. En realidad, es el mismo punto, pero cada vez en un nivel más profundo. El evangelio de hoy aborda el tema de la relación de Jesús con Abrahán, el Padre del pueblo de Dios. Juan trata de ayudar las comunidades a comprender cómo Jesús se sitúa en el conjunto de la historia del Pueblo de Dios. Las ayuda a percibir la diferencia que hay entre Jesús y los judíos, y también entre los judíos y los demás: todos somos hijos e hijas de Abrahán.

• Juan 8,31-32: La libertad que nace de la fidelidad a la palabra de Jesús. Jesús manifiesta a los judíos: “Si os mantenéis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Ser discípulo de Jesús es lo mismo que abrirse a Dios. Las palabras de Jesús son en realidad palabra de Dios. Comunican la verdad, porque dan a conocer las cosas como son a los ojos de Dios y no a los ojos de los fariseos. Más tarde, durante la última Cena, Jesús enseñará lo mismo a los discípulos.

• Juan 8,33-38: ¿Qué quiere decir ser hijo e hija de Abrahán? La reacción de los judíos es inmediata: "Nosotros somos descendencia de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?” Jesús insiste haciendo una distinción entre hijo y esclavo y dice: "Todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres.” Jesús es el hijo y vive en la casa del Padre. El esclavo no vive en la casa del Padre. Vivir fuera de la casa, fuera de Dios quiere decir vivir en el pecado. Si aceptaran la palabra de Jesús podrían llegar a ser hijos y alcanzar la libertad. No serían esclavos. Y Jesús continúa: “Ya sé que sois descendencia de Abrahán; pero tratáis de matarme, porque mi palabra no prende en vosotros.” Inmediatamente aparece bien clara la distinción: “Yo hablo lo que he visto junto a mi Padre; y vosotros hacéis lo que habéis oído a vuestro padre”. Jesús les niega el derecho a decir que son hijos de Abrahán, porque sus obras afirman lo contrario.

• Juan 8,39-41a: Un hijo de Abrahán cumple las obras de Abrahán. Ellos insisten en afirmar: “¡Nuestro Padre es Abrahán!” como si quisiesen presentar a Jesús un documento de su identidad. Jesús vuelve a insistir: “Si sois hijos de Abrahán, haced las obras de Abrahán. Pero tratáis de matarme, a mí que os he dicho la verdad que oí de Dios. Eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.” Entre líneas sugiere que el padre de ellos es Satanás (Jn 8,44). Sugiere que son hijos de la prostitución.

• Juan 8,41b-42: “Si Dios fuera vuestro Padre, me amaríais a mí, porque yo he salido y vengo de Dios; no he venido por mi cuenta, sino que él me ha enviado”. Usando palabras diversas, Jesús repite la misma verdad: “Aquel que pertenece a Dios escucha las palabras de Dios”. El origen de esta afirmación viene de Jeremías quien dice: “Pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones. Entonces yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: ‘Conozcan a Yahvé’. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo habré perdonado su culpa y no me acordaré más de su pecado” (Jer 31,33-34). Pero ellos no se abrieron a esta nueva experiencia de Dios, y por esto no reconocieron a Jesús como enviado del Padre.

Para la reflexión personal

• Libertad que se somete en todo al Padre. ¿Existe algo de este tipo en ti? ¿Conoces a personas así?
• ¿Cuál es la experiencia más profunda en mí que me impulsa a reconocer a Jesús como enviado por Dios?

Oración final

Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre santo y glorioso.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria.
Bendito eres sobre el trono de tu reino. (Dn 3,52)

(fuente: ocarm.org)

martes, 15 de marzo de 2016

"entonces sabrán que Yo Soy"

Martes de la quinta semana de Cuaresma
(15/03/2016)

Libro de los Números 21, 4-9. 

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto? ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!". Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas. El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes". Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado". Moisés hizo una serpiente de bronce y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce y quedaba curado.


Salmo 102(101), 2-3.16-18.19-21.

Señor, escucha mi oración
y llegue a ti mi clamor;
no me ocultes tu rostro
en el momento del peligro;
inclina hacia mí tu oído,
respóndeme pronto, cuando te invoco.

Las naciones temerán tu Nombre, Señor,
y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria:
cuando el Señor reedifique a Sión
y aparezca glorioso en medio de ella;
cuando acepte la oración del desvalido
y no desprecie su plegaria.

Quede esto escrito para el tiempo futuro
y un pueblo renovado alabe al Señor:
porque él se inclinó desde su alto Santuario
y miró a la tierra desde el cielo,
para escuchar el lamento de los cautivos
y librar a los condenados a muerte.


del Evangelio según San Juan 8, 21-30.

Jesús dijo a los fariseos: "Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir". Los judíos se preguntaban: "¿Pensará matarse para decir: 'Adonde yo voy, ustedes no pueden ir'?". Jesús continuó: "Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso les he dicho: 'Ustedes morirán en sus pecados'. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados". Los judíos le preguntaron: "¿Quién eres tú?". Jesús les respondió: "Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo". Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. Después les dijo: "Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada". Mientras hablaba así, muchos creyeron en él.











REFLEXIÓN

Quiénes son los que están participando de este diálogo, por una parte los fariseos, por otra parte Jesús. Aparentemente hay otros cerca, por lo que dice el texto al final “Muchos creyeron en él”, no de estos sino de los que estaban rodeando aquel diálogo, es un diálogo que podemos imaginarlo entre Jesús, los fariseos y un grupo de gente que rodea aquella controversia a la que Jesús viene acostumbrándose por como estos que detentan el poder publico en Israel se enfrentan al Maestro de Galilea, al Hijo de Nazaret en la sencillez de su predicación y ponen a prueba una y otra vez su quehacer y su que decir para tener de que acusarlo.

Hay una palabra que se repite a lo largo de estos nueve versículos “Yo soy; Yo soy de lo alto; yo no soy de este mundo; porque si no creen que yo soy morirán en su pecado”, ya sobre el final Jesús dirá “Cuando en lo alto pongan al Hijo del hombre entonces sabrán que yo soy”.

Esta expresión yo soy ha estado presente unos versículos antes, después de que Jesús ha liberado a la mujer publica de la muerte de lapidación de manos de los que la acusan de haberla descubierto en fragante adulterio, Jesús toma la Palabra y dice “Yo soy la luz del mundo”, antes, cuando ha multiplicado el pan ha dicho “yo soy el pan vivo bajado del cielo”, mas adelante en el versículo 15 cuando Jesús hable del estilo de vínculo que quiere tener con nosotros habla en términos parabólicos y dice Jesús “Yo soy la vid y ustedes son los sarmientos”, también ha dicho “Yo soy el agua viva”, estas expresiones yo soy no hacen mas que poner como un repiqueteo en forma de eco en el corazón de los interlocutores de Jesús aquel modo de expresarse Dios a Moisés cuando la zarza arde y no se consume y el Señor se autorrevela al que va a ser el líder de la liberación de Israel, “Yo soy el que soy” este es el nombre propio que tiene Dios, cuando lo envía a Moisés le dice “Diles que yo soy y te envía”, este yo soy pareciera ser el modo como Dios se entiende así mismo, cuando Jesús dice yo soy está diciendo esto mismo, está hablando de su divinidad, esto es lo que sutilmente Jesús introduce en el diálogo con ellos y empieza a exasperar el corazón de los que están buscando alguna manera de terminar con el Maestro de galilea.

Retomando la Palabra vemos los personajes, Jesús, los fariseos, un diálogo en torno a la divinidad de Jesús veladamente manifestada y algunos que van a terminar por convencerse al final de que este es el Hijo de Dios, se van a convertir, van a cambiar su vida orientada sobre las enseñanzas del magisterio de Jesús. Todo el texto se resuelve en un lugar, “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre entonces sabrán lo que soy”, es decir, la revelación que Jesús hace de su persona alcanza su plenitud en el momento mismo en que acontece la pascua en su vida, en su muerte y en su resurrección que en Juan van de la mano con el momento en que todo se resuelve en el gólgota.

Caminamos sobre ese lugar donde el Señor nos dice “Cuando ustedes hayan levantado en lo alto al hijo del hombre entonces sabrán que yo soy”, caminamos sobre ese lugar de la Palabra y nos detenemos en ella para poder descubrir a la luz de Jesús la luz oculta que hay en nosotros mismos, porque justamente a partir de la revelación de la identidad de Dios es como crece y se acrecienta nuestra propia identidad.

“Cuando ustedes hayan levantado al Hijo del hombre en lo alto entonces sabrán que yo soy”, de qué está hablando Jesús, está hablando de su muerte en la cruz, en lo alto, en el Jesús traspasado por nuestros dolores y por nuestras heridas, en ese lugar vamos a descubrir la verdadera identidad del profeta de galilea, del peregrino venido desde Nazaret, del hijo de José y de María, de este que Dios ha hecho entrar en medio de nosotros como uno mas de nosotros y que es su propio hijo, el que puso morada en medio nuestro, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, el Hijo de María va a revelar su identidad mas honda y profunda en el misterio de la cruz, “Cuando ustedes hayan levantado en lo alto al hijo del hombre entonces sabrán que yo soy”.

Esta misma expresión tiene su correlativo en el Antiguo Testamento en un acontecimiento que ha ocurrido en Israel en los tiempos en que Moisés guiado por Dios ha introducido al pueblo en el desierto y el pueblo se queja del camino que Dios les hace recorrer, lo hace contra Moisés y contra el mismo Dios, “Porqué nos hicieron salir de Egipto, para hacernos morir en el desierto, aquí no hay pan ni agua.

Ya estamos hartos de esta comida miserable.” Es el maná con el que Dios bendice a su pueblo en el desierto y lo alimenta, dice la Palabra: “Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras que mordieron a la gente y así murieron muchos israelitas”, el pueblo arrepentido, movido por el temor acude a Moisés y le dice: “Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti, intercede delante de él para que aleje de nosotros esas serpientes”, Moisés, el amigo de Dios a quien Dios escucha cuando intercede por el pueblo, con el que Dios negocia una y otra vez, fabrica por indicación del Señor una serpiente y la coloca en un mástil, Dios le ha dicho: “Todo el que haya sido mordido al mirarla quedará curado”, cuando Jesús dice: “Cuando yo sea elevado en lo alto sabrán que yo soy”, en otro pasaje de Juan dice: “También atraeré a todos hacia mí”, quien está recibiendo la Palabra y conoce la historia de Israel entiende de que esa serpiente abrasadora, de bronce, puesta en lo alto era una figura de la persona de Jesús, quien viene a sanar y a curar toda picadura del pecado, en el mismo Evangelio Jesús les dice: “Si ustedes no creen en que yo soy, ustedes van a morir en el pecado. Si ustedes ven en lo alto que yo soy y se dejan llevar por la fuerza de la pascua de la cruz que atrae, entonces van a ser curados de la picadura del pecado.

Contemplamos a Jesús en la cruz, el que murió por nosotros, el que entregó su vida por mí como dice Pablo en Gálatas 5 y desde ese lugar de mirada contemplativa dejamos que aparezca todo aquello que en nosotros está escondido en lo mas hondo de nuestro corazón, nuestras heridas mas profundas generadas por la ruptura con Dios y con nuestros hermanos, las que ha traído el pecado y nos dejamos transformar por la presencia de Jesús que en la cruz hace nuevas todas las cosas.

En dónde has sido mordido por el pecado, cuál es la mordedura que has recibido en tu corazón que hace que tu vida no pueda terminar de ser lo que está llamada a ser, es la mordedura de la soberbia la causa de todas las otras mordeduras interiores que tenemos, la mordedura de la vanidad, la del egoísmo, la de la cerrazón, la de la indolencia, la del desamor, la mordedura de los fanatismos, la de la ira, la de la lujuria, la mordedura de la tristeza y la mordedura del desenfreno en el comer, la mordedura interior que deja la gula y la mordedura que deja por dentro del corazón que nos ha traído la impiedad, el no darnos tiempo para orar y reconocer a nuestro Dios, el Señor quiere curarla invitándote a tomar la cruz que hay en tu cocina, en tu oficina, la que llevas sobre tu pecho, o el rostro del Jesús coronado de espinas y dejándote llevar por la significación honda mas que de adorno que tiene esta imagen decirle al Señor: quiero que reines en mi corazón, quiero que cures mis heridas, quiero que saques todo lo que impide que aparezca mi herida y que al contemplarte herido pueda ser yo traspasado por tu amor y al dejarme traspasar por tu amor a vos al que yo traspase pueda ser yo mismo transformado. Esta necesidad honda que tenemos de ser nosotros mismos solo se puede alcanzar a la luz de aquel que hace nuevas todas las cosas y que se muestra como el que es desde la pascua, “Yo soy”, dice Jesús y vos estas llamado a ser lo que estas llamado a ser si compartís la vida conmigo abriendo tu corazón y dejándome entrar en lo mas hondo de tu herida, en la mas profunda de tus necesidades, mordidos por el pecado, nosotros como el pueblo de Israel necesitamos mirar ya no la serpiente sino al Hijo del hombre, al Hijo de Dios puesto en lo alto, dice Jesús “Quien me mire quedará curado”, necesitamos ser transformados, dejémonos abrazar por Jesús desde la cruz y toda nuestra miseria, vamos a descubrir, está tomada por él y transformada en don de gracia desde el misterio de la pascua.

Mirarán al que ellos mismos traspasaron, dice la Palabra en el Evangelio de Juan, está hablando de nosotros y de Jesús traspasado, él con sus heridas dice el texto de Isaías en el siervo sufriente ha venido a curar nuestras heridas, está hablando de Jesús y del misterio de la pascua que cura.

En la semana santa Dios quiere mover nuestros corazones para sanarlos, para transformarlos, para que la mordedura que en alguno o en otro sentido hemos recibido adentro de nosotros mismos por la fuerza de iniquidad con la que el pecado opera en nuestro corazón sea liberada nuestra interioridad y lejos del pecado y con la determinación de apartarnos de todo lo que nos aleja de Dios podamos dejarnos llevar por Jesús al encuentro con el Padre, allí el Señor nos va a decir como nos dice en la Palabra: “Yo soy”, nos va a liberar del miedo y en la seguridad y en la certeza de la presencia de él como roca para nuestra vida poder hacer pie de manera firme y decir nosotros mismos y este soy yo, como nunca somos lo que somos cuando en Dios nos detenemos y en Él afirmamos nuestro camino, ese modo de afirmar nuestro andar, nuestro peregrinar, nuestro ser nosotros mismos en Dios lo logramos desde este lugar de apartarnos de lo que nos aleja de Dios y reafirmarnos en la comunión con Él con todo lo que supone hacerse amigo de Jesús, esto es compartir también su suerte y su pascua, dice Jesús en el Evangelio de Juan en el capítulo 12: “Solo si el grano de trigo muere produce mucho fruto”, lo dice en clave discipular invitando a los suyos a seguirlo después que ha anunciado que se acerca el tiempo de su hora, su pascua y el Señor nos invita a entregarnos con Él desde ese lugar de gracia que es la pascua de Jesús para que muriendo con Él a todo lo que no es de Dios podamos vivir con Él una vida realmente rica en dones y en su gracia, que por encima de todas las cosas renovándonos desde dentro transforma nuestros vínculos, nos permite vivir como hermanos, en particular de todos aquellos con los que por distintos motivos podemos habernos apartado, el Señor nos ofrece gracia de reconciliación con Él y con los hermanos, miremos a Jesús y lo contemplemos desde ahora antes de iniciar la Semana Santa con la fiesta de los ramos y dejémonos llevar por ese faro que es la cruz de Cristo donde todo se ilumina, el camino se hace mas claro, Él nos resulta cercano y nosotros encontramos nuestra verdadera identidad y nuestro rostro, dice Jesús: yo soy y te invito a mirarme para que descubras quién soy, quién sos y a qué te invito.

Dice el apóstol: “La imagen de la cruz es una locura para los que se pierden, pero para los que se salvan, para nosotros es fuerza de Dios. Porque está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios y rehaceré la ciencia de los inteligentes, dónde está el sabio, dónde el razonador sutil de este mundo, acaso Dios no ha demostrado que la sabiduría del mundo es una necedad, en efecto, ya que el mundo con su sabiduría no reconoció a Dios en las obras que manifiestan su sabiduría. Dios quiso salvar a los creen por la locura de la predicación, mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros en cambio predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos, locura para los paganos.

Acercarnos a la celebración de la pascua iniciando la Semana Santa desde el Domingo de Ramos con la mirada puesta en aquel que nos atrae y con su ofrenda y su entrega desde la cruz es tomar ánimo para vincularnos a anunciar la Buena Noticia de que la muerte ha sido vencida y que por eso podemos aliarnos con el sufrimiento sin temor de terminar siendo atrapados por él porque cualquier dolor, enfermedad, muerte, rechazo, abandono, cualquier fracaso, cualquier situación de crisis vivida en Jesús y con la mirada puesta en él adquiere un carácter sanante y transformador, no rechacemos la cruz nos está diciendo Jesús, miremos al traspasado, miremos a Jesús puesto en lo alto en nuestra propia vida y en nuestra propia existencia, en nuestra propia historia hay un Cristo crucificado en algún rincón de nuestro ser, de nuestra historia, de nuestro hoy hay un costado de cruz que invita a la confianza y que nos llama al abandono donde nos parece que ya no hay respuestas comienzan a surgir las luces que nos traen respuesta en la oscuridad y en la noche, nosotros predicamos esta verdad “La muerte ha sido vencida”, nosotros nos enclavamos en esa certeza, en la cruz con Jesús vencemos, en nosotros arraiga esta verdad quien con Jesús es capaz de entregar su dolor, su desazón, su tristeza, su angustia, su limitación, quien se ofrenda con Jesús desde su impotencia, desde su no respuesta, quien confía y se entrega comienza a descubrir que un camino se abre delante de sí mismo.

Es Cristo quien cura nuestras heridas desde aquel lugar donde nosotros estamos mas hondamente heridos, ha venido a cargar con nuestra culpa, ha venido a asumir nuestras debilidades, el que nosotros traspasamos nos traspasa con su amor y en su amor nos transforma dándole sentido a lo que no tiene sentido, dándole rostro a lo que no tiene rostro, dándole identidad a la que se ha perdido en la oscuridad de todo aquello que aparece bajo el signo de la muerte y del sinsentido en nuestra vida, hay un costado nuestro que en esta pascua tiene que resurgir es donde hemos bajado los brazos, donde nos parece que no hay respuesta y que no es para nosotros aquello donde una y otra vez intentamos y hemos fracasado, no nos ha ido bien, donde nos hemos puesto de cara a esa realidad que golpea de brazos caídos, puede ser una situación personal, vincular, laboral, comunitaria, de amistad, una de esas donde uno dijo yo pense que era así pero ya me di cuenta que las cosas son como son y resultan irreversibles, para Dios todo es posible, también resucitar a los muertos, si estamos como muertos ante algunas circunstancias sepamos que Dios viene a traernos la vida, “Yo soy”, y Jesús está diciendo que al mirarlo a Él que es en la cruz todo lo que no es en nosotros comienza a ser y a tomar vigor y fuerza.

Pensá en una situación vincular conflictiva, difícil, pensa en una situación de ruptura que te haya tocado vivir en lo mas íntimo de tu ser y en la relación con otros, allí donde la vida te jugó una mala pasada y te metió una herida honda y profunda de la que no terminas de recuperarte, ese lugar de la vida Dios está pidiendo que lo compartas con Él en esta celebración pascual y desde ese lugar te animes a recorrer un nuevo camino confiando en que Dios puede lo que vos no podes. Contemplemos a Jesús en la cruz y redescubramos cuanta fuerza se esconde en la sabiduría de la cruz.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: radiomaria.org.ar)
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