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domingo, 8 de mayo de 2016

Cristo nos abre el camino

Solemnidad de la Ascensión del Señor
Fiesta de Nuestra Señora de Luján
(08/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 1, 1-11.

En mi primer Libro, querido Teófilo, me referí a todo lo que hizo y enseñó Jesús, desde el comienzo, hasta el día en que subió al cielo, después de haber dado, por medio del Espíritu Santo, sus últimas instrucciones a los Apóstoles que había elegido. Después de su Pasión, Jesús se manifestó a ellos dándoles numerosas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días se les apareció y les habló del Reino de Dios. En una ocasión, mientras estaba comiendo con ellos, les recomendó que no se alejaran de Jerusalén y esperaran la promesa del Padre: "La promesa, les dijo, que yo les he anunciado. Porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días". Los que estaban reunidos le preguntaron: "Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?". El les respondió: "No les corresponde a ustedes conocer el tiempo y el momento que el Padre ha establecido con su propia autoridad. Pero recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra". Dicho esto, los Apóstoles lo vieron elevarse, y una nube lo ocultó de la vista de ellos. Como permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿por qué siguen mirando al cielo? Este Jesús que les ha sido quitado y fue elevado al cielo, vendrá de la misma manera que lo han visto partir".


Salmo 47(46), 2-3.6-9.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.


Carta a los Hebreos 9, 24-28.10,19-23.


Cristo, en efecto, no entró en un Santuario erigido por manos humanas -simple figura del auténtico Santuario- sino en el cielo, para presentarse delante de Dios en favor nuestro. Y no entró para ofrecerse así mismo muchas veces, como lo hace el Sumo Sacerdote que penetra cada año en el Santuario con una sangre que no es la suya. Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio. Y así como el destino de los hombres es morir una sola vez, después de lo cual viene el Juicio, así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, aparecerá por segunda vez, ya no en relación con el pecado, sino para salvar a los que lo esperan. Por lo tanto, hermanos, tenemos plena seguridad de que podemos entrar en el Santuario por la sangre de Jesús, siguiendo el camino nuevo y viviente que él nos abrió a través del velo del Templo, que es su carne. También tenemos un Sumo Sacerdote insigne al frente de la casa de Dios. Acerquémonos, entonces, con un corazón sincero y llenos de fe, purificados interiormente de toda mala conciencia y con el cuerpo lavado por el agua pura. Mantengamos firmemente la confesión de nuestra esperanza, porque aquel que ha hecho la promesa es fiel.


del Evangelio según San Lucas 24, 46-53.

Y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto." Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto". Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.














REFLEXIÓN: Cristo nos abre el camino

“En la casa de mi Padre hay lugar para todos; de no ser así, ya os lo habría dicho; ahora voy a prepararos ese lugar.” (Jn 14,2)... El Señor sabía que muchas de sus moradas ya estaban preparadas y esperaban la llegada de los amigos de Dios. Por esto, da otro motivo a su partida: preparar el camino para nuestra ascensión hacia estos lugares del cielo, abriendo el camino, que antes era intransitable para nosotros. Porque el cielo estaba cerrado a los hombres y nunca ningún ser creado no había penetrado en este dominio santísimo de los ángeles.

Es Cristo quien inaugura para nosotros este sendero hacia las alturas. Ofreciéndose él mismo a Dios Padre como primicia de los que duermen el sueño de la muerte, permite a la carne mortal subir al cielo. El fue el primer hombre que penetra en las moradas celestiales. Los ángeles no conocían este misterio grandioso de la entronización celeste de una criatura. Veían con estupor y admiración esta ascensión de Cristo. Casi turbados por este espectáculo desconocido, exclamaron: “¿Quién es ese que viene de Edom?” (Is 63,1), es decir, de la tierra. Pero el Espíritu no permitió que se quedaran en la ignorancia... Mandó que se abrieran las puertas ante el Rey y Señor del universo: “Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, compuertas eternas, para que haga su entrada el rey de la gloria!” (Sal 23,7)

Así, pues, Nuestro Señor Jesucristo inaugura para nosotros “este camino nuevo y vivo”, como dice San Pablo: “...ha inaugurado para nosotros un camino nuevo y vivo a través del velo de su carne” (Heb 10,20) y “Cristo no entró en un santuario construido por hombres -que no pasa de ser simple imagen del verdadero-, sino en el cielo mismo, a fin de presentarse ahora ante Dios para interceder por nosotros.” (Heb 9,24)

escrito por San Cirilo de Alejandría (380-444),
obispo y doctor de la Iglesia
Comentario sobre el evangelio de Juan, 9; PG 74,182-183
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

sábado, 7 de mayo de 2016

"Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre"

Sábado de la sexta semana de Pascua
(07/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 18, 23-28. 

Después de haber permanecido un tiempo allí, partió de nuevo y recorrió sucesivamente la región de Galacia y la Frigia, animando a todos los discípulos. Un judío llamado Apolo, originario de Alejandría, había llegado a Efeso. Era un hombre elocuente y versado en las Escrituras. Había sido iniciado en el Camino del Señor y, lleno de fervor, exponía y enseñaba con precisión lo que se refiere a Jesús, aunque no conocía otro bautismo más que el de Juan. Comenzó a hablar con decisión en la sinagoga. Después de oírlo, Priscila y Aquila lo llevaron con ellos y le explicaron más exactamente el Camino de Dios. Como él pensaba ir a Acaya, los hermanos lo alentaron, y escribieron a los discípulos para que lo recibieran de la mejor manera posible. Desde que llegó a Corinto fue de gran ayuda, por la gracia de Dios, para aquellos que habían abrazado la fe, porque refutaba vigorosamente a los judíos en público, demostrando por medio de las Escrituras que Jesús es el Mesías.


Salmo 47(46), 2-3.8-9.10.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El Señor es el Rey de toda la tierra,
cántenle un hermoso himno.
El Señor reina sobre las naciones
el Señor se sienta en su trono sagrado.

Los nobles de los pueblos se reúnen
con el pueblo del Dios de Abraham:
del Señor son los poderosos de la tierra,
y él se ha elevado inmensamente.


del Evangelio según San Juan 16, 23b-28.

Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre. Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta. Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre. Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes, ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios. Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".







REFLEXIÓN: “Pedid y recibiréis: así vuestro gozo será pleno”

Venerar y honrar a quien creemos que es el Verbo, nuestro Salvador y nuestro jefe, y por su medio al Padre, es nuestro deber, y no solamente ciertos días especiales como algunos hacen, sino continuamente, durante toda la vida, y de todas las maneras. “Siete veces al día entonaré tus alabanzas” (sl 118, 164) clama el pueblo elegido, según un precepto que lo santifica. No es, pues, en un lugar determinado, ni en un templo escogido, ni en ciertas fiestas o en días fijos, sino que durante toda la vida, en todas partes, el verdadero espiritual, honra a Dios, es decir, proclama su acción de gracias por el conocimiento de la verdadera vida.

La presencia de un hombre de bien, por el respeto que inspira, hace mejorar siempre al que se le acerca, ¡Cuánto más el hombre que está continuamente en presencia de Dios por el conocimiento, la manera de vivir y la acción de gracias, no se hará normalmente mejor cada día en todo: acciones, palabras, disposiciones!... Viviendo, pues, toda nuestra vida como una fiesta, con la certeza de que Dios está totalmente presente en todas partes, trabajamos cantando, navegamos al son de himnos, nos comportamos como “ciudadanos del cielo” (Flp 3,20).

Me atrevería a decir que la oración es una conversación íntima con Dios. Aunque musitemos suavemente y hablemos en silencio sin mover los labios, interiormente gritamos. Y Dios tiene constantemente atento el oído a esta voz interior… Sí, el verdadero espiritual ora durante toda su vida, porque orar es para él esfuerzo de unión con Dios, y rechaza todo lo que es inútil porque ha alcanzado ya el estado en que de alguna manera he recibido la perfección que consiste en actuar por amor…Toda su vida es una liturgia sagrada.

escrito por San Clemente de Alejandría (150-c. 215), teólogo
Stromates 7,7; PG 9, 450s
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

viernes, 6 de mayo de 2016

"Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo"

Viernes de la sexta semana de Pascua
(06/02/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 18, 9-18. 

Una noche, el Señor dijo a Pablo en una visión: "No temas. Sigue predicando y no te calles. Yo estoy contigo. Nadie pondrá la mano sobre ti para dañarte, porque en esta ciudad hay un pueblo numeroso que me está reservado". Pablo se radicó allí un año y medio, enseñando la Palabra de Dios. Durante el gobierno del procónsul Galión en Acaya, los judíos se confabularon contra Pablo y lo condujeron ante el tribunal, diciendo: "Este hombre induce a la gente a que adore a Dios de una manera contraria a la Ley". Pablo estaba por hablar, cuando Galión dijo a los judíos: "Si se tratara de algún crimen o de algún delito grave, sería razonable que los atendiera. Pero tratándose de discusiones sobre palabras y nombres, y sobre la Ley judía, el asunto les concierne a ustedes; yo no quiero ser juez en estas cosas". Y los hizo salir del tribunal. Entonces todos se apoderaron de Sóstenes, el jefe de la sinagoga, y lo golpearon ante el tribunal. Pero a Galión todo esto lo tuvo sin cuidado. Pablo permaneció todavía un cierto tiempo en Corinto. Después se despidió de sus hermanos y se embarcó hacia Siria en compañía de Priscila y de Aquila. En Cencreas, a raíz de un voto que había hecho, se hizo cortar el cabello.


Salmo 47(46), 2-3.4-5.6-7.

Aplaudan, todos los pueblos,
aclamen al Señor con gritos de alegría;
porque el Señor, el Altísimo, es temible,
es el soberano de toda la tierra.

El puso a los pueblos bajo nuestro yugo,
y a las naciones bajo nuestros pies;
él eligió para nosotros una herencia,
que es el orgullo de Jacob, su predilecto.

El Señor asciende entre aclamaciones,
asciende al sonido de trompetas.
Canten, canten a nuestro Dios, canten,
canten a nuestro Rey.


del Evangelio según San Juan 16, 20-23a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo." La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo. También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquél día no me harán más preguntas."












REFLEXIÓN 
“Sabemos, en efecto, que la creación entera está gimiendo con dolores de parto hasta el presente.” 
(Rm 8,22)

El apóstol Pablo...da testimonio del Hijo único que no sólo todo lo que fue hecho fue hecho por él y para él, sino que la antigua creación envejecida y caduca fue transformada por él en una nueva creación. Y así, Cristo es el primogénito de toda la creación (Co 1,15) por el evangelio anunciado a los hombres...

¿Cómo llega Cristo a ser “el primogénito de una multitud de hermanos” (Rm 8,29)?...Por nosotros se hizo uno de nosotros, participando en la condición humana para transformarnos de corruptibles en incorruptibles por el nacimiento de arriba y el agua del Espíritu Santo (Jn 3,5) Nos enseñó el camino de este nacimiento cuando bajó sobre él el Espíritu Santo en el momento del bautismo. Así es el primogénito de todos aquellos que espiritualmente han renacido por el agua y el Espíritu Santo y son llamados hermanos.

Habiendo depositado en nuestra naturaleza el poder de la resurrección de los muertos, Cristo se convierte en primicia de aquellos que duermen el sueño de la muerte y en primogénito de entre los muertos. (Col 1,18). El nos ha abierto el primero el camino de la liberación de la muerte. Por su resurrección ha destruido los lazos de la muerte que nos tenían cautivos. Así, por esta doble regeneración, del santo bautismo y de la resurrección de entre los muertos, ha sido constituido el primogénito de la nueva creación.

Este primogénito tiene hermanos. Lo dice a María Magdalena: “Ve y di a mis hermanos: subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios.” (Jn 20,17) Por esto, el mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2,5), abriendo el paso a toda la naturaleza humana, envía a sus hermanos este mensaje y les dice: “Por las primicias que he asumido, en mí todo lo que es humano vuelve a nuestro Dios y Padre.”

San Gregorio de Nisa (c. 335-395), monje, obispo
Contra Eunomio IV; PG 45, 633-638
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

jueves, 5 de mayo de 2016

"Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver"

Jueves de la sexta semana de Pascua
(05/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 18, 1-8. 

Pablo dejó Atenas y fue a Corinto. Allí encontró a un judío llamado Aquila, originario del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer Priscila, a raíz de un edicto de Claudio que obligaba a todos los judíos a salir de Roma. Pablo fue a verlos, y como ejercía el mismo oficio, se alojó en su casa y trabajaba con ellos haciendo tiendas de campaña. Todos los sábados, Pablo discutía en la sinagoga y trataba de persuadir tanto a los judíos como a los paganos. Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedicó por entero a la predicación de la Palabra, dando testimonio a los judíos de que Jesús es el Mesías. Pero como ellos lo contradecían y lo injuriaban, sacudió su manto en señal de protesta, diciendo: "Que la sangre de ustedes caiga sobre sus cabezas. Yo soy inocente de eso; en adelante me dedicaré a los paganos". Entonces, alejándose de allí, fue a lo de un tal Ticio Justo, uno de los que adoraban a Dios y cuya casa lindaba con la sinagoga. Crispo, el jefe de la sinagoga, creyó en el Señor, junto con toda su familia. También muchos habitantes de Corinto, que habían escuchado a Pablo, abrazaron la fe y se hicieron bautizar.


Salmo 98(97), 1.2-3ab.3cd-4.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.


del Evangelio según San Juan 16, 16-20.

Jesús dijo a sus discípulos: "Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver". Entonces algunos de sus discípulos comentaban entre sí: "¿Qué significa esto que nos dice: 'Dentro de poco ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'?. ¿Y que significa: 'Yo me voy al Padre'?". Decían: "¿Qué es este poco de tiempo? No entendemos lo que quiere decir". Jesús se dio cuenta de que deseaban interrogarlo y les dijo: "Ustedes se preguntan entre sí qué significan mis palabras: 'Dentro de poco, ya no me verán, y poco después, me volverán a ver'. Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."













REFLEXIÓN

La alegría es signo y característica del cristiano/a y esto desde los inicios, cuando el ángel le dice a María “Alégrate…” (Lc 1,28) y cuando María exclama “Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra…” (Lc 1, 47ss).

Hace poco, la prensa de Cochabamba se refería al Viernes Santo como “El día más importante de los cristianos”. Hemos crecido en una religión de sufrimiento, de dolores, de sacrificios y nos han dicho que así debe ser, que así estamos imitando a Cristo, llevando nuestra cruz como Cristo ha llevado la suya y que está bien sufrir en este mundo…

Hay una parte de verdad en esto… pero debemos ser conscientes que falta lo más importante. El Viernes Santo sólo, no tiene ningún sentido, es un fracaso. Lo que le da su verdadero sentido es la Resurrección de Jesús (1Cor.15, 19-20), es la victoria sobre el mal, es la victoria sobre la muerte, es la victoria sobre el pecado, es la victoria sobre la explotación de los pobres, es la alegría de luchar y vencer con Jesús para “liberar a los oprimidos” (Lc 4,18).

También vemos como Jesús siembra felicidad y alegría a su paso: dando de comer a multitudes, sanando enfermos, resucitando muertos, liberando mentes atormentadas y cambiando corazones.

Frente al anuncio de la partida de su Maestro, los discípulos se ponen tristes, pero Jesús les dice de no poner esa cara de desesperanza, de fracaso. Más bien deben ser optimistas y contentos porque “su tristeza se convertirá en alegría” y añade que “su corazón se llenará de alegría” (Lc 16,20-22). Jesús nos pide tener un corazón de triunfadores que saben que la muerte ha sido vencida, y comunicar y vivir “..de una alegría que nadie nos podrá quitar” (Lc 16, 22).

Es decir, vivir convencidos que lo central del mensaje de Jesús es vivir ese amor tan grande que vence todo, que triunfa sobre todo, que triunfa sobre la muerte. Donde hay amor, hay felicidad, hay alegría. “Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa” (Jn 15,11) Como cristianas y cristianos amados por Dios, debemos reflejar ese amor, luchar con alegría para que haya más justicia y felicidad.

Es cierto que tenemos motivos para estar tristes: nuestra tibieza e indiferencia por haber olvidado ser “sal y luz del mundo”, una estructura eclesiástica de poder más que de servicio como quería Jesús (Mt 20,28), los escándalos de ciertos sacerdotes y jerarcas que son motivo de escándalo para el pueblo, y otros.

Pero, con la convicción que el Amor va a triunfar, estemos siempre confiados y alegres, sabiendo que una sonrisa trae alegría, que la Esperanza trae y es alegría, que el Amor trae y es alegría, que Cristo es Amor y nos trae la Alegría que nunca termina.

La semana pasada, Luis F. Lira, al comentar sobre el amor, termina con una hermosa cita de Gabriela Mistral sobre “..la inmensa alegría de servir”. Esto debe ser una característica de todo cristiano. El Padre Hurtado nos dice “La vida no es triste sino alegre. El fin de nuestra vida no es la muerte, sino la vida” y nos alienta a: “Crear siempre alegría a nuestro alrededor. Llenar de sol la vida de los demás”. Tomemos ejemplo de los primeros cristianos que “se reunían en las casas, partían el pan y comían juntos con alegría..” (Hechos 2,46). Alegría en la Eucaristía: que hermoso!

Donde hay amor hay felicidad, donde hay felicidad hay alegría. Vivamos regalando sonrisas, irradiando amor y luchando para que todas y todos puedan gozar, en esta tierra, de la “Buena Noticia” que nos trae Jesús.

escrito por Diego Laneuville
(fuente: www.caminandojuntos.cl)

miércoles, 4 de mayo de 2016

"Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad"

Miércoles de la sexta semana de Pascua
(04/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 17, 15.22-34.18,1. 

Los que acompañaban a Pablo lo condujeron hasta Atenas, y luego volvieron con la orden de que Silas y Timoteo se reunieran con él lo más pronto posible. Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: 'Al dios desconocido'. Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas. El hizo salir de un solo principio a todo el género humano para que habite sobre toda la tierra, y señaló de antemano a cada pueblo sus épocas y sus fronteras, para que ellos busquen a Dios, aunque sea a tientas, y puedan encontrarlo. Porque en realidad, él no está lejos de cada uno de nosotros. En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: 'Nosotros somos también de su raza'. Y si nosotros somos de la raza de Dios, no debemos creer que la divinidad es semejante al oro, la plata o la piedra, trabajados por el arte y el genio del hombre. Pero ha llegado el momento en que Dios, pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan. Porque él ha establecido un día para juzgar al universo con justicia, por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos". Al oír las palabras "resurrección de los muertos", unos se burlaban y otros decían: "Otro día te oiremos hablar sobre esto". Así fue cómo Pablo se alejó de ellos. Sin embargo, algunos lo siguieron y abrazaron la fe. Entre ellos, estaban Dionisio el Areopagita, una mujer llamada Dámaris y algunos otros. Después de esto, Pablo dejó Atenas y fue a Corinto.


Salmo 148(147), 1-2.11-12.14.

¡Aleluya!
Alaben al Señor desde el cielo,
alábenlo en las alturas;
alábenlo, todos sus ángeles,
alábenlo, todos sus ejércitos.

Los reyes de la tierra y todas las naciones,
los príncipes y los gobernantes de la tierra;
los ancianos, los jóvenes y los niños
y él exalta la fuerza de su pueblo.

¡A él, la alabanza de todos sus fieles,
y de Israel, el pueblo de sus amigos!
¡Aleluya!


del Evangelio según San Juan 16, 12-15.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."




















REFLEXIÓN

El Espíritu Santo es el que va configurando en nuestro ser el rostro real de lo que estamos llamados a ser. Él es el dulce huésped del alma. Nos enseña a clamar “Abbá” y así se comporta como una madre que enseña a su niño, a decir papá.


Como una madre que educa y acompaña

Dios vela por nosotros como cuando nuestras madres nos han cuidado cuando estuvimos enfermos o lo necesitamos. Desde su cuidado hace que aún los momentos de mayor dolor se conviertan en lugar de manifestación de su amor. Que el abrazo y la ternura de Dios te envuelvan en este día revelándote su rostro materno.

El Espíritu Santo viene a revelarnos la presencia femenina materna de Dios que educa y pedagógicamente acompaña a su pueblo. El Espíritu Santo tiene la característica de ser misterio de bondad, de suavidad, de condescendencia, de cercanía de Dios y también misterio de quietud y de serenidad. El Papas Inocencio III en su pontificado exclamaba: “que dulce es éste Espíritu y que agradable y suave. Solo lo conoce quien lo ha saboreado. Es como miel al paladar”. Así es la experiencia de estar vinculado al Espíritu Santo. En la lengua semita espíritu es un nombre femenino lo cual ha hecho que en ciertos ambientes se desarrolle una rica doctrina del Espíritu como madre que educa y que acompaña.

Lugares, personas, espacios y circunstancias donde la maternidad de Dios se hizo presente, en la ternura, el abrazo que se hizo contenedor. De eso se trata la Catequesis de hoy.

Cuando en el pecado nos apartamos de Dios el Padre también nos apartamos de ésta benigna madre, dice un texto antiguo. Nos perdemos del dulce y adorable hermano: Jesús. El Espíritu nos enseña a clamar “Abbá” y así se comporta como una madre que enseña a su niño, a decir papá. El Espíritu mueve nuestro corazón a decir papá hasta lograr que repitamos éste nombre para llamar al Padre. La madre busca identificarlo con ese Padre que trae certezas y seguridad.

Esta tal vez sea una de la verdades más hondas y más profundas que nos acerca la realidad del Espíritu en la búsqueda de su presencia en nuestra vida o en el anhelo de que se manifieste desde ese lugar de interioridad donde habita en nosotros con mayor plenitud para alcanzar lo que Jesús nos invita a alcanzar en éste tiempo, la transformación de la propia vida y ser partícipes con El de la transformación del mundo. A partir del reconocimiento de la paternidad de un Dios que nos hermana. Ésta presencia de Padre, es el Espíritu quien nos lo enseña. Más allá de nuestro límite nos pone en sintonía con Él.

Sólo por ésta intima presencia del Espíritu en el corazón, solo por la Gracia de ésta intima, dulce, saludable, cercana presencia materna femenina, presencia del Espíritu Santo nosotros podemos de verdad ser transformados y participes de la transformación por su Gracia en el mundo.


Los gemidos del Espíritu

Nosotros como Radio María nos hacemos eco a éstos gemidos y con nuestros Sí queremos ir a donde Dios nos quiera conducir.

Son gemidos maternos los que aparecen en todo corazón y experimentamos como un parto hasta que aparezca lo nuevo que estamos esperando. Somos peregrinos en búsqueda de nuevos horizontes, por eso anhelamos y gemimos lo que todavía no hemos alcanzando. Todos nosotros de alguna manera nos vamos pariendo en la vida, nos vamos dando a luz, participando de ese crecimiento. Desarrollo. A veces lo hacemos más conscientemente otras veces mas inconscientemente. Es el Espíritu que viene a mostrarnos que esas “perdidas” se hacen ganancia cuando las vivimos en Dios.

El Espíritu en el viento hace escuchar su voz, como un susurro con el que Dios se manifiesta amando aún en medio de la oscuridad.

¿Donde sentís que la vida en su parirse está clamando por esta presencia que anhela, espera, desea desde hace tiempo? A ese lugar le pedimos que venga el Espíritu con sus gemidos. Allí donde se va pasando de una etapa a otra de la vida. Allí donde se deja de ser adolescente para ser joven, de joven a adulto, donde la vida adulta se hace vida de la tercera edad, donde la tercera edad se abre a la eternidad muchas personas tienen conciencia de que en la tercera edad se están abriendo al cielo como el último parto. Mamerto Menapace habla de dos partos. Por un lado lloramos mientras uno se va para que él yéndose se alegre del abrazo de la eternidad. Al revés de lo que ocurre cuando en el primer parto de la vida unos lo reciben al que viene con el gozo y alegría de su nacimiento mientras el llora por dejar el placentero seno materno.

Así también en la vida toda hay un parto que va desde el primer nacimiento al último nacimiento a la eternidad en continuos estar naciendo nuestros. Son los tiempos de crisis, tiempos duros y difíciles de tránsito de etapas en etapas, de momentos en momentos, de escenarios en escenarios donde se siente éste parirse. Que el Espíritu venga para que ese parto sea en Dios. Pensá sencillamente donde el Espíritu viene a gemir en tu vida en éste tiempo. Son los momentos donde las promesas de Dios pueden llevarse a su plenitud porque Dios en ese natural proceso de estar dándonos a luz participa para configurarlo según su propio proyecto.

Desde el primer parto cuando nacemos al último parto cuando aparecemos en la eternidad en el medio un montón de parimientos, de crecimientos, madureces nuestras que a través del Espíritu toman el rostro del proyecto de Dios en nuestra vida.


Clamamos desde lo mas íntimo

Cuando nosotros decimos clamar por la presencia del Espíritu en aquellos lugares donde la vida se va dando a luz en su crecimiento y desarrollo hablamos de una presencia de intimidad. Ruah como inspiración, soplo significa, lo más íntimo, lo más secreto que hay en nosotros y en Dios, lo más íntimo y secreto que hay también en nosotros, principio vital. Es un principio vital donde está en el alma, donde Dios vive. En éste sentido está escrito que nadie conoce lo íntimo, como dice 1 Corintios 2,2, a no ser el mismo Espíritu.

Al prometer el Espíritu Santo Jesús ha dicho el Espíritu vive y está en ustedes, “Él les enseñará todo”. Para encontrar el camino hay que vincularse con este Espíritu que está en lo más intimo del ser, pero que lejos de encerrarnos nos saca para afuera. Un soplo suave y profundo, íntimo y de gran apertura. Ese mismo Espíritu va configurando en nuestro ser el rostro real de lo que estamos llamados a ser mientas vamos siendo. Él es el dulce huésped del alma, colabora para que su hospedarse en nosotros sea un poder estar en Él. No es un ocupa, sino un huésped que crea clima y mejora el ambiente.

Es la experiencia de los discípulos de Emaús con Jesús “quedate con nosotros porque se hace tarde”. Así es este hospedado en casa, el dulce huésped del alma, cuando se manifiesta en su estar en nosotros nos damos cuenta que sólo queremos que Él se haga cada vez más presente.

Cuando hablamos de una experiencia íntima no hablamos de intimismo. Y cuando hablamos de centralidad interior, del Ruah que clama en nosotros al ritmo propio de lo vital que aparece muriendo para vivir y el Espíritu acompañando con un gemir más ondo, no hablamos de una clausura en sí mismo. No hay una “autoreferencialidad” diría Francisco, sino una intimidad de parto que nos hace salir de nosotros mismos. Es un Espíritu íntimo de éxodo, de ir hacia adelante. Un Espíritu que encuentra en la carne del servicio el rostro de complementariedad. Es íntimo y es de salida y por eso es un espíritu en esperanzas y en sueños de una sociedad distinta.

El Espíritu que íntimamente clama por lo nuevo por llegar nos llena de calidez en la espera. Es esa calidez que brota de la experiencia de lo íntimo que no es el intimismo que encierra, atrapa, que miente y que lejos de hacerse difusivo en su expresión se hace implosivo en su manifestación.

Apenas los discípulos recibieron al Espíritu Santo ellos salieron a anunciar, hablaron a la multitud reunida sobre el misterio central de Jesús, su muerte y su resurrección.

Hay ciertas corrientes espirituales escapistas lejanas a la experiencia de la encarnación de Jesús que nos conducen al encierro. Es una espiritualidad autoreferencial, sumamente criticada y desnudada en su mentira por Francisco cuando habla de la “mundanidad espiritual”.

Llamados a pasar de la intimidad de lo íntimo del Espíritu como lugar de calidez a la apertura. Este Espíritu que nos alienta nos hace salir y encontrarnos con lo que nos espera. El Espíritu Santo siempre nos impulsa a salir mucho más allá de nosotros mismos.

El Señor se queda con nosotros cuando nos dice “yo no los dejaré huérfanos, les enviaré el Espíritu”. Se queda con nosotros y en el Espíritu nos guía y acompaña en ese parir que es la vida y gime con nosotros nuestros partos hasta que alcanzamos la luz que es promesa de Dios. Es desde dentro donde está este clamor. El Espíritu de Dios busca expresarse y comunicarse hacia fuera.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

lunes, 2 de mayo de 2016

"el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí"

Lunes de la sexta semana de Pascua
(02/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 16, 11-15. 

En aquellos días, nos embarcamos en Tróade y fuimos derecho a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. De allí fuimos a Filipos, ciudad importante de esta región de Macedonia y colonia romana. Pasamos algunos días en esta ciudad, y el sábado nos dirigimos a las afueras de la misma, a un lugar que estaba a orillas del río, donde se acostumbraba a hacer oración. Nos sentamos y dirigimos la palabra a las mujeres que se habían reunido allí. Había entre ellas una, llamada Lidia, negociante en púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios. El Señor le tocó el corazón para que aceptara las palabras de Pablo. Después de bautizarse, junto con su familia, nos pidió: "Si ustedes consideran que he creído verdaderamente en el Señor, vengan a alojarse en mi casa"; y nos obligó a hacerlo.


Salmo 149(148), 1-2.3-4.5-6a.9b.

Canten al Señor un canto nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que Israel se alegre por su Creador
y los hijos de Sión se regocijen por su Rey.

Celebren su Nombre con danzas,
cántenle con el tambor y la cítara,
porque el Señor tiene predilección por su pueblo
y corona con el triunfo a los humildes.

Que los fieles se alegren por su gloria
y canten jubilosos en sus fiestas.
Glorifiquen a Dios con sus gargantas;
ésta es la victoria de todos sus fieles.


del Evangelio según San Juan 15, 26-27.16,1-4a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. Les he dicho esto para que no se escandalicen. Serán echados de las sinagogas, más aún, llegará la hora en que los mismos que les den muerte pensarán que tributan culto a Dios. Y los tratarán así porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Les he advertido esto para que cuando llegue esa hora, recuerden que ya lo había dicho.»






REFLEXIÓN: El Espíritu Santo nos sostiene en el testimonio

La llegada del Espíritu Santo, es para sostener en el testimonio. Dice Jesús: “Cuando venga el Paráclito, el Espíritu Santo, el Espíritu de verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí, ustedes también darán testimonio de mí”. El Señor nos invita a renovar nuestra confianza en la fuerza del Espíritu, que como dice Pablo, es el que nos conduce, nos guía, el que va en nosotros como en una vasija de barro, este tesoro maravilloso, que opera y actúa con el poder del Dios en nuestra debilidad, la gracia del espíritu.

Dios nos regala esta manifestación testimonial del Espíritu Santo, a los que se abren a su moción interior con obediencia. “Nosotros somos testigo de estas cosas y también el Espíritu Santo, que da Dios a los que obedecen” (Hch 5,32). Obediencia a las mociones que es fidelidad al testimonio de lo que se ha participado, es decir de lo que experimentamos como presencia suya, el que pasa y nos toca, y que al tocarnos nos unge. La manifestación del Espíritu Santo nace entonces de una experiencia que es en la obediencia.

¿Cuál es esa experiencia por la que hay que dejarse llevar en Espíritu de obediencia?. “Si me aman y guardan mis mandamientos yo pediré al Padre y Él les enviará otro Paráclito” Jn 14,14. ¿Dónde se juega el escenario de un amor ofrecido a Dios en obediencia? ¿En qué escenario tuyo el Señor te envía en el servicio para que allí se vaya amasando interiormente la posibilidad para que venga y actúe con poder el Espíritu Santo?.

Es dejarse llevar entonces por la fuerza transformante del amor, es obediencia en la caridad. Es obediencia a lo único que Jesús manda a lo largo de todo el evangelio: a que nos amemos, no hay otro mandato. Es un mandato de liberación, no de esclavitud, es un mandato de transformación, es un mandato que libera, transforma y cambia la vida. Allí se sintetiza todo el mensaje de Jesús, en el amor fraterno: Ámense unos a otro como Yo los he amado, nadie tiene amor más grande que el da la vida por los hermanos.

El mandato de Jesús es que el corazón se disponga para la venida del Espíritu Santo, el que lleva a término lo que el Señor nos indica como camino, amar hasta dar la vida.

El amor transformará el mundo

Cuando Jesús manda a amar y dispone el corazón en este sentido, crea en nosotros el deseo profundo de que ese amor acontezca y el Espíritu Santo viene a nuestro corazón para que el amor se haga realidad. Decía Martín Luther King “el amor es la única fuerza capaz de transformar a un enemigo en amigo”. Sólo esto es posible a través del Espíritu Santo que une lo diverso.

El testimonio de los perseguidos y de Esteban en particular, hace que Pablo pase de perseguidor a seguir de Jesús “quién podrá apartarnos del amor de Cristo. Ni la tribulación, ni la angustia, ni la persecución, ni el hambre, ni la desnudez, ni los peligros, ni la espada. En todo salimos vencedores gracias a aquel que nos amo”. En todo salimos vencedores gracias a que Dios nos amó. Es sólo el amor el que nos unifica interiormente y nos pone en comunión plena con Dios. Pedimos la fuerza del Espíritu Santo para que se lleve a término lo soñado por Dios para nosotros: un amor capaz de incluir a los enemigos.

La fuerza que el espíritu de Jesús, el paráclito, el que El nos envía para que no quedemos huérfanos, para que no quedemos abandonados, para que no quedemos al margen del camino, es el único capaz de sostenernos en el medio de lucha, particularmente en el medio de la adversidad y muy en particular en el medio de la persecución. Nos aprietan por todas partes, dice el apóstol Pablo, pero en todas vencemos gracias a aquel que sostiene nuestro peregrinar, sostiene nuestro andar. ¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios?.

No hay forma de transformación del mundo sino es amando y amándolo. La fuerza del amor es la que transforma. La fuerza del amor es la que queda, la que permanece, todo lo demás pasa, todo se muda decía Santa Teresa, todo pasa y por eso hay que saber esperar en Dios, la paciencia todo lo puede, la paciencia todo lo alcanza.

Quién a Dios tiene, nada le falta, solo Dios queda, solo Dios basta y este Dios que queda, este Dios que basta, este Dios que no pasa, este Dios al que esperamos y este Dios que viene, este Señor que está en medio de nosotros, que le da verdadero sustento a nuestra vida, solidez y cimiento, es el Dios del amor y el que nos invita a amar, a amar sin medida.

La medida del amor, decía San Agustín, es amar sin medida, no hay medida para el amor. En este sentido, somos llamados en este tiempo de preparación a la manifestación del Espíritu Santo a renovar nuestro deseo de amar a todos y sin distinciones. Hay fuerzas que atentan contra este amor, como lo es la autoreferencia, el miedo, el egoísmo. Queremos en el Espíritu renovarnos desde el mandato de Jesús: a amar hasta dar la vida. El Espíritu viene en nuestra ayuda.

Para poder entrar en esta dinámica del amor que cambia y transforma debemos salir de la cultura de la queja lastimera, para ingresar en el mundo concreto tal como existe, no con ángeles sino con hombres de carne y hueso. No con seres perfectos, sino con pecadores, indiscretos, con feos y con lindos, con fracasados y con quejosos, en el mundo tal cual es y no como yo quisiera que fuera, soy invitado a poner lo mejor de mi, guiados por una fuerza de amor que llevo dentro mío como un tesoro escondido en esta vasija de barro que soy.

Si me animo a vivir en esta clave podré decir junto al apóstol Pablo, todo lo puedo en aquél que me conforta. Quisiera amar este mundo cambiado, pero la cosa es al revés, debemos amarlo para que cambie. Pero esto se da solo si tenemos confianza en la transformación que provoca la fuerza del amor.

Algo parecido al amor de Dios que de la nada hace nacer las cosas, a ese estilo estamos llamado nosotros a llamar a la existencia, al mundo nuevo por la misma fuerza del amor con la que Dios dice hágase y todo viene a la vida por esa palabra creadora. El amor es así, es creador de novedad. Un hombre nuevo nace a partir de una experiencia de amor que transforma su propia vida, que le permite desde ese lugar cambiarlo.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

domingo, 1 de mayo de 2016

"El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él"

Sexto domingo de Pascua
(01/05/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 15, 1-2.22-29. 

Algunas personas venidas de Judea enseñaban a los hermanos que si no se hacían circuncidar según el rito establecido por Moisés, no podían salvarse. A raíz de esto, se produjo una agitación: Pablo y Bernabé discutieron vivamente con ellos, y por fin, se decidió que ambos, junto con algunos otros, subieran a Jerusalén para tratar esta cuestión con los Apóstoles y los presbíteros. Entonces los Apóstoles, los presbíteros y la Iglesia entera, decidieron elegir a algunos de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé. Eligieron a Judas, llamado Barsabás, y a Silas, hombres eminentes entre los hermanos, y les encomendaron llevar la siguiente carta: "Los Apóstoles y los presbíteros saludamos fraternalmente a los hermanos de origen pagano, que están en Antioquía, en Siria y en Cilicia. Habiéndonos enterado de que algunos de los nuestros, sin mandato de nuestra parte, han sembrado entre ustedes la inquietud y provocado el desconcierto, hemos decidido de común acuerdo elegir a unos delegados y enviárselos junto con nuestros queridos Bernabé y Pablo, los cuales han consagrado su vida al nombre de nuestro Señor Jesucristo. Por eso les enviamos a Judas y a Silas, quienes les transmitirán de viva voz este mismo mensaje. El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables, a saber: que se abstengan de la carne inmolada a los ídolos, de la sangre, de la carne de animales muertos sin desangrar y de las uniones ilegales. Harán bien en cumplir todo esto. Adiós".


Salmo 67(66), 2-3.5.6.8.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
haga brillar su rostro sobre nosotros,
para que en la tierra se reconozca su dominio,
y su victoria entre las naciones.

Que canten de alegría las naciones,
porque gobiernas a los pueblos con justicia
y guías a las naciones de la tierra.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,
que todos los pueblos te den gracias!
Que Dios nos bendiga,
y lo teman todos los confines de la tierra.


Apocalipsis 21, 10-14.22-23.

Me llevó en espíritu a una montaña de enorme altura, y me mostró la Ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios. La gloria de Dios estaba en ella y resplandecía como la más preciosa de las perlas, como una piedra de jaspe cristalino. Estaba rodeada por una muralla de gran altura que tenía doce puertas: sobre ellas había doce ángeles y estaban escritos los nombres de las doce tribus de Israel. Tres puertas miraban al este, otras tres al norte, tres al sur, y tres al oeste. La muralla de la Ciudad se asentaba sobre doce cimientos, y cada uno de ellos tenía el nombre de uno de los doce Apóstoles del Cordero. No vi ningún templo en la Ciudad, porque su Templo es el Señor Dios todopoderoso y el Cordero. Y la Ciudad no necesita la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero.


del Evangelio según San Juan 14, 23-29.

Jesús le respondió: "El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho.» Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡ No se inquieten ni teman ! Me han oído decir: 'Me voy y volveré a ustedes'. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.












REFLEXIÓN: “Vendremos a él y haremos morada en él”

“El Padre y yo, decía el Hijo, vendremos a él, es decir, en el hombre que es santo, y vendremos a morar en él”. Y yo creo que el profeta no se ha referido a otro cielo cuando ha dicho: “Tú que habitas en los santos, tú la gloria de Israel” (Sl 24 Vulg). Y el apóstol Pablo dice claramente: “Por la fe, Cristo habita en nuestros corazones” (Ef 3,17). No es de extrañar, pues, que Cristo se complazca en habitar en este cielo. Puesto que, si para crear el cielo invisible sólo tuvo necesidad de su palabra, tuvo que luchar para adquirir el otro cielo, y murió para rescatarlo. Por eso, después de todos estos trabajos, habiendo realizado su deseo, dice: “Esta es mi mansión por siempre, aquí viviré, porque la deseo” (sl 131,14)…

Ahora “¿por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?” (sl 41,6). ¿Piensas encontrar en ti un lugar para el Señor? ¿Qué lugar hay en nosotros que sea digno de tan gran gloria? ¿Qué lugar sería digno para recibir su majestad? ¿Acaso sólo puedo adorarlo en el lugar en que sus pasos se detuvieron? ¿Quién me concederá, al menos, poder seguir las huellas de un alma santa “que él se escogió como heredad”? (sl 32,12)

Que se digne derramar en mi alma el ungüento de su misericordia, de tal manera que también yo sea capaz de decir: “Correré por el camino de tus mandatos cuando me ensanches el corazón” (sal 118,32). ¿Acaso podré, yo también, mostrar en mi “una gran sala bien preparada, en la que pueda comer con sus discípulos? (Mc 14,15) o por lo menos “un lugar donde reclinar la cabeza”(Mc 8,20).

escrito por San Bernardo (1091-1153),
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 27, 8-10
(fuente: www.evangelio.org)
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