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jueves, 7 de abril de 2016

El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna

Jueves de la segunda semana de Pascua
(07/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 27-33. 

Los guardias hicieron comparecer a los Apóstoles ante el Sanedrín, y el Sumo Sacerdote les dijo: "Nosotros les habíamos prohibido expresamente predicar en ese Nombre, y ustedes han llenado Jerusalén con su doctrina. ¡Así quieren hacer recaer sobre nosotros la sangre de ese hombre!". Pedro, junto con los Apóstoles, respondió: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndolo del patíbulo. A él, Dios lo exaltó con su poder, haciéndolo Jefe y Salvador, a fin de conceder a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Nosotros somos testigos de estas cosas, nosotros y el Espíritu Santo que Dios ha enviado a los que le obedecen". Al oír estas palabras, ellos se enfurecieron y querían matarlos.


Salmo 34(33), 2.9.17-18.19-20.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!

pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.
Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.

El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.
El justo padece muchos males,
pero el Señor lo libra de ellos.


del Evangelio según San Juan 3, 31-36.

El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra pertenece a la tierra y habla de la tierra. El que vino del cielo da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio certifica que Dios es veraz. El que Dios envió dice las palabras de Dios, porque Dios le da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos. El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.









LECTIO DIVINA

Oración inicial: Te pedimos Señor, que los dones recibidos en esta Pascua den fruto abundante en toda nuestra vida. Por nuestro Señor.

Reflexión

• En el mes de enero hemos meditado el texto de Juan 3,22-30, que nos habla del último testimonio de Juan Bautista respecto a Jesús. Era la respuesta que Jesús da a sus discípulos, y en el cual vuelve a afirmar que él, Juan, no es el Mesías sino solamente el precursor (Jn 3,28). En aquella ocasión, Juan dijo aquella frase tan bonita que resume su testimonio: "¡Es necesario que él crezca y que yo disminuya!" Esta frase es el programa de todos los que quieren seguir a Jesús.

• Los versículos del evangelio de hoy son, de nuevo, un comentario del evangelista para ayudar las comunidades a comprender mejor todo el alcance de las cosas que Jesús hizo y enseñó. Aquí tenemos otra muestra de aquellos tres hilos de los que hablamos ayer.

• Juan 3,31-33: Un refrán que vuelve siempre. A lo largo del evangelio de Juan, muchas veces aparece el conflicto entre Jesús y los judíos que contestan las palabras de Jesús. Jesús habla a partir de lo que oye del Padre. Es transparencia total. Sus adversarios, por no abrirse a Dios y por agarrarse a sus propias ideas aquí sobre la tierra, no son capaces de entender el significado profundo de las cosas que Jesús vive, dice y hace. Al final, este malentendido llevará a los judíos a detener y condenar a Jesús.

• Juan 3,34: Jesús nos da el Espíritu sin medida. El evangelio de Juan usa muchas imágenes y símbolos para significar la acción del Espíritu. Como en la creación (Gen 1,1), así el Espíritu baja sobre Jesús "como una paloma, venida del cielo” (Jn 1,32). ¡Es el inicio de la nueva creación! Jesús dice las palabras de Dios y nos comunica el Espíritu sin medida (Jn 3,34). Sus palabras son Espíritu y vida (Jn 6,63). Cuando Jesús se despide, dice que enviará a otro consolador, a otro defensor, para que se quede con nosotros. Es el Espíritu Santo (Jn 14,16-17). A través da su pasión, muerte y resurrección, Jesús conquistó el don del Espíritu para nosotros. A través del bautismo todos nosotros recibimos este mismo Espíritu de Jesús (Jn 1,33). Cuando apareció a los apóstoles, sopló sobre ellos y dijo: "¡Recibid el Espíritu!" (Jn 20,22). El Espíritu es como el agua que brota de dentro de las personas que creen en Jesús (Jn 7,37-39; 4,14). El primer efecto de la acción del Espíritu en nosotros es la reconciliación: "A quienes perdonan los pecados, quedarán perdonados; a quienes no perdonaréis sus pecados, quedarán atados" (Jn 20,23). Es Espíritu nos es dado para que podamos recordar y entender el significado de las palabras de Jesús (Jn 14,26; 16,12-13). Animados por el Espíritu de Jesús podemos adorar a Dios en cualquier lugar (Jn 4,23-24). Aquí se realiza la libertad del Espíritu de la que habla San Pablo: "Donde está el Espíritu allí hay libertad" (2Cor 3,17).

• Juan 3,35-36: El Padre ama al hijo. Reafirma la identidad entre el Padre y Jesús. El Padre ama al hijo y entrega todo en sus manos. San Pablo dirá que en Jesús habita la plenitud de la divinidad (Col 1,19; 2,9). Por esto, quien acepta a Jesús y cree en Jesús ya tiene la vida eterna, porque Dios es vida. Quien no cree en Jesús se pone a sí mismo fuera.

Para la reflexión personal

• Jesús nos comunica el Espíritu, sin medida. ¿Has tenido alguna experiencia de esta acción del Espíritu en tu vida?
• Quien cree en Jesús tiene vida eterna. ¿Cómo acontece esto en la vida de las familias y de las comunidades?

Oración final

Bendeciré en todo tiempo a Yahvé,
sin cesar en mi boca su alabanza;
Gustad y ved lo bueno que es Yahvé,
dichoso el hombre que se acoge a él. (Sal 34,2.9)

(fuente: ocarm.org)

miércoles, 6 de abril de 2016

Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna

Miércoles de la segunda semana de Pascua
(06/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 17-26. 

Intervino entonces el Sumo Sacerdote con todos sus partidarios, los de la secta de los saduceos. Llenos de envidia, hicieron arrestar a los Apóstoles y los enviaron a la prisión pública. Pero durante la noche, el Angel del Señor abrió las puertas de la prisión y los hizo salir. Luego les dijo: "Vayan al Templo y anuncien al pueblo todo lo que se refiere a esta nueva Vida". Los Apóstoles, obedecieron la orden, entraron en el Templo en las primeras horas del día, y se pusieron a enseñar. Entre tanto, llegaron el Sumo Sacerdote y sus partidarios, convocaron al Sanedrín y a todo el Senado del pueblo de Israel, y mandaron a buscarlos a la cárcel. Cuando llegaron los guardias a la prisión, no los encontraron. Entonces volvieron y dijeron: "Encontramos la prisión cuidadosamente cerrada y a los centinelas de guardia junto a las puertas, pero cuando las abrimos, no había nadie adentro". Al oír esto, el jefe del Templo y los sumos sacerdotes quedaron perplejos y no podían explicarse qué había sucedido. En ese momento llegó uno, diciendo: "Los hombres que ustedes arrestaron, están en el Templo y enseñan al pueblo". El jefe de la guardia salió con sus hombres y trajeron a los Apóstoles, pero sin violencia, por temor de ser apedreados por el pueblo.


Salmo 34(33), 2-3.4-5.6-7.8-9.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

El Ángel del Señor acampa
en torno de sus fieles, y los libra.
¡Gusten y vean qué bueno es el Señor!
¡Felices los que en El se refugian!


del Evangelio según San Juan 3, 16-21.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.» El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. En esto consiste el juicio: la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal odia la luz y no se acerca a ella, por temor de que sus obras sean descubiertas. En cambio, el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz, para que se ponga de manifiesto que sus obras han sido hechas en Dios.








REFLEXIÓN: La iniciativa del Amor

¿Cuándo pasará la noche? solemos decir. Son los lugares donde necesitamos que la luz brille en nuestras vidas. Cuando nos falta luminosidad en la propia existencia es como que se desvanecen las fuerzas, nos falta consistencia y es como si la vida se nos fuera desgranando. Necesitamos claridad, que el Señor haga brillar su luz en nuestro corazón. Que la pascua nos traiga su luz. ¿Dónde necesita luz tu vida? Es la luz que es la presencia del Señor que todo lo transforma, que nos permite encontrar paz y serenidad en la vida.

Las palabras de Jesús en el evangelio de san Juan, son parte de la conversación con Nicodemo que había ido a hablar con Jesús durante la noche, evitando ser visto por sus colegas del Sanedrín y del partido de los fariseos. Jesús con delicadeza le hace ver su cobardía: ha preferido, como tantas veces preferimos los seres humanos, las tinieblas a la luz. Este binomio luz/sombra es una forma sintética de mostrar la perspectiva que nos trae Dios en Cristo Jesús y por otro parte el espíritu del mal que obra en las tinieblas, para desdibujarnos del camino y evitar que estemos en paz y con fuerza en el servicio. Dios se muestra diáfano, sereno y amplio… por eso cuando sentimos paz y claridad en el camino es signo de que es de Dios.

Nosotros también queremos como Nicodemo alcanzar la luz que trae Jesús. Salimos de nuestras noches. En este diálogo, Jesús llega a una mayor profundidad en la revelación de su propio misterio: claramente, dice que todo es iniciativa de Dios, que ha demostrado históricamente su amor que quiere la vida eterna para todos. Por eso ha enviado a su Hijo único como mediador y salvador.

El Hijo de Dios se hizo hombre (cfr Catecismo de la Iglesia Católica puntos 456 y siguientes) “Por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”. ¿De quién hablamos? Del Verbo, de Dios, que se hizo carne, “para salvarnos reconciliándonos con Dios: “Dios nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).”El Padre envió a su Hijo para ser salvador del mundo” (1 Jn 4, 14). “El se manifestó para quitar los pecados” (1 Jn 3, 5).

Vio Dios, dice San Ignacio, la confusión en la que los hombres nos encontrábamos por la fuerza que el pecado, en su carácter de iniquidad, operaba (y obra) en medio de nosotros. Y decidió que la Segunda Persona de la Trinidad se encarnara, para liberarnos, para rescatarnos, para fortalecernos. El Señor nos invita a que nos abramos a las zonas más oscuras del corazón para darle luz con su presencia.

El Amor vence nuestras noches

Si uno pone la mirada sobre la realidad, sobre las cosas que ya no funcionan, sobre el desprecio por la vida y la cultura de la muerte, vemos que hay un clamor por la presencia del Dios vivo en medio de nosotros, el Dios viviente haciéndose uno de los nuestros.

El amor de Dios es el que vence la noche y las sombras. El fuego del amor de Dios está representado en su entrega, por eso representamos el corazón de Dios como un corazón con fuego. Así el cirio encendido es presencia de Jesús resucitado. La entrega de Cristo y su resurrección es la muerte de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la luz sobre las tinieblas. Su amor hace que todo vaya tomando color y figura. Cuando el amor de Dios es el gran protagonista de nuestra historia, entonces recibimos claridad y fuerza. El amor de Dios definitivamente vence “permanezcan unidos en el amor por encima de todas las dificultades”. Que sea ese amor de Dios el que nos ponga en el rumbo de la claridad con la que Dios viene a vencer nuestras noches y regalarnos un nuevo día.

“Es el día del Señor” es otra de las expresiones que llegan de la Resurrección. Es su eterno presente que va ganando nuestro presente, que va entre “un valle de lágrimas”. Pero en medio de las dificultades vence Dios por eso es sostenida nuestra esperanza. Que Él nos de la gracia de una esperanza firme, puesta nuestra mirada en Él que es nuestra luz, Cristo Jesús.

La luz de Cristo se convierte en obras que hablan de luminosidad: “muéstrame tu fe sin obras que yo por mis obras te mostraré mi fe” dice la carta de Santiago. La luz de Dios es comunicadora y se pone en acción.

No queremos las tinieblas, queremos la luz y si hemos andado por la oscuridad le decimos al Señor que ya no la queremos más sino que queremos su luz hecha obras y gestos concretos.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

martes, 5 de abril de 2016

'Ustedes tienen que renacer de lo alto'

Martes de la segunda semana de Pascua
(05/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 32-37. 

La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común entre ellos. Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima. Ninguno padecía necesidad, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían y ponían el dinero a disposición de los Apóstoles, para que se distribuyera a cada uno según sus necesidades. Y así José, llamado por los Apóstoles Bernabé -que quiere decir hijo del consuelo- un levita nacido en Chipre que poseía un campo, lo vendió, y puso el dinero a disposición de los Apóstoles.


Salmo 93(92), 1ab.1c-2.5.

¡Reina el Señor, revestido de majestad!
El Señor se ha revestido,
se ha ceñido de poder.

Tu trono está firme desde siempre,
tú existes desde la eternidad.

Tus testimonios, Señor, son dignos de fe,
la santidad embellece tu Casa
a lo largo de los tiempos.


del Evangelio según San Juan 3, 7b-15.

Jesús dijo a Nicodemo: 'Ustedes tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu". "¿Cómo es posible todo esto?", le volvió a preguntar Nicodemo. Jesús le respondió: "¿Tú, que eres maestro en Israel, no sabes estas cosas? Te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán cuando les hable de las cosas del cielo? Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo. De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en él tengan Vida eterna.







LECTIO DIVINA

Oración inicial: Te pedimos, Señor, que nos hagas ca

Reflexión

• El evangelio de hoy nos trae la conversación de Jesús con Nicodemo. Nicodemo había oído hablar de las cosas que Jesús hacía, se había quedado impresionado y quería hablar con Jesús para poder entender mejor. Pensaba saber las cosas de Dios. Vivía con la libreta del pasado en la mano para ver si la novedad que Jesús anunciaba era conforme con lo antiguo. En la conversación, Jesús dice a Nicodemo que la única manera que él, Nicodemo, tiene de entender las cosas de Dios es ¡nacer de nuevo! Hay veces que somos como Nicodemo: aceptamos solamente aquello que concuerda con nuestras viejas ideas. Otras veces, nos dejamos sorprender por los hechos y no tenemos miedo a decir: "¡Nací de nuevo!"

• Cuando los evangelistas recuerdan las palabras de Jesús, tienen bien presentes los problemas de las comunidades para quienes escriben. Las preguntas de Nicodemo a Jesús son un espejo de las preguntas de las comunidades de Asia Menor del final del siglo primero. Por esto, las respuestas de Jesús a Nicodemo son, al mismo tiempo, una respuesta para los problemas de aquellas comunidades. Así los cristianos hacían la catequesis en aquel tiempo. Muy probablemente, el relato de la conversación entre Jesús y Nicodemo formaba parte de la catequesis bautismal, pues allí se dice que las personas han de renacer del agua y del espíritu (Jn 3,6).

• Juan 3,7b-8: Nacer de lo alto, nacer de nuevo, nacer del Espíritu. En griego, la misma palabra significa de nuevo y de lo alto. Jesús había dicho: “Quien no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,5). Y añadió: "Lo que nace de la carne es carne. Lo que nace del Espíritu es Espíritu" (Jn 3,6). Aquí, carne significa aquello que nace solamente de nuestras ideas. Lo que nace de nosotros tiene nuestro tamaño. Nacer del Espíritu es ¡otra cosa! Y Jesús vuelve a afirmar otra vez lo que había dicho antes: “Tenéis que nacer de lo alto (de nuevo)”. Osea, debéis renacer del Espíritu que viene de lo alto. Y explica que el Espíritu es como el viento. Tanto en hebraico como en griego, se usa la misma palabra para decir espíritu y viento. Jesús dice: "El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu.” El viento tiene, dentro de sí, un rumbo, una dirección. Nosotros percibimos la dirección del viento, por ejemplo, el viento del Norte o el viento del Sur, pero no conocemos ni controlamos la causa a partir de la cual el viento se mueve en una u otra dirección. Así es el Espíritu. "Nadie es seño del Espíritu" (Ecl 8,8). Lo que más caracteriza el viento, el Espíritu, es la libertad. El viento, el Espíritu, es libre, no puede ser controlado. Actúa sobre los otros y nadie consigue actuar sobre él. Su origen es misterio, su destino es misterio. El barquero tiene que descubrir, primero, el rumbo del viento, luego debe poner las velas según ese rumbo. Es lo que Nicodemo y todos nosotros debemos hacer.

• Juan 3,9: Pregunta de Nicodemo: Cómo puede ocurrir esto? Jesús no hace nada más que resumir lo que enseñaba el Antiguo Testamento sobre la acción del Espíritu, del viento santo, en la vida del pueblo de Dios y que Nicodemo, como maestro y doctor, debía de saber. Pero a pesar de ello, Nicodemo queda espantado antes la respuesta de Jesús y se deja pasar por ignorante:"¿Cómo puede ocurrir esto?"

• Juan 3,10-15: Respuesta de Jesús: la fe nace del testimonio y no del milagro. Jesús da vuelta a la pregunta: "Tú eres maestro en Israel ¿y no sabes esto?" Pues para Jesús, si una persona cree sólo cuando las cosas concuerdan con sus propios argumentos e ideales, su fe todavía no es perfecta. Perfecta es sí la fe de la persona que cree por el testimonio. Deja de lado sus propios argumentos y se entrega, porque cree en aquel que dio testimonio.

Para la reflexión personal

• ¿Has tenido alguna vez una experiencia que te dio la sensación de nacer de nuevo? ¿Como fue?
• Jesús compara la acción del Espíritu Santo con el viento. ¿Qué nos revela esta comparación de cara a la acción del Espíritu de Dios en nuestra vida? ¿Pusiste ya las velas del barco de tu vida según la dirección del viento, del Espíritu?

Oración final

Yahvé está cerca de los desanimados,
él salva a los espíritus hundidos.
Muchas son las desgracias del justo,
pero de todas le libra Yahvé. (Sal 34,19-20)

(fuente: ocarm.org)

lunes, 4 de abril de 2016

"No temas, María, porque Dios te ha favorecido... "

Solemnidad de la Anunciación del Señor
(04/04/2016)

Libro de Isaías 7, 10-14.8,10b. 

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas». Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.» Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios?. Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel. Hagan un proyecto: ¡fracasará! Digan una palabra: ¡no se realizará! Porque Dios está con nosotros.


Salmo 40(39), 7-8.9.10.11.

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: «Aquí estoy».

En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón».

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor.

No escondí tu justicia dentro de mí,
proclamé tu fidelidad y tu salvación,
y no oculté a la gran asamblea
tu amor y tu fidelidad.


Carta a los Hebreos 10, 4-10.

Hermanos: Es imposible que la sangre de toros y chivos quite los pecados. Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad." El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.


del Evangelio según San Lucas 1, 26-38.

El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo. Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin". María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?". El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios". María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.















REFLEXIÓN

Hay grandes diferencias entre el anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y el de Jesús. Nazareth, donde acontece el anuncio a María es un lugar invisible y desprestigiado, de donde no se espera nada.

Por un lado Zacarías que duda, María que pregunta con prudencia; Zacarías que queda sacudido, María que espera con paciencia; Zacarías que enmudece, María que canta la grandeza del Señor y su espíritu que se goza en Dios su salvador”.

Queremos ingresar en este acontecimiento con la mirada contemplativa. Queremos quedarnos con ese “alégrate María”, invitando a alegrarse porque el Señor está con ella.

A pesar de los contraste entre una experiencia de anuncio y otra, la de Zacarías y María, hay algo común: las grandes obras Dios las hace en lo pequeño y en silencio. Mientras más grande es la obra de Dios, más necesitamos, por así decirlo la condición de la nada y la criaturidad. “Como polvo soy” decía el Papa Juan pablo I y lo retornaba el Papa Francisco. “Soy un pobre tipo” dice de sí Francisco.

El saludo del ángel que encuentra a María en su condición de humilde servidora del Señor, pone por encima de su condición de pobreza, humildad y fidelidad, en este marco donde Dios eleva y de lo alto dispone al que en condición de fragilidad se ubica en el escenario de lo eterno. “Alégrate María, el Señor está contigo” dice el ángel. Se puede ser pobre y humilde, pasar por la prueba y la oscuridad, y al mismo tiempo vivir en la frecuencia cardíaca del gozo y de la alegría. “Bienaventurados los pobres, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los perseguidos….” Felices en medio de las pruebas, alegres en medio de las sombras y las tribulaciones. Conciencias de la propia fragilidad, pero más consciente de cuánto Dios obra en los que intentamos dar pasos entre lo poco que somos y a lo que Él nos invita.

Entramos en la contemplación del ángel a María nosotros puestos allí, como humildes servidores. Vemos al ángel Gabriel que se le aparece a María en medio de sus cosas cotidianas, en su casa. El sí de María, el Espíritu Santo que hace su obra generando la encarnación de Jesús. Y nosotros, como humildes lazarillos, viendo cómo se mueven las personas, escuchando lo que dicen, viendo las luces y las sombras que invaden el espacio donde todo ocurre. Y dejarnos impactar con todos los sentidos puestos en el acto imaginativo, y ver qué se nos mueve en el corazón mientras todo acontece.

San Ignacio nos hace detenernos en la escena y estar ahí presente. Sin interferir sino estando, viendo, oliendo, tocando… Intentar registrar qué me pasa: veo a la Virgen sorprendida y yo también me sorprendo frente a semejante noticia… maravillarme de lo que acontece en medio de la sombra dándome cuenta que tendrá repercusión en todo el mundo, etc etc etc. Observar la escena imaginativamente y abrir los sentidos a lo que allí el Señor nos ofrece.

“No temas”

“No temas” le dice el ángel a María. Lo mismo el ángel a Zacarías, pero éste pide una señal “yo soy viejo y mi mujer estéril”. En cambio María pregunta “¿cómo será esto?”. No busca tener todo en sus manos, sino que pregunta para aprender, para dejarse hacer. El ángel le dedica tiempo para explicarle “el Espíritu Santo vendrá sobre tí, el poder del altísimo te cubrirá con su manto…”. María sigue sin entender, pero el misterio le da lugar a la razón y allí goza del misterio que siempre es más.

La pregunta de María no es por falta de fe. Un misterio al que nos adentramos y como no sabemos ni conocemos, preguntamos como María y pedimos gracia de “conocimiento interno de nuestro Señor Jesucristo para más amarlo y mejor seguirlo”.

Dijo la Virgen “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Es la primera bienaventuranza que aparece en boca de Jesús resucitado en el encuentro con Tomás “felices los que crean sin ver”. Si hay alguien que creyó sin ver fue ella, porque es en la oscuridad de la fe donde dice que sí y cambia el mundo.

Así cómo la historia del pueblo de Dios se pone en camino por el acto de fe de Abraham de dejarlo todo y salir a la tierra prometida, así la historia del nuevo pueblo de Dios se inaugura en el momento en que María concibe al Hijo de Dios. En ese “hágase” comienza un peregrinar incansable, un nuevo horizonte, una nueva tierra prometida para cada uno e nosotros, un cielo nuevo que se abre y nosotros que nos encaminamos hacia él.

Es el acto de fe de María que en Cristo participa en la oscuridad de todo acto de fe, y que se irá renovando en la medida que “medite y guarde todas estas cosas en su corazón”. María es la elegida, la bienaventurada por haber creído.

María seguirá en cada etapa de este camino renovando su sí como acto de fe y obediencia. Como el Señor que elige seguir renovando su llamado y espera nuestro sí. Que nuestro acto de fe venga del acto de fe de una Madre que nos enseña a decir que sí, en medio de oscuridades, como ella.

Resumen ejercicio

1-Oración preparatoria (EE 46) me pone en el rumbo del Principio y Fundamento: que lo que yo vaya a hacer me ponga en el contexto de buscar y realizar, ya desde ahora, y por encima de todo, la voluntad de Dios.
2- “Traer la historia” (EE 102) Se trata de reconstruir la historia de lo que contemplo a partir de los datos. Ayudará leer detenidamente y varias veces el pasaje que quiero contemplarEvangelio según San Lucas 1,26-38.
3-“la composición de lugar” (EE 103) tengo que componer la escena, re-crearla, reconstruirla desde los datos que la Escritura me ofrece.
4-Formular la petición (EE 104): “Interno conocimiento de nuestro Señor Jesúcristo para más amarlo y mejor servirlo”
5-Reflectir para sacar algun provecho significa dejarme mirar por la escena, como ubicarme en ella: aquí me implico en ella como si presente me hallare. Es dejar que lo mirado me mire y me diga algo nuevo. Eso que se me dice son las mociones que se me dan.
6-Coloquio a partir de lo que he vivido en la contemplación, no me faltarán palabras para pedir, agradecer, alabar o simplemente disfrutar de lo que se me ha dado.
7-Exámen de la oración

(fuente: www.radiomaria.org.ar)

domingo, 3 de abril de 2016

"¡Felices los que creen sin haber visto!"

Segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia
(03/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 5, 12-16. 

Los Apóstoles hacían muchos signos y prodigios en el pueblo. Todos solían congregarse unidos en un mismo espíritu, bajo el pórtico de Salomón, pero ningún otro se atrevía a unirse al grupo de los Apóstoles, aunque el pueblo hablaba muy bien de ellos. Aumentaba cada vez más el número de los que creían en el Señor, tanto hombres como mujeres. Y hasta sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en catres y camillas, para que cuando Pedro pasara, por lo menos su sombra cubriera a alguno de ellos. La multitud acudía también de las ciudades vecinas a Jerusalén, trayendo enfermos o poseídos por espíritus impuros, y todos quedaban curados.


Salmo 118(117),2-4.22-24.25-27a.

Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!
Que lo diga la familia de

Aarón:
íes eterno su amor!
Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».


Apocalipsis 1, 9-11a.12-13.17-19.

Yo, Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las tribulaciones, el Reino y la espera perseverante en Jesús, estaba exiliado en la isla de Patmos, a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. El Día del Señor fui arrebatado por el Espíritu y oí detrás de mí una voz fuerte como una trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que ahora vas a ver, y mándalo a las siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea". Me di vuelta para ver de quién era esa voz que me hablaba, y vi siete candelabros de oro, y en medio de ellos, a alguien semejante a un Hijo de hombre, revestido de una larga túnica que estaba ceñida a su pecho con una faja de oro. Al ver esto, caí a sus pies, como muerto, pero él, tocándome con su mano derecha, me dijo: "No temas: yo soy el Primero y el Ultimo, el Viviente. Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo la llave de la Muerte y del Abismo. Escribe lo que has visto, lo que sucede ahora y lo que sucederá en el futuro.


del Evangelio según San Juan 20, 19-31.

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe". Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!". Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.











REFLEXIÓN

La palabra de hoy nos viene bien para acompañar y fortalecer el camino de nuestra fe, fe que hemos renovado en esta Pascua, en esta Semana Santa. El sábado pasado era Sábado Santo yo los saludaba deseándoles felices Pascuas pero la Pascua sucedía recién en las vísperas de ese día sábado así que hoy nuevamente Felices Pascuas de Resurrección para todos. Yo tengo hoy especialmente una mirada de gratitud, de alabanza al Señor por el don de su Misericordia, por todo lo que nos ha ido dando. Yo tengo la experiencia extraordinaria de cómo Dios me ama, nos ama a los sacerdotes, darnos esa gracia incalculable de ser partícipes del misterio de la reconciliación, del perdón de los pecados para recibir y alojar nuevamente en el seno de la comunidad, de volver, reintegrar a la comunidad a través de la experiencia del perdón tantas hermanas y hermanos que han venido diciendo soy pecador, necesito de la gracia, recíbanme nuevamente, por favor, en el pueblo de Dios.

Que alegría ver el volver de tantos hermanos en esta Pascua y aún en estos días de la octava, nos hemos encontrado con unas experiencias muy lindas de personas de años de alejamiento de la fe, de vivir a los golpes, sufriendo y en esta Pascua recibir la gracia del deseo de volver al Señor, la gracia de la conversión fruto de la Pascua de Jesús, del costado herido del Señor, de sus manos, hemos recibido la Misericordia del Padre. Como no agradecer a Dios todo lo recibido, todo lo que nos ha venido gratuitamente y todo lo que ciertamente ahora tenemos que dar a los hermanos. Hoy la iglesia canta la alegría de la Misericordia de Dios que nunca abandona al hombre. Dios derramando su sangre, dejándonos sus heridas expuestas para que entremos en sus llagas y nos adentremos nuevamente en su corazón. Una de las cosas lindas es que nosotros podemos ser alegría para Dios, no hay que tenerle miedo al error, no hay que tenerle miedo a las sombras de la vida, al pecado ni tampoco tenerle miedo a Dios.

Quien se asusta del pecado se asusta de Dios

Podemos decirlo así, claro que si, quien se asusta del pecado se asusta de Dios. Si nos asustamos del mal estamos vencidos pero no debemos asustarnos, debemos confiar no porque podamos vencerlo solos sino porque el Señor ya lo ha vencido. Porque el amor de Dios es más grande que la miseria humana es infinitamente superior el bien al mal y esto es una percepción, una constatación que nos deja la mirada del corazón limpio que quiere caminar, del corazón lleno de esperanza, del corazón que tiene los ojos de Jesús porque tiene el don sobrenatural de la fe. Esta es una percepción que queremos compartir y desde la cual nos queremos alentar unos a otros, el bien es más grande que el mal, no asustarse de las miserias y del mal porque sino también nos estaremos asustando de Dios. Aceptar que la misericordia de Dios actúa en este mundo maléfico, herido por el pecado, en esta conciencia, en esta historia de mi vida marcada por la experiencia de una falsa libertad

Sin embargo el Señor nos ha dicho en la palabra “No he venido a los justos, he venido a los pecadores y no son los sanos los que tienen necesidad del médico si no los enfermos” Estás palabras son para nosotros tan importantes, tan clarificadoras y nos definen lo mismo que hemos afirmado antes que no nos asustamos del pecado solo con humildad reconocerlo y acercarnos al trono de la Misericordia. Ese trono no es un sillón de oro con un rey con vestimentas y anillos de oro y con servidumbre a sus pies. Este trono es la cruz, es la presencia de Jesús en medio de nosotros crucificado y resucitado no negando sus llagas sino proponiéndolas, también en su condición de resucitado, para que, como decíamos antes, no dejándonos vencer por el mal nos adentremos a través de sus llagas, hasta lo íntimo de su corazón y hasta la intimidad de la comunidad ya que sin la comunidad no estamos en la presencia del Señor.

Su muerte ha sido un vencer la muerte y su resurrección ha sido un recuperar la vida, una vida para todos


Para que nadie quede afuera como dice hermosamente San Pablo lleno de sabiduría y conocimiento del Señor “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” Que gran afirmación de San Pablo, que hermoso ¿no? Dios quiere que todos se salven por eso hablamos de la presencia, de la manera adecuada que nosotros tenemos de llegar, de comprender el amor de Dios, de dejarnos ganar por su Misericordia. Mirar el rostro misericordioso del Señor es mirar a aquel que ha vencido, cargando sobre sí el pecado del mundo, lo ha vencido y nos a recuperado a nosotros para la vida, eso es la misericordia, es el corazón de Dios cercano al hombre que herido por su miseria no podrá jamás restablecerse ni acceder al encuentro con Dios pero Dios ha venido en ayuda de nuestra debilidad. El texto de este domingo que vamos a compartir hoy tenés que buscarlo en San Juan 20-19-31

“Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos les dijo, la paz esté con ustedes. Mientras decía esto les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo, la paz esté con ustedes, como el Padre me envió a mí yo también los envío a ustedes y al decirle esto sopló sobre ellos y añadió, reciban el Espíritu Santo, los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y serán retenidos a los que ustedes se los retengan. Tomás, uno de los doce de sobrenombre el mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron hemos visto al Señor. El les respondió, si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo en dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no lo creeré. Ocho días más tarde estaban los discípulos reunidos en la casa y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo, la paz esté con ustedes. Luego dijo a Tomás, trae aquí tus dedos, aquí están mis manos, acerca tu mano, métela en mi costado, en adelante no seas incrédulo sino hombre de fe. Tomás respondió, Señor mío y Dios mío, Jesús le dijo ahora crees porque me has visto, felices los que creen sin haber visto. Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos que no se encuentran relatados en este libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el hijo de Dios y creyendo tengan vida en su nombre”

Lo primero que vamos compartiendo al leer esta palabra es “estando cerradas las puertas al atardecer del primer día, donde se encontraban reunidos los discípulos por temor, por miedo” y luego Jesús poniéndose en medio con ese saludo clásico y típico de El, la paz esté con ustedes. Lo primero, encerrados los discípulos, aislados, huyendo temerosos. Lógico, no podía haber otra posibilidad para la condición humana. Todos tememos ser perseguidos, ser calumniados, ser discriminados. Todos tenemos mucho miedo de ser pisoteados y basureados en la vida o tenemos también mucho miedo de perder la vida ciertamente. Ya cuando sabemos que vamos perdiendo la salud, que se nos van los años tenemos también muchos temores frente a muchos momentos de la vida, muchas inseguridades. A veces uno tiene las etapas de la vida de las personas, cuando en esas etapas se producen grandes cambios, la adolescencia, la edad más madura, cuando uno va dejando la juventud, cuando uno pasa a la edad mayor y los miedos a medida que avanza la vida.

También muchas veces avanzan las inseguridades y es más, se agigantan muchas veces las inseguridades y así muchas veces las personas que tienen temor viven como los discípulos, encerrados. Una de las tentaciones grandes de la vida es encerrarnos, aislarnos, miedo de enfrentar las realidades, temor de perder y todo ese fantasma esa como oscuridad que va invadiendo nuestra mirada no puede sino provocar una tristeza en el corazón y cuanta gente nuestra está triste, cuanta gente que no puede entender la vida, que solo puede esconderse y que tiene ganas de vivir, que tiene capacidad de soñar, de correr, de reír, de abrazar, de conectarse con el mundo que lo rodea y sin embargo está encerrada en su propia habitación. No en el sentido en que el Señor decía en la palabra “cuando ores entra a tu habitación y ora a tu Padre que está en lo secreto y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará” no en ese sentido sino encerrándose para aislarse no para la intimidad sino para el intimismo, para una opresión de la propia necesidad de vivir, de mirar, de reír, de soñar, una negación de sí mismo

Y esto le pasa a mucha gente. A veces nos preguntamos porque hay tantos depresivos en nuestro tiempo, porque hay tanta gente solitaria, amargada, sin sentido de la vida, porque tanta gente se siente que no sirve, que no vale, porque tanta gente se esconde. Quizás porque justamente lo que le falta es descubrir una luz, que alguien se presente en su interior. Yo creo que así como los discípulos encerrados en su propia habitación, tristes, amargados, sin fe, descreídos y desesperanzados y yo diría desamorados pobrecitos, como nosotros tantas veces, huyendo enojados, endurecidos y dolidos de la vida, como decía, no para la intimidad sino para el intimismo es decir para la anulación, la asfixia de nuestra persona. Y cuantos viven escapándole a la vida por miedo, por miedo de las llagas, por miedo del sufrimiento. Los discípulos están encerrados en el lugar por temor a los judíos. Que bueno que nos preguntemos a la luz de esta palabra cuales son nuestros miedos, todos tenemos algunos miedos en la vida y ¿a que le estamos teniendo miedo y porque le tenemos miedo?

¿Qué es lo que nos está faltando? Nos falta sentido, nos falta valor nos falta confianza nos esta faltando aceptación, credibilidad y cuantos elementos que vamos nombrando y ya están faltando porque el signo que domina mi vida es el miedo, el ocultamiento, el encerramiento y ¿Quién puede darme todo ese valor, esa ilusión, esa credibilidad, esa confianza en mí mismo, quien? ¿será cualquiera? Parecía que en el evangelio Jesús es esencial para el corazón que está encerrado y aislado, entenebrecido y descreído, pareciera que solo Jesús entrando en el corazón puede despertar algo nuevo, una llamada de atención. Aquello que parecía que ya no tenía posibilidad el corazón humano, ya no percibía, ya no tenía ganas de la vida, se aislaba. Sin embargo aparece Jesús y de golpe se despierta la atención, se despierta la capacidad de darse cuenta de cosas. Empezar a mirarse nuevamente. Los discípulos habían perdido la capacidad de la admiración, a veces nosotros también estamos sin admiración, como muertos en vida, viviendo automáticamente y caminando como zombis pero no tenemos capacidad de admiración

Que lindo ver que la presencia de Jesús despierta ese gran elemento, esa gran posibilidad que tiene todo ser humano, la capacidad de volver a admirarse, la capacidad del estupor que no está dormido en ningún corazón, también en el tuyo hay capacidad de admiración y de estupor, de gozo, de enamoramiento, de volver a empezar de volver a creer. Todo corazón conserva ese recurso, el mal puede ser muy grande en la vida pero nunca podrá aplastar definitivamente el corazón, dale una oportunidad a Jesús que quiere entrar. Y si Jesús resucitado entra sin abrir las puertas es porque el Señor puede entrar igual. Recordá en la palabra del Apocalipsis “estoy a la puerta y llamo, si alguno me abre entraré y cenaremos juntos” El Señor pudo entrar porque los discípulos no podían comprender, los discípulos no estaban resistiendo al Señor solo no podían comprender. Jesús tenía que entrar por su propia fuerza y así lo hizo y se hizo presente en medio de ellos. Que lindo mirarnos un poco, quizás encerrados y aislados, descreídos y desamorados. ¿No será que Jesús está golpeando la puerta y quiere entrar?

Jesús llega deseándoles la paz. No podían los hombres heridos, sus discípulos sino estar quebrados y desanimados. Ayer veíamos en la palabra del viernes de octava de Pascua cuando Simón Pedro dice, bueno muchachos vamosnos a pescar, que vamos a hacer acá, vamosnos a pescar. Vamos nosotros también, dijeron los demás. Claro, Jesús ya no estaba que sentido tenía la tentación de refugiarse, muchas veces también la profunda tentación de volver al pasado, de esconderse como el pueblo de Israel, después de haberse quejado de la esclavitud egipcia, liberados de la esclavitud dicen, bueno pero antes en Egipto no pasaba esto o aquello en cambio ahora andamos por el desierto eh siempre la tentación de volver atrás. Como cuesta crecer, como cuesta caminar, aceptar las sorpresas de la vida, como nos cuesta entender a Dios, como nos cuesta sobre todo, aceptar que Dios se exprese de maneras nuevas. Esta es una de las cosas que tenemos que ir superando. Muchos desánimos se producen a partir de someterse a la tentación del retroceso, volver a lo seguro, volver a nuestro reducto, a nuestro dominio, a nosotros mismos.

Donde sentimos nuestro placer, donde la memoria nos trae seguridad en nosotros mismos. Así que un poco saber esperar la presencia del Señor y también ir pensando en abrir las puertas del corazón. Jesús, digamos se hace presente y El es el Señor y a El todo le pertenece aunque esté cerrado o esté abierta la puerta, a El todo le pertenece, El es el dueño de la casa. Un trozo de la carta a los Romanos que hoy la compartimos como lectura de las laudes dice así “ninguno de nosotros vive para sí y ninguno muere para sí pero si vivimos, dice Pablo, vivimos para el Señor y si morimos para el Señor morimos. Tanto en la vida como en la muerte somos del Señor. Para esto murió Cristo y retornó a la vida, para ser Señor de los vivos y de los muertos” Esta expresión del cap. 14-7-9 de la carta a los Romanos, somos de Dios, El es el Señor y saben que, como dice el Apocalipsis, es el que tiene las llaves, El abre, El puede entrar, pertenece a los suyos, está aún en el mundo pero ya es el Señor de la gloria

El es el crucificado pero también es el resucitado y es el hombre nuevo, Jesús es el hombre nuevo. ¿Y como se presenta el hombre nuevo? Se presenta en medio de los discípulos temerosos, descreídos y aislados para sorprenderlos y despertar nuevamente su admiración y su capacidad de estupor. Y el saludo del Señor, que hermoso “la paz sea con ustedes” Este es el Señor. Siempre la presencia de Dios trae paz, siempre la obra de Dios pacifica y ordena el corazón. La paz del Señor hace fuerte el corazón, lo hace sereno, les doy mi paz, les dejo mi paz pero no como la da el mundo, dirá en otro momento a sus discípulos, porque la paz que busca uno en el orden humano es una paz que se puede perder con mucha facilidad, es una paz que se puede sostener si hay orden, si las cosas son conformes al querer y a la satisfacción de uno pero cuando la vida viene en contra, cuando surgen los problemas, cuando aparecen las carencias, cuando los desentendimientos provocan distancia entre nosotros se pierde la paz fácilmente se la pierde

En cambio la paz que trae el Señor es una paz para estar serenos en medio de la tormenta. Es la paz que hace que el corazón tenga la serenidad en medio de la guerra, esa paz da la unidad interior, ese es el corazón pacificado, ese es el corazón del resucitado. El Señor anuncia la paz porque la paz es el único lugar desde donde el hombre se puede dirigir con sentido en la vida. La persona que no tiene paz no puede tener claridad en el orden, en lo que tiene que elegir, en lo que tiene que percibir de la vida, en los pasos que tiene que dar. Si no hay paz no está eso, no está ese sentido de la vida, esa valoración, ese encontrar la razón de las cosas. Solo el lugar, el punto de partida del hombre nuevo es su corazón lleno de paz, de la paz del Señor y esa paz podríamos darle nombre de persona y es el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús resucitado que sopla sobre sus discípulos y los envía “Yo los envío como ovejas en medio de los lobos, vayan y anuncien” les dirá el Señor. Pero primero les anuncia su presencia y los pacifica

Que bueno que nos demos cuenta y pensemos en esto, nuestro corazón pacificado es la única posibilidad de poder dirigirnos con sentido, dar orden, lugar y valoración adecuada alas cosas que nos rodean. ¿Desde donde parte nuestra vida? Quizás desde las circunstancias, desde lo inmediato, desde lo urgente, desde lo que nos atropelle nos golpeé la sensibilidad y los sentidos externos permanentemente, desde la noticias, desde lo que se muda permanentemente, quizás vivimos allí, afuera de nosotros. Y hablando de esta paz podemos entender también aquellas palabras de San Agustín “tanto que te buscaba por fuera Señor y no me daba cuenta que estabas dentro mío. Tú estabas dentro de mí y yo estaba fuera de mí”, te buscaba por fuera y me retenían aquellas cosas, dice San Agustín, que me tenían que conducir a Ti porque yo estaba fuera de mí. Fíjense el planteo del saludo de la paz, La paz de Jesús es la que va a dar la fuerza, hace fuerte el corazón, lo hace sereno para percibir lo necesario y lo importante y para descubrir el designio de Dios y la voluntad de Dios

Y para eso es la paz, para eso el Señor viene a traernos el regalo Pascual de la paz. Cuando el Señor puede entrar en nuestro corazón se pacifica, se desapasiona, se abandona, se entrega el corazón. La paz también es un ejercicio que se define desde nuestra libertad no solo desde la entrada del Señor, tampoco el Señor entra por la fuerza, ya lo sabemos. “Estoy a la puerta y llamo, si me abren entraré y cenaremos juntos” Si me abren, por eso el desafío de aceptar al Señor en nuestro corazón es también el trabajo de rendir un culto a su Señorío, el homenaje de nuestro reconocimiento, reconocer a Jesús como Mesías, como Señor, como señor de la vida, como triunfador sobre el pecado y sobre la muerte. La paz del corazón implica un acto de fe, un acto de arrojo, un acto de abisbamiento, de abandono en la Misericordia de Dios, me entrego, me pongo totalmente en sus manos. No es un acto de magia que Jesús entra y ya está la paz lograda, la paz hay que alcanzarla, es también nuestra tarea, es nuestro trabajo y es esencial

Desde allí y solo desde allí puede haber un sentido auténtico de nuestra vida. Este es el regalo de la Pascua, se expresa en este saludo “la paz esté con ustedes” y es la entrega del espíritu para tener desde donde dirigirnos como hijos de Dios. Yo estaba pensando en la presencia del Señor en este saludo de la paz es una presencia comprometedora y como diciendo el Señor, a no perder tiempo muchachos. La paz, el corazón pacificado es el corazón capacitado para reconciliar. “Reciban el Espíritu Santo los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y serán retenidos a quienes se los retengan” El envío de ejercer misericordia, el envío de reconciliar, estamos hechos para eso, el corazón humano esta hecho para el amor, para la reconciliación, para la credibilidad, para la confianza, para la reconstrucción de las personas. Por eso el Señor dona el Espíritu por que el Señor sabe que sin la gracia del Espíritu Santo no podremos vivir esta dimensión de la reconciliación. El hombre está llamado y no tiene paz hasta que no hay reconciliación.

¿Ustedes se dieron cuenta como sufrimos cuando nos cuesta perdonar o no queremos perdonar? Cuando el dolor nos gana el alma y cuando estamos heridos profundamente y sobre todo que mal estamos cuando aumentamos ese resentimiento, ese odio muchas veces. No he visto cosa más triste y más difícil de abordar que un corazón que tiene odio. El resentimiento y el odio cuantas veces dejan sin vida, sin la paz. Como sufre la persona que no tiene paz en su corazón, que está llena de odio, de resentimiento, de sentimientos de venganza y lo vemos a veces en nuestros medios de comunicación expresarse este odio, este resentimiento detrás a veces de la palabra justicia que tiene tanta verdad y tanta luz sin embargo entremezclado con ella sentimientos de venganza, de dañar, me hicieron daño, quiero devolver, ojo por ojo, diente por diente. Que vigente que está la ley del talión todavía en medio de los hermanos, que necesidad de que el Señor nos de un corazón pacificado, cuanto hay que morir para resucitar.

Yo diría, cuanto tengo que morir todavía a mis odios, a mis rencores, a mis resquemores y desconfianzas y dejar que el Señor me invada y me despierte. Hay un envío muy grande, no nos olvidemos, la misión del cristiano es reconciliar, recuperar, volver a conciliar, a hacer posibles las cosas y no es una misión basada en nuestras fuerzas y nuestros deberes, es una misión para la cual el Señor nos capacita. Antes de querer reconciliar los problemas de las distancias entre las personas, deja que entre el Espíritu Santo en tu corazón, que el Señor lo sople, que el Señor diga su Ruaj, su nueva creación, que vuelva a darte el Espíritu, que te renueve y te pacifique. Desde allí debes ser reconciliador no desde la obligación de perdonar, no desde la responsabilidad del perdón para lo cual tu condición humana no te está ayudando porque te sentís que no podés Olvídate de ese perdón responsable y aferrate y abrí tu corazón al Espíritu. Abrí primero el corazón a Dios, no pretendas resolver las cosas para encontrarte con Dios, primero encontrate con el Señor y desde allí empezá az resolver las cosas.

El Señor tiene la gracia, la paz que le va a dar a tu corazón es lo que va a hacer posible que tú puedas ser un instrumento de reconciliación y que falta le hace a nuestra Argentina a 200 años de su existencia, corazones que reconcilien, que recuperen, que sanen, que restauren. Que necesidad que tenemos por eso abrir el corazón al soplo de Jesús. Yo quiero que Jesús sople en esta mañana, que sople en tu mente y en tu corazón, que El te entregue su Ruaj, el soplo de vida nuevo, el Espíritu Santo para que El te pacifique, te reconcilie, te sane las heridas y te recupere interiormente. Te necesitamos, debes ser reconciliador. Yo diría, esta presencia del Señor para enviar a sus discípulos que continúan la misión del Hijo enviados por Jesús al mundo para hacer presente lo que Jesús acababa de hacer en ellos. No damos algo que nos pertenezca sino algo que nos da pertenencia, algo que nos incluye, nos incorpora y nos da identidad, fuerza, luz y sabiduría. En la vida todo es gracia para el cristiano, todo lo que vivimos es una experiencia de la Misericordia del Señor, es gratis por eso lo damos gratis has recibido gratuitamente, da también gratuitamente.

Y Jesús ha soplado el Espíritu sobre los discípulos, Jesús es el que posee el Espíritu y lo posee sin medida, como dirá San Juan en el cap. 3 del evangelio. Por eso puede donarlo, Jesús sopla, El es el artífice de una nueva creación, El es el nuevo hombre, la persona nueva. El es el que puede dar la novedad a la persona y recuperarla, El es el que puede dar el soplo del Espíritu porque lo posee en abundancia. Recordamos hoy que Jesús es también el que posee la Ruaj Santa de Dios y la trasmite para dar vida. Se viene a la mente y al corazón las otras palabras del evangelio de Juan “he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” que lindo saber que el Señor sopla su vida sobre nosotros, la da, la entrega por todas las maneras posibles. Pero el Señor no quiere permanecer ni estar, sí no soplando su Espíritu permanece en medio de nosotros. El ahora lo sopla para dar una vida que no acaba, esto es lo grande de la resurrección del Señor, que su presencia en el interior, en el recinto, en el corazón de las personas es una presencia que dona el espíritu para una vida que no se termina jamás.

Nosotros no vivimos en la experiencia de Dios, en la fe, en el misterio de la gracia, no vivimos algo para ahora, para tener éxito o para tener algunas satisfacciones o logros o seguridades, nosotros vivimos para siempre. El Señor te ha dado el Espíritu para que vivas para siempre, indefinidamente y crecientemente, para que crezca sin cesar, para que madure en vos ese soplo del Espíritu. Y va a madurar en la medida que lo entregues. El papa Juan Pablo hablando de la misión decía que “la fe crece cuando se la entrega” Que afirmación tan real y tan concreta para nosotros, ahora que escuchamos estas palabras del Señor, “reciban el Espíritu, los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen” ya que el Señor nos manda nos envía a ser reconstructores, reconciliadores, ya que nos llama a dar misericordia. Demosnó cuenta que importante es ese don del Espíritu y que importante es que no nos reservemos esa vida. El que ha sido reconciliado debe reconciliar, para eso tiene el Espíritu. Solo el que se deja reconciliar por el Señor, amar y apacentar puede entonces tener la necesidad de amar y apacentar a sus hermanos

Tomás no estaba con los demás cuando el Señor se apareció, el no creía, quería ver y tocar sí no, no acepta y Tomás tiene esta gran dificultad que es la dificultad de tanta gente que no pueden creer todavía por el testimonio de los demás. Pero el Señor no abandona a nadie. Lo que más me llegó de esta parte de la palabra es la compasión del Señor con Tomás, la ternura y la misericordia del Señor. El Señor lo rescata a Tomás, le devuelve la fe, le exige, lo purifica pero le despierta nuevamente la fe. Nada es obstáculo para el amor de Dios El Señor aparece poniéndole sus manos diciendo “acá están las llagas de los clavos, acá está el costado de la lanza que me atravesó y de donde salió la sangre y el agua para que nazca la iglesia, vení Tomás, tocá, poné tu mano en el costado, toca con tus dedos las llagas de mis manos” como diciéndole, “Tomás, entrá en mí entrando en Mí entras nuevamente en la comunidad”

Que lindo ¿no? me dio esta impresión la palabra hoy meditándola decía, mira vos no podemos pretender vivir fuera de la comunidad, tenemos que cuidar nuestro sentido de pertenencia, la fe es un don para llegar a Jesús y para insertarnos en su corazón pero también se lo recibe en el seno de la comunidad, en la iglesia como pueblo que acoge el don de la misericordia y que lo distribuye. Y el Señor llamándome a entrar en El para ser esa iglesia viva, esa iglesia que anuncia la fe, esa iglesia que vive y que también va a comunicar la paz a sus hermanos. “Trae aquí tu dedo, aquí están mis manos, acerca tu mano métela en el costado. En adelante no seas incrédulo sí no hombre de fe” y la humildad de Tomás también “Señor mío y Dios mío” “Crees porque me has visto, felices los que crean sin haber visto” La gran bienaventuranza de la Pascua “felices los que crean sin haber visto” Porque esto manifiesta la Misericordia de Dios

escrito por el Padre Mario José Taborda
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

sábado, 2 de abril de 2016

"Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación"

Sábado de la Octava de Pascua
(02/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 13-21. 

Los miembros del Sanedrín estaban asombrados de la seguridad con que Pedro y Juan hablaban, a pesar de ser personas poco instruidas y sin cultura. Reconocieron que eran los que habían acompañado a Jesús, pero no podían replicarles nada, porque el hombre que había sido curado estaba de pie, al lado de ellos. Entonces les ordenaron salir del Sanedrín y comenzaron a deliberar, diciendo: "¿Qué haremos con estos hombres? Porque no podemos negar que han realizado un signo bien patente, que es notorio para todos los habitantes de Jerusalén. A fin de evitar que la cosa se divulgue más entre el pueblo, debemos amenazarlos, para que de ahora en adelante no hablen de ese Nombre". Los llamaron y les prohibieron terminantemente que dijeran una sola palabra o enseñaran en el nombre de Jesús. Pedro y Juan les respondieron: "Juzguen si está bien a los ojos del Señor que les obedezcamos a ustedes antes que a Dios. Nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído". Después de amenazarlos nuevamente, los dejaron en libertad, ya que no sabían cómo castigarlos, por temor al pueblo que alababa a Dios al ver lo que había sucedido.


Salmo 118(117), 1.14-15.16ab-18.19-21.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
El Señor es mi fuerza y mi protección;
él fue mi salvación.
Un grito de alegría y de victoria
resuena en las carpas de los justos.

“La mano del Señor hace proezas,
La mano del Señor es sublime,
la mano del Señor hace proezas.
No, no moriré:
viviré para publicar lo que hizo el Señor.

El Señor me castigó duramente,
pero no me entregó a la muerte.
«Abran las puertas de la justicia
y entraré para dar gracias al Señor.»
«Esta es la puerta del Señor:
sólo los justos entran por ella.»
Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.


del Evangelio según San Marcos 16, 9-15.

Jesús, que había resucitado a la mañana del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, aquella de quien había echado siete demonios. Ella fue a contarlo a los que siempre lo habían acompañado, que estaban afligidos y lloraban. Cuando la oyeron decir que Jesús estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron. Después, se mostró con otro aspecto a dos de ellos, que iban caminando hacia un poblado. Y ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero tampoco les creyeron. En seguida, se apareció a los Once, mientras estaban comiendo, y les reprochó su incredulidad y su obstinación porque no habían creído a quienes lo habían visto resucitado. Entonces les dijo: "Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación."









REFLEXIÓN

"¡Cristo ha resucitado!". Desde hace una semana, lo cantamos en todos los tonos. Pero que nadie se llame a engaño: nuestro testimonio no es la afirmación de un hecho del pasado, todo lo importante que se quiera, pero que no pasaría de ser un piadoso recuerdo.

El objeto último de nuestra fe tampoco es un hecho verificable por una investigación histórica. Nuestra fe es ésta: damos testimonio de que hoy, para nosotros y para todo hombre, Jesús vive en la situación de resucitado y ya no experimenta las limitaciones de la condición humana. Hombre entre los hombres, el Nazareno, como nosotros, veía limitado su universo por sus posibilidades de contacto y de intercambio. Hoy, resucitado, se han dilatado las fronteras de su persona. Se encuentra con todos los hombres de todos los tiempos en lo secreto de su corazón, en la fuente inexpresable de su vida. En adelante, ningún hombre ni nada humano le es ajeno. Toda empresa humana está secretamente habitada por su Espíritu, hasta el punto de que trabajar por el crecimiento de la humanidad significa, tal vez secretamente, hacer que crezca su Cuerpo. Al confesar la resurrección de Jesús damos testimonio de que todo está bajo el movimiento del Espíritu, que merece la pena intentarlo todo, ya que en todo es él quien continúa viviendo y creciendo.

"Nosotros no podemos dejar de contar lo que hemos visto y oído".

Prosiguiendo en la historia de hoy la profesión de fe de quienes han experimentado la victoria de la vida, también nosotros creemos en el Cristo resucitado cuando -a pesar de estar insertos en una vida atacada a diario por la muerte-, midiendo con una lucidez cada vez mayor la dificultad de amar, seguimos viviendo y amando con sobrenatural obstinación.

DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
CUARESMA Y TIEMPO PASCUAL
SAL TERRAE/SANTANDER 1989.Pág. 135
(fuente: www.mercaba.org)

viernes, 1 de abril de 2016

"¡Es el Señor!"

Viernes de la Octava de Pascua
(01/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 4, 1-12. 

Mientras los Apóstoles hablaban al pueblo, se presentaron ante ellos los sacerdotes, el jefe de los guardias del Templo y los saduceos, irritados de que predicaran y anunciaran al pueblo la resurrección de los muertos cumplida en la persona de Jesús. Estos detuvieron a los Apóstoles y los encarcelaron hasta el día siguiente, porque ya era tarde. Muchos de los que habían escuchado la Palabra abrazaron la fe, y así el número de creyentes, contando sólo los hombres, se elevó a unos cinco mil. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes de los judíos, los ancianos y los escribas, con Anás, el Sumo Sacerdote, Caifás, Juan, Alejandro y todos los miembros de las familias de los sumos sacerdotes. Hicieron comparecer a los Apóstoles y los interrogaron: "¿Con qué poder o en nombre de quién ustedes hicieron eso?". Pedro, lleno del Espíritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos, ya que hoy se nos pide cuenta del bien que hicimos a un enfermo y de cómo fue curado, sepan ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre está aquí sano delante de ustedes por el nombre de nuestro Señor Jesucristo de Nazaret, al que ustedes crucificaron y Dios resucitó de entre los muertos. El es la piedra que ustedes, los constructores, han rechazado, y ha llegado a ser la piedra angular. Porque no existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, por el cual podamos salvarnos".


Salmo 118(117), 1-2.4.22-24.25-27a.

¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Que lo diga el pueblo de Israel:
¡es eterno su amor!

Que lo digan los que temen al Señor:
¡es eterno su amor!
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.

Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos.
Este es el día que hizo el Señor:
alegrémonos y regocijémonos en él.

Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
el Señor es Dios, y él nos ilumina».


del Evangelio según San Juan 21, 1-14.

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.
Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada.
Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.

Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla. El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua. Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla. Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan. Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar". Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió. Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.
Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

REFLEXIÓN

En el evangelio de hoy, Jesús se anticipa a los discípulos y tras una noche de fracaso, aparece en la orilla pero no logran reconocerlo. En la Catequesis, el Padre Javier Soteras invita a dejarnos encontrar por los signos de la Resurrección. Nosotros también vamos pasando de la noche al día y vamos transitando ese espacio de oscuridad que tiene tantos nombres y situaciones concretas, y nos vamos encontrando con la luz que el Señor nos invita a vivir como resucitado.

«Se apareció Jesús»

En los relatos pascuales de los Evangelios hay algo de este juego: el Resucitado aparece repentinamente «bajo otra figura» a dos discípulos, como dice Marcos (16,12), se acerca bajo la apariencia de un peregrino a los de Emaús (Lc 24,15) o de un jardinero a María Magdalena (Jn 20,11-15). El resucitado aparece como quien desaparece. Es el mismo Jesús, pero no es lo mismo.

La nueva presencia abre los ojos de los discípulos; les hace ver y entender de una manera nueva. Les hace pasar del miedo y de la duda a la confianza. Los discípulos creen que es un fantasma, pero la nueva presencia abre los ojos a una nueva dimensión. El nuevo modo de estar de Jesús ubica la relación del discípulo con el maestro. La muerte ha sido vencida por la fuerza de la vida. Él nos hace ver y entender la vida y su sentido de una nueva manera, por eso es el mismo pero distinto, está como en un estadio diferente.

La paz y la alegría que regala Jesús es el tránsito de no reconocer a reconocer, de confundirlo con un fantasma a pasar a reconocer su carne…

En la escena del lago (Jn 21,1-14), la fatiga estéril de los pescadores en la noche es su manera de experimentar la ausencia de un Jesús que se esconde. El «no» con que responden a la pregunta del desconocido que está en la orilla y pregunta: «Muchachos, ¿tienen pescado?», resume una situación cerrada, y casi les arranca una confesión de conciencia desdichada de la que no parece haber salida.

La palabra esconde un estado de ánimo en el que ellos se encuentran, que es oscuridad, sin sentido, vacío…. es la noche en medio del lago y ellos están buscando al maestro sin saberlo. El primer encuentro que tuvieron tiene que ver con el lago y la pesca, “yo te haré pescador de hombres” le había dicho a Simón. El Señor se hace presente, ahora, con una indicación: “tiren la red a la derecha”. Y “sacaron tantos peces que no podían ni levantar la red”, que representa la sobreabundancia. Inmediatamenete el discípulo amado dice “es el Señor”, lo reconoce porque sólo Jesús tiene ese estilo de pesca.

¿Cómo es que se identifica en la claridad todavía oscura del amanecer la presencia de Jesús?. A través de este signo, la pesca sobreabundante. Nosotros también vamos pasando de la noche al día y vamos transitando ese espacio de oscuridad que tiene tantos nombres y situaciones concretas, y nos vamos encontrando con la luz que el Señor nos invita a vivir como resucitado. Las señales del resucitado, la carne de Cristo Jesús, nos marcan el camino a lo nuevo. Es el mismo pero está distinto, no es lo que yo quisiera que fuera, ni doctrina ni moralina, sino una presencia que habla por sí misma. No necesita explicación, sino coherencia, ponernos de rodillas frente a la carne de Cristo. Así, con señales muy sencillas, Él nos muestra que es Él vivo y Resucitado.

Ojalá en éstas horas de Pascua, mientras va pasando la noche, también puedas decir como Juan “es el Señor”. En éstos días, en mi caso, encuentro a la carne de Cristo en 3 hermanos de la calle que aparecieron sin que los buscáramos para decirnos “¿no hay lugar para mí en la casa de Hombre Nuevo?”. Cómo negarle a quien toca la puerta de casa la presencia que nos trae. Porque al decir del Papa Francisco, en la carne de los pobres está la carne de Cristo.

El amanecer comienza a ganar la noche

El amanecer acompaña la presencia de Jesús en la orilla y el dato de la luz nos introduce en una situación nueva y abierta: comienza el día, se escucha una palabra y la red desborda de peces.

La luz llega a los ojos de Juan y le hace salir de la oscuridad y entrar en el reconocimiento: «¡Es el Señor! » (Jn 21,7).

Pedro salta al agua porque reconocer en Israel no pertenece sólo al ámbito de la inteligencia, sino que afecta y compromete la vida entera: conocer al Señor es conocer su interpelación, es entrar en una relación de obediencia rendida. El final de la escena refleja la situación transfigurada: el trabajo se ha vuelto fecundo, los discípulos se reúnen en torno a aquél que ha congregado su dispersión y ha vuelto a reunirlos en una comida fraterna.

La conversión a la que convoca la Pascua está insinuada en un verbo ya familiar: «Ninguno se atrevía a preguntarle: ¿quién eres?, porque sabían que era el Señor. «Es gloria de Dios ocultar un proyecto, es gloria de reyes descubrirlo» (Proverbios 25,2).

La novedad de la Pascua va más allá del viejo proverbio: la verdadera gloria está en acoger con asombro agradecido al mismo Dios, que se hace encuentro pero no como fruto del esfuerzo de nuestra búsqueda, sino como un regalo inmerecido.

Desde el Lago Tiberiades hasta Aparecida

Es esta experiencia profunda de Jesucristo, que irrumpe en nuestras vidas, lo que convierte la misión en un compromiso con la vida es la gracia de estar en presencia de la Resurrección. Es un compromiso que no nace de una obligación, sino de una experiencia de encuentro.. Insistimos que es un compromiso y no una obligación, ya que como dice el documento de Aparecida al inicio de la 3a parte, la misión de los discípulos consiste en estar al servicio de una “vida plena”.

“La vida plena para todos” como indica el Documento, solo surge de experiencias profundas, no de planes y estructuras vacías. Podemos estar “toda la noche de pesca”, pero es Jesús mismo quien nos marca el camino “tiren las redes a la derecha y allí encontraran” . Hacer lo que Jesús nos sugiere nos descubre su verdadero rostro, el que anhelamos para nosotros y para todos los hombres.

Pero, unas lineas adelante, Aparecida nos puntualiza , ante todo cual es “esa vida plena para todos” : es la vida nueva en Cristo, participación en la vida de amor del Dios Uno y Trino, que comienza en el Bautismo y llega a su plenitud en la resurrección final” ( Documento de Aparecida 357). Nuestros pueblos quieren esa vida, ya que están inmersos en sombras de muerte (hedonismo, poder, placer a cualquier precio) y anhelan la Vida de Cristo quien “no quita nada y nos da todo”, ya que el mismo Jesús nos prometió la vida plena (Jn 10, 10).

Este Cristo que trae la vida en plenitud llega a nosotros con una señal clara y sencilla capaz de abrirnos a lo nuevo: una pesca contundente en el texto de hoy, una palabra “María” a la Magdalena, un sepulcro vacío y las mortajas acomodadas como descubrieron Pedro y Juan. ¿Cuáles son los signos con los que el Señor se te aparece resucitado?. Desde el Tiberíades hasta Aparecida aparecen las mismas señales que nos hablan de la Vida, Jesús Resucitado.

Interpelados por la realidad

Es que la condición de vida de muchos abandonados, excluidos e ignorados en su miseria y dolor, contradicen este proyecto del Padre -“la vida plena”- , y nos interpelan para que asumamos un mayor compromiso con la “cultura de la vida”. El Reino de vida que Cristo inauguró es incompatible con esas situaciones inhumanas que vemos a cotidiano a nuestro alrededor. A veces para despertarnos a ese compromiso, el Resucitado aparece en la carne de los más débiles y marginados, de los desechos de la humanidad, como dice Aparecido.

Cómo discípulos estamos llamados a encontrarnos con Jesús en esos lugares, al servicio de la vida plena. Pero existen muchas contradicciones en nuestra misión al servicio de la vida y de la esperanza …fatiga, desaliento, falta de compromiso, ausencia de alegría, prejuicios, distorsión del mismo rostro del Señor, el trabajo hasta muchas veces planificado pero que se queda sin Dios. Así podemos sumar mas actitudes que nos muestran la búsqueda, las buenas intenciones, pero como fruto distan bastante de la justicia y el amor de Dios para nuestra propia vida y para generar vida en nuestro pueblo.

Llamados a la renovacion pastoral

Estamos llamados como pueblo a una renovación en la pastoralidad. Lo dice Francisco en la Evangelii Gaudium, y antes lo habían dicho los obispos Latinoamericanos en Aparecida con gran participación de Bergoglio. Las señales de la resurrección nos llevan a éste camino de renovación, en donde debemos pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera (Documento de Aparecida 365-372). Siempre estamos tentados a “conservar” lo que conocemos, a repetir lo que ya hicimos. Pero Jesús nos dice “vayan sin nada”, la fuerza está en el anuncio de la vida que será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, al estilo del Maestro. Es el Espíritu Santo, con poder, quien nos permite ir a ese lugar de renovación. Es la cercanía de su presencia, la escucha humilde y sincera que trae la gracia de reconciliación y compromiso con la justicia, y compartir con los demás el rostro real de nuestro ser discípulos. Él sigue llamando, invitando y ofreciendo una vida plena para todos.

Detenemos la mirada en María y reconocemos en ella una imagen perfecta de la discípula misionera. Ella nos exhorta a hacer lo que Jesús nos diga (Cf. Jn 2, 5) para que Él pueda derramar su vida en medio de nuestro pueblo.

Tenemos que animarnos a ser como Él, romper con nuestra comodidad para ir al territorio nuevo a donde somos invitados. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada para lanzarnos con valentía y confianza a la misión de la Iglesia. Es tiempo de ir mar adentro.

Cuando Dios no está, empezamos a descubrir que es verdad que “Sin mí no pueden hacer nada”. Que el Señor nos regale en la figura de María la actitud realmente obediente, la obediencia interior del corazón, la de la aceptación de lo que Dios nos pide en medio de las circunstancias en las que la vida nos va invitando que no siempre son tan claras. Como esa madrugada en que los discípulos venían con el fracaso de una pesca infructuosa, y se encuentran con el caminante que desde la orilla les pregunta si tienen algo. La respuesta puede ser como la de los discípulos, “no, no tenemos nada” a lo que le podemos agregar, “tengo un peregrinar cansado, estoy desalentado, no encuentro rumbo, estoy en tinieblas”, así como estás. Y desde ahí el señor te invita a lo nuevo, a dar un paso más de lo que hasta aquí has caminado. Son señales simples que dan luz al camino, que se manifiestan en la carne de Jesús, en esas periferias existenciales que nos dan identidad y nos devuelven el rostro real de nuestra condición y misión. Hacia allá vamos, te invito a que podamos ir juntos.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)
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