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miércoles, 6 de enero de 2016

Convertidos a la luz

Jueves de tiempo de Navidad después de la Epifanía del Señor
(06/01/2016)

Epístola I de San Juan 3, 22-24.4,1-6. 

Hijos míos: Dios nos concederá todo cuanto le pidamos, porque cumplimos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Su mandamiento es este: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos los unos a los otros como él nos ordenó. El que cumple sus mandamientos permanece en Dios, y Dios permanece en él; y sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado. Queridos míos, no crean a cualquiera que se considere inspirado: pongan a prueba su inspiración, para ver si procede de Dios, porque han aparecido en el mundo muchos falsos profetas. En esto reconocerán al que está inspirado por Dios: todo el que confiesa a Jesucristo manifestado en la carne, procede de Dios. Y todo el que niega a Jesús, no procede de Dios, sino que está inspirado por el Anticristo, por el que ustedes oyeron decir que vendría y ya está en el mundo. Hijos míos, ustedes son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque aquel que está en ustedes es más grande que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso hablan el lenguaje del mundo y el mundo los escucha. Nosotros, en cambio, somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha, pero el que no es de Dios no nos escucha. Y en esto distinguiremos la verdadera de la falsa inspiración.


Salmo 2, 7-8.10-11.

Voy a proclamar el decreto del Señor:
Él me ha dicho: “Tú eres mi hijo,
Yo te he engendrado hoy.

«Pídeme, y te daré las naciones como herencia,
y como propiedad, los confines de la tierra."
Por eso, reyes, sean prudentes;
aprendan, gobernantes de la tierra.
Sirvan al Señor con temor.


del Evangelio según San Mateo 4, 12-17.23-25.

Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.








REFLEXIÓN

En la catequesis del día de hoy el padre Roberto Álvarez comenzó el compartir de la mañana con la siguiente oración:

Alumbrame buen Jesús con la claridad de tu luz,
quita de mi vida toda oscuridad para que pueda
ser tesimonio de la verdad que viene de vos.

Refrena en mi toda divagación y quita de mí
toda tentacion que hace fuerza en toda mi vida
y me impide entregarme totalmenta a vos.

Pelea fuerte por mí.
Ayudame a vencer los antivalores que impiden
que tenga encendinda la luz de tu amor.

Que la abundancia de ese amor permita que
te alabe siempre y tenga una conciena limpia.

Envía tu luz y tu verdad para que luzcan sobre la tierra y sea posible tu Reino.

Que yo sea siempre un colaborador incondicional
de esta tarea.

Derrama tu gracias y llena mi corazón con tu amor
para que conociendo profundamente tu palabra
más te ame y te sirva, la ponga en practica para que
produzca fruto bueno y abundante.

Ocupa mi vida con todo lo que sea construir tu Reino
y hacer siempre todo para mayor gloria tuya.

Amén.

El pueblo que se hallaba en las tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivian en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.

Actualmente esas regiones oscuras, de muerte, son las situaciones, tanto en lo personal como en lo comunitario, en donde las cosas no son como Dios las quiere. Y es allí en donde Dios viene a proponernos convertirnos a la luz.

Muchas veces cuando nombramos la palabra conversión inmediantamente pensamos en ascetismo, sacrificio, penitencia y tal vez eso nos genera resistencia. Tal vez, en este tiempo, nos toca darnos cuenta que no debemos encender la luz sino solo acercarnos a ella. Quizas convertirse en esta clave que Jesús nos propone tenga que ver con volver a las raíces, recuperar nuestra identidad más profunda que tiene que ver con estar vueltos a Jesús.

Ésta luz brilla desde Belén hasta el fin de los tiempos, no importa que hagas o dejes de hacer, la luz seguirá brillando. Y desde allí, es él quien nos dice “acercáte y aprendé a vivir de una vida más humana. Dejá que la gracia vaya sanando tu vida.”

El evangelio de hoy también nos dice “El Reino de los cielos estla cerca” y ese reino es Jesús, es esa luz encendida que nos llama a estar cerca y caminar hacia él.

Tal vez te sirva para seguir reflexionando: Cuando las cosas no son como Dios quiere, si soy parte de un pueblo que vive en tinieblas, si hay cosas de mi vida cotidiana que permanecen en la oscuridad ¿Cómo me convierto a la luz? ¿Cómo salgo de esa sombra?

escrito por Padre Roberto Álvarez
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

El Señor se manifiesta a los Reyes Magos

Solemnidad de la Epifanía del Señor
(06/01/2016)

Libro de Isaías 60, 1-6. 

¡Levántate, resplandece, porque llega tu luz y la gloria del Señor brilla sobre ti! Porque las tinieblas cubren la tierra y una densa oscuridad, a las naciones, pero sobre ti brillará el Señor y su gloria aparecerá sobre ti. Las naciones caminarán a tu luz y los reyes, al esplendor de tu aurora. Mira a tu alrededor y observa: todos se han reunido y vienen hacia ti; tus hijos llegan desde lejos y tus hijas son llevadas en brazos. Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti. Te cubrirá una multitud de camellos, de dromedarios de Madián y de Efá. Todos ellos vendrán desde Sabá, trayendo oro e incienso, y pregonarán las alabanzas del Señor.


Salmo 72(71), 2.7-8.10-11.12-13.

Para que gobierne a tu pueblo con justicia
y a tus pobres con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y abunde la paz, mientras dure la luna;
que domine de un mar hasta el otro,
y desde el Río hasta los confines de la tierra.

Que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo.
Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos;
que todos los reyes le rindan homenaje
y lo sirvan todas las naciones.

Porque él librará al pobre que suplica
y al humilde que está desamparado.

Tendrá compasión del débil y del pobre,
y salvará la vida de los indigentes.


Carta de San Pablo a los Efesios 3, 2-3a.5-6.

Hermanos: Seguramente habrán oído hablar de la gracia de Dios, que me ha sido dispensada en beneficio de ustedes. Fue por medio de una revelación como se me dio a conocer este misterio, tal como acabo de exponérselo en pocas palabras. que no fue manifestado a las generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado por medio del Espíritu a sus santos apóstoles y profetas. Este misterio consiste en que también los paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo y beneficiarios de la misma promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio.


del Evangelio según San Mateo 2, 1-12.

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo". Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. "En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel". Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje". Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.





REFLEXIÓN

Nuestros hermanos orientales celebran hoy la fiesta del nacimiento de Jesús, nosotros la Epifanía del Señor, su manifestación a todos los pueblos, más conocida como la Fiesta de los Reyes Magos.

Todo este tiempo de Navidad es un tiempo de manifestación. Jesús nace en un pesebre y se manifiesta a los pastores. Celebramos su manifestación a los sabios doctos. En todos estos episodios de la infancia de Jesús se experimenta esta realidad de manifestarse. Él se presenta y se da a conocer hasta que empiece su vida pública.

Jesús vino para llamar a los alejados, a reunir a todos los hombres bajo el abrazo de la misericordia de Dios. Por eso esta expresión del evangelio de los Magos de oriente son figura de los pueblos paganos que no conocían la Escritura e intentaban entender el universo a través de la ciencia. También entre nosotros, muchas personas que parecen a lejadas de la fe están en una búsqueda trascendente. El hombre siempre está en búsqueda, aún para quienes tenemos fe el camino de la fe es una búsqueda continua. Que Dios se manifieste es para nosotros una gran ayuda, porqu enos alivia en este esfuerzo de buscarlo en los acontecimiento de nuestra vida. Para quienes no tienen fe, la búsqueda através de la razón, de la rectitud de conciencia es también un modo de ir tanteando dónde está Dios y cómo podemos encontrarnos plenamente con Él.

Éstos testimonios de búsqueda de Dios, como el caso de los magos, nos enseñan a nosotros a perseverar en nuestras búsquedas y a tener los ojos abiertos para descubrir las señales de Dios. El camino del creyente, como el de todos los hombres, es buscar y estar en búsqueda. La dificultad está cuando nos desanimamos o nos encerramos en nuestros propios criterios y perdemos esa capacidad que el Espíritu sopla en nosotros de estar permanentemente buscando este misterio de Dios escondido en la historia, en los acontecimientos y en nuestras vidas. Dios se hace presente.

Hoy es un día bendito y feliz, un día de fiesta. Esta expresión tan tierna de nuestros niños de esperar a los Reyes Magos, con esa ilusión de que pasan por nuestros lugares y nos uníamos a esta celebración con el pastito y el agua. Es una expresión que debemos vivir en el alma y no apagar nunca: buscar y estar expectante en el modo en el que el Señor quiere venir y golpear nuestro corazón. Así como estamos atentos a nuestros niños, estar atentos al paso de los Magos.

Necesitamos actitud de alerta y atención para descubrir el modo en el que el Señor quiere manifestarse en tu vida. Dios es el que elige cómo manifestarse. En la plenitud de los tiempos Dios se manifestó haciéndose hombre, como un niño. Allí Él puso su tienda y su morada entre nosotros. Hoy elige cómo manifestarse en nuestras vidas. Puede ser a través de algún acontecimiento, o algún momento de la vida de dolor o dificultades, en el rostro del hermano, en tantas situaciones… Son manifestaciones en las que el Señor elige venir a visitarnos. Frente a éste don de Dios, ¿qué le ofreces al Niño Dios?.

“Se llenaron de alegría”

Los Magos de oriente son la manifestación de aquellos hombres que a lo largo de la historia buscan a Dios. Ellos eran astrólogos, poseedores de una ciencia que honraba a su tierra en el Éufrates. Dios habló su lenguaje y se manifestó.

Mientras, Herodes era un rey ilegítimo, Jesús aparecía como el verdadero hijo de Israel, el descendiente de David. Los Magos de Oriente simbolizan a los pueblos paganos que ofrecen sus honores al Mesías. En ellos estamos representados todos los pueblos de la tierra que lo conocimos.

El texto nos dice que los magos se llenaron de gozo, y es una invitación a preguntarnos si estamos viviendo con alegría este nacimiento del Salvador. ¿Lo vivo con alegría o es el fastidio de fiestas que hay que pasar? ¿La Navidad me llena de inmenso gozo porque he experimentado que me encontré con el Señor hecho niño y que en este tiempo de mi vida se me ha manifestado de un modo concreto?.

De ahí la importancia de ésta fiesta donde celebramos que Cristo se ha manifestado en nuestra propia vida. Dios me podría haber salvado sin que yo lo conociera. Podría haber utilizado cientas de formas sin que yo ni me enterara. Pero Dios ha elegido que disfrutáramos de su amistad, por eso se hizo niño. Además Él ha querido revelarnos su hermosura, regalarnos su amistad, manifestarse en nuestras vidas y ofrecernos un trato íntimo y personal “no los llamo siervos sino amigos”. A cada uno de nosotros nos ha ofrecido un amor preferencial. A cada hombre de la historia nos ama con un amor preferencial. ¿Cómo es posible? Porque Dios me ama y te ama como sólo vos podés ser amado. Por eso es preferencial, porque Dios sabe cómo cada uno de nosotros puede ser amado. Ese es el trato íntimo y personal que en su manifestación Cristo viene a traernos. Por eso hoy es un día feliz y bendito, porque celebramos nuestro propio encuentro con Él. Descubrimos una vez más que es bueno haberlo conocido, “haberlo conocido es lo mejor que nos pasó en la vida y darlo a conocer es nuestro mayor gozo” como dice el Documento de Aparecida. De esa manera le pedimos poder ser luz para los demás para que otros puedan conocerlo.

Este regalo de Dios que se manifiesta está abierto a todos los hombres y no excluye a nadie. Dios se ofrece a todos los que abren el corazón y lo reciben. Nos hace acordar al hermoso texto del Apocalípsis “yo estoy a la puerta y llamo, si me abrís entraré y cenaremos juntos”.

Es cierto que esta fiesta de los Reyes Magos carga muchos sentimientos para la niñez. En nuestro continente, quizás pase un poco desapercibida y hemos perdido el fervor de celebrar la epifanía. Antiguamente era feriado y fiesta de precepto. Pero no puede dejar de latir nuestro corazón, volver a renovarse en este regalo grande que Dios nos ha hecho: se ha manifestado en Cristo en la plenitud de los tiempos y en Él se ha manifestado su amor preferencial que nos trata de una manera amistosa, personal, como cada uno de nosotros puede ser amado.

La misericordia es el corazón de Dios por eso debe ser el de todos los miembros que se consideran de la misma familia de Cristo. El amor a los demás es la medida con la que Dios juzgará nuestras acciones. Por eso es determinante para la Iglesia que ella viva y testimonie la misericordia. También nosotros estamos llamados a que la misericordia, la compasión y la solidaridad sea el termómetro de las acciones entre unos y otros. Esto pide la conversión de nuestros corazones, que nuestro corazón de piedra se transforme en uno de carne. La solidaridad es la determinación firme y perseverante de empeñarse en el bien común para que todos seamos responsables de todos. La compasión surge de la fraternidad.

Nuestra conversión es uno de los grandes regalos que podemos hacerle hoy al Niño Dios. Que lindo es que en este año de la misericordia, nuestra ofrenda pueda ser el deseo de una conversión de corazón que va a tener expresiones de misericordia muy concretas.

Que hoy podamos preguntarle al Señor en la oración ¿dónde te estás manifestando en mi vida? ¿En dónde me encuentro con tu amor que me sale al encuentro y que quiera manifestárseme?

escrito por Padre Daniel Cavallo
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

martes, 5 de enero de 2016

"Sígueme... "

Feria de tiempo de Navidad
(05/01/2016)

Epístola I de San Juan 3, 11-21. 

Hijos míos: La noticia que oyeron desde el principio es esta: que nos amemos los unos a los otros. No hagamos como Caín, que era del Maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano, en cambio, eran justas. No se extrañen, hermanos, si el mundo los aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la Vida, porque amamos a nuestros hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida, y ustedes saben que ningún homicida posee la Vida eterna. En esto hemos conocido el amor: en que él entregó su vida por nosotros. Por eso, también nosotros debemos dar la vida por nuestros hermanos. Si alguien vive en la abundancia, y viendo a su hermano en la necesidad, le cierra su corazón, ¿cómo permanecerá en él el amor de Dios? Hijitos míos, no amemos solamente con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad. En esto conoceremos que somos de la verdad, y estaremos tranquilos delante de Dios aunque nuestra conciencia nos reproche algo, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y conoce todas las cosas. Queridos míos, si nuestro corazón no nos hace ningún reproche, podemos acercarnos a Dios con plena confianza.


Salmo 100(99), 2.3.4.5.

Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.
Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Entren por sus puertas dando gracias,
entren en sus atrios con himnos de alabanza,
alaben al Señor y bendigan su Nombre.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.


del Evangelio según San Juan 1, 43-51.

Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme". Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret". Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez". "¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera". Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel". Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía". Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."






REFLEXIÓN

En este tiempo de Navidad el niño del pesebre empieza a inquietarnos para que vivamos nuestra vocación, a eso que como cristianos somos llamados: ser sal y luz de la tierra, fermento en la masa.

Tanto el evangelio de hoy, como la primera lectura tomada de la 1 carta de Juan, viene a ponernos en órbita sobre lo que significa el seguimiento de Cristo. Ese niño del pesebre que crece y que comienza a llamar a su seguimiento, que viene a invitarnos a que nuestra vida no se quede en una admiración por lo que hemos vivído en la Navidad. Jesús, el Dios hecho hombre tiene la misión de construir el reino de Dios entre nosotros y nos llama a ser parte. Por eso en esta parte final del tiempo de Navidad se hace presente el evangelio de la llamada: Jesús empieza a convocar a quienes van a ser los primeros discípulos.

Hoy hemos escuchado el hermoso encuentro con Felipe, y a través de él, con Andrés, Pedro y Natanael quien queda maravillado: “Verás cosas más grandes todavía”. Pero hay un imperativo que hoy resuena en nuestro corazón “Sígueme”. Hoy pensaba en tantos grupos que en estos días de verano comienzan las acciones misioneras por todo el país, que tienen una experiencia particular en el seguimiento a Cristo a través de la misión. La vocación no solo es lo que cautiva nuestra vida en una elección de vida, sino que también lo es cada llamada que Jesús nos hace para una misión particular. Este grupo que Jesús comienza a formar también tiene una misión particular. Jesús conoce de antemano a quien llama e invita a formar parte de esta pequeña comunidad itinerante y misionera. Cada uno de nosotros somos diferentes, con ritmos propios y diferentes… no todos servimos para todos, pero todos servimos para algo. Esta es la grandeza de Dios que nos llama y desde nuestra respuesta dada con libertad cada uno responde en aquello que puede pedir y asumir. Dios nunca nos pide más de lo que nosotros podemos dar. Pero hay algo que es comun a todos, el amor. El amor es el que nos hace pasar de la muerte a la vida, el amor es lo que nos compromete en la comunión. Quien ama permanece en el amor y en la vida y quien no ama permanece en la muerte.

Jesús es el centro, por eso el culmen de la comunidad se da cuando todos reconocemos en Él al hijo de Dios. La comunidad crece en la formación escuchando al maestro, y se convierte en testigos del amor de Dios y en el servicio solidario a los demás.

Reconocer al que llama

Jesús así como se encontró con sus primeros discípulos hoy quiere hacerlo con vos. Todos los discípulos describen la misión del Señor y van engrandeciendo su figura Primero Juan lo llama el cordero de Dios; después lo llama maestro; Andrés dice que es el Mesías; Felipe lo presenta como el anunciado por Moisés y los profetas; Natanael los confiesa finalmente como el Hijo de Dios, el rey de Israel.

Podríamos preguntarnos si realmente nosotros lo reconocemos como el Cordero de Dios. Si realmente nos interesa que él nos haya salvado con su propia sangre. Hoy podríamos mirar nuestro corazón para ver si lo hemos aceptado como Maestro. Si creemos que no tenemos que aprender nada de él o tenemos que aprender mucho.

Podríamos plantearnos si lo aceptamos como Mesías, como nuestro salvador. Plantearnos si él es aquel a quien estaba esperando nuestro corazón necesitado. O si reconocemos que todo lo que hemos vivido nos ha estado hablando de Él. Si creemos de verdad que él no es uno más. Sino el Hijo de Dios, el soberano de nuestras vidas. El Señor y rey de la Historia.

La llamada de Cristo se vuelve a repetir en nuestras vidas no es algo que haya quedado escrito sino que es una experiencia que se repite constantemente, también en vos, en mí y en tantos hermanos que a cada momento en acontecimientos concretos dan su respuesta a la llamada de Jesús. El Amor es el común denominador en la respuesta que damos.

Antes de que fuéramos nosotros mismos Dios nos conocía y nos amaba, por eso hemos pasado de la muerte a la vida y lo testimoniamos compartiéndolo con los demás. “Tanto amó Dios al mundo y al hombre que le entregó a su propio hijo”.

Amar al hermano es lo propio y característico del discípulo de Cristo, lo que define la religión que Jesús fundó es la práctica eficaz e indivisible del amor a Dios y al prójimo, sin restricciones ni exclusivismo. “Os doy un mandamiento nuevo que os améis unos a otros como yo os he amado. En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros” (Jn 1334s). Cristo nos está enviando continuamente al mundo en misión de amor, un amor que se abre a la vida.

El amor es el testimonio cristiano que mejor entiende la gente, el más directo y el más válido. Jesús dijo: lo que hacéis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hacéis. De ahí que san Pablo afirmara: Amar es cumplir la ley entera (Rom 13,10). Y el apóstol santiago afirma que “la religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo” (1,27).

Decíamos que el grupo de Jesús, se forma por llamada personal. En esta clave hay una palabra que es definitiva. Si quien llama es el Señor, por eso Él es el importante, Él conoce de antemano al que llama y lo invita. Lo invita a formar parte del grupo de esa pequeña comunidad itinerante y misionera. Cada llamado, cada bautizado, llamado por el Señor por su nombre, pasa a formar parte de esta comunidad que es itinerante porque camina en el mundo. En la historia. La historia no es algo estático sino que es algo que se mueve, que cambia. Tenemos que allí ir caminando y misionando en esa realidad concreta en la que estamos inmersos. Cada persona es diferente y tiene su ritmo propio, y da su respuesta interior con libertad. Por eso el Señor nos trata de manera personal. Y nos llama de modo personal. Porque cada uno de nosotros es distinto y porque cada uno de nosotros tiene una historia, una forma una manera de dar la respuesta.

La fe no es una cuestión de realidades masivas. Donde todos estamos como en serie, respondiendo y haciendo lo de Dios. La fe es una respuesta personal a la llamada de Dios. Y desde esa llamada personal nosotros vamos viendo el modo en que el Señor cautiva nuestra vida y nos hace sus seguidores. Pero siempre con Jesús en el centro. Sabiendo que Él es el importante de nuestra vida. Y por eso el grupo, cada uno de nosotros como bautizados, y comunidad evangelizadora, alcanza su cumbre cuando cada uno y todos con mentalidad comunitaria, podemos afirmar que Jesús es el hijo de Dios.

Cada comunidad de creyentes, arranca de un principio de fe, en la llamada gratuita de Dios. Siempre, la llamada que Jesús nos hace es una llamada inmerecida. Por eso es un don gratuito. Sin mérito de nuestra parte. Él nos llama y nos quiere incorporar a esta comunidad, de evangelizadores, de aquellos que cautivados por su persona y por su evangelio, queremos también transmitir a los demás la vida que Él nos trae. Y esa comunidad crece en la formación, al escuchar al maestro. Porque Él es quien va dando el ritmo, es quien va dando el sentido a toda esta marcha comunitaria de quienes nos sentimos discípulos y misioneros. En él vivimos la alegría de la comunión. La participación y también en él nos convertimos en testigos del Amor de Dios en el servicio solidario a los demás.

Hombres y mujeres nuevos

El documento de Aparecida de los obispos latinoamericanos, para nosotros tiene que ser siempre una luz que nos ayude a actualizar la Palabra de Dios, en nuestra vida, en nuestras comunidades, nos habla (nº 243), de el encuentro con Jesucristo. Y nos dice que el acontecimiento de Cristo es por lo tanto el inicio del sujeto nuevo que surge en la historia. ¿Y a que llamamos discípulo? No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea. Sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona que da nuevo horizonte a la vida. Y con ello una orientación decisiva. Esto es justamente, lo que con presentaciones diferentes, nos han conservado todos los evangelios. Como el inicio del cristianismo. Un encuentro de fe con la persona de Jesús.

Y Él es quien te llama con tu nombre y eso quiere decir que nos llama y te llama, desde lo que tu persona es, con lo que tu persona ofrece, y desde lo que tu persona necesita. Ser discípulo de Jesús, es saber que Él viene a llamarnos como nosotros somos. Es un don gratuito, porque Él es el importante en la llamada. Ser discípulo es seguirlo a Jesús con todo lo que esto supone, porque Él ha cautivado nuestra vida. A la luz de estas reflexiones, nos podemos preguntar. ¿Cómo te sentís llamado por Jesús? ¿A dónde te sentís llamado por Jesús? ¿Qué es lo que en este año, comienzo del 2015 estás descubriendo que Jesús te presenta como lugar y modo donde vos tenés que sembrar el evangelio? ¿Dónde tenés que hacer presente la vida de Cristo con tus gestos, con tus palabras?

Si de verdad queremos demostrar que “hemos encontrado al Mesías”, a aquel que da sentido a la historia humana, a la esperanza de los hombres y a nuestro propio caminar por la vida, hemos de proclamar de palabra y de obra que Jesús, en posesión plena del Espíritu, es la luz para las zonas oscuras de la vida y de la historia, y por su resurrección, de la muerte, hace posible la esperanza en un futuro mejor, la fe en el hombre y la transformación social mediante la única revolución eficaz: la conversión personal al amor y a la justicia.

Hemos de testimoniar alegremente que Jesucristo no es un mero recuerdo histórico. Es muy importante percibir y presentar a Cristo, como de hecho es en realidad: no una figura del pasado que nació y vivió en Palestina hace veinte siglos, sino una persona de hoy, viva, cercana a nosotros y amigo personal de cada uno. El Jesús de nuestra fe es el Señor resucitado, centro de la historia humana y única salvación para el hombre y el mundo actuales: “Ningún otro puede salvar, y bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos” (He 4,12). En él está la razón de nuestra fe y el fundamento de nuestra esperanza.

Sólo el amor vence la rutina, el desgaste y la monotonía. Nos dice el Documento de Aparecida en el punto 12: “No resistiría a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de algunas normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”. A todos nos toca recomenzar desde Cristo, reconociendo que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Por eso Jesús nos llamará “vengan y vean”. Los discípulos necesitamos una experiencia de Él y con Él. Sólo ahí se puede dar un verdadero encuentro capaz de transformar por completo nuestra vida.

El misterio de la cruz y del dolor también es una acción misionera. La vida ofrecida también impulsa a que otros en la acción completa puedan desgastarse.

escrito por Padre Daniel Cavallo
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

lunes, 4 de enero de 2016

"Este es el Cordero de Dios"

Feria de tiempo de Navidad
(04/01/2016)

Epístola I de San Juan 3, 7-10.

Hijos míos, que nadie los engañe: el que practica la justicia es justo, como él mismo es justo. Pero el que peca procede del demonio, porque el demonio es pecador desde el principio. Y el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del demonio. El que ha nacido de Dios no peca, porque el germen de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque ha nacido de Dios. Los hijos de Dios y los hijos del demonio se manifiestan en esto: el que no practica la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano.


Salmo 98 (97), 1.7-8.9.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud.


del Evangelio según San Juan 1, 35-42.

Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios". Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?". "Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.




REFLEXIÓN

El que busca encuentra

Estés de vacaciones o no, al comenzar el nuevo año, intentamos armar escenarios nuevos para recrearnos y descansar, o al menos, cambiar la rutina. ¿Qué buscás? ¿Qué buscamos? es el gran interrogante del hombre y de la humanidad. Éstos discípulos enviados por Juan estaban buscando al Mesías y el mismo Jesús suscita esta pregunta en ellos.

La búsqueda es parte de nuestra vida humana. La mayor parte de nuestras vidas la pasamos buscando respuestas a nuestros interrogantes. Quizás también en algún momento de la vida por algún sacudón, sea por dolor o por cambios, empiezan a aparecer con más fuerza “¿Qué es lo que busca mi vida?”

Muchos definen a las personas como esencialmente seres en continua búsqueda. De allí que la pregunta de Jesús sea tan importante. De una u otra manera, ésta es la pregunta de quiénes acudían a Jesús. Como al ciego ¿qué quieres que haga por tí? “Que vea” contestó el ciego. Con la recuperación de la vista no terminó su búsqueda, pero iba por buen camino porque podía ver al Maestro.

Un día Jesús dirá “el que busca encuentra”. Es una promesa rotunda y sin límites. Somos nosotros quienes ponemos límites a nuestras búsquedas. Encontramos algunos aspectos de la vida cristiana y nos quedamos como instalados y dejamos de buscar. Creemos que ahí está el todo, y nos vamos instalando, construyendo nuestros castillos que a veces son de arena. Es como cuando uno encuentra un momento de bienestar en la vida y creemos que es el paraíso, y buscamos hacer “las 3 carpas”. Dios es infinitamente más grande que lo que hemos encontrado. La manera de seguir buscando y encontrando es quedarnos con Jesús como aquellos discípulos. Es escucharlo y aprender. Esa será su metodología como Maestro para con cada uno de nosotros. Implica una continua búsqueda y encuentro.

Las búsquedas en sus distintos aspectos: en el ámbito de la fe, búsquedas humanas o las que fueran. Al comenzar un nuevo año aparece el desafío “¿Qué será de mi vida este año?” o nosotros creyentes “¿Qué quiere Dios para mí en este año?”.

El encuentro verdadero lleva consigo un diálogo y una revelación. Dos discípulos de Juan admirados le preguntan “Dónde vives?” “Vengan y vean”. Es una invitación hermosa porque la experiencia compartida es el mejor testimonio. El compartar, experimentar la vida de Cristo es la mejor experiencia que uno puede desear.

Recuerdo aquel hermoso documento de la Iglesia en América de San Juan Pablo II que hablaba de la necesidad de los cristianos de tener una experiencia de Cristo vivo. Muchas veces nuestra fe pasa más por ideas y conocimientos intelectuales. Aquel documento decía “Hoy el cristiano necesita un experiencia de Cristo vivo”. Es lo que el evangelio de hoy nos transmite: “Vengan y vean”. Nadie les va a vender nada, ustedes mismos lo vivirán. San Juan que es tan exhaustivo en contar la experiencia pone la hora y el momento. Pasaron con Él todo el día. Descubrieron su vida y sus costumbres. Jesús no tiene cosas para ocultar, su casa es el hogar que lo recibe “el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza”. A partir de ahora la tarea del Cristiano será este proceso: encontrarnos con Jesús, vivir con Él, rastrear sus huellas y seguirlo. Si no tenemos experiencia de Cristo vivo a nuestra mesa le faltará una pata.

En el documento de Aparecida, se van mencionando una serie de lugares donde encontrarlo: en la palabra, en la eucaristía, en la comunidad, en el día domingo, en el pueblo, en los humildes, en el pueblo, en los enfermos, también en los pecadores, nosotros mismos. El Mesías a multiplicado sus rostros y su presencia.

Que lindo que en estos primeros días del año, mientras vivimos el tiempo de la Navidad, Dios se pone a nuestro alcance para que nuestra búsqueda no sea sin rumbo ni alocada sino que sepamos para dónde. Esa búsqueda de aquello que tiene que llenar nuestra vida va a toparse con éstas experiencias que el Señor eligió como modo para llegar a nuestro corazón.

También podemos encontrar al Señor en lo profundo de nuestro corazón, también en nuestra pequeñez, en nuestros dolores y sufrimientos, en aquellos que forman parte de nuestra vida. Allí está el rostro concreto de Dios que te dice “vení y mirá”.

En Cristo tendremos siempre motivo de búsqueda, no se acaba nunca y siempre es más. Hasta que un día en Dios seamos todo, dice el apóstol San Juan.

“Él es el Cordero de Dios” le dice Juan el Bautista a sus discípulos. “Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” les dirá y ahí el desaparece. Cuando Juan ya cumplió su misión desaparece, y de hecho es asesinado. A veces nuestra vida también tiene que tomar esa forma: padres, padrinos, docentes, cuando se consiguió el fin del instrumento es necesario que desaparezcamos. Si queremos seguir brillando estaremos desubicados.

Quienes somos instumentos tenemos que tomar conciencia que es necesario que resplandezca Cristo y no nosotros.

Juan indicaba el camino, y Jesús apareció ofreciendo su intimidad. Seguramente el autor del evangelio era uno de esos dos discípulos porque sabe muchos detalles: recuerda que eran las 4 de la tarede, como algo que quedaría guardado para siempre en su corazón.

Uno de ellos, Ándrés, encontró a su hermano y lo condujo a Jesús. “Hemos encontrado al Mesías”, ese esperado desde hacía tiempo. El prometido, el que traería la verdadera luz, el que podría cumplir las esperanzas más profundas.

“Lo hemos encontrado”. Todo el que busca encuentra. También nosotros lo hemos encontrado. Es simple y sincero, no complicado. Somos nosotros quienes complican las cosas de la fe. Es fuerte, es fiel, es verás, no nos esconde nada. Es bueno estar con Jesús. Vale la pena dejarse encontrar por Él.

Hay un hermoso texto que dice “qué bueno es estar con Vos Jesús”. En esa simpleza, en esa experiencia de lo concreto en nuestras vidas, encontrarnos con Jesús nos trae el camino a la plenitud dando razón a nuestra existencia.

Detener la búsqueda, hacerse indiferentes

Existe un peligro del cual tenemos que estar prevenidos en ésta búsqueda: la indiferencia. Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2015 con el lema “Vence la indiferencia y conquista la paz”:

Es cierto que la actitud del indiferente, de quien cierra el corazón para no tomar en consideración a los otros, de quien cierra los ojos para no ver aquello que lo circunda o se evade para no ser tocado por los problemas de los demás, caracteriza una tipología humana bastante difundida y presente en cada época de la historia. Pero en nuestros días, esta tipología ha superado decididamente el ámbito individual para asumir una dimensión global y producir el fenómeno de la «globalización de la indiferencia».

La primera forma de indiferencia en la sociedad humana es la indiferencia ante Dios, de la cual brota también la indiferencia ante el prójimo y ante lo creado. Esto es uno de los graves efectos de un falso humanismo y del materialismo práctico, combinados con un pensamiento relativista y nihilista. El hombre piensa ser el autor de sí mismo, de la propia vida y de la sociedad; se siente autosuficiente; busca no sólo reemplazar a Dios, sino prescindir completamente de él. Por consiguiente, cree que no debe nada a nadie, excepto a sí mismo, y pretende tener sólo derechos[4]. Contra esta autocomprensión errónea de la persona, Benedicto XVI recordaba que ni el hombre ni su desarrollo son capaces de darse su significado último por sí mismo[5]; y, precedentemente, Pablo VI había afirmado que «no hay, pues, más que un humanismo verdadero que se abre a lo Absoluto, en el reconocimiento de una vocación, que da la idea verdadera de la vida humana»[6].

La indiferencia ante el prójimo asume diferentes formas. Hay quien está bien informado, escucha la radio, lee los periódicos o ve programas de televisión, pero lo hace de manera frívola, casi por mera costumbre: estas personas conocen vagamente los dramas que afligen a la humanidad pero no se sienten comprometidas, no viven la compasión. Esta es la actitud de quien sabe, pero tiene la mirada, la mente y la acción dirigida hacia sí mismo. Desgraciadamente, debemos constatar que el aumento de las informaciones, propias de nuestro tiempo, no significa de por sí un aumento de atención a los problemas, si no va acompañado por una apertura de las conciencias en sentido solidario[7]. Más aún, esto puede comportar una cierta saturación que anestesia y, en cierta medida, relativiza la gravedad de los problemas. «Algunos simplemente se regodean culpando a los pobres y a los países pobres de sus propios males, con indebidas generalizaciones, y pretenden encontrar la solución en una “educación” que los tranquilice y los convierta en seres domesticados e inofensivos. Esto se vuelve todavía más irritante si los excluidos ven crecer ese cáncer social que es la corrupción profundamente arraigada en muchos países —en sus gobiernos, empresarios e instituciones—, cualquiera que sea la ideología política de los gobernantes»[8].

La indiferencia se manifiesta en otros casos como falta de atención ante la realidad circunstante, especialmente la más lejana. Algunas personas prefieren no buscar, no informarse y viven su bienestar y su comodidad indiferentes al grito de dolor de la humanidad que sufre. Casi sin darnos cuenta, nos hemos convertido en incapaces de sentir compasión por los otros, por sus dramas; no nos interesa preocuparnos de ellos, como si aquello que les acontece fuera una responsabilidad que nos es ajena, que no nos compete[9]. «Cuando estamos bien y nos sentimos a gusto, nos olvidamos de los demás (algo que Dios Padre no hace jamás), no nos interesan sus problemas, ni sus sufrimientos, ni las injusticias que padecen… Entonces nuestro corazón cae en la indiferencia: yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien»[10].

Al vivir en una casa común, no podemos dejar de interrogarnos sobre su estado de salud, como he intentado hacer en la Laudato si’. (…)

En estos y en otros casos, la indiferencia provoca sobre todo cerrazón y distanciamiento, y termina de este modo contribuyendo a la falta de paz con Dios, con el prójimo y con la creación.

La indiferencia nos encierra en nuestro propio bienestar y nos aísla de los dolores y alegrías de nuestros hermanos.

(…) En el plano individual y comunitario, la indiferencia ante el prójimo, hija de la indiferencia ante Dios, asume el aspecto de inercia y despreocupación, que alimenta el persistir de situaciones de injusticia y grave desequilibrio social, los cuales, a su vez, pueden conducir a conflictos o, en todo caso, generar un clima de insatisfacción que corre el riesgo de terminar, antes o después, en violencia e inseguridad.

El evangelio de hoy nos invita a ser hombres y mujeres de búsqueda. Sólo con esa búsqueda viene ese posterior encuentro y experiencia con Él.

escrito por Padre Daniel Cavallo
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

domingo, 3 de enero de 2016

Jesús es Dios

Domingo segundo después de Navidad
(03/01/2016)

Libro de Eclesiástico 24, 1-2.8-12. 

La sabiduría hace el elogio de sí misma y se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de su Poder. «El Creador de todas las cosas me dio una orden, el que me creó me hizo instalar mi carpa. Él me dijo: "Levanta tu carpa en Jacob y fija tu herencia en Israel". El me creó antes de los siglos, desde el principio, y por todos los siglos no dejaré de existir. Ante Él, ejercí el ministerio en la Morada santa, y así me he establecido en Sión; Él me hizo reposar asimismo en la Ciudad predilecta, y en Jerusalén se ejerce mi autoridad. Yo eché raíces en un Pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su herencia».


Salmo 147, 12-13.14-15.19-20.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.

Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.


Carta de San Pablo a los Efesios 1, 3-6.15-18.

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes espirituales en el cielo, y nos ha elegido en él, antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos e irreprochables en su presencia, por el amor. El nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, que nos dio en su Hijo muy querido. Por eso, habiéndome enterado de la fe que ustedes tienen en el Señor Jesús y del amor que demuestran por todos los hermanos, doy gracias sin cesar por ustedes recordándolos siempre en mis oraciones Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les conceda un espíritu de sabiduría y de revelación que les permita conocerlo verdaderamente. Que él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, los tesoros de gloria que encierra su herencia entre los santos.


del Evangelio según San Juan 1, 1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.








REFLEXIÓN: ¿Cómo se sabe que Jesucristo es Dios?

La Biblia nos ofrece muchas evidencias que nos demuestran que Jesucristo es Dios. Sin embargo, si solamente se tomaran en cuenta la manera de ser de Jesús, su temperamento equilibrado y tierno, su extraordinaria sabiduría aun desde temprana edad, así como su evidente santidad -reconocida aún por los no-cristianos- bastarían estas cualidades extra-ordinarias y sobre-naturales para sustentar que las palabra dichas por El mismo o escritas en la Biblia sobre su divinidad, son ciertas.

¿Cuáles son estas palabras de Cristo y de la Biblia sobre su divinidad?

. “En el principio era la Palabra ... y la Palabra era Dios” (Jn. 1,1)
. “Yo y el Padre somos una sola cosa” (Jn. 10, 30)
. “Antes de que Abraham existiera, Yo Soy” (Jn. 8, 58)
. “¿No crees que estoy en el Padre y que el Padre está en Mí?” (Jn. 14, 9)
. “Ahora, Padre, dame junto a Tí la misma Gloria que tenía a tu lado antes que comenzara el mundo” (Jn. 17, 5)
. “Sabemos que el Hijo de Dios ha venido ... para que conozcamos al Verdadero. Nosotros estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo: ahí tienen el Dios Verdadero “ (1 Jn. 5, 20)
. “En El permanece toda la plenitud de Dios en forma corporal” (Col. 2, 9)
. “Cristo ... como Dios, está por encima de todo” (Rom. 9, 5)
. “Dios envió a su Hijo, que nació de mujer” (Gal. 4, 4)

Estas cosas han sido dichas por Cristo y sobre Cristo en la Sagrada Biblia. Pero veamos ahora las evidencias de su divinidad, las cuales podemos clasificar en cuatro categorías:

1. Las profecías hechas acerca del Mesías prometido y cumplidas por el mismo Jesucristo.

Aquí es curioso hace notar que hay personas importantes, cuya biografía se ha escrito después de fallecidas y algunas pocas, mientras están aún vivas. Pero a nadie, sino a Cristo, se le ha escrito su biografía siglos antes de venir a este mundo.

He aquí algunas de estas profecías hechas sobre Cristo y cumplidas por El:

◙ Su nacimiento en Belén (Miq. 5, 1-2 = Mt. 2, 1; Lc. 2, 6),
◙ Su nacimiento de una Virgen (Is. 7, 14 = Mt. 1, 18),
◙ Los grandes milagros que realizaría (Is. 35, 5-6 = Lc. 7, 18, 23),
◙ El rechazo de su propia gente (Is. 53, 3 = Jn. 1, 11),
◙ La traición de uno de sus amigos y el precio pagado por El (Sal 41, 10 ; Zac. 11, 12-13 = Mt. 26, 14-15),
◙ Los eventos de su pasión y muerte (Is. 53, Is. 50, 6; Sal. 22, 17-19 = Jn. 19, 21-23; Mc. 15, 24; Mt. 27) .

2. Profecías hechas por Cristo:

◙ Jesús predijo que sería entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la Ley (Mt. 20, 18 = Mt. 26, 57; Mc. 10, 64);

◙ Que éstos lo entregarían a los gentiles, los cuales se burlarían de El, lo azotarían y lo crucificarían (Mt. 20, 19 = Mt. 27, 26: 29, 30; Lc. 23, 33);

◙ Anunció que Judas lo traicionaría (Jn. 13, 21-26 = Lc. 22, 3-4);

◙ Predijo la triple negación de Pedro (Mt. 26, 34 = Mt. 26, 69-75).

◙ Adicionalmente predijo la destrucción de Jerusalén y del Templo por parte de los gentiles (Lc. 21, 20; Mc. 13, 2), lo cual sucedió, según testimonios históricos, cuarenta años después (70 AD) y la ciudad y el Templo de Jerusalén fueron destruidos de tal forma por los Romanos (gentiles), que resultaba irreconocible el lugar.

3. Los milagros de Jesús:

Fueron muchísimos y muy diversos. Tal vez los más impresionantes hayan sido el de la multiplicación de los panes y los peces, cuando de cinco panes y dos peces alimentó a una multitud de aproximadamente quince mil personas (cinco mil hombres sin contar mujeres y niños); la revivificación de Lázaro y otros muertos, y su propia Resurrección.

Los milagros muestran, sin lugar a dudas, que sólo Dios, por ser infinito y todopoderoso, puede alterar las leyes que El mismo ha establecido. Y Cristo los realizó para mostrar su poder divino (cf. Jn. 14, 11). Su propia Resurrección es, indudablemente, la muestra mayor de su divinidad (cf. Rom. 1, 4).

Una cosa curiosa es que los enemigos de Jesús nunca negaron que hubiera hecho milagros, los cuales habían constatado con sus propios ojos. La crítica de parte de sus adversarios de que los realizaba en día prohibido (Jn. 9, 13-16) y de que, supuestamente, los hacía por el poder del Demonio (cf. Mt. 12, 24), sirve precisamente para confirmar los milagros realizados por Jesucristo.

4. Atributos Divinos:

Sólo Dios posee los atributos listados a continuación, los cuales vemos que Cristo tiene. Por lo tanto, Cristo es Dios:

◙ Es eterno (cf. Jn. 1, 1-2; 8, 58; 17, 5 - Col. 1. 17)
◙ Conoce todas las cosas (cf. Jn. 1, 48; 2, 25; 6, 64; 14, 10)
◙ Es todopoderoso (cf. Mt. 28, 18; Mc. 4, 39; Hb. 1, 3)
◙ Es inmutable (no cambia) (cf. Hb. 13, 8)

Algunos, sin embargo requerirán la comprobación de que la Biblia es Palabra de Dios. Para esto ver las preguntas: ¿Cómo se sabe que la Biblia es Palabra de Dios? y ¿Por qué la religión Católica es la verdadera?

(fuente: www.homilia.org)

sábado, 2 de enero de 2016

"Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías"

Feria de tiempo de Navidad
(02/01/2016)

Epístola I de San Juan 2, 22-28. 

Queridos hermanos: ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo no está unido al Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre. En cuanto a ustedes, permanezcan fieles a lo que oyeron desde el principio: de esa manera, permanecerán también en el Hijo y en el Padre. La promesa que él nos hizo es esta: la Vida eterna. Esto es lo que quería escribirles acerca de los que intentan engañarlos. Pero la unción que recibieron de él permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Y ya que esa unción los instruye en todo y ella es verdadera y no miente, permanezcan en él, como ella les ha enseñado. Sí, permanezcan en él, hijos míos, para que cuando él se manifieste, tengamos plena confianza, y no sintamos vergüenza ante él en el Día de su Venida.


Salmo 98(97), 1.2-3ab.3cd-4.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.


del Evangelio según San Juan 1, 19-28.

Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?". El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías". "¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió. Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?". Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías". Algunos de los enviados eran fariseos, y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?". Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia". Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.









REFLEXIÓN

Qué lindo comenzar el año con esta propuesta del evangelio que es un programa de vida. Somos nosotros quienes tenemos que tomar ubicación en el pesebre de modo que no quede como una hermosa estampa navideña, sino que seamos artífices y partícipes. Somos parte de esa escena viva, de un momento de gracia que cobra vida en nosotros al involucrarnos. En esa escena de Belén se nos proclama esta palabra donde Juan el Bautista tiene que dar explicaciones. Él mismo responde que no es el Mesías ni el profeta. “¿Quién sos? ¿qué dices de tí mismo?”. Sería un ¿cuál es el proyecto que te involucra?.

En esta contemplación del Salvador que está entre nosotros, que está en el pesebre y que lo hemos adorado en estos días… nosotros que le hemos creído… ¿Cuáles son nuestros proyectos? ¿qué tiene que ver con ellos el Dios del pesebre?.

Queremos vivir el año que comienza desde la Providencia de Dios y que sea Él el centro. La obra de Salvación que ha comenzado no puede continuar sin nuestra aceptación y nuestro sí, por eso nos involucramos. La escena del pesebre no cobra vida si yo no estoy presente ni pongo mi vida ahí para que esa obra salvadora también se de en mí. Dios nos lo da todo pero también espera nuestro sí.

La gloria del precursor fue anunciar al pueblo a aquel que existía antes que él y le es muy superior. El Mesías está ya presente, pero no es reconocido. Dar testimonio de Cristo, “el desconocido”, es también la gloria de su discípulo en un mundo que lo necesita a gritos.

El hombre moderno, que ha centrado toda su felicidad egoísta en tener y gastar, es victima de su propio invento: la sociedad de consumo y bienestar. Al comienzo del año todos nos deseamos felicidad. ¿Por qué? Las encuestas recientes arrojan elevados porcentajes de desencanto entre jóvenes y adultos por la sociedad en que vivimos, desilusión ante la gestión política y administrativa, ante la situación económica y cívica: carestía de vida, desempleo, violencia, terrorismo, inseguridad ciudadana, amenaza nuclear, discriminación social, ruptura familiar y conyugal, droga, alcoholismo, delincuencia, hambre incluso. Este desencanto crea tristeza, depresión, malestar, pesadumbre, ansiedad y angustia; es decir, los polos opuestos a la alegría de vivir. Quizá los hombres del tiempo del Bautista no eran tampoco más felices que nosotros. Y por eso Cristo ha venido a vendar los corazones desgarrados. Él es el don del Espíritu, el carisma de la alegría propia de la Navidad. Conocer que Dios está entre nosotros, que Cristo se ha hecho uno de los nuestros, es motivo de optimismo esperanzado para cada uno personalmente y para la comunidad humana y cristiana de la que formamos parte. Por eso San Pablo mandaba a los cristianos estar siempre alegres.

Más que nunca, hoy es necesario el testimonio de la alegría de Cristo para una sociedad con crisis de valores. A un mundo ayuno de espíritu le hace mucha falta una cura de emergencia y un tratamiento intensivo a cargo de quienes llevan o deben llevar consigo el Espíritu de Cristo, para mostrar los auténticos valores espirituales y humanos: desprendimiento y solidaridad, amor y oración, coherencia y responsabilidad, pasión por los derechos humanos, por la verdad y la libertad, compromisos firme con la justicia y la liberación de toda esclavitud y discriminación social, cultural y religiosa. Lo decía el Papa Francisco, la Iglesia tiene que ser ese hospital de campaña donde recibir a los heridos. Se dedica a curar las heridas urgentes no a los pronósticos.

Lo único que puede vencer la insatisfacción profunda del hombre actual es un testimonio personal y comunitario de alegría y esperanza oxigenantes, fundado en la fe en Cristo liberador, presente en nuestro mundo y vivo en los hombres que sufren por cualquier motivo. El testimonio es siempre un impacto que interroga a los que lo ven: ¿Qué secreta esperanza alegra la vida de esta persona o de este grupo de creyentes? Como decía el cardenal Suhard, ser testigo de lo invisible es crear misterio en torno, es hacer que la vida resulte absurda si Dios no existe.

Hay en nuestro mundo una sorda espera y una difusa expectativa, como en el pueblo israelita en tiempos del Bautista, que sólo necesitan al testigo que muestre el motivo y fundamento de una esperanza segura: Cristo Jesús. La mejor disposición para ser testigos de esperanza y fraternidad es vivirlas personalmente por la fe, creyendo en Dios y en el hombre, amando a los hermanos y sirviendo a los más débiles y marginados. Así mostraremos a Cristo, el desconocido, pues él ha querido identificarse con nuestros hermanos, especialmente con los más necesitados.


La misión de la Iglesia es evangelizar

Juan el Bautista conoce su misión. Mucho tiempo de silencio y oración lo ha ayudado a descubrir su interioridad y su verdad. Juan es el testigo, el que prepara los caminos para el Palabra que viene a traernos la luz. “Yo no soy la luz, soy testigo de la luz… yo no soy la Palabra soy una voz que grita en el desierto”. Realmente es un don reconocernos y saber quiénes somos.

El documento de Aparecida nos dice que la misión de la iglesia es evangelizar (30-33) :

La historia de la humanidad, a la que Dios nunca abandona, transcurre bajo su mirada compasiva. Dios ha amado tanto nuestro mundo que nos ha dado a su Hijo. Él anuncia la buena noticia del Reino a los pobres y a los pecadores. Por esto, nosotros, como discípulos de Jesús y misioneros, queremos y debemos proclamar el Evangelio, que es Cristo mismo. Anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras.

La Iglesia debe cumplir su misión siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes (Cf. Mt 9, 35-36). Él, siendo el Señor, se hizo servidor y obediente hasta la muerte de cruz (Cf. Fil 2, 8); siendo rico, eligió ser pobre por nosotros (Cf. 2 Co 8, 9), enseñándonos el itinerario de nuestra vocación de discípulos y misioneros. En el Evangelio aprendemos la sublime lección de ser pobres siguiendo a Jesús pobre (Cf. Lc 6, 20; 9, 58), y la de anunciar el Evangelio de la paz sin bolsa ni alforja, sin poner nuestra confianza en el dinero ni en el poder de este mundo (Cf. Lc 10, 4 ss). En la generosidad de los misioneros se manifiesta la generosidad de Dios, en la gratuidad de los apóstoles aparece la gratuidad del Evangelio.

En el rostro de Jesucristo, muerto y resucitado, maltratado por nuestros pecados y glorificado por el Padre, en ese rostro doliente y glorioso 21, podemos ver, con la mirada de la fe el rostro humillado de tantos hombres y mujeres de nuestros pueblos y, al mismo tiempo, su vocación a la libertad de los hijos de Dios, a la plena realización de su dignidad personal y a la fraternidad entre todos. La Iglesia está al servicio de todos los seres humanos, hijos e hijas de Dios.

Que bueno que en este segundo día del año la Palabra de Dios nos haya puesto cara a cara a esta hermosa posibilidad de vivir la Navidad involucrándonos, siendo parte del pesebre, estando junto a María y José hoy, en este tiempo de la historia. Eso es posible cuando tenemos en claro este proyecto en el que Dios nos pensó y a la vez proyectando desde Él en lo que será el año que comienza.

escrito por Padre Daniel Cavallo
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

viernes, 1 de enero de 2016

María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón

Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
(01/01/2016)

Libro de los Números 6, 22-27. 

El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.


Salmo 67(66), 2-3.5.6.8.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Carta de San Pablo a los Gálatas 4, 4-7.

Hermanos: Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos. Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo" ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.


del Evangelio según San Lucas 2, 16-21.

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido. Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.









REFLEXIÓN

La Iglesia Católica quiere comenzar el año pidiendo la protección de la Santísima Virgen María. La fiesta mariana más antigua que se conoce en Occidente es la de "María Madre de Dios". Ya en las Catacumbas o antiquísimos subterráneos que están cavados debajo de la ciudad de Roma y donde se reunían los primeros cristianos para celebrar la Misa, en tiempos de las persecuciones, hay pinturas con este nombre: "María, Madre de Dios".

Si nosotros hubiéramos podido formar a nuestra madre, ¿qué cualidades no le habríamos dado? Pues Cristo, que es Dios, sí formó a su propia madre. Y ya podemos imaginar que la dotó de las mejores cualidades que una criatura humana puede tener.

Pero, ¿es que Dios ha tenido principio? No. Dios nunca tuvo principio, y la Virgen no formó a Dios. Pero Ella es Madre de uno que es Dios, y por eso es Madre de Dios.

Y qué hermoso repetir lo que decía San Estanislao: "La Madre de Dios es también madre mía". Quien nos dio a su Madre santísima como madre nuestra, en la cruz al decir al discípulo que nos representaba a nosotros: "He ahí a tu madre", ¿será capaz de negarnos algún favor si se lo pedimos en nombre de la Madre Santísima?

Al saber que nuestra Madre Celestial es también Madre de Dios, sentimos brotar en nuestro corazón una gran confianza hacia Ella.

Cuando en el año 431 el hereje Nestorio se atrevió a decir que María no era Madre de Dios, se reunieron los 200 obispos del mundo en Éfeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años) e iluminados por el Espíritu Santo declararon: "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Y acompañados por todo el gentío de la ciudad que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén".

El título "Madre de Dios" es el principal y el más importante de la Virgen María, y de él dependen todos los demás títulos y cualidades y privilegios que Ella tiene.

Los santos muy antiguos dicen que en Oriente y Occidente, el nombre más generalizado con el que los cristianos llamaban a la Virgen era el de "María, Madre de Dios".

(fuente: www.oblatos.com)
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