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sábado, 22 de agosto de 2015

"Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros"

Sábado de la vigésima semana del tiempo ordinario
(22/08/2015)

Libro de Rut 2, 1-3.8-11.4,13-17.

Noemí tenía, por parte de su esposo, un pariente muy rico llamado Booz, de la familia de Elimélec. Rut, la moabita, dijo una vez a Noemí: "Déjame ir a recoger espigas al campo, detrás de alguien que me haga ese favor". "Puedes ir, hija mía", le respondió ella. Entonces Rut se puso a recoger espigas en el campo, detrás de los que cosechaban, y tuvo la suerte de hacerlo en una parcela perteneciente a Booz, el de la familia de Elimélec. Entonces Booz dijo a Rut: "¡Oyeme bien, hija mía! No vayas a recoger espigas a otro campo ni te alejes para nada de aquí; quédate junto a mis servidores. Fíjate en qué terreno cosechan y ve detrás de ellos. Ya di orden a mis servidores para que no te molesten. Si tienes sed, ve a beber en los cántaros el agua que ellos saquen". Rut se postró con el rostro en tierra y exclamó: "¿Por qué te he caído en gracia para que te fijes en mí, si no soy más que una extranjera?". Booz le respondió: "Me han contado muy bien todo lo que hiciste por tu suegra después que murió tu marido, y cómo has dejado a tu padre, a tu madre y tu tierra natal, para venir a un pueblo desconocido. Booz se casó con Rut y se unió a ella. El Señor hizo que ella concibiera y diera a luz un hijo. Entonces las mujeres dijeron a Noemí: "¡Bendito sea el Señor, que hoy no te deja faltar quien responda por ti! Su nombre será proclamado en Israel. El te reconfortará y será tu apoyo en la vejez, porque te lo ha engendrado tu nuera que te quiere tanto y que vale para ti más que siete hijos". Noemí tomó al niño, lo puso sobre su regazo y se encargó de criarlo. Las vecinas le dieron su nombre, diciendo: "Le ha nacido un hijo a Noemí", y lo llamaron Obed. Este fue el padre de Jesé, el padre de David.


Salmo 128(127), 1-2.3.4.5.

¡Feliz el que teme al Señor
y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien.

Tu esposa será como una vid fecunda
en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo
alrededor de tu mesa.

¡Así será bendecido
el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida:
que contemples la paz de Jerusalén.


del Evangelio según San Mateo 23, 1-12.

Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: "Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado".





REFLEXIÓN

“El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”

Si uno es pecador, no es humildad reconocerlo. Existe sin embargo humildad cuando quien tiene conciencia de haber realizado grandes cosas no por ello concibe una alta idea de sí mismo; cuando se parece a san Pablo hasta el punto de poder decir: “Mi conciencia nada me reprocha” (1 Co 4,4), o: “Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y el primero soy yo” (1 Tm 1,15). En esto consiste la humildad: a pesar de la grandeza de nuestros actos, estimarnos en poco en nuestro espíritu.

Sin embargo Dios, por razón de su inefable amor a los hombres, no sólo acepta al que se humilla de esta manera, sino también a los que confiesan francamente sus faltas, y se muestra favorable y benévolo con los que tienen tal disposición. Para que te des cuenta de lo bueno que es no tener una alta idea de sí mismo, represéntate dos carros. Engancha a uno la virtud y el orgullo, al otro el pecado y la humildad. Verás que el tiro del pecado adelanta al de la virtud, no precisamente por su propio poder, sino por la fuerza de la humildad que le acompaña, y aquella se queda atrás no por la debilidad de la virtud, sino por el peso y la enormidad del orgullo.

escrito por San Juan Crisóstomo (c. 345-407), 
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, 
doctor de la Iglesia 
Sobre la naturaleza incomprensible de Dios 5, 6-7 ; PG 48, 745
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

viernes, 21 de agosto de 2015

Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?

Viernes de la vigésima semana del tiempo ordinario
(21/08/2015)

Libro de Rut 1, 1.3-6.14b-16.22.

Durante el tiempo de los Jueces hubo una gran sequía en el país, y un hombre de Belén de Judá emigró a los campos de Moab, con su mujer y sus dos hijos. Al morir Elimélec, el esposo de Noemí, ella se quedó con sus hijos. Estos se casaron con mujeres moabitas - una se llamaba Orpá y la otra Rut - y así vivieron unos diez años. Pero también murieron Majlón y Quilión, y Noemí se quedó sola, sin hijos y sin esposo. Entonces se decidió a volver junto con sus nueras, abandonando los campos de Moab, porque se enteró de que el Señor había visitado a su pueblo y le había proporcionado alimento. Ellas volvieron a prorrumpir en sollozos, pero al fin Orpá despidió a su suegra con un beso, mientras que Rut se quedó a su lado. Noemí le dijo: "Mira, tu cuñada regresa a su pueblo y a sus dioses; regresa tú también con ella". Pero Rut le respondió: "No insistas en que te abandone y me vuelva, porque yo iré adonde tú vayas y viviré donde tú vivas. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Así regresó Noemí con su nuera, la moabita Rut, la que había venido de los campos de Moab. Cuando llegaron a Belén, comenzaba la cosecha de la cebada.


Salmo 146(145), 5-6.7.8-9a.9bc-10.

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob
y pone su esperanza en el Señor, su Dios:
él hizo el cielo y la tierra,
el mar y todo lo que hay en ellos.

Él mantiene su fidelidad para siempre,
hace justicia a los oprimidos
y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos,
abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados
el Señor ama a los justos.

El Señor protege a los extranjeros
y sustenta al huérfano y a la viuda;
y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones.


del Evangelio según San Mateo 22, 34-40.

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".






REFLEXIÓN

“Este es el primer mandamiento y el más importante.” (Mt 22,38)

Hemos recibido el precepto de amar al prójimo como a nosotros mismos. Pero Dios ¿no nos ha dado también una disposición natural para cumplirlo?... No hay nada más conforme a nuestra naturaleza que vivir unidos, buscarnos mutuamente y amar a nuestros semejantes. El Señor pide, pues, los frutos de la semilla que ya había puesto en nuestro interior, cuando dice: “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros.” (Jn 13,34)

Con el fin de animar nuestro corazón a cumplir este precepto, no ha querido que se viera el distintivo de sus discípulos en prodigios u obras extraordinarias, aunque ellos recibieran el poder de realizarlos por el don del Espíritu Santo. Al contrario, dice: “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.” (Jn 13,35) Une los dos mandamientos de tal manera que considera que la buena obra que se hace al prójimo es como si se la hiciera a él. “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber...Os aseguro que cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.” (cf Mt 25,35-40)

La observancia del primer mandamiento encierra también la observancia del segundo y por el segundo vuelve al primero. Aquel que ama a Dios amará, por consiguiente, a su prójimo: “El que me ama, se mantendrá fiel a mis palabras.” (Jn 14,23) “Mi mandamiento es éste: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado.” (Jn 15,12) Os lo repito: quien ama a su prójimo cumple con su deber de amar a Dios, porque Dios considera este amor como referido a él.

escrito por San Basilio (c. 330-379), 
monje y obispo de Cesárea en Capadocia, 
doctor de la Iglesia Grandes Reglas, 3
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

jueves, 20 de agosto de 2015

'Mi banquete está preparado'

Jueves de la vigésima semana del tiempo ordinario
(20/08/2015)

Libro de los Jueces 11, 29-39a.

El espíritu del Señor descendió sobre Jefté, y este recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad y desde allí avanzó hasta el país de los amonitas. Entonces hizo al Señor el siguiente voto: "Si entregas a los amonitas en mis manos, el primero que salga de la puerta de mi casa a recibirme, cuando yo vuelva victorioso, pertenecerá al Señor y lo ofreceré en holocausto". Luego atacó a los amonitas, y el Señor los entregó en sus manos. Jefté los derrotó, desde Aroer hasta cerca de Minit - eran en total veinte ciudades - y hasta Abel Queramím. Les infligió una gran derrota, y así los amonitas quedaron sometidos a los israelitas. Cuando Jefté regresó a su casa, en Mispá, le salió al encuentro su hija, bailando al son de panderetas. Era su única hija; fuera de ella, Jefté no tenía hijos ni hijas. Al verla, rasgó sus vestiduras y exclamó: "¡Hija mía, me has destrozado! ¿Tenías que ser tú la causa de mi desgracia? Yo hice una promesa al Señor, y ahora no puedo retractarme". Ella le respondió: "Padre, si has prometido algo al Señor, tienes que hacer conmigo lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos, los amonitas". Después añadió: "Sólo te pido un favor: dame un plazo de dos meses para ir por las montañas a llorar con mis amigas por no haber tenido hijos". Su padre le respondió: "Puedes hacerlo". Ella se fue a las montañas con sus amigas, y se lamentó por haber quedado virgen. Al cabo de los dos meses regresó, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho. La joven no había tenido relaciones con ningún hombre. De allí procede una costumbre, que se hizo común en Israel.


Salmo 40(39), 5.7-8a.8b-9.10.

¡Feliz el que pone en el Señor
toda su confianza,
y no se vuelve hacia los rebeldes
que se extravían tras la mentira!

Tú no quisiste víctima ni oblación;
pero me diste un oído atento;
no pediste holocaustos ni sacrificios,
entonces dije: “Aquí estoy.

«En el libro de la Ley está escrito
lo que tengo que hacer:
yo amo, Dios mío, tu voluntad,
y tu ley está en mi corazón».

Proclamé gozosamente tu justicia
en la gran asamblea;
no, no mantuve cerrados mis labios,
Tú lo sabes, Señor.


del Evangelio según San Mateo 22, 1-14.

Jesús habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'. Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos.





LECTIO DIVINA

Oración inicial: ¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor

Reflexión

• El evangelio de hoy narra la parábola del banquete que se encuentra en Mateo y en Lucas, pero con diferencias significativas, procedentes de la perspectiva de cada evangelista. El trasfondo, sin embargo, que llevó a los dos evangelistas a conservar esta parábola es el mismo. En las comunidades de los primeros cristianos, tanto de Mateo como de Lucas, seguía bien vivo el problema de la convivencia entre judíos convertidos y paganos convertidos. Los judíos tenían normas antiguas que les impedían comer con los paganos. Después de haber entrado en la comunidad cristiana, muchos judíos mantuvieron la costumbre antigua de no sentarse en la mesa con un pagano. Así, Pedro tuvo conflictos en la comunidad de Jerusalén, por haber entrado en casa de Cornelio, un pagano y haber comido con él (Hec 11,3). Este mismo problema, sin embargo, era vivido de forma diferente en las comunidades de Lucas y en las de Mateo. En las comunidades de Lucas, a pesar de las diferencias de raza, clase y género, tenían un gran ideal de compartir y de comunión (Hec 2,42; 4,32; 5,12). Por esto, en el evangelio de Lucas (Lc 14,15-24), la parábola insiste en la invitación dirigida a todos. El dueño de la fiesta, indignado con la desistencia de los primeros invitados, manda a llamar a los pobres, a los lisiados, a los ciegos, a los mancos para que participen en el banquete. Con todo, sobran sitios. Entonces, el dueño de la fiesta manda invitar a todo el mundo, hasta que se llene la casa. En el evangelio de Mateo, la primera parte de la parábola (Mt 22,1-10) tiene el mismo objetivo de Lucas. Llega a decir que el dueño de la fiesta manda entrar a “buenos y malos” (Mt 22,10). Pero al final añade otra parábola (Mt 22,11-14) sobre el traje de la fiesta, que insiste en lo que es específico de los judíos, a saber, la necesidad de pureza para poder comparecer ante Dios.

• Mateo 22,1-2: El banquete para todos. Algunos manuscritos dicen que la parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo. Esta afirmación puede así servir como llave de lectura, pues ayuda a comprender algunos puntos extraños que aparecen en la historia que Jesús cuenta. La parábola empieza así: "El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo. Envió sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero no quisieron venir”. Esta afirmación inicial evoca la esperanza más profunda: el deseo de la gente de estar con Dios para siempre. Varias veces en los evangelios se alude a esta esperanza, sugiriendo que Jesús, el hijo del Rey, es el novio que viene a preparar la boda (Mc 2,19; Apc 21,2; 19,9).

• Mateo 22,3-6: Los invitados no quisieron venir. El rey hizo unas invitaciones muy insistentes, pero los invitados no quisieron ir. “Se fueron el uno a su campo, el otro a su negocio; y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron”. En Lucas, son los cometidos de la vida cotidiana que impiden aceptar la invitación. El primero le dijo: `He comprado un campo y tengo que ir a verlo; te ruego me dispenses.' Y otro dijo: `He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas; te ruego me dispenses.' Otro dijo: `Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.” (cf. Lc 14,18-20). Dentro de las normas y las costumbres de la época, aquellas personas tenían el derecho, y hasta el deber, de no aceptar la invitación que se les hacía (cf Dt 20,5-7).

• Mateo 22,7: Una guerra incomprensible. La reacción del rey ante el rechazo, sorprende. “Se enojó el rey y, enviando sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad”. ¿Cómo entender esta reacción tan violenta? La parábola fue contada para los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo (Mt 22,1), los responsables de la nación. Muchas veces, Jesús les había hablado sobre la necesidad de conversión. Llegó a llorar sobre la ciudad de Jerusalén y a decir: "Al acercarse y ver la ciudad, lloró por ella, diciendo: “¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos. Porque vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de empalizadas, te cercarán y te apretarán por todas partes, te estrellarán contra el suelo a ti y a tus hijos que estén dentro de ti y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has conocido el tiempo de tu visita." (Lc 14,41-44). La reacción violenta del rey en la parábola se refiere probablemente a lo que aconteció de hecho según la previsión de Jesús. Cuarenta años después, fue destruida (Lc 19,41-44; 21,6;).

• Mateo 22,8-10: La invitación permanece en pie. Por tercera vez, el rey invita a la gente. Dice a los empleados: “La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos. Id, pues, a los cruces de los caminos y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda.' Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.“ Los malos que eran excluidos como impuros de la participación en el culto de los judíos, ahora son invitados, específicamente, por el rey para participar en la fiesta. En el contexto de la época, los malos eran los paganos. Ellos también son convidados para participar en la fiesta de la boda.

• Mateo 22,11-14: El traje de fiesta. Estos versos cuentan como el rey entró en la sala de fiesta y vio a alguien sin el traje de fiesta. El rey preguntó: 'Amigo, come fue que has entrado aquí sin traje de boda?' Él se quedó callado. La historia cuenta que el hombre fue atado y echado a las tinieblas. Y concluye: “Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.” Algunos estudiosos piensan que aquí se trata de una segunda parábola que fue añadida para ablandar la impresión que queda de la primera parábola donde se dice que “malos y buenos” entraron para la fiesta (Mt 22,10). Lo mismo, admitiendo que ya no es la observancia de la ley que nos trae la salvación, sino la fe en el amor gratuito de Dios, esto en nada disminuye la necesidad de la pureza de corazón como condición para poder comparecer ante Dios.

Para la reflexión personal

• ¿Cuáles son las personas que normalmente son invitadas a nuestras fiestas? ¿Por qué? ¿Cuáles son las personas que no son invitadas a nuestras fiestas? ¿Por qué?
• ¿Cuáles son los motivos que hoy limitan la participación de muchas personas en la sociedad y en la iglesia? ¿Cuáles son los motivos que ciertas personas alegan para excluirse del deber de participar en la comunidad? ¿Son motivos justos?

Oración final

Crea en mí, oh Dios, un corazón puro,
renueva en mi interior un espíritu firme;
no me rechaces lejos de tu rostro,
no retires de mí tu santo espíritu. (Sal 51,12-13)

(fuente: ocarm.org)

miércoles, 19 de agosto de 2015

'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'

Miércoles de la vigésima semana del tiempo ordinario
(19/082015)

Libro de los Jueces 9, 6-15.

Entonces se reunieron todos los señores de Siquém y todo Bet Miló, y fueron a proclamar rey a Abimélec, junto a la encina de la piedra conmemorativa que está en Siquém. Cuando le llevaron la noticia a Jotám, este se puso en la cima del monte Garizím, y gritó con voz potente: "Escúchenme, señores de Siquém, y que Dios los escuche a ustedes: Los árboles se pusieron en camino para ungir a un rey que los gobernara. Entonces dijeron al olivo: 'Sé tú nuestro rey'. Pero el olivo les respondió: '¿Voy a renunciar a mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?' Los árboles dijeron a la higuera: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'. Pero la higuera les respondió: '¿Voy a renunciar a mi dulzura y a mi sabroso fruto, para ir a mecerme por encima de los árboles?' Los árboles le dijeron a la vid: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'. Pero la vid les respondió: '¿Voy a renunciar a mi mosto que alegra a los dioses y a los hombres, para ir a mecerme por encima de los árboles?'. Entonces, todos los árboles dijeron a la zarza: 'Ven tú a reinar sobre nosotros'. Pero la zarza respondió a los árboles: 'Si de veras quieren ungirme para que reine sobre ustedes, vengan a cobijarse bajo mi sombra; de lo contrario, saldrá fuego de la zarza y consumirá los cedros del Líbano'.


Salmo 21(20), 2-3.4-5.6-7.

Señor, el rey se regocija por tu fuerza,
¡y cuánto se alegra por tu victoria!
Tú has colmado los deseos de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Porque te anticipas a bendecirlo con el éxito
y pones en su cabeza una corona de oro puro.
Te pidió larga vida y se la diste:
días que se prolongan para siempre.

Su gloria se acrecentó por tu triunfo,
tú lo revistes de esplendor y majestad;
le concedes incesantes bendiciones,
lo colmas de alegría en tu presencia.


del Evangelio según San Mateo 20, 1-16a.

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'. Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'. Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».







LECTIO DIVINA

Oración inicial: ¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

Reflexión

• El evangelio de hoy trae una parábola que encontramos sólo en Mateo. No la hay en los otros tres evangelios. Como en todas las parábolas, Jesús cuenta una historia hecha de elementos de la vida diaria de la gente. Retrata la situación social de su tiempo, en la que los oyentes se reconocían. Pero al mismo tiempo, en la historia de la parábola, acontecen cosas que nunca acontecen en la realidad de la vida de la gente. Al hablar del dueño, Jesús piensa en Dios, piensa en su Padre. Por esto, en la historia de la parábola, el dueño hizo cosas sorprendentes que no acontecen en el día a día de la vida de los oyentes. En esta actitud extraña del dueño hay que procurar encontrar la llave para comprender el mensaje de la parábola.

• Mateo 20,1-7: Las cinco veces que el propietario sale en busca de obreros. " El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña.” Así empieza la historia que habla por sí y no precisaría de ningún comentario. En lo que sigue, el propietario sale otras cuatro veces para llamar a obreros a que vayan a su viña. Jesús alude al terrible desempleo de aquella época. Algunos detalles de la historia:
(a) el dueño sale personalmente cinco veces para contratar a los obreros.
(b) En la hora de contratar a los obreros, solamente con el primer grupo decide el salario: un denario por día. Con los de la hora nona dice: Os daré lo que es justo. Con los otros no concordó nada, sólo los contrató para que fueran a trabajar en la viña.
(c) Al final del día, a la hora de hacer las cuentas con los obreros, el propietario manda que el administrador cumpla con este servicio.

• Mateo 20,8-10: La extraña manera de acertar las cuentas al final del día. Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: `Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros.' Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Empieza por los últimos y termina por los primeros’. Aquí, a la hora de hacer cuentas, acontece algo extraño que no acontece en la vida común. Parece que las cosas se han invertido. El pago empieza con los que fueron contratados por último y que trabajaron apenas una hora. El pago es el mismo para todos: un denario, como había sido combinado con los que fueron contratados al comienzo del día. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. ¿Por qué el propietario hizo esto? ¿Tú harías así? La llave de la parábola está escondida en este gesto sorprendente del propietario.

• Mateo 20,11-12: La reacción normal de los obreros ante la extraña actitud del propietario. Los últimos en recibir el salario fueron los que habían sido contratados los primeros. Estos, así dice la historia, al recibir el mismo pago, empezaron a murmurar contra el propietario, diciendo: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor!” Es la reacción normal de sentido común. Creo que todos nosotros tendríamos la misma reacción y diríamos la misma cosa al dueño. ¿O no?

• Mateo 20,13-16: La explicación sorprendente del propietario que proporciona la llave de la parábola. La respuesta del propietario es ésta: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?” Estas palabras encierran la clave que explica la actitud del propietario y apunta hacia el mensaje que Jesús quiere comunicar:
(a) El propietario no fue injusto, pues actuó de acuerdo con los que había sido combinado con el primer grupo de obreros: un denario al día.
(b) Es decisión soberana del propietario dar a los últimos lo mismo que había sido combinado con los de la primera hora. Estos no tienen derecho a reclamar.
(c) Actuando dentro de la justicia, el propietario tiene derecho a hacer el bien que quiere con las cosas que le pertenecen. El obrero, por su parte, tiene este mismo derecho.
(d) La pregunta final toca el punto central: O ¿va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?' Dios es diferente. Sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Is 55,8-9).

• El trasfondo de la parábola es la coyuntura de aquella época, la de Jesús como la de Mateo. Los obreros de la primera hora son el pueblo judío, llamado por Jesús a trabajar en su viña. Ellos sostuvieron el peso del día, desde Abrahán y Moisés, más de mil años. Ahora, en la undécima hora, Jesús llama a los paganos para que vayan a trabajar en su viña y ellos llegan a tener la preferencia en el corazón de Dios: “Así, los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos”.

Para la reflexión personal

• Los de la undécima hora llegan, se aventajan y reciben prioridad en la fila de entrada en el Reino de Dios. Cuando tú esperas dos horas en una fila y llega alguien que, sin más, se coloca delante de ti, ¿lo aceptas? ¿Es posible comparar las dos situaciones?
• La acción de Dios supera nuestros cálculos y nuestra manera humana de actuar. Sorprende y a veces incomoda. ¿Ha ocurrido a veces en tu vida? ¿Qué lección saca?

Oración final

Bondad y amor me acompañarán
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa de Yahvé
un sinfín de días. (Sal 23,6)

(fuente: ocarm.org)

martes, 18 de agosto de 2015

"es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos"

Martes de la vigésima semana del tiempo ordinario
(18/08/2015)

Libro de los Jueces 6, 11-24a.

El Angel del Señor fue a sentarse bajo la encina de Ofrá, que pertenecía a Joás de Abiézer. Su hijo Gedeón estaba moliendo trigo en el lagar, para ocultárselo a los madianitas. El Angel del Señor se le apareció y le dijo: "El Señor está contigo, valiente guerrero". "Perdón, señor, le respondió Gedeón; pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos sucede todo esto? ¿Dónde están todas esas maravillas que nos contaron nuestros padres, cuando nos decían: 'El Señor nos hizo subir de Egipto?' Pero ahora él nos ha desamparado y nos ha entregado en manos de Madián". El Señor se volvió hacia él y le dijo: "Ve, y con tu fuerza salvarás a Israel del poder de los madianitas. Soy yo el que te envío". Gedeón le respondió: "Perdón, Señor, pero ¿cómo voy a salvar yo a Israel, si mi clan es el más humilde de Manasés y yo soy el más joven en la casa de mi padre?". "Yo estaré contigo, le dijo el Señor, y tú derrotarás a Madián como si fuera un solo hombre". Entonces Gedeón respondió: "Señor, si he alcanzado tu favor, dame una señal de que eres realmente tú el que está hablando conmigo. Te ruego que no te muevas de aquí hasta que yo regrese. En seguida traeré mi ofrenda y la pondré delante de ti". El Señor le respondió: "Me quedaré hasta que vuelvas". Gedeón fue a cocinar un cabrito y preparó unos panes sin levadura con una medida de harina. Luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla; los llevó debajo de la encina y se los presentó. El Angel del Señor le dijo: "Toma la carne y los panes ácimos, deposítalos sobre esta roca y derrama sobre ellos el caldo". Así lo hizo Gedeón. Entonces el Angel del Señor tocó la carne y los panes ácimos con la punta del bastón que llevaba en la mano, y salió de la roca un fuego que los consumió. En seguida el Angel del Señor desapareció de su vista. Gedeón reconoció entonces que era el Angel del Señor, y exclamó: "¡Ay de mí, Señor, porque he visto cara a cara al Angel del Señor!". Pero el Señor le respondió: "Quédate en paz. No temas, no morirás". Gedeón erigió allí un altar al Señor y lo llamó: "El Señor es la paz". Todavía hoy se encuentra ese altar en Ofrá de Abiézer.


Salmo 85(84), 9.11-12.13-14.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:
el Señor promete la paz,
la paz para su pueblo y sus amigos,
y para los que se convierten de corazón.

El Amor y la Verdad se encontrarán,
la Justicia y la Paz se abrazarán;
la Verdad brotará de la tierra
y la Justicia mirará desde el cielo.

El mismo Señor nos dará sus bienes
y nuestra tierra producirá sus frutos.
La Justicia irá delante de él,
y la Paz, sobre la huella de sus pasos.


del Evangelio según San Mateo 19, 23-30.

Jesús dijo entonces a sus discípulos: "Les aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los Cielos. Sí, les repito, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos". Los discípulos quedaron muy sorprendidos al oír esto y dijeron: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todo es posible". Pedro, tomando la palabra, dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué nos tocará a nosotros?". Jesús les respondió: "Les aseguro que en la regeneración del mundo, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, que me han seguido, también se sentarán en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y el que a causa de mi Nombre deje casa, hermanos o hermanas, padre, madre, hijos o campos, recibirá cien veces más y obtendrá como herencia la Vida eterna. Muchos de los primeros serán los últimos, y muchos de los últimos serán los primeros.






LECTIO DIVINA

Oración inicial: ¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

Reflexión

• El evangelio de hoy es la continuación inmediata del evangelio de ayer. Trae el comentario de Jesús respecto de la reacción negativa del joven rico.

• Mateo 19,23-24: El camello y el ojo de la aguja. Después de que el joven se fuera, Jesús comenta la decisión de aquel y dice: "Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos.". Dos observaciones respecto de esta afirmación de Jesús: 1) El proverbio del camello y del ojo de la aguja se usaba para decir que una cosa era imposible, humanamente hablando. 2) La expresión “que un rico entre en el Reino” no se trata, en primer lugar de la entrada en el cielo, después de la muerte, sino de la entrada en la comunidad alrededor de Jesús. Y hasta hoy es así. Los ricos difícilmente entran y se sienten en casa en las comunidades que tratan de vivir el evangelio según las exigencias de Jesús y que tratan de abrirse a los pobres, a los migrantes y a los excluidos de la sociedad.

• Mateo 19,25-26: El espanto de los discípulos. El joven había observado los mandamientos, pero sin entender el porqué de la observancia. Algo semejante estaba aconteciendo entre los discípulos. Cuando Jesús los llamó, hicieron exactamente lo que Jesús había pedido al joven: lo dejaron todo y se fueron detrás de Jesús (Mt 4,20.22). Y sin embargo se quedaron espantados con la afirmación de Jesús sobre la casi imposibilidad que un rico tiene de entrar en el Reino de Dios. Señal de que no habían entendido bien la respuesta de Jesús al joven rico: “¡Va vende todo, dalo a los pobres y ven y sígueme!” Pues, si lo hubiesen entendido, no se hubieran quedado extrañados ante la exigencia de Jesús. Cuando la riqueza o el deseo de riqueza ocupa el corazón y la mirada no consigue percibir el sentido de la vida y del evangelio. ¡Sólo Dios puede ayudar! " Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible."

• Mateo 19,27: La pregunta de Pedro. El trasfondo de la incomprensión de los discípulos despunta en la pregunta de Pedro: “Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido. ¿Qué recibiremos, pues?” A pesar de la generosidad tan bonita del abandono de todo, mantenían la anterior mentalidad. Abandonaron todo para recibir algo en cambio. No habían entendido aún el sentido del servicio y de la gratuidad.

• Mateo 19,28-30: La respuesta de Jesús: "Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o campos por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros.". En esta respuesta, Jesús describe el nuevo mundo, cuyos fundamentos estaban siendo lanzados por su labor y la de sus discípulos. Jesús acentúa tres puntos importantes:
(a) Los discípulos se van a sentar en los doce tronos junto con Jesús para juzgar a las tribus de Israel (cf. Apc 4,4).
(b) Van a recibir en cambio muchas veces aquello que habían abandonado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos, campos y tendrán en herencia la vida eterna garantizada.
(c) El mundo futuro será el contrario del mundo actual.
En él los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos. La comunidad alrededor de Jesús es semilla y muestra de este mundo nuevo. Hasta hoy las pequeñas comunidades de los pobres siguen siendo semilla y muestra del Reino.

• Cada vez que, en la historia de la Biblia, surge un movimiento para renovar la Alianza, el movimiento comienza con reestablecer los derechos de los pobres, de los excluidos. Sin ello, ¡la Alianza no se rehace! Así hacían los profetas, así hace Jesús. Denuncia el sistema antiguo que, en nombre de Dios, excluía a los pobres. Jesús anuncia un nuevo comienzo que, en nombre de Dios, acoge a los excluidos. Este es el sentido y el motivo de la inserción y de la misión de la comunidad de Jesús en medio de los pobres. Saca su raíz e inaugura la nueva Alianza.

Para la reflexión personal

• Abandonar casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos, campos por causa del nombre de Jesús. ¿Cómo acontece esto en tu vida¿ ¿Qué has recibido en cambio?
• Hoy, la mayoría de los países pobres no son de religión cristiana, mientras que sí lo son la mayoría de los países ricos. ¿Cómo se aplica hoy el proverbio del camello que no pasa por el ojo de una aguja?

Oración final

Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan. (Sal 23,4)

(fuente: ocarm.org)

lunes, 17 de agosto de 2015

"Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos"

Lunes de la vigésima semana del tiempo ordinario
(17/08/2015)

Libro de los Jueces 2, 11-19.

Los israelitas hicieron lo que es malo a los ojos del Señor y sirvieron a los Baales. Abandonaron al Señor, el Dios de sus padres, que los había hecho salir de Egipto; fueron detrás de otros dioses - los dioses de los pueblos vecinos - y se postraron delante de ellos, provocando así la indignación del Señor. Abandonaron al Señor para servir a Baal y a Astarté. Por eso, la ira del Señor se encendió contra Israel: él los puso en manos de salteadores, que los despojaron; los entregó a los enemigos que tenían a su alrededor, y no pudieron oponerles resistencia. En todas las campañas, la mano del Señor se ponía en contra de ellos para hacerles mal, como el mismo Señor lo había dicho y jurado. Así se encontraron en una situación muy angustiosa. Entonces el Señor suscitaba jueces, que salvaban a los israelitas del poder de los salteadores. Pero los israelitas no escuchaban a sus jueces, sino que se prostituían, yendo detrás de otros dioses y postrándose delante de ellos. Se desviaban muy pronto del camino seguido por sus padres, que habían obedecido los mandamientos del Señor. Ellos, en cambio, no hacían lo mismo. Cuando el Señor les suscitaba jueces, estaba con el juez y los salvaba de las manos de sus enemigos mientras vivía el juez, porque se compadecía de los gemidos que les provocaban sus opresores y perseguidores. Pero cuando moría el juez, volvían a pervertirse más aún que sus antepasados: iban detrás de otros dioses para servirlos y postrarse delante de ellos, sin renunciar en nada a sus malas acciones y a su conducta obstinada.


Salmo 106(105), 34-35.36-37.39-40.43ab.44.

No exterminaron a los pueblos
como el Señor les había mandado;
se mezclaron con los paganos
e imitaron sus costumbres;
rindieron culto a sus ídolos,
que fueron para ellos una trampa.

Sacrificaron en honor de los demonios
a sus hijos y a sus hijas;
Se mancharon con sus acciones
y se prostituyeron con su mala conducta;
por eso el Señor se indignó contra su pueblo
y abominó de su herencia.

El Señor los libró muchas veces,
pero ellos se obstinaron en su actitud,
Sin embargo, él miró su aflicción
y escuchó sus lamentos.


del Evangelio según San Mateo 19, 16-22.

Luego se le acercó un hombre y le preguntó: "Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?". Jesús le dijo: "¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos". "¿Cuáles?", preguntó el hombre. Jesús le respondió: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo". El joven dijo: "Todo esto lo he cumplido: ¿qué me queda por hacer?". "Si quieres ser perfecto, le dijo Jesús, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme". Al oír estas palabras, el joven se retiró entristecido, porque poseía muchos bienes.







LECTIO DIVINA

Oración inicial: ¡Oh Dios!, que has preparado bienes inefables para los que te aman; infunde tu amor en nuestros corazones, para que, amándote en todo y sobre todas las cosas, consigamos alcanzar tus promesas, que superan todo deseo. Por nuestro Señor.

Reflexión

• El evangelio de hoy nos narra la historia del joven que pregunta por el camino de la vida eterna. Jesús le indica el camino de la pobreza. El joven no acepta la propuesta de Jesús, pues era muy rico. Una persona rica está protegida por la seguridad que la riqueza le da. Tiene dificultad en abrir la mano de su seguridad. Agarrada a las ventajas de sus bienes, vive preocupada en defender sus propios intereses. Una persona pobre no tiene esta preocupación. Pero hay pobres con mentalidad de ricos. Muchas veces, el deseo de riqueza crea en ellos una enorme dependencia y hace que el pobre sea esclavo del consumismo, pues queda teniendo deudas por todos los lados. Y no tiene más tiempo para dedicarse al servicio del prójimo.

• Mateo 19,16-19: Los mandamientos y la vida eterna. Alguien llega cerca de Jesús y le pregunta: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para poseer la vida eterna?" Algunos manuscritos informan que se trataba de un joven. Jesús responde bruscamente: "¿Por qué me preguntas acerca de lo bueno? Uno solo es el Bueno.” Enseguida responde a la pregunta y dice: “Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos". El joven reacciona y pregunta: “¿Cuáles mandamientos?” Jesús tiene la bondad de enumerar los mandamientos que el joven tenía que conocer: "No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Es muy significativa la respuesta de Jesús. El joven había preguntado por la vida eterna. ¡Quería la vida junto a Dios! Pero Jesús sólo recordó los mandamientos que hablan respecto de la vida junto al prójimo! ¡No menciona los tres primeros mandamientos que definen nuestra relación con Dios! Para Jesús, sólo conseguiremos estar bien con Dios, si sabremos estar bien con el prójimo. De nada adelanta engañar. La puerta para llegar hasta Dios es el prójimo.
En Marcos, la pregunta del joven es diferente: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?" Jesús responde: "¿Por qué me llamas bueno? Solo Dios, es bueno y nadie más” (Mc 10,17-18). Jesús desvía la atención de si mismo hacia Dios, pues lo que importa es hacer la voluntad de Dios, revelar el Proyecto del Padre.

• Mateo 19,20: Observar los mandamientos, ¿para qué sirve? El joven respondió: "Todo eso lo he guardado. ¿Qué más me falta?" Lo que sigue, es algo curioso. El joven quería conocer el camino que le llevara a la vida eterna. Ahora, el camino de la vida eterna era y sigue siendo: hacer la voluntad de Dios, expresada en los mandamientos. Con otras palabras, el joven observaba sin saber ¡para qué servían! Si lo hubiera sabido, no hubiera hecho la pregunta. Le sucede como a muchos católicos que no sabenel porqué lo son. ”Nací católico, ¡por esto soy católico!” ¡Cosa de costumbre!

• Mateo 19,21-22: La propuesta de Jesús y la respuesta del joven. Jesús responde: "«Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme.» Al oír estas palabras, el joven se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes”. Era muy rico. La observancia de los mandamientos es apenas el primer grado de una escala que va mucho más lejos y más alto. ¡Jesús pide más! La observancia de los mandamientos prepara a la persona para que pueda llegar a la entrega total de sí a favor del prójimo. Marcos dice que Jesús miró al joven con amor (Mc 10,21). Jesús pide mucho, pero lo pide con mucho amor. El joven no acepta la propuesta de Jesús y se fue, “porque tenía muchos bienes”.

• Jesús y la opción por los pobres. Un doble cautiverio marcaba la situación de la gente en la época de Jesús: el cautiverio de la política de Herodes, apoyada por el Imperio Romano y mantenida por todo un sistema bien organizado de exploración y de represión, y el cautiverio de la religión oficial, mantenida por las autoridades religiosas de la época. Por causa de esto, el clan, la familia, la comunidad, estaban siendo desintegrados y una gran parte del pueblo vivía excluida, marginada, sin lugar, ni en la religión, ni en la sociedad. Por esto, había diversos movimientos que, al igual que Jesús, procuraban rehacer la vida en la comunidad: esenios, fariseos y, más tarde, los celotes. Dentro de la comunidad de Jesús, sin embargo, había algo nuevo que la diferenciaba de los demás grupos. Era la actitud ante los pobres y excluidos. Las comunidades de los fariseos vivían separadas. La palabra “fariseo” querría decir “separado”. Vivían separadas del pueblo impuro. Algunos fariseos consideraban al pueblo como ignorante y maldito (Jn 7,49), lleno de pecado (Jn 9,34). No aprendían nada de la gente (Jn 9,34). Jesús y su comunidad, por el contrario, vivían con las personas excluidas, consideradas impuras: publicanos, pecadores, prostitutas, leprosos (Mc 2,16; 1,41; Lc 7,37). Jesús re­conoce la riqueza y el valor que los pobres poseen (Mt 11,25-26; Lc 21,1-4). Los proclama ‘bienaventurados’ porque de ellos es el Reino de los cielos, de los pobres (Lc 6,20; Mt 5,3). Define su propia misión como “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4, 18). El mismo vive como pobre. No posee nada para sí, ni siquiera una piedra donde reclinar la cabeza (Lc 9,58). Y a quien quiere seguirle para vivir con él, manda escoger: ¡o Dios, o el dinero! (Mt 6,24). ¡Manda hacer la opción por los pobres, como propuso al joven rico! (Mc 10,21) Esta manera diferente de acoger a los pobres y de convivir con ellos era una prueba del Reino de los Cielos.

Para la reflexión personal

• Una persona que vive preocupada con su riqueza o con la adquisición de los bienes que la propaganda del consumismo le ofrece, ¿puede liberarse de todo esto para seguir a Jesús y vivir en paz en una comunidad cristiana? ¿Es posible? ¿Qué piensas?
• ¿Qué significa para nosotros hoy: “Va, vende todo y dalo a los pobres”? ¿Es posible tomarse esto al pie de la letra? ¿Conoces a alguien que consigue dejarlo todo por causa del Reino?

Oración final

Yahvé es mi pastor, nada me falta.
En verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas. (Sal 23,1-3)

(fuente: ocarm.org)

domingo, 16 de agosto de 2015

"Yo soy el pan vivo bajado del cielo"

Vigésimo Domingo del tiempo ordinario
(16/08/2015)

Libro de los Proverbios 9, 1-6.

La Sabiduría edificó su casa, talló sus siete columnas, inmoló sus víctimas, mezcló su vino, y también preparó su mesa. Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: "El que sea incauto, que venga aquí". Y al falto de entendimiento, le dice: "Vengan, coman de mi pan, y beban del vino que yo mezclé. Abandonen la ingenuidad, y vivirán, y sigan derecho por el camino de la inteligencia".


Salmo 34(33), 2-3.10-11.12-13.14-15.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,
su alabanza estará siempre en mis labios.
Mi alma se gloría en el Señor:
que lo oigan los humildes y se alegren.

Teman al Señor, todos sus santos,
porque nada faltará a los que lo temen.
Los ricos se empobrecen y sufren hambre,
pero los que buscan al Señor no carecen de nada.

Vengan, hijos, escuchen:
voy a enseñarles el temor del Señor.
¿Quién es el hombre que ama la vida
y desea gozar de días felices?

Guarda tu lengua del mal,
y tus labios de palabras mentirosas.
Apártate del mal y practica el bien,
busca la paz y sigue tras ella.


Carta de San Pablo a los Efesios 5, 15-20.

Cuiden mucho su conducta y no procedan como necios, sino como personas sensatas que saben aprovechar bien el momento presente, porque estos tiempos son malos. No sean irresponsables, sino traten de saber cuál es la voluntad del Señor. No abusen del vino que lleva al libertinaje; más bien, llénense del Espíritu Santo. Cuando se reúnan, reciten salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y celebrando al Señor de todo corazón. Siempre y por cualquier motivo, den gracias a Dios, nuestro Padre, en nombre de nuestro Señor Jesucristo.


del Evangelio según San Juan 6, 51-58.

Jesús dijo a los judíos: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".







LECTIO DIVINA

Invocamos la presencia de Dios

Shadai, Dios de la montaña,
que haces de nuestra frágil vida
la roca de tu morada,
conduce nuestra mente
a golpear la roca del desierto,
para que brote el agua para nuestra sed.
La pobreza de nuestro sentir
nos cubra como un manto en la oscuridad de la noche
y abra el corazón, para acoger el eco del Silencio
y así el alba,
envolviéndonos en la nueva luz matutina,
nos lleve
con las cenizas consumadas por el fuego
de los pastores del Absoluto,
que han vigilado por nosotros junto al Divino Maestro,
al sabor de la santa memoria.



Momento de silencio: Dejamos que la voz del Verbo resuene en nosotros.

MEDITATIO

a) Algunas preguntas:

- Yo soy el pan de vida… Jesús, carne y sangre, pan y vino. Son las palabras que sobre el altar operan un cambio, como dice San Agustín: “ Si quitas la palabra, es pan y vino; añades la palabra, y ya es otra cosa. Y esta otra cosa es el cuerpo y la sangre de Cristo. Quitas la palabra es pan y vino; añades la palabra y se convierte en sacramento”. ¿Cuán importante es la palabra de Dios para mi?. Si se pronunciara sobre mi carne ¿me puede convertir en pan para el mundo?

b) Entremos dentro del texto:

v. 51. “Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. El evangelio de Juan, no nos transmite el relato de la institución de la Eucaristía, sino el significado que ella asume en la vida de la comunidad cristiana. La simbología del lavatorio de los pies y el mandamiento nuevo (Jn 13,1-35) quieren ser el memorial del pan que se parte y del vino que se derrama. Los contenidos teológicos son los mismos que en los sinópticos. La tradición cultual de Juan se puede sin embargo encontrar en el “discurso eucarístico” que sigue al milagro de la multiplicación de los panes (Jn 6,26-65), un texto que pone en evidencia el significado profundo de la existencia de Cristo donada al mundo, don que es fuente de vida y que lleva a una comunión profunda en el nuevo mandamiento de la pertenencia. La referencia al antiguo milagro del maná es explicativo de la simbología pascual en la que el sentido de la muerte es asumido y superado por la vida: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que desciende del cielo para que quien lo coma no muera” (Jn 6,49-50). Destinatario del pan del cielo (cfr Éx 16; Jn 6,31-32) en figura o en la realidad son no tanto cada uno, como la comunidad de los creyentes, aunque cada uno sea llamado a participar personalmente en el alimento dado para todos. Quien come el pan viviente no morirá: el pan de la revelación es el lugar de una vida que no tiene ocaso. Del pan, Juan pasa a usar otra expresión para indicar el cuerpo: Sarx. En la Biblia este término designa a la persona humana en su frágil realidad y débil delante de Dios, en Juan la realidad humana del Verbo divino, hecho hombre (Jn 1,14ª): el pan se identifica con la carne misma de Jesús. En este caso no se trata de un pan metafórico, o sea de la revelación de Cristo al mundo, sino del pan eucarístico. Mientras la revelación, o sea el pan de la vida, identificado con la persona de Jesús (Jn 6,35) lo da el Padre (el verbo dar es presente, v.32), el pan eucarístico sea, el cuerpo de Jesús, será ofrecido por Él mismo con su muerte en la cruz prefigurada en la consagración del pan y del vino durante la cena: “ Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”.

v. 52: Entonces los judíos se pusieron a discutir entre ellos: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Comienza el drama con un pensamiento que se queda en la entrada de lo visible y material y no osa traspasar el velo del misterio. El escándalo de quien cree sin creer… de quien pretende saber y no sabe. Carne para comer: la celebración de la Pascua, rito perenne que se perpetuará de generación en generación, fiesta del Señor y memorial (cfr Éx 12,14), del cual Cristo es el significado. La invitación de Jesús a hacer lo que Él ha hecho “ in memoria” de Él, tiene su paralelismo en las palabras de Moisés, cuando prescribe el recuerdo pascual: “Este día será para vosotros un memorial y vosotros lo festejaréis” (Éx 12,14). Ahora, nosotros sabemos que para los hebreos la celebración de la Pascua no era solamente el recuerdo de un acontecimiento pasado, sino también su actualización de nuevo, en el sentido de que Dios está dispuesto a ofrecer de nuevo a su pueblo la salvación de quien, en las cambiantes circunstancias históricas, tenía necesidad. De esta manera el pasado hacía irrupción en el presente, llevado de su fuerza salvífica. Del mismo modo el sacrificio eucarístico “podrá”, dar por los siglos “carne para comer”.

vv. 53. Jesús dice: “En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”. Juan, como los sinópticos, utiliza expresiones separadas para indicar el entregarse Cristo a la muerte, no queriendo entender con esto la separación en partes, sino la totalidad de su persona donada: la corporeidad espiritualizada del Cristo resucitado, totalmente compenetrado por el Espíritu Santo en el acontecimiento Pascual, se convertirá en manantial de vida para todos los creyentes, de modo especial mediante la eucaristía, que une estrechamente a cada uno de ellos con el Cristo glorificado a la derecha del Padre, haciéndole partícipe de su misma vida divina. No se nombran las especies del pan y del vino, sino directamente aquello que en ellos es significado: carne para comer porque Cristo es presencia que nutre la vida y sangre para beber – acción sacrílega para los judíos- porque Cristo es cordero inmolado. Es evidente aquí el carácter litúrgico sacramental: Jesús insiste sobre la realidad de la carne y de la sangre refiriéndose a su muerte, porque en la inmolación de las víctimas para el sacrificio la carne era separada de la sangre.

v.54 “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”. La Pascua vivida por Jesús hebreo y por el cristianismo primitivo recibe una nueva alma: la de la resurrección de Cristo, definitivo éxodo de la libertad perfecta y plena (Jn 19,31-37), que encuentra en la eucaristía el nuevo memorial, símbolo de un Pan de vida que sostiene en el camino del desierto, sacrificio y presencia que sostiene al nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, que , atravesadas las aguas de la regeneración, no se cansará de hacer memoria como Él ha dicho (Lc 22,19: 1Cor 11-24) hasta la Pascua eterna. Atraídos y penetrados por la presencia del Verbo hecho carne, los cristianos viven en la peregrinación del tiempo su Pesach, el paso de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios: en conformidad con Cristo, se harán capaces de proclamar las obras maravillosas de su admirable luz, ofreciendo la eucaristía de la propia corporeidad: sacrificio viviente, santo y grato en un culto espiritual (Rom 12,1) que le conviene al pueblo de su conquista, estirpe elegida, sacerdocio real (cfr. 1Pt 2,9).

vv. 55-56. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi y yo en él. Es fuerte la incidencia que esta oferta de la vida de Cristo tiene en la vida del creyente: “Quien come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él” (Jn 6,56). La comunión de vida que Jesús tiene con el Padre se ofrece a todo el que come el cuerpo sacrificado de Cristo: esto se entiende sin caer en una concepción mágica de un alimento sacramental que conferiría automáticamente la vida eterna a quiénes lo han comido. La oferta de la carne y de la sangre exige la predicación para hacerla inteligible y para suministrar la necesaria comprensión de la acción de Dios, requiere la fe por parte del que participa al banquete eucarístico, y requiere la acción preveniente de Dios, de su Espíritu, sin la cuál no puede haber ni escucha ni fe.

v.57. Como el Padre, que tiene la vida, me ha enviado y yo vivo por el Padre, así también aquél que come vivirá por mí. El acento no se pone sobre el culto como momento culminante y fundamento de la caridad, sino en la unidad del cuerpo de Cristo vivo y operante en la comunidad. No se da liturgia sin vida. “Una eucaristía separada de la caridad fraterna equivale a la propia condenación, porque se desprecia el cuerpo de Cristo que es Comunidad”. En la liturgia eucarística, de hecho, el pasado, el presente, el futuro de la historia de la salvación, encuentran un símbolo eficaz para la comunidad cristiana, expresivo y nunca sustitutivo de la experiencia de fe que no puede faltar de historicidad. Con la Cena y la Cruz, inseparables, el pueblo de Dios ha entrado en posesión de las antiguas promesas, la verdadera tierra más allá del mar, del desierto, del río, tierra donde corre leche y miel de una libertad capaz de obediencia. Todas las grandes realidades de la antigua economía encuentran en esta hora (cfr Jn 17,1) su cumplimiento: de la promesa hecha a Abrahán (Gén 17,1-8) a la Pascua del Éxodo (Éx 12,1-51). Es un momento decisivo en el que se recoge todo el pasado del pueblo (cfr DV 4) y se ofrece al Padre la primera y más noble eucaristía de la nueva alianza que jamás se ha celebrado: sobre el altar de la cruz la fecundidad del cumplimiento de todo lo que se esperaba.

v.58 Este es el pan bajado del cielo, no como el que comieron vuestros padres y murieron. Quien come de este pan vivirá para siempre. Cuando Jesús diga : “ Esto es mi cuerpo” ó : Ésta es mi sangre”, establecerá una relación verdadera y objetiva entre estos elementos materiales y el misterio de su muerte, que encontrará su coronamiento en la resurrección. Palabras creativas de una nueva situación con elementos comunes de la experiencia humana, palabras por las cuales siempre y verdaderamente se hubiera realizado la misteriosa presencia del Cristo viviente. Los elementos escogidos quieren ser y son símbolo e instrumento al mismo tiempo. El elemento del pan que, por su relación con la vida, tiene en sí una portada escatológica (cfr Lc 14,15), es fácilmente comprensible en cuanto alimento indispensable para la subsistencia y motivo del compartir universal. El elemento del vino por su simbología natural lleva a la plenitud de la vida y a la expansión de la alegría del hombre (cfr sal 103,15).

c) Meditamos:

Jesús cumple el verdadero Pesach de la historia humana: “Antes de la fiesta de Pascua, Jesús, sabiendo que era llegada su hora de pasar de este mundo al Padre, después de haber amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Mientras cenaban…” (Jn 13,1). Pasar: la nueva Pascua es precisamente en este un pasaje de Cristo de este mundo al Padre a través de la sangre de su sacrificio. La eucaristía es el memorial, pan del desierto y presencia de salvación, pacto de fidelidad y de comunión escrito en la persona del Verbo. La Historia de la Salvación que para Israel se narra con sucesos, nombres, lugares conduce a la reflexión de fe dentro de una experiencia de vida que hace del nombre de Javhé no un nombre entre tantos sino el único nombre. Todo comienza siempre por un encuentro, entre Dios y el hombre que se traduce en un pacto de alianza, antigua y nueva. El mar de los juncos es la última frontera de la esclavitud más allá de la cual se extiende el espacioso territorio de la libertad. En este sepulcro de agua deja el cuerpo del viejo Israel y resurge el Israel nuevo y libre. Es aquí donde nace la pertenencia de Israel. Y cada vez que se evoque este pasaje en las aguas del nacimiento más que un pasado histórico para traer a la memoria se repondrá el acontecimiento escatológico, capaz de una plenitud divina que se actúa en el presente, signo sacramental de la iniciativa de un Dios fiel.

ORATIO Salmo 115

¿Cómo pagar a Yahvé
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de salvación
e invocaré el nombre de Yahvé.

Cumpliré mis votos a Yahvé
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta a Yahvé
la muerte de los que lo aman.

¡Ah, Yahvé, yo soy tu siervo,
tu siervo, hijo de tu esclava,
tú has soltado mis cadenas!
Te ofreceré sacrificio de acción de gracias
e invocaré el nombre de Yahvé.

Cumpliré mis votos a Yahvé
en presencia de todo el pueblo,
en los atrios de la Casa de Yahvé,
en medio de ti, Jerusalén.

CONTEMPLATIO

Cuando nosotros te pensamos, Señor, no recordamos hechos acaecidos y cumplidos en el tiempo, sino que entramos en contacto con tu realidad siempre presente y viva, vemos tu continuo pasar entre nosotros. Tú intervienes en nuestra vida para restituirnos la semejanza de la pertenencia, para que no se seque más entre las piedras de la ley nuestro rostro, sino que encuentre su máxima expresión en el rostro del Padre, revelado en el rostro del hombre, Jesús, promesa de fidelidad y amor consumado. Tu, Creador del cielo y de la tierra, te escondes en los pliegues de la historia y aunque oscuro e implícito, te dejas encontrar en aquella trascendencia que no desaparece con los sucesos. El prodigio de tu presencia se realiza por pura gratuidad siempre: en los miembros de la Iglesia, allí donde dos o tres se reúnen en el nombre de Jesús (Mt 18,20), en las páginas de la Escritura, en la predicación evangélica, en los pobres y enfermos (Mt 25,40), en las acciones sacramentales de los ministros ordenados. Pero es en el sacrificio eucarístico cuando la presencia es totalmente real: en el Cuerpo y Sangre está toda la humanidad y la divinidad del Señor resucitado, presencia substancial.

(fuente: ocarm.org)
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