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lunes, 7 de marzo de 2016

"Tu hijo vive... "

Lunes de la cuarta semana de Cuaresma
(07/03/2016)

Libro de Isaías 65, 17-21. 

Así habla el Señor: Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria, sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo. Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos. Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito. Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos.


Salmo 30(29), 2.4.5-6.11-12a.13b.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste
y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo
y me hiciste revivir,
cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.

Canten al Señor, sus fieles;
den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante,
y su bondad, toda la vida:
si por la noche se derraman lágrimas,
por la mañana renace la alegría.

«Escucha, Señor, ten piedad de mí;
ven a ayudarme, Señor.»
Tú convertiste mi lamento en júbilo,
¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!


del Evangelio según San Juan 4, 43-54.

Jesús partió hacia Galilea. El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo. Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta. Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún. Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo. Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen". El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera". "Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y leanunciaron que su hijo vivía. El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron. El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia. Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.













REFLEXIÓN

Hoy los invito a dejarnos interpelar por el Evangelio y preguntarnos cómo está y cómo es nuestra fe en Jesucristo. Según San Juan, pueden ir al capítulo 21 de su Evangelio, en la mayor alabanza que Cristo hace en torno al tema de la fe, a quien se celebra finalmente, no es al que cree como consecuencia de haber visto; sino al que cree aún cuando no ha visto: “Felices los que creen sin haber visto”, dice el Señor.

En este sentido, el “funcionario real” que hoy golpea a la puerta de Jesucristo para pedir la curación de su hijo moribundo, encarna el ideal del hombre de fe porque, como bien comenta San Juan: “el hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino”. Así, este hombre viene a ser icono de la fe que buscamos. De la verdadera fe, la que es capaz de “esperar contra toda esperanza” y de creer sin ver.

En la línea de lo que venimos hablando, siempre me impresionó el testimonio de fe de San Juan de la Cruz, cuando aún en la “noche oscura” de su vida y de su fe, supo apostar, creer y esperar.

Dice el santo: “Que bien sé yo la fonte [la fuente] / que mana y corre / aunque es de noche” y continúa: “Aquella eterna fonte está escondida / que bien sé yo donde tiene su guarida / aunque es de noche… Su claridad nunca es oscurecida / y sé que toda luz de ella es venida / aunque es de noche”.

Aunque es de noche, aunque es de noche, aunque es de noche. Todo el poema está atravesado por esta noche oscura, por este momento de zozobra y tinieblas que está viviendo el santo-poeta y, sin embargo, en todo el poema (en toda su vida) aquello que lo sostiene es su fe. Fe honda que lo mantiene a flote y lo protege ante el peligro de naufragio.

Siguiendo en esta línea, en el número 57 de la Encíclica Lumen fidei, el Papa Francisco nos regala una preciosa metáfora de la fe cuando dice: “La luz de la fe no disipa todas nuestras tinieblas, sino que, como una lámpara, guía nuestros pasos en la noche, y esto basta para caminar. Al hombre que sufre, Dios no le da un razonamiento que explique todo, sino que le responde con una presencia que le acompaña, con una historia de bien que se une a toda historia de sufrimiento para abrir en ella un resquicio de luz…”.

Gracias a su fe, gracias a que cree, en la biografía del funcionario real hoy también se abre un resquicio de luz. Por eso, debemos tomarlo como un ejemplo para nuestra propia fe, porque este hombre aún en la prueba y en la tiniebla, se puso en marcha; aún en la duda (por qué no decirlo) y hasta en el peligro de muerte (su hijo agoniza), se puso en marcha… ¡Sí! “El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino”.

¿Y nosotros? Cuántas veces nuestra vida no avanza, porque ante dudas, muertes, tinieblas y pruebas quedamos como paralizados, sin acabar de creerle a Jesucristo, Señor de la vida. Ojalá podamos aprovechar esta Cuaresma para reforzar nuestra fe. En este sentido, el Evangelio de hoy nos invita a creer y a creer en camino, a creer y ponernos en marcha… Porque sabemos que el camino de Jesús, aún y cuando pase por la Cruz, es un camino que acaba en vida: “¡Tu hijo vive!” le dijo Cristo al funcionario real, y porque éste creyó se cumplió la palabra de Dios.

Pidamos a María, la gracia de ser también nosotros hombres y mujeres de fe, hombres y mujeres capaces de caminar y creer, aun en las noches más oscuras, aún en las pruebas más grandes…

Que así sea!

escrito por P. Germán Lechinni
Sacerdote Jesuita
Director del Centro Manresa
que pertenece a la Pastoral juvenil y vocacional
de la Compañia de Jesús en Argentina y Uruguay
(fuente: www.oleadajoven.org.ar)

domingo, 6 de marzo de 2016

"tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida"

domingo de la cuarta semana de Cuaresma
(06/03/2016)

Libro de Josue 5, 9a.10-12. 

Entonces el Señor dijo a Josué: "Hoy he quitado de encima de ustedes el oprobio de Egipto". Y aquel lugar se llamó Guilgal hasta el día de hoy. Los israelitas acamparon en Guilgal, y el catorce del mes, por la tarde, celebraron la Pascua en la llanura de Jericó. Al día siguiente de la Pascua, comieron de los productos del país - pan sin levadura y granos tostados - ese mismo día. El maná dejó de caer al día siguiente, cuando comieron los productos del país. Ya no hubo más maná para los israelitas, y aquel año comieron los frutos de la tierra de Canaán.


Salmo 34(33), 2-3.4-5.6-7.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.


Carta II de San Pablo a los Corintios 5, 17-21.

El que vive en Cristo es una nueva criatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente. Y todo esto procede de Dios, que nos reconcilió con él por intermedio de Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque es Dios el que estaba en Cristo, reconciliando al mundo consigo, no teniendo en cuenta los pecados de los hombres, y confiándonos la palabra de la reconciliación. Nosotros somos, entonces, embajadores de Cristo, y es Dios el que exhorta a los hombres por intermedio nuestro. Por eso, les suplicamos en nombre de Cristo: Déjense reconciliar con Dios. A aquel que no conoció el pecado, Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro, a fin de que nosotros seamos justificados por él.


del Evangelio según San Lucas 15, 1-3.11-32.

Todos los publicanos y pecadores se acercaban a Jesús para escucharlo. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos". Jesús les dijo entonces esta parábola: Jesús dijo también: "Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de herencia que me corresponde'. Y el padre les repartió sus bienes. Pocos días después, el hijo menor recogió todo lo que tenía y se fue a un país lejano, donde malgastó sus bienes en una vida licenciosa. Ya había gastado todo, cuando sobrevino mucha miseria en aquel país, y comenzó a sufrir privaciones. Entonces se puso al servicio de uno de los habitantes de esa región, que lo envió a su campo para cuidar cerdos. El hubiera deseado calmar su hambre con las bellotas que comían los cerdos, pero nadie se las daba. Entonces recapacitó y dijo: '¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre! Ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros'. Entonces partió y volvió a la casa de su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió profundamente; corrió a su encuentro, lo abrazó y lo besó. El joven le dijo: 'Padre, pequé contra el Cielo y contra ti; no merezco ser llamado hijo tuyo'. Pero el padre dijo a sus servidores: 'Traigan en seguida la mejor ropa y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el ternero engordado y mátenlo. Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado'. Y comenzó la fiesta. El hijo mayor estaba en el campo. Al volver, ya cerca de la casa, oyó la música y los coros que acompañaban la danza. Y llamando a uno de los sirvientes, le preguntó que significaba eso. El le respondió: 'Tu hermano ha regresado, y tu padre hizo matar el ternero engordado, porque lo ha recobrado sano y salvo'. El se enojó y no quiso entrar. Su padre salió para rogarle que entrara, pero él le respondió: 'Hace tantos años que te sirvo sin haber desobedecido jamás ni una sola de tus órdenes, y nunca me diste un cabrito para hacer una fiesta con mis amigos. ¡Y ahora que ese hijo tuyo ha vuelto, después de haber gastado tus bienes con mujeres, haces matar para él el ternero engordado!'. Pero el padre le dijo: 'Hijo mío, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo. Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado'".








REFLEXIÓN

La misericordia de Dios es grande. El mensajero y el instrumento es Cristo nuestro Señor. Él, a todo lo que no está bien en nosotros, le ve el mejor costado. Quiere justificar su actitud frente a los pecadores. Esa actitud que, precisamente, es mostrarnos al padre, que celebra una fiesta por la vuelta del hijo que ha perdido el rumbo. En la parábola del hijo pródigo todo está centrado en el rostro del padre. Sólo es mencionada su alegría, no la del hijo menor. Su amor de padre sigue siendo incomprensible, no sólo para los servidores, sino para el mismo hijo mayor. Nadie entiende, en realidad, como es que se arma la fiesta. La de la misericordia divina es una lógica distinta y, para comprenderla, de algún modo, hay que ponerse en los zapatos del padre. Por eso se ha dicho que, en lugar de llamarse del hijo pródigo, debería llamarse la parábola del padre de la misericordia, porque en el centro de la escena está el padre de la misericordia.

Además, de esta parábola se puede deducir una doctrina muy precisa sobre el pecado y su naturaleza. La parábola opone dos nociones de pecado y dos nociones de justicia. El hijo mayor, aunque no representa propiamente a los fariseos, tiene una idea de la justicia muy semejante a la de ellos: se funda en la noción de la retribución por el mérito. Esta justicia consiste esencialmente en salvaguardar el orden por fuera, mucho más que las relaciones personales entre el hombre y Dios, desde el lugar donde el hombre es llamado a vincularse con Dios, desde las entrañas de su ser, lo que las Sagradas Escrituras definen como “corazón”. El hijo mayor comparte exteriormente la vida familiar, pero su alma está marchita: no es de hijo y, por lo tanto, no es de hermano. El amor paterno hacia su hermano constituye para él un enigma, no entiende, es como un escándalo. En su pensamiento, el pecado es la violación a un orden externo, haber roto con una regla, con un compromiso; haber transgredido, haber pasado el límite. No concibe que pueda haber pecado si no existe una transgresión formal, exterior a él. A esta concepción, típicamente marcada por la Ley, la parábola opone otra. No es que el pecado deje de ser una ofensa a Dios; por el contrario, el hijo menor lo repite en dos ocasiones, he pecado contra el cielo y contra ti; pero todo está en saber dónde está la ofensa: ¿está en haber despilfarrado la herencia familiar? Esto es lo que piensa el hijo mayor (“ha despilfarrado tu herencia” cfr Lc. 15,30). De acuerdo con la idea que se había formado de la justicia y del pecado, así presenta él esta transgresión del hijo menor. Pero ésta no es la enseñanza de la parábola. La enseñanza es que el hijo pródigo ha ofendido a su Padre rehusando a ser su Hijo ("Padre, dame la parte de herencia que me corresponde"). Está parado en un lugar de querer anticipadamente lo que no le pertenece. Y este lugar es de profunda ofensa al sentimiento del padre. Sin embargo, con todo la libertad paterna, y sabiendo que es desde ese lugar donde él, todavía, puede ejercer paternidad sobre su hijo, sigue la corriente del deseo de su hijo y le da lo que le pide. Desde ahí comienza una nueva historia, porque el hijo se pierde, aunque después la historia dice que todo termina bien, gracias al amor materno del padre.

La enseñanza es que el hijo ha ofendido a su Padre rehusando a recibirlo todo del amor de su padre, pretendiendo no depender de él sino sólo de sí mismo. Es esta conciencia de autosuficiencia social en la que vivimos la que representa una parte importante de nuestro ser personal. En estos tiempos de modernidad, creemos que hemos conseguido bajo el signo de la razón, la ciencia, la técnología y los sistemas de comunicación, tocar el cielo con las manos, olvidándonos del Dios vivo. Y la autosuficiencia nos hace, como al hijo que malgastó los bienes, malgastar lo mejor de nuestras vidas, porque en el fondo comienza a arruinarse la historia cuando queremos ocupar el lugar de Dios, cuando en la autosuficiencia creemos que somos dios.

¿Cómo se tradujeron estas sensaciones de autosuficiencia y de divinidad en el corazón del hijo que partió de la casa del padre? Alejamiento de la familia, y alejamiento de Dios; mal uso de todos y cada uno de los bienes que había recibido, malgastó sus bienes; pérdida de la conciencia moral, se enredó en historias que le hicieron mucho daño.

Desde este lugar, él toma una decisión, se determina a hacer algo distinto. Quiere salir de la muerte que le genera el pecado y se dice “ahora mismo iré a la casa de mi padre y le diré: "Padre, pequé contra el Cielo y contra ti”. Por eso nosotros, a la luz de su bello testimonio, queremos que el Padre nos muestre lo que en nosotros no va más para dar un paso más y volver a su encuentro.

Para la vuelta, hay una conciencia que se despierta. En el verso 17 aparece esta conciencia nueva que emerge en el hijo que se apartó: “Entrando en sí mismo recapacitó y se dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!". Y a partir de allí, decidió volver a la casa de su padre.

Es imposiblecomenzar este camino de retorno a lo que hemos perdido, dejando entre jirones las partes más bellas de la vida, habiéndonos llenado de barro, de tierra, habiendo perdido dignidades, alegrías y gozos (esto que la vida nos hace cuando nos pega algúuas cachetadas y nos hiere desde este lugar de pérdida de la conciencia de Dios); es importante para recuperar esa conciencia del rostro de Dios en nosotros y decir volveré a aquél lugar de vida que es la presencia de Dios, mi Padre, entrar en sí mismo.

Y es bueno preguntarse ¿qué me ayuda a entrar en mí mismo? Muchas veces nosotros tenemos como ese vivir hacia fuera, confundimos la diversión con la distracción; y el divertimiento es justamente eso, estar lanzado hacia fuera. Hay todo un mecanismo en la sociedad en la que vivimos donde como personas tendemos a ubicarnos por fuera de nosotros mismos. Y, la verdad sea dicha, para poder dar estos pasos de vuelta hacia el lugar donde Dios nos quiere con Él, en Él y para Él, hay que encontrar lo de dentro. Volveré a la casa de mi Padre, desde esta recuperada conciencia de sí mismo.

¿Qué ayuda a entrar en uno mismo? El descanso, una buena charla, un libro, un momento de oración, el encuentro con la Palabra, el rezo del Rosario, la contemplación de un paisaje, el recordar cosas bellas, el tener fresco en tu corazón lo mejor de la infancia… son lugares donde la vida está latiendo con toda su frescura. Es desde allí donde se puede hacer pie en medio del barro. Así como cuando uno, yendo en auto, se empantana por el barro y para salir hay que encontrar un punto de apoyo; nadie puede salir del barro sin encontrar un punto de apoyo. Si pudiéramos representar el pecado como el barro, el punto de apoyo es el volver sobre sí mismo, y las cosas que te permiten encontrarte con lo más genuino de tu vida. Desde allí sí se puede decir “volveré a la casa de mi Padre”.

Uno se pone en marcha cuando el corazón dictó el camino, sobre todo cuando tiene que ver la vuelta con estos lugares de vida, lo que representa justamente, el rostro paterno. Se sale de la muerte y se va a la vida cuando el corazón reaccionó y cuando mandó el mensaje a la inteligencia, que puede comenzar a ver con luz distinta el rumbo de los propios pasos. Éste es el viaje más largo, dicen algunos: el que va de la inteligencia al corazón y del corazón a la inteligencia. Por eso, con una hermosa expresión de Mateo Bautista, se nos invita a tener un corazón inteligente y una inteligencia con capacidad de amar. Dios quiere que tengamos una síntesis de vida, integral, un corazón que arda en toda su fuerza por la gracia del amor y que, al mismo tiempo en discernimiento y con inteligencia pueda orientarse de manera encausada en la vida. Una inteligencia aguda, firme, criteriosa; pero al mismo tiempo que sea capaz en el amor de encontrar los mejores modos para entender la realidad y su modo de interactuar con ella.

Cuando el hijo dice “volveré a la casa de mi Padre” porque ha vuelto sobre sí mismo y se encontró con su corazón herido, maltrecho, pero al mismo tiempo con el amor del padre ("¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, y yo estoy aquí muriéndome de hambre!". ), ¿¡cómo no me va a recibir a mí?! Desde ese lugar el hijo, en el encuentro en lo más profundo de su corazón con la bondad de su padre, decide inteligentemente comenzar a recorrer los caminos por donde los derroteros de la vida lo habían llevado a perderse entre chanchos y a revolcarse en el estiércol en medio de ellos. “Volveré a la casa de mi Padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. No merezco ser llamado hijo tuyo. Por lo menos, trátame como a tu jornalero”, que sabemos es un trato de bondad.

No hay lugar para el discurso del hijo. No hay lugar. Ahora el discurso es del padre. El hijo tuvo su discurso, pero queda como nada al decir del padre. El decir del padre arranca con un gesto que habla más que mil palabras: salió corriendo, lo abrazó, lo besó. En el beso y el abrazo lo envolvió con su paternidad y le devolvió la dignidad que había perdido, habiendo quedado desnudo frente a todo mal uso de su libertad. Y comienza a poner las cosas en su lugar, hagamos una fiesta. Y lo viste, le pone un anillo, calzado, ropa nueva, le devuelve su lugar. El protagonismo del padre es ése, ponernos en nuestro lugar, devolvernos a ese lugar. Nosotros, en la autosuficiencia, creyendo que podemos hacernos un lugar en la vida, nos olvidamos del Señor, de Dios que nos guía por la vida. Y cuando agotados, estresados; malgastando el tiempo, los bienes y el corazón; hartos de todo placer y llenos de ninguna satisfacción interior; cuando hacemos esa experiencia de hartazgo de nosotros mismos, comienza el Padre a poner las cosas en su lugar, si de verdad, inteligentemente, somos iluminados por lo que perdimos en el camino. Y nos decidimos como el hijo: “volveré a la casa de mi Padre”. En esa decisión de vuelta el padre, que nos atrae con su mirada y su presencia, nos regala la posibilidad de ubicarnos, devolviéndonos la dignidad, la vida.

¡Cuánta alegría hay en el corazón del Padre! Toda la alegría. Él expresa: “Comamos y festejemos, porque mi hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y fue encontrado”. la alegría del Padre no está en las razones que él tenía, de haberle dicho no te vayas, te va a ir mal, esperá un poco, no te apures…; no está en tenía razón. Sino en qué bueno volverlo a ver. ¡Qué bien es a los ojos del padre lo mal que está el hijo, ¿qué increíble esto, no? El padre podría haber dicho ¡qué desastre, qué le pasó?! Pero no le interesa qué perdió, ni dónde anduvo enredado; no le pregunta nada. Lo abraza, lo besa y lo reviste.

Así es el Padre Dios. No te va a preguntar nada.

Cuentan que el Padre Pío en una de sus confesiones, con esa mirada tan profunda que tenía del alma de las personas y ese contacto tan bello que tenía con Dios (creo que se trataba de él, o de algún otro santo), en un momento un pecador se acerca y pregunta por sus pecados del pasado que no habían sido confesados, y el santo dice Dios dice que no se acuerda de esto.

Y es así, Dios no anda revolviendo la basura, no es ése el rostro de Dios verdadero. Por eso, atención, en este tiempo donde aparecen todas nuestras miserias, es para entregárselas a Él y para pedirle su perdón, es decir, para ir a Él y que Él nos revista con su dignidad. Toda esta semana de los Ejercicios Espirituales termina con una hermosa y bella confesión de este tiempo, de la vida, como nos salga, donde podamos experimentar esta gracia que nos regala hoy: el amor misericordioso del Padre. Él te abraza, dejate abrazar por su amor.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: radiomaria.org.ar)

sábado, 5 de marzo de 2016

'¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'

Sábado de la tercera semana de Cuaresma
(05/03/2016)

Libro de Oseas 6, 1-6. 

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia. Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra». ¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa. Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.


Salmo 51(50), 3-4.18-19.20-21ab.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
-las oblaciones y los holocaustos-.


del Evangelio según San Lucas 18, 9-14.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: "Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas'. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: '¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!'. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado".










REFLEXIÓN

Preciosa la parábola que nos presenta el evangelio hoy, ¿Cuántas veces nosotros nos creemos mejores que los demás, porque vamos cada domingo a la Eucaristía, pertenecemos a una hermandad o movimiento…?

Pués el evangelio nos zarandea, nos remueve la conciencia para decirnos que no somos mejores, somos igual de pecadores, igual de injustos y encima no reconocemos nuestros pecados, ni nuestras injusticias.

Tenemos que caer en la cuenta que nuestra fe, nuestra práctica religiosa no debe ser una rutina, una tradición, sino una fe vivida, testimoniada, un seguimiento de Jesús en nuestra vida cotidiana, sin juzgar y sin mirar por encima del hombro a los demás.

Leamos varias veces el evangelio, parémonos en el fariseo, en el publicano, y seguro que descubriremos que en más de una ocasión nos parecemos al fariseo. Los dos creen en Dios, pero su forma de orar es diferente. ¿Cómo es la nuestra?. Caigamos en la cuenta que nuestra oración debe ser de total confianza en la misericordia de Dios.

¡Oh, Dios, ten compasión de este pecador! esta frase del publicano nos confirma que tenía la certeza de que Dios se compadecería de Él.

(fuente: eltallerdelaserenidad.wordpress.com)

viernes, 4 de marzo de 2016

¿Cuál es el primero de los mandamientos?

Viernes de la tercera semana de Cuaresma
(04/03/2016)

Libro de Oseas 14, 2-10. 

Así habla el Señor: Vuelve, Israel, al Señor tu Dios, porque tu falta te ha hecho caer. Preparen lo que van decir y vuelvan al Señor. Díganle: "Borra todas las faltas, acepta lo que hay de bueno, y te ofreceremos el fruto de nuestros labios. Asiria no nos salvará, ya no montaremos a caballo, ni diremos más "¡Dios nuestro!" a la obra de nuestras manos, porque sólo en ti el huérfano encuentra compasión". Yo los curaré de su apostasía, los amaré generosamente, porque mi ira se ha apartado de ellos. Seré como rocío para Israel: él florecerá como el lirio, hundirá sus raíces como el bosque del Líbano; sus retoños se extenderán, su esplendor será como el del olivo y su fragancia como la del Líbano. Volverán a sentarse a mi sombra, harán revivir el trigo, florecerán como la viña, y su renombre será como el del vino del Líbano. Efraím, ¿qué tengo aún que ver con los ídolos? Yo le respondo y velo por él. Soy como un ciprés siempre verde, y de mí procede tu fruto. ¡Que el sabio comprenda estas cosas! ¡Que el hombre inteligente las entienda! Los caminos del Señor son rectos: por ellos caminarán los justos, pero los rebeldes tropezarán en ellos.


Salmo 81(80), 6c-8a.8bc-9.10-11ab.14.17.

Oigo una voz desconocida que dice:
Yo quité el peso de tus espaldas
y tus manos quedaron libres de la carga.
Clamaste en la aflicción, y te salvé.

Te respondí oculto entre los truenos,
aunque me provocaste junto a las aguas de Meribá.
Oye, pueblo mío, yo atestiguo contra ti,
¡ojalá me escucharas, Israel!

No tendrás ningún Dios extraño,
no adorarás a ningún dios extranjero:
yo, el Señor, soy tu Dios,
que te hice subir de la tierra de Egipto.

¡Ojalá mi pueblo me escuchara,
e Israel siguiera mis caminos!
Yo alimentaría a mi pueblo con lo mejor del trigo
y lo saciaría con miel silvestre.


del Evangelio según San Marcos 12, 28b-34.

Un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.









REFLEXIÓN

Recordarán que, leyendo el capítulo 20 del Éxodo, donde se desarrolla el Decálogo, los 10 Mandamientos que Dios nos regaló allá en el Sinaí. Recordarán también el Sermón del Monte que Jesús había venido precisamente a dar cumplimiento a todos esos mandamientos y a toda ley recibida de Dios por boca de Moisés o de los Profetas (Mt. 5, 17-19). Ahora bien, ante tanto mandamiento, frente a tanta ley, es justa la pregunta que brota del interior de este escriba que, acercándose a Jesús, quiere conocer el núcleo, el centro, el fundamento primero donde se apoyan todos los mandamientos. Jesús, entonces, responde de forma sintética señalándonos el corazón mismo de todo mandamiento o ley: el Amor.

¡Sí! El Amor ha de ser siempre y en todo la brújula que oriente nuestra vida entera. El Amor a Dios y el Amor al prójimo es y será siempre y en todo lugar lo que ha de distinguir a los cristianos, lo que ha de señalar a una humanidad que quiera verdaderamente encarnar el sueño de Dios en la historia. Sin Amor, no es siquiera posible seguir hablando. Sin Amor, no hay cimiento. Sin Amor, no hay de qué o de dónde agarrarse, sea para construir nuestra vida, sea para edificar el Reino.

San Pablo lo dice mucho más bellamente que nosotros: “Si no tengo Amor, no soy nada”. Qué bien nos haría recordar hoy aquel himno al Amor que el Apóstol nos regala en la Primera carta a los Corintios. Si no tengo Amor, por más que sepa lenguas y ciencias, nada soy… Si no tengo Amor por más que tengo éxitos de todo tipo, nada soy… Incluso por más que sea capaz de grandes sacrificios, o que cuente con una fe enorme, si no tengo Amor, nada soy…

¡Qué fuerza tienen estas palabras! ¡Qué impresionante descubrir, sentir y gustar que, finalmente, a lo que Dios nos llama es al Amor! Y que sin Amor, seamos lo que seamos, hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, pensemos lo que pensemos, construyamos lo que construyamos… ¡sin Amor, no somos nada! ¡Sólo el Amor no acaba nunca! ¡Sólo el Amor –a Dios y a los hermanos- es capaz de hacer Reino! ¡Sólo el Amor es y será siempre lo primero!

Permítanme terminar esta pequeña reflexión de hoy, compartiendo con ustedes un poema de Kalhil Gibrán donde se nos invita a caminar la vida siguiendo el único norte que vale la pena, el único mandamiento al que remite Dios cada vez que nos llama: el Amor.

Cuando el amor te llame, síguelo; aunque sus caminos sean arduos y penosos. Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate a él; aunque la espada escondida bajo su plumaje pueda herirte. Cuando el amor te hable, cree ciegamente en él; aunque su voz derribe tus sueños como el viento destroza los jardines. Porque si el amor te hace crecer y florecer, él mismo te podará. Y nunca te creas capacitado para dirigir el curso del amor, porque el amor si te considera digno de sí, dirigirá tu curso por los caminos de la vida. Esto hará el amor en ti para que conozcas los secretos del corazón. El amor no da más que de sí mismo y no toma más que de sí mismo. El amor no posee nada y no quiere que nadie lo posea, porque el amor, se sacia en el amor. Por eso, cuando ames no debes decir: «Dios está en mi corazón», es mejor decir: «Estoy en el corazón de Dios». ¡Que así sea!

escrito por P. Germán Lechini 
Sacerdote Jesuita. 
Colabora en la Pastoral del Templo de la Compañia de Jesús en Córdoba 
(fuentes: www.radiomaria.org.ar; www.oleadajoven.org.ar)

jueves, 3 de marzo de 2016

"El que no está conmigo, está contra mí"

Jueves de la tercera semana de Cuaresma
(03/03/2016)

Libro de Jeremías 7, 23-28. 

Así habla el Señor: Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien. Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante. Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día. Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres. Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán. Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".


Salmo 95(94), 1-2.6-7.8-9.

¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias,
aclamemos con música al Señor!

¡Entren, inclinémonos para adorarlo!
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, el pueblo que él apacienta,
las ovejas conducidas por su mano.

Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque habían visto mis obras.»


del Evangelio según San Lucas 11, 14-23.

Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada, pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo. Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra. Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul. Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces. Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes. Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras, pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.










REFLEXIÓN

14-16. Una vez hecho este milagro el pueblo lo ensalzaba haciéndolo público y dándole la gloria que conviene a Dios. Por esto sigue: “Y todas las gentes quedaron muy admiradas” (in Cat. graec. Patr).

Otros, estimulados por los mismos aguijones de la envidia, le pedían que hiciese milagros; por esto sigue: “Y otros por tentarle le pedían les hiciese ver algún prodigio del cielo”. Como diciendo: Aun cuando arrojas los demonios del cuerpo de un hombre, no es prueba suficiente de la obra divina; todavía no hemos visto algo que pueda compararse con los primitivos milagros: Moisés pasó al pueblo de Israel por medio del mar (Ex 12); Josué, que le sucedió, detuvo al sol en Gabaón (Jos 10). Pero tú no nos has hecho ver nada de esto. Al pedir, pues, milagros estupendos, daban a conocer cuáles eran entonces sus pensamientos respecto de Jesucristo (in Cat. graec. Patr).

17-20. Fueron judíos los discípulos de Jesucristo, pues procedían de los judíos según la carne, los cuales habían recibido de Cristo poder sobre los espíritus inmundos, y en el nombre de Cristo libraban de ellos a los poseídos. Por tanto, cuando vuestros hijos venzan a Satanás en mi nombre, ¿no es una gran insensatez decir que yo tengo este poder de Beelzebub? Así vosotros seréis condenados por la fe de vuestros hijos. De aquí sigue: “Por esto serán ellos vuestros jueces” (in Cat. graec. Patr).

Luego si lo que dices tiene carácter de calumnia, resulta que yo arrojo los demonios por medio del Espíritu de Dios. Por esto sigue: “Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, ciertamente llegó a vosotros el reino de Dios” (in Cat. graec. Patr).

O bien es llamado el Espíritu Santo dedo de Dios, como el Hijo es llamado la mano y el brazo del Padre; pues el Padre lo hace todo por El. Como el dedo no está separado de la mano sino que está unido naturalmente a ella, así el Espíritu Santo está unido al Hijo consustancialmente, y el Hijo todo lo hace por El (in Thesauro, lib. 13, cap. 2).

Por esto se dice muy oportunamente: “El reino de Dios ha llegado a vosotros”; esto es, si yo, siendo hombre, en virtud del Espíritu divino arrojo los demonios, la naturaleza humana ha sido enriquecida en mí y viene el Reino de Dios (in Cat. graec. Patr).

21-23. Como era necesario por muchas razones rebatir las palabras de sus detractores, utiliza un ejemplo clarísimo, por medio del cual demuestra a los que lo quieran comprender que el príncipe de este mundo es vencido por el poder que El tiene, por eso dice diciendo: “Cuando el fuerte armado guarda su atrio”, etc (in Cat. graec. Patr).

Antes de la venida del Salvador usó de mucha violencia en el mundo robando los rebaños ajenos -esto es, los de Dios- y conduciéndolos, por decirlo así, a su propio redil (in Joan, lib. 10, cap. 11).

Después que el Verbo del sumo Dios, dador de toda fortaleza y Señor de todas las virtudes, se hizo hombre, lo acometió y le quitó sus armas (in Joan, lib. 10, cap. 11).

Porque los judíos que desde hacía tiempo habían sido seducidos por él por el error y la ignorancia acerca de Dios, han sido llamados por los Santos apóstoles hacia el anuncio de la verdad y ofrecidos a Dios Padre por la fe que prestaban al Hijo (in Joan, lib. 10, cap. 11).

Como diciendo (Mt 12,45): Yo he venido a reunir a los hijos de Dios dispersados por el demonio; y el mismo Satanás, como no está conmigo, procura esparcir lo que yo he reunido y salvado. ¿Cómo, pues, ha de darme el poder el que combate todos mis designios? (in Joan, lib. 10, cap. 11)

escrito por San Cirilo
(fuente: www.deiverbum.org)

miércoles, 2 de marzo de 2016

"No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas... "

Miércoles de la tercera semana de Cuaresma
(02/03/2016)

Deuteronomio 4, 1.5-9. 

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres. Tengan bien presente que ha sido el Señor, mi Dios, el que me ordenó enseñarles los preceptos y las leyes que ustedes deberán cumplir en la tierra de la que van a tomar posesión. Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oir todas estas leyes, dirán: "¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!". ¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos?. ¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?. Pero presta atención y ten cuidado, para no olvidar las cosas que has visto con tus propios ojos, ni dejar que se aparten de tu corazón un sólo instante. Enséñalas a tus hijos y a tus nietos."


Salmo 147, 12-13.15-16.19-20.

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti.

Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente;
reparte la nieve como lana
y esparce la escarcha como ceniza.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos.


del Evangelio según San Mateo 5, 17-19.

Jesús dijo a sus discípulos: «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.»










REFLEXIÓN

Jesús pide a quienes le sigan que presten una extremada atención a la Escritura, y a toda la Escritura: a la Ley y a los Profetas, porque la menor de sus afirmaciones adquiere una plenitud nueva a partir del momento en que se la considera con la perspectiva del Reino. Sin duda que Mateo no quiere afirmar que la totalidad de los preceptos de la Ley o de las afirmaciones proféticas tengan su desarrollo en el Evangelio, pero sí pretende que el conjunto de la Ley, el conjunto de los profetas constituyen la base necesaria sobre la que se edifica la novedad traída por Jesús. Los discípulos del Maestro no pueden plantear su vida sin conceder una gran dedicación a "entender" (cf. 13, 51: "entender" antes de "enseñar" a la manera del "escriba", v. 52), y después a "practicar" y, dada la ocasión, a "enseñar" el conjunto de la Escritura, de la Ley y de los Profetas.

Practicar, pero de forma "acabada", que va más allá que su significado primero. De hecho, en la continuación del discurso Jesús prolonga las exigencias antiguas. Para Él, ya no se trata sólo de evitar el homicidio; hay que renunciar también a toda palabra descomprometida, y emplearse lo más rápidamente que se pueda en las actuaciones posibles de reconciliación (vv. 21-26).

No se trata ya sólo de evitar el adulterio, sino que hay que evitar también la mirada impúdica y el deseo que ésta hace nacer (vv. 27-30).

Con respecto al divorcio, no se trata ya de atenerse únicamente a respetar el procedimiento; es necesario renunciar a toda separación de los cónyuges: fuera del caso de una "unión ilícita" (v. 31 s).

No se trata ya sólo de evitar el jurar en falso; no hay que jurar, y por lo tanto, hay que atenerse a la verdad de la palabra, simplemente (vv. 33-37).

No se trata ya sólo de limitar la pena del culpable a lo correspondiente a su falta: hay que responder pacíficamente a la conducta del malo (vv. 38-42).

No se trata ya, en fin, de limitarse al amor al prójimo; hay que ir hasta el amor a los enemigos (vv. 43-47).

Este último párrafo formula algo más que una exigencia; explica el motivo de las novedades exigidas por Jesús.

El discípulo de Jesús es "hijo del Padre que está en los Cielos" (v. 45). Ahora bien, la sociedad de aquel tiempo tenía una teoría simple de las relaciones entre hijo y padre, una doctrina impuesta por el marco artesanal que regía aquella sociedad. El aprendizaje se hacía en casa; el hijo "no hacía nada por sí mismo sin que se lo viera hacer a su padre; y lo que el Padre hacía, debía hacerlo igual el Hijo" (/Jn/05/19).

La misma relación debe existir entre Dios-Padre y sus hijos; estos últimos no pueden mostrar su espíritu filial más que aplicándose a imitar al Padre. La característica de este Padre que está en los Cielos" es la "bondad" (20, 15), probada en el bien que hace a los "buenos" lo mismo que a los "malos". Por lo tanto, imitando este amor universal es como los discípulos se mostrarán "hijos del Padre que está en los Cielos", y como serán "perfectos como el Padre celestial es perfecto".

(fuente: mercaba.org)

martes, 1 de marzo de 2016

Jesús nos invita aperdonar... SIEMPRE

Martes de la tercera semana de Cuaresma
(01/03/2016)

Libro de Daniel 3, 25.34-43. 

Azarías, de pie en medio del fuego, tomó la palabra y oró así: No nos abandones para siempre a causa de tu Nombre, no anules tu Alianza, no apartes tu misericordia de nosotros, por amor a Abraham, tu amigo, a Isaac, tu servidor, y a Israel, tu santo, a quienes prometiste una descendencia numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar. Señor, hemos llegado a ser más pequeños que todas las naciones, y hoy somos humillados en toda la tierra a causa de nuestros pecados. Ya no hay más en este tiempo, ni jefe, ni profeta, ni príncipe, ni holocausto, ni sacrificio, ni oblación, ni incienso, ni lugar donde ofrecer las primicias, y así, alcanzar tu favor. Pero que nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humillado nos hagan aceptables como los holocaustos de carneros y de toros, y los millares de corderos cebados; que así sea hoy nuestro sacrificio delante de ti, y que nosotros te sigamos plenamente, porque no quedan confundidos los que confían en ti. Y ahora te seguimos de todo corazón, te tememos y buscamos tu rostro. No nos cubras de vergüenza, sino trátanos según tu benignidad y la abundancia de tu misericordia. Líbranos conforme a tus obras maravillosas, y da gloria a tu Nombre, Señor.


Salmo 25(24), 4bc-5ab.6-7bc.8-9.

Enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.

Por tu bondad, Señor, acuérdate de mi según tu fidelidad.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.


del Evangelio según San Mateo 18, 21-35.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".








REFLEXIÓN

Oración introductoria:

Señor, yo necesito de tu perdón y tu misericordia. Sé que puedo acudir a ti con todos mis defectos y pecados. Tú me quieres perdonar. Me esperas con tu corazón de Padre para que yo llegue y acepte tu amor. Tú reinas y gobiernas con misericordia, y nada te agrada más que poder perdonar.

Petición:

Señor Jesús, Tú moriste por mí en la cruz para librarme de mis pecados. ¡Ayúdame a reconocerlos y a pedirte perdón con un corazón humilde! ¡Dame la gracia de perdonar a los demás como Tú me perdonaste a mí!

Meditación del Papa

Toda ofensa entre los hombres encierra de algún modo una vulneración de la verdad y del amor y así se opone a Dios, que es la Verdad y el Amor. La superación de la culpa es una cuestión central de toda existencia humana; la historia de las religiones gira en torno a ella. La ofensa provoca represalia; se forma así una cadena de agravios en la que el mal de la culpa crece de continuo y se hace cada vez más difícil superar. Con esta petición el Señor nos dice: la ofensa sólo se puede superar mediante el perdón, no a través de la venganza. Dios es un Dios que perdona porque ama a sus criaturas; pero el perdón sólo puede penetrar, sólo puede ser efectivo, en quien a su vez perdona. El tema del "perdón" aparece continuamente en todo el Evangelio.[...] La parábola del siervo despiadado: a él, que era un alto mandatario del rey, le había sido perdonada la increíble deuda de diez mil talentos; pero luego él no estuvo dispuesto a perdonar la deuda, ridícula en comparación, de cien denarios que le debían: cualquier cosa que debamos perdonarnos mutuamente es siempre bien poco comparado con la bondad de Dios que perdona a todos. (Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, Jesús de Nazaret, primera parte, p. 67).

Reflexión

Dios nos muestra su amor perdonándonos nuestros pecados, deudas infinitas que tenemos con Él. Nos ofrece su misericordia para que también nosotros podamos ser misericordiosos con los demás. El perdón es una característica del amor perfecto de Dios a los hombres. Pero Él necesita de nosotros para que su misericordia llegue a la gente. Quiere que nosotros seamos instrumentos de su perdón. Quiere mostrarles a los hombres su perdón a través de nosotros. Cuando nos invita a amar como Él mismo nos ama, también se refiere al perdón. El perdón es la perfección de la caridad. Nos cuesta mucho porque requiere que venzamos nuestro orgullo y que seamos humildes. Pero solamente así podemos ser sus apóstoles y llevar su amor al mundo. Dios nos necesita y nos llama a esta misión maravillosa: ser instrumentos de su amor y de su perdón.

Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar? Con esta respuesta Jesús no nos dice que perdonar sea fácil, sino que es un requisito absolutamente indispensable para nuestra vida. Podríamos decir que es un mandamiento, porque nos dice ¡perdona! De otra forma el corazón se encuentra como una ciudad asediada por el enemigo, la caridad rodeada por el odio y el progreso espiritual sumergido en un pozo profundo.

Por otro lado, no debemos preocuparnos por la correspondencia del otro si hemos hecho lo que estaba de nuestra parte. Cada uno es diverso y, por lo tanto, cada uno dará cuentas a Dios de lo que ha hecho con su vida y con sus acciones.

Nuestro corazón deber ser un castillo donde sólo reine Dios. Él es amor, como dice san Juan en su primera epístola, y como tal aborrece el odio. Si, por el contrario, permitimos entrar al odio en nuestro corazón, Cristo abandonará el sitio que estaba ocupando dentro de nosotros porque no puede ser amigo de quien odia. Por este motivo debemos trabajar en amar en lugar de odiar, comprender en lugar de pensar mal, perdonar en lugar de buscar la venganza.

Odiando, matamos nuestra alma. El deseo de venganza significa que se quiere superar al otro en hacer el mal y esto en vez de sanar la situación la empeora. Pidamos a Cristo la gracia de contar con un corazón como el suyo que sepa amar y perdonar a pesar de las grandes o pequeñas dificultades de la vida.

Propósito

Hoy perdonaré de todo corazón a aquella persona que no he sabido perdonar o a quien hoy me pueda dar un disgusto. Diálogo con Cristo Jesús, hoy te ofrezco mis pecados y mi debilidad, porque soy tu deudor. Sé que me quieres perdonar. Por eso vengo con una gran confianza. Confío en tus méritos y en tu muerte. Yo quiero ser el instrumento de tu perdón. Dame esta gracia. Yo sé que perdonar es la solución de muchos de mis problemas. Ayúdame a ser humilde y a aceptar mis propios defectos y los de las personas a mi lado. ¡Ayúdame a ser un apóstol de tu perdón!

"Señor, toma este corazón de piedra, y dame un corazón de hombre: un corazón que te ame, un corazón que se alegre en ti, que te imite y que te complazca." (San Ambrosio)

escrito por Michael Hemm
(fuente: catholic.net)
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