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viernes, 25 de diciembre de 2015

"Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe"

Solemnidad de la Natividad del Señor (Misa del día)
(25/12/2015)

Libro de Isaías 52, 7-10. 

¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación, y dice a Sión: "¡Tu Dios reina!". ¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz, gritan todos juntos de alegría, porque ellos ven con sus propios ojos el regreso del Señor a Sión, ¡Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor consuela a su Pueblo, Él redime a Jerusalén! El Señor desnuda su santo brazo a la vista de todas las naciones, verán la salvación de nuestro Dios.


Salmo 98(97), 1.2-3ab.3cd-4.5-6.

Canten al Señor un canto nuevo,
porque él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo
le obtuvieron la victoria.

El Señor manifestó su victoria,
reveló su justicia a los ojos de las naciones:
se acordó de su amor y su fidelidad
en favor del pueblo de Israel.

Los confines de la tierra han contemplado
el triunfo de nuestro Dios.
Aclame al Señor toda la tierra,
prorrumpan en cantos jubilosos.

Canten al Señor con el arpa
y al son de instrumentos musicales;
con clarines y sonidos de trompeta
aclamen al Señor, que es Rey.


Carta a los Hebreos 1, 1-6.

Después de haber hablado antiguamente a nuestros padres por medio de los Profetas, en muchas ocasiones y de diversas maneras, ahora, en este tiempo final, Dios nos habló por medio de su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo el mundo. El es el resplandor de su gloria y la impronta de su ser. El sostiene el universo con su Palabra poderosa, y después de realizar la purificación de los pecados, se sentó a la derecha del trono de Dios en lo más alto del cielo. Así llegó a ser tan superior a los ángeles, cuanto incomparablemente mayor que el de ellos es el Nombre que recibió en herencia. ¿Acaso dijo Dios alguna vez a un ángel: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?" ¿Y de qué ángel dijo: "Yo seré un padre para él y él será para mi un hijo?" Y al introducir a su Primogénito en el mundo, Dios dice: "Que todos los ángeles de Dios lo adoren."


del Evangelio según San Juan 1, 1-18.

Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Al principio estaba junto a Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe. En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron. Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. El no era la luz, sino el testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre. Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios. Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios. Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo". De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia: porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.











REFLEXIÓN

Venimos de este fin de semana donde la liturgia de la iglesia nos alegro con la celebración de la fiesta de la sagrada familia y seguimos en este tiempo de navidad, en la palabra de Dios de cada día que nos orienta y nos ayuda a meternos en este misterio de Dios hecho hombre. Este misterio que lo vamos desentrañando porque como misterio queremos contemplarlo, y contemplarlo no solamente desde un razonamiento intelectual sino desde nuestro corazón que se abre a esta manifestación del amor de Dios. Hoy la palabra de Dios nos va a hablar de la palabra hecha carne. Pero qué bueno es que al comenzar la catequesis de este día y antes de proclamar el evangelio que hoy vamos a compartir, también nosotros podamos tener una altitud en todo este día de agradecimiento por el año que la providencia de Dios nos regala. Bien sabemos que estamos transitando el último día de un año civil y es cierto que por allí vienen los sentimientos de evaluar todo lo que hemos vivido, sentimientos que a veces uno quiere ser crítico por lo que no pudimos llegar a ser o también por allí duros en aquellas realidades que hemos perdido o quizás no hemos logrado como quisiéramos nosotros.

Recordemos lo que el Papa Juan Pablo II nos dejó como un hito al comenzar el jubileo del año 2000, al celebrar el año de la redención: “Gratitud por el pasado, pasión por el presente, esperanza hacia el futuro”. Decirle a Dios gracias por este año, de pedirle al Espíritu Santo la fuerza para vivir con pasión este presente y pedirle a Jesús la esperanza para poder transitar y comenzar un nuevo año en nuestra vida, donde queremos que la providencia de Dios nos regale su ayuda y su asistencia.

Amigo quisiera que hoy pudiéramos compartir hoy, como consigna de esta catequesis y a la luz de la palabra que hemos escuchado, es cómo ha sido tu unión con Cristo en este año, cómo puedes evaluar, te puedes expresar de tu unión con Cristo a lo largo de todo lo que te tocó vivir este año, cómo es tu experiencia, para dar gracias y para pedir la fuerza de vivir con pasión en este tiempo presente, cómo fue tu experiencia de unión vital con Cristo, qué aspecto podes destacar o qué consideración quisieras hacer para tener en cuenta y que este testimonio que compartimos nos pueda ayudar a todos.

Este texto, mis amigos del evangelio, de este día de la octava de navidad, el lunes 31 de diciembre nos presenta al Dios del eterno silencio que se hace palabra encarnada y es uno de nosotros en plenitud. Es como si a nuestra pobreza le faltara algo para ser rica, allí aparece Dios y se hizo hombre en serio. En nuestra limitación para que pudiéramos tener la fuerza de poder dar sentido a nuestra vida, allí aparece Dios haciéndose hombre para hacernos fuertes. Es como si a nuestra indignidad marcada por el pecado, por la limitación, le hiciera falta algo para poder repuntar, para poder crecer, allí está Dios que se hace hombre, para darnos la dignidad verdadera. El era la luz, el verbo, es esa palabra que ahora es Jesús, la gracia, la verdad, la divinidad se acoge a un niño, cuyo embrión se cría normalmente en la entrañas de María. San Juan en su primera carta, un texto hermosísimo también, sin duda inspirado por esto que también escribe en el evangelio, va a decirnos quien diga que Jesús no es Dios es un anticristo. Para fortalecer esta expresión de la fe, en el niño Jesús, el verbo eterno de Dios se ha hecho hombre, en el niño Jesús la palabra eterna de Dios se ha hecho hombre y por eso las tinieblas, las obras del maligno que pretenden orillar la gracia de la humanidad de Dios en Jesús, nos quiere confundir como desfigurando esta manera en la que Dios se ha querido acercar al hombre haciéndose hombre. Esta expresión del evangelio de altura de Juan 1, precisamente quiere ayudarnos a esto, a preservarnos de desfigurar este modo en el que Dios ha querido acercarse a nuestra vida y manifestar la expresión de la fe donde nosotros sabemos que en el Niño Dios, Dios se ha hecho hombre. La palabra, la luz verdadera, el Dios de Dios, el engendrado, no creado, está al alcance nuestro, se ha hecho cercano. El Niño es el Señor. Con su encarnación y nacimiento nosotros entramos en este nuevo tiempo de la obra de la redención porque es en Cristo donde es recapitulado todo lo que nosotros somos y hacemos. Desde este Niño que ha entrado a formar parte de la historia del hombre, Dios recapitula, vuelve a generar una vida nueva para nosotros, vuelve a darnos esta posibilidad de recrear una expresión nueva de nuestra vida porque la gracia, sigue diciendo San Juan en el evangelio, la gracia nos ha sido dada como un modo en donde la verdad llega a nosotros y hemos recibido gracia sobre gracia. Esta gracia que es el amor de Dios en nosotros, en cada uno de nosotros, nos da la posibilidad de hacer nueva nuestra vida porque en Cristo, en ese bebe, todas las cosas son hechas, todas las cosas son regeneradas, se recapitula la creación en este misterio tan pequeño donde Dios se hace hombre, Él ve desde siempre al Padre y nosotros ahora lo vemos a Él y descubrimos el amor del padre, asique quien ve a un cristiano, también debe ver a Cristo porque si Cristo es el rostro del amor de Dios, es la palabra hecha carne, el cristiano que encarna la vida de Cristo debe manifestar también esta expresión de la gracia. Él nos hace miembros de su cuerpo, nosotros somos pequeños Cristos en Cristo y su carne glorifica nuestra pobre carne de pecado. De allí que por el bautismo nosotros estamos ungidos y consagrados en esta nueva humanidad que el mismo Dios en Cristo nos regala.

Qué más se puede pedir como palabra de fin de año. Toda la riqueza de la fe, pero una fe encarnada. En nuestra vida de hoy, lo que cada uno de nosotros vive, las realidades de dolor, de búsquedas, de alegrías, de gozos, los aciertos, los desaciertos, aquellas realidades que vamos viviendo en el diario caminar, en Cristo tienen una nueva mirada. Ya no es más una piedra demoledora la vida que nos destruye, sino que en Cristo comienza a tener una nueva esperanza que es la gracia, gracia sobre gracia que nos fue dada para que nosotros en Cristo podamos llegar a ser verdaderos hijos de Dios. Y qué lindo es terminar el año con esta mirada, una mirada de esperanza, una mirada de gratitud, una mirada que nos da la fuerza para vivir con pasión este momento presente que nos toca a cada uno y una mirada también que nos permite tener esperanza hacia el futuro.

¿Cómo ha sido tu unión con Cristo en este año, en qué expresiones, en qué modos, en qué experiencias podes descubrir que Cristo te manifestó su amor y que vos pudiste experimentar esa unión con Él?

La palabra se hizo carne, puso su morada en nosotros, esta palabra en esta navidad puso su morada en tu familia, en tu comunidad, en vos. ¿Cómo estás viviendo esta unión con Él?

Amigos estamos compartiendo esta ultima catequesis del año 2012 y es una gracia y un honor que podamos compartir nuestro testimonio, la buena música poniéndole también buena onda en este día, poniéndole mucha alegría, mucha paz porque Dios se ha hecho hombre.

Este himno de la palabra que se hace carne, expresión del evangelio de este día que hemos compartido, nos introduce en lo más profundo del misterio de la navidad, porque nosotros podemos a través de estas palabras, mirar más allá de la sencillez del pesebre y también San Juan lo usa como una introducción a todo su evangelio. Pero sobre todo para nosotros, cuando leemos en este tiempo de navidad, el primer capítulo del evangelio de San Juan, tenemos esa posibilidad de ir más allá de lo que el pesebre nos muestra, no porque las imágenes y la expresión de un pesebre no nos sirva, sino porque allí está el significado de la contemplación, a partir de aquello que vemos, llegar a algo más profundo, no quedarnos solamente en la sensiblería o folclórico, sino también tener la oportunidad de poder ir a lo más profundo. Si en el libro del génesis se nos dice, al principio creó Dios el cielo y la tierra, este himno del evangelista San Juan sostiene que la palabra, el hijo de Dios, existía antes de ese principio y sin embargo en el versículo 4, nosotros hemos podido contemplar su gloria porque se hizo carne como nosotros y quiso vivir en medio de nosotros. Ese Jesús, el que caminó por nuestra tierra y fue presentado por Juan el Bautista, en el versículo 15 aparece. El nombre de Palabra, indica que Jesús es el reflejo del padre, de Dios, el que ha venido a manifestarlo, a mostrarlo tal cual es, el que vino a decirle al mundo, la inmensidad de este amor de Dios, en el versículo 18 terminábamos diciendo esto, gracias a Él podemos llegar a conocer los íntimos y preciosos secretos que hay en la intimidad de Dios. Cosa que nuestra pequeña mente humana jamás podría alcanzar con sus propias luces, si Jesús que es la palabra, no nos la dijera. Cuando manifestamos, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, hacemos un acto de fe en el hijo de Dios hecho hombre, pero también asumimos que nuestra pobre humanidad recibe esta fuerza, esta luz, para poder meterse en el misterio de Dios y para poder descubrir que ese misterio no nos tiene que dar miedo, no es algo cerrado, oculto, tenebroso, es un misterio de amor en el que envuelve toda nuestra vida. Es un misterio que da sentido a lo que cada uno de nosotros vivimos cada día, en tu trabajo, tu esfuerzo por superarte, el esfuerzo que hacemos por vivir en la convivencia de la familia, de los amigos, en el desafío de progresar, de buscar la mayor dignidad de la vida del hombre y en la sociedad. En ese esfuerzo, a lo mejor en un dolor, en una enfermedad, en una pérdida que golpea tu corazón, bueno ahí también está el misterio de Dios hecho hombre que abraza esta realidad para planificarla porque hay un para que de esto, y ese para qué no lo inventamos nosotros los hombres o es fruto de la casualidad o es un artilugio del azar, es providencia de Dios que va desentrañándose en una historia que es nuestra historia de salvación.

Jesús nos hace descubrir a un Dios que nadie ha visto jamás, pero que nosotros mirándolo a Él, escuchándolo, se nos manifiesta como es realmente el Dios en quien creemos y Él no los ha manifestado en todo el evangelio. Un Dios Padre que ama, que lo da todo, que busca, que habla con sus criaturas, que dialoga, que quiere decirles lo que más necesitan escuchar. Aunque a veces nosotros por allí no queramos escuchar lo que el Padre Dios quiera decirnos. Sin embargo Él es Padre que en Cristo sale a buscarnos para poder decirnos lo más entrañable de su corazón, que es su amor, que quiere que nuestra vida tenga sentido y que quiere regenerarnos en una vida nueva y en un estilo nuevo. Si Cristo es la palabra, nosotros tendremos que afinar el oído interior para escuchar lo que tiene para decirnos, a veces sin palabras. Eso es lo grandioso de Dios, Él que es la palabra, necesita del silencio para expresarse y a veces se expresa quizás sin palabras. Son esos momentos en nuestra vida donde a veces parece que Jesús se esconde, como sin aparecer, como nosotros quisiéramos y que en un sentir humano nos parece que Dios nos olvidó, que no me tiene en cuenta. Sin embargo es en esos momentos donde a veces Dios más nos habla, donde más contundente su expresión de cercanía con nosotros y donde el misterio de su amor se hace expresión de salvación firme y fuerte en nosotros. Por eso es necesario este silencio interior para liberarnos de las palabras inútiles que distraen nuestro corazón y para aquél que es la palabra reine con toda su potencia.

¿Cómo ha sido tu unión con Cristo este año? ¿Cómo experimentaste tu unión vital con Él? ¿De qué manera? ¿De qué modo esta palabra, Cristo que se ha hecho hombre ha estado en tu vida?

Nosotros al terminar este año y al pensar cómo ha sido nuestra unión vital con Él, volvemos la mirada a esta palabra de Dios hecho hombre, porque estamos transitando el año de la fe. El Papa Benedicto XVI, nos ha dicho que este año nos tiene que servir a todos los católicos a volver también nuestra mirada hacia la Palabra de Dios. Y así como la manera en la que podemos a acercarnos a esto es a través del Catecismo de la Iglesia Católica, y también en la manifestación del Credo, porque ahí está la síntesis de nuestra fe y de los documentos conciliares, porque está marcado esto dentro de los cincuenta años del inicio del Concilio Vaticano II, uno de los documentos es sobre la palabra de Dios, precisamente el primer documento aprobado.

Podría ser como proyecto para el año que viene, como un compromiso personal, todo el año de la fe, podríamos algún documento del Concilio, leerlo, son de una riqueza muy grande y verdaderamente inspirados por el Espíritu o a lo mejor algún trozo del Catecismo, o recitar el Credo como una forma que nuestra fe se vaya renovado, profundizándose en este contemplar profundamente el misterio del Dios hecho hombre.

En el Documento de Aparecida, los obispos latinoamericanos, en los números 244 en adelante, del encuentro con Jesucristo. Allí es donde surge esta expresión, que la hemos utilizado muchas veces también en la catequesis, donde los obispos dicen citando al Papa Benedicto, no se comienza siendo cristiano por una decisión ética, o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento con una persona que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva. Pero lo clave en lo cristiano es el encuentro con un acontecimiento, con una persona que es Cristo que da un nuevo horizonte en la vida. Inmediatamente luego, el Documento menciona lugares de encuentro con Jesucristo y entre ellos, precisamente el segundo lugar que menciona es el encuentro del cristiano con la Sagrada Escritura, con la palabra hecha carne, dice en el número 247: “Encontramos a Jesús en la Sagrada Escritura leída en la iglesia, la sagrada Escritura escrita por inspiración del Espíritu Santo, es con la tradición, fuente de vida para la iglesia y alma de su acción evangelizadora. Desconocer la Escritura, es desconocer a Jesucristo, y renunciar a anunciarlo. Se hace pues necesario proponer a los fieles la Palabra de Dios como don del Padre para el encuentro con Jesucristo vivo, camino de auténtica conversión y de renovada comunión y solidaridad. Esta propuesta será mediación de encuentro con el Señor, si se presenta la Palabra revelada contenida en la Escritura como fuente de evangelización. Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el pan de la Palabra, quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo y a que sea alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos”.

Quiero destacar la importancia que para nosotros, nuestra fe, tiene que ser el afecto y el amor por la palabra de Dios. Es cierto que de los años posteriores al Concilio hemos crecido en esto, no sé si lo suficiente en nuestro meternos en la palabra de Dios, dejarnos interpelar por ella, iluminar. Porque así como la Eucaristía es la fuerza y el alimento del discípulo, la Palabra de Dios, que se ha hecho hombre en Cristo, y que ha permanecido escrita por inspiración como riqueza en la vida del cristiano, es lo que nos ilumina a nosotros, es lo que nos sigue hablando. Pues Dios a través del Santo Espíritu, cuando leemos el texto de la Palabra de Dios sigue hablándonos y por eso nos puede ocurrir que cuando escuchamos el evangelio en una misa o al sacerdote que predica, por ahí uno sale y dice, “Es como si me lo estaba diciendo a mí” porque la palabra de Dios tiene una fuerza en sí misma que va haciendo eco en nuestro corazón y que en los momentos determinados de la vida que son tuyo solamente, porque sos único e irrepetible, esa palabra de Dios porque es de Dios llega a hacer eso en el alma y en la vida del creyente. Porque es Palabra de Dios, viene a sacudirnos y penetra tan profundo en nuestro corazón. De allí que la palabra que se hace carne en Cristo, según nos decía San Juan en el evangelio, esa Palabra siempre es viva y eficaz, siempre es actual. Pasará los cielos y la tierra pero su Palabra permanece. Cuando San Juan nos dice “Al principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios”, está haciendo un gesto de acercamiento para que nosotros comprendamos un misterio que nuestra inteligencia no lo abarca, pero que por el amor propio de Dios se ha hecho cercano a nosotros para que nuestra vida pudiera entender lo que Dios no quiere decir, y cómo Dios quiere que vivamos y actuemos porque somos sus hijos. Qué gran riqueza ésta. Así como manifestamos nuestra adoración por el misterio de la Eucaristía, donde Jesús se queda entre nosotros, manifestemos también nuestro misterio de amor, nuestra expresión de adoración y de amor a esta palabra hecha carne en Cristo que hoy quiere hablarte, proponerte un camino, que gracia sobre gracia se nos fue concedida la vida nueva. De su plenitud todos nosotros hemos participado, y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único lleno de gracia y verdad. Y Juan, da testimonio de él, pero también vos podes dar testimonio de Él, porque hemos visto su gloria en esta palabra que cada día nos acompaña y no nos deja solos, en un Dios que nos habla y que vino a hacerse hombre para estar cerca de nuestro.

Continuando con lo que el documento de Aparecida hace referencia a este encuentro con la Palabra de Dios como una manera en la que nosotros nos unimos a este acontecimiento, a una persona que da un nuevo horizonte a la vida y con ello una orientación decisiva, en el 249 del documento de Aparecida, nos da una hermosa manera de podernos encontrar con Cristo vivo en su Palabra Escrita. El evangelio nos dice, “La Palabra puso su morada entre nosotros” Qué lindo es pensar en esto, hay otras traducciones que dicen “Puso su tienda, su carpa entre nuestras carpas, entre nuestras tiendas” es decir está presente en nuestra vida. Entre las muchas formas de acercarse a la Sagrada Escritura, hay una privilegiada a la que todos estamos invitados, que es la lexía Divina o ejercicio de la lectura orante de la Sagrada Escritura. Esta lectura orante bien practicada conduce al encuentro con Jesús Maestro, al conocimiento del misterio de Jesús Mesías, a la comunión con Jesús hijo de Dios y al testimonio de Jesús, Señor del universo. La lexía divina tiene cuatro momentos, la lectura, la meditación, la oración y la contemplación. Y allí se nos va recordando algunos pasajes bíblicos donde está este encuentro, a partir de los evangelios con el mismo Jesús, hijo de Dios, el verbo de Dios hecho hombre. Pero quiero destacar esta idea, ya que en muchos grupos, muchas comunidades, ha comenzado este ejercicio de la lexía divina de la lectura orante de la palabra de Dios y el documento de Aparecida lo expresa muy bien, “Ésta práctica conduce al encuentro con Jesús Maestro, con Jesús Mesías, con Jesús hijo de Dios y con Jesús Señor del universo. Por lo tanto la Palabra de Dios que es viva y eficaz tiene que estar presente en nuestra vida de fe y cuanto más nos metamos en el misterio de la Palabra de Dios hecha carne, más amor tiene que surgir a la Palabra de Dios escrita y viceversa, cuanto más abracemos a la Palabra de Dios escrita, leyendo un texto, haciendo silencio, preguntándome qué me dice, y diciendo qué le digo y expresando a qué me compromete esta palabra de Dios, cuanto más esté en la Palabra de Dios, va a crecer más mi amor por este Dios hecho hombre en Cristo. Y aún aquello que humanamente nos parece inexplicable, o no tengamos razones, en la medida que me vaya involucrando en esta Palabra, la Palabra va a tener la luz y va a tener el proceso propio del discernimiento para llegar a un para qué en aquellas cosas en la que humanamente no llegue a comprender nunca. Esta es la clave del Dios con nosotros, este Dios que ha puesto su morada en mi vida, de este Dios que ha llegado hasta mí y de este Dios que, gracia sobre gracia quiere estar presente en tu vida para iluminarte, para ayudarte, para fortalecerte.

Que la Palabra de Dios sea el centro de nuestra vida, nuestras actividades, nuestros grupos.

escrito por el Padre Daniel Cavallo
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

jueves, 24 de diciembre de 2015

"Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor"

Natividad del Señor (Misa de medianoche)
(24/12/2015)

Libro de Isaías 9, 1-6. 

El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz; sobre los que habitaban en el país de la oscuridad ha brillado una luz. Tú has multiplicado la alegría, has acrecentado el gozo; ellos se regocijan en tu presencia. como se goza en la cosecha, como cuando reina la alegría por el reparto del botín. Porque el yugo que pesaba sobre él, la barra sobre su espalda y el palo de su carcelero, todo eso lo has destrozado como en el día de Madián. Porque todas las botas usadas en la refriega y las túnicas manchadas de sangre, serán presa de las llamas, pasto del fuego. Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. La soberanía reposa sobre sus hombros y se le da por nombre: "Consejero maravilloso, Dios fuerte, Padre para siempre, Príncipe de la paz". Su soberanía será grande, y habrá una paz sin fin para el trono de David y para su reino; él lo establecerá y lo sostendrá por el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará todo esto.


Salmo 96(95), 1-2.3.11-12.13.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,
resuene el mar y todo lo que hay en él;
regocíjese el campo con todos sus frutos,
griten de gozo los árboles del bosque.

Griten de gozo delante del Señor,
porque él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con su verdad.


Carta de San Pablo a Tito 2, 11-14.

La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado. Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos, para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad, mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús. El se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad, purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien.


del Evangelio según San Lucas 2, 1-14.

En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue. En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre". Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".










REFLEXIÓN

En el Misal Romano la liturgia propone para esta fiesta cuatro misas, cada una con sus propias lecturas: para el 24 de diciembre la Vespertina de la Vigilia, y para el 25 la de Medianoche, la de la Aurora y la del Día. En mi siguiente reflexión me referiré sólo a las lecturas señaladas para la de Medianoche, que puede celebrarse también desde el 24 en la tarde.

Los textos bíblicos de Isaías en la primera lectura (Isaías 9, 1-3.5-6), del apóstol san Pablo en la segunda (Carta a Tito 2, 11-14) y del Evangelio según san Lucas (2,1-14), emplean la imagen de la luz que disipa las sombras para expresar el reconocimiento del niño Jesús nacido en una humilde pesebrera como el Salvador prometido por Dios, y nos invitan a disponernos con nuestra conducta para su venida gloriosa al final de los tiempos, es decir, para cuando nos encontremos definitivamente con Él en la eternidad.

1. La relación de la fiesta de la Navidad con el símbolo de la luz

La Biblia no señala la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo. Durante los primeros tres siglos de la era cristiana, la Iglesia no dedicó un tiempo especial a la Navidad. Sólo desde el siglo IV, cuando el cristianismo fue establecido como religión oficial con la conversión del emperador Constantino, se empezó a celebrar una liturgia especial la noche del 24 y durante el día 25 del último mes del año para proclamar al niño Jesús nacido como la Luz del mundo, en lugar de la fiesta pagana que se dedicaba al “nacimiento del sol invicto” con motivo del solsticio de invierno. Este es el sentido que desde nuestra fe le damos los cristianos al anuncio profético del llamado “tercer Isaías”: “ El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombras y una luz les brilló ”. Lo que este profeta proclamaba refiriéndose al regreso de los israelitas de su destierro en Babilonia en el año 538 antes de Cristo, nosotros lo aplicamos a la manifestación visible de Dios hecho hombre como nuestro Salvador, iniciada con el acontecimiento de la Navidad hace poco más de dos mil años, que hace posible la justicia y la paz en la medida en que acojamos su “buena noticia”.

2. “Y esta es la señal: ... un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

La “buena noticia” -que es lo que precisamente significa la palabra “evangelio”- es precisamente el nacimiento de Jesús. Se trata de una noticia gozosa -“ les anuncio una gran alegría ”-, que no sólo se expresa ante todo con una alabanza a Dios, sino que implica además una bendición para todos los seres humanos que la reciban con fe, y cobra por ello un significado especial el himno litúrgico del inicio de la celebración eucarística, que resuena con gozo en la noche de la Navidad: “ Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor ”.

Hay además en el relato evangélico de Lucas un detalle muy significativo: la “señal” por la cual puede verificarse la realización de esa buena noticia es un niño envuelto en pañales y acostado en un establo, en un pesebre. En otras palabras: al Dios que ha venido a salvarnos no hay que buscarlo en las alturas inaccesibles -no obstante la exclamación “ Gloria a Dios en el cielo ”-, sino en la realidad cercana de lo humano, porque Él mismo ha asumido nuestra propia naturaleza para redimirla. Y no se le encuentra en medio del lujo y la fastuosidad de los palacios, sino en la pobreza, humildad y sencillez de una pesebrera.

3. “Una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos”

Pero la celebración de la Navidad no debe quedarse para nosotros en una mera contemplación. Debe llevarnos también al compromiso de una existencia vivida de acuerdo con el plan salvador de Dios, que precisamente implica una conducta coherente con nuestra fe en Él. Esto es lo que nos dice San Pablo en la segunda lectura, tomada de su carta a Tito, uno de sus colaboradores en la proclamación de la buena noticia de la salvación “ para todos los hombres ”.

Si nos unimos para dar gloria a Dios en el cielo y desear la paz para toda la humanidad, llevemos esta manifestación a la práctica a través de nuestras “ buenas obras ”. Sólo así seremos ese “ pueblo purificado ” y nos dispondremos para la “ aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo ”. Es decir, para nuestro encuentro definitivo con él en la eternidad. Que así sea.-

escrito por Gabriel Jaime Pérez, S.J.
(fuente: www.jesuitas.org.co)

miércoles, 23 de diciembre de 2015

"Su nombre es Juan... "

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad
(23/12/2015)

Libro de Malaquías 3, 1-4.23-24. 

Así habla el Señor Dios. Yo envío a mi mensajero, para que prepare el camino delante de mí. Y en seguida entrará en su Templo el Señor que ustedes buscan; y el Angel de la alianza que ustedes desean ya viene, dice el Señor de los ejércitos. ¿Quién podrá soportar el Día de su venida? ¿Quién permanecerá de pie cuando aparezca? Porque él es como el fuego del fundidor y como la lejía de los lavanderos. El se sentará para fundir y purificar: purificará a los hijos de Leví y los depurará como al oro y la plata; y ellos serán para el Señor los que presentan la ofrenda conforme a la justicia. La ofrenda de Judá y de Jerusalén será agradable al Señor, como en los tiempos pasados, como en los primeros años. Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total.


Salmo 25(24), 4-5.8-9.10.14.

Muéstrame, Señor, tus caminos,
enséñame tus senderos.

Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y mi salvador,
y yo espero en ti todo el día.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres.

Todos los senderos del Señor son amor y fidelidad,
para los que observan los preceptos de su alianza.

El Señor da su amistad a los que lo temen
y les hace conocer su alianza.


del Evangelio según San Lucas 1, 57-66.

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo. Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella. A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan". Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre". Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran. Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados. Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios. Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea. Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.








REFLEXIÓN

Dios en la noche oscura de sus padres, se manifiesta trayendo a la vida a Juan, quien sería el gran profeta. El Bautista fue puesto por la providencia antes del Mesías para preparar el camino con el testimonio de su vida.

Celebramos hoy la natividad de san Juan Bautista. Las palabras del profeta Isaías se aplican muy bien a esta gran figura bíblica que está entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En el gran ejército de profetas y justos de Israel, Juan “el Bautista” fue puesto por la Providencia inmediatamente antes del Mesías, para preparar delante de él el camino con la predicación y con el testimonio de su vida.

Entre todos los santos y santas, Juan es el único cuya natividad celebra la liturgia. “Juan es su nombre” (Lc 1, 63). A sus parientes sorprendidos Zacarías confirma el nombre de su hijo escribiéndolo en una tablilla. Dios mismo, a través de su ángel, había indicado ese nombre, que en hebreo significa “Dios es favorable”. Dios es favorable al hombre: quiere su vida, su salvación. Dios es favorable a su pueblo: quiere convertirlo en una bendición para todas las naciones de la tierra. Dios es favorable a la humanidad: guía su camino hacia la tierra donde reinan la paz y la justicia. Todo esto entraña ese nombre: Juan.

En el nombre, una misión

Juan Bautista era el mensajero, el precursor: fue enviado para preparar el camino a Cristo. En nuestra historia con nuestro nombre está escondida nuestra misión. Lo importante es redescubrir la misión y si es necesario ponerse simbólicamente un nombre nuevo y registrarlo en el mundo de la vida. En función de lo que Dios te confía, ¿cuál sería tu nombre?

Su nombre es Juan pero también humildad, su nombre es Juan la del profeta que prepara los caminos. “Yo soy una voz en el desierto que grita” dice el mismo Juan. Él es el que señala e indica el camino “ahí está el Cordero de Dios” dirá más adelante a sus discípulos. Sabe que ese es su lugar y que “es necesario que Él (Jesús) crezca y que yo disminuya”.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

martes, 22 de diciembre de 2015

"Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador... "

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad
(22/12/2015)

Primer Libro de Samuel 1, 24-28. 

Cuando el niño dejó de mamar, lo subió con ella, llevando además un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, y lo condujo a la Casa del Señor en Silo. El niño era aún muy pequeño. Y después de inmolar el novillo, se lo llevaron a Elí. Ella dijo: "Perdón, señor mío, ¡por tu vida, señor!, yo soy aquella mujer que estuvo aquí junto a ti, para orar al Señor. Era este niño lo que yo suplicaba al Señor, y él me concedió lo que le pedía. Ahora yo, a mi vez, se lo cedo a él; para toda su vida queda cedido al Señor". Después se postraron delante del Señor.


Primer Libro de Samuel 2, 1.4-5.6-7.8abcd.

Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría.

El arco de los valientes se ha quebrado,
y los vacilantes se ciñen de vigor;
los satisfechos se contratan por un pedazo de pan,
y los hambrientos dejan de fatigarse;
la mujer estéril da a luz siete veces,
y la madre de muchos hijos se marchita.

El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el Abismo y levanta de él.
El Señor da la pobreza y la riqueza,
humilla y también enaltece.

El levanta del polvo al desvalido
y alza al pobre de la miseria,
para hacerlos sentar con los príncipes
y darles en herencia un trono de gloria.


del Evangelio según San Lucas 1, 46-56.

María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz". Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre". María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.














REFLEXIÓN

Peregrinar en la noche de la fe con el corazón lleno de gozo

Los hombre caminamos permanentemente, sea sobre nuestras dos piernas, sea sobre ruedas quienes tienen dificultades. La Iglesia es peregrina, va caminando en el anuncio del misterio de Jesús, hasta que Él venga. Peregrinamos tras el que viene. Lo hace como lo hizo María, en medio de tribulaciones y en la oscuridad de la fe e incluso antes situaciones complicadas. María había quedado embarazada sin participación de José, lo que suponía muchos indicios de impureza. Luego se lo reclamarán a Jesús: “nosotros no somos hijos de la prostitución”. Ese es el contexto del dolor de María, un gozo doloroso. Mientras tanto, se ve reconfortada con el poder de la gracia de Dios, para que no desfallezca nuestra fidelidad en la debilidad de la carne. Por el contrario, bajo la acción del Espíritu Santo, no deja de renovarse en nosotros el misterio de la pascua, hasta que llegue aquel día de la luz que no conoce ocaso. Nosotros también en nuestra condición fragil y pecadora llevamos este magnífico tesoro en recipientes de barro. Somos frágiles y vivimos el drama de lo magnífico del misterio de Dios en nuestras vidas junto a nuestra pobreza.

La Virgen Madre, en este sentido, es testigo de este peregrinar incansable, en medio de tentaciones, de tribulaciones, de luchas. Ella, la que proclama la buena noticia mientras peregrina y va a la casa de su prima Isabel, se dirige con el corazón lleno de luz en la oscuridad de la fe y rebosante de alegría, en medio de infinidad de circunstancias poco favorables a su maternidad: esta ha sido embarazada sin concurso de varón y casi nadie puede entender que la obra del Espíritu Santo se ha derramado sobre Ella para engendrar al que va a ser el Hijo de Dios. La Navidad es un gozoso parto, un drama lleno de gozo.

María que vive su propio drama frente al anuncio, y decididamente en medio de todos su conflictos parte a casa de Isabel. En su corazón se va gestando su maravilloso canto, el Magníficat. Ella que es fiel oyente de la Palabra de Dios, sintetiza con pocas Palabras cuánto ha penetrado la palabra de Diso en su corazón. María canta la grandeza del Señor y su espíritu se alegra en Dios, el salvador, porque ha podido encontrarse lo humano y lo divino, porque la grandeza del Señor se ha venido a instalar en la sencillez de su humilde esclava. Él se abajó en la Virgen hasta nosotros, para alcanzarnos la salvación. Cómo no representarnos a todos en este canto de la grandeza del Padre y de la pequeñez del que está de cara a Dios, reconociendo que en Él todo es posible. María, con nosotros y por nosotros, canta la grandeza del Señor.

En medio de ese camino desconcertante donde Dios ha dado vuelta la historia Isabel la saluda “bendita tú entre las mujeres; feliz de ti por haber creído”, eleva el canto del Magnificat. A veces para encontrarnos con los gozos más grandes que hay en el corazón necesitamos que otros nos lo recuerden.Por eso muchas veces para adentrarnos en lo mejor de nosotros, es ser permeables a que otros consideren lo que nosotros no consideramos: dejarse amar, dejarse cuidar, dejarse mimar. “Bendita tú entre las mujeres”, “Felíz de ti por haber querido”. Isabel logra sacarle a la Virgen lo más hermoso que hay en ella en medio de estas circunstancias tan difíciles:

“Mi alma canta la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,
porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán feliz”.

El Señor es alabado y bendecido, proclamado en un canto de gozo en el corazón de María, mientras Ella cae en la cuenta de lo que ha ocurrido en aquella mañana, en la cocina de su casa (como se suele decir) a la vez que cumplía con los quehaceres domésticos, la arrebata el Espíritu de Dios en la presencia del ángel con el saludo: “Alégrate María, el Señor está contigo”. Esta salutación angélica, que le proclama a la Virgen su maternidad bendita del hijo de Dios, es la raíz del gozo que hay en el corazón de la Madre. Allí es cuando se produce el encuentro entre el cielo y la tierra, entre nuestra pequeñez y la grandeza del Señor, entre la historia herida de la humanidad, ahora reconciliada de manera anticipada por el Padre, en el corazón inmaculado de María. Él hace lo imposible por ganar el corazón de los hombres, eligiendo y preparando desde siempre el alma de esta mujer, para que al nacer en la carne pero sin pecado, viniese a rescatar a los que nos enredamos por tantos lugares, en miserias, en medio de pobrezas, de mezquindades, de arrebatos, de preocupaciones, de sin sentidos, de nuestra historia poblada de soberbia que en más de una oportunidad se declara uno mismo Dios, sin dejarle a Él el lugar que se merece y el único que le cabe.

Tratemos de poner en sintonía el “Feliz navidad” de estos días con este sentir de María, que nos llegue a nosotros para despertar lo más feliz, tierno y más autenticamente de Dios que hay en lo profundo de nuestro ser. Que nosotros también cantemos como María nuestro magníficat.


María nos pone en camino hacia la promesa

El canto de la Madre es para ser dicho una y otra vez, para proclamarlo en lo hondo del corazón y para recitarlo con fuerza, de manera que llegue al corazón de cada hombre y de cada mujer que siente que la vida se le apaga, que las esperanzas se pierden y que el miedo gana el alma. Nosotros intentamos decirlo de una y otra forma cuando en el compromiso constante y cotidiano en nuestro trabajo, en el servicio familiar, en el querer construir un mundo nuevo, cuando con la alegría testimoniamos al Señor de la vida, que ha resucitado y ha vencido toda muerte. María es testigo anticipado de esta realidad porque Ella ha recibido las gracias que el Señor tenía prometidas para todos en el momento de la redención y que se expresan en la Madre en su inmaculada concepción.

La Virgen nos pone en marcha en la búsqueda de la promesa, proclamando con Ella la certeza absoluta de que Dios, definitivamente, vencerá, también en nuestra propia historia. El Señor nos invita a sumarnos al canto de alegría con el que María dio a conocer su misericordia, porque es el Mesías quien ha venido a poner de pie a un pueblo que necesita recuperar su dignidad y que no le viene de otro lugar, sino de la certeza de que Dios se ha manifestado para cambiar la realidad.

escrito por Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org)

lunes, 21 de diciembre de 2015

La Madre Dios visita a su prima Santa Isabel

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad
(21/12/2015)

Cantar de los Cantares 2, 8-14. 

¡La voz de mi amado! Ahí viene, saltando por las montañas, brincando por las colinas. Mi amado es como una gacela, como un ciervo joven. Ahí está: se detiene detrás de nuestro muro; mira por la ventana, espía por el enrejado. Habla mi amado, y me dice: "¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Porque ya pasó el invierno, cesaron y se fueron las lluvias. Aparecieron las flores sobre la tierra, llegó el tiempo de las canciones, y se oye en nuestra tierra el arrullo de la tórtola. La higuera dio sus primeros frutos y las viñas en flor exhalan su perfume. ¡Levántate, amada mía, y ven, hermosa mía! Paloma mía, que anidas en las grietas de las rocas, en lugares escarpados, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; porque tu voz es suave y es hermoso tu semblante". Coro


Salmo 33(32), 2-3.11-12.20-21.

Alaben al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
entonen para él un canto nuevo,
toquen con arte, profiriendo aclamaciones.

El designio del Señor
permanece para siempre,
y sus planes, a lo largo de las generaciones.

¡Feliz la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se eligió como herencia!
Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.

Nuestro corazón se regocija en él:
nosotros confiamos en su santo Nombre.


del Evangelio según San Lucas 1, 39-45.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".







REFLEXIÓN

«CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA»br />

No hay cosa más bella en el mundo que comunicar alegría. «¡Bastantes penas tiene la vida!», solemos decir. Cuando alguien consigue contagiar alegrías a los demás, hacerle esbozar una sonrisa, arrancarle una buena carcajada, tengo para mí que algún nuevo lucero se ha encendido en el firmamento nocturno de la Humanidad. Contar un buen chiste, hacer un comentario inocentemente jocoso a su tiempo, aliviar con humor una pena, es aumentar en los hombres el caudal de la esperanza. Todo el evangelio es alegría porque todo él es esperanza. Por eso se llama «buena noticia». Y, si no, que se lo pregunten al ciego, al mudo, al paralítico, a los leprosos, a la samaritana, a la adúltera. Estoy seguro que ellos, por toda respuesta, nos contestarían: «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres». Pues, bien, ved a María en el evangelio de hoy. Acaba de recibir la visita del ángel que le ha traído la «buena noticia»: «Concebirás y darás a luz un hijo, le pondrás por nombre Emmanuel, será grande y se llamará Hijo de Dios...».

Ella se dio cuenta de que la larga esperanza de Israel podía convertirse en realidad, si ella se comprometía a aquellos planes. No podían traerle una alegría mayor. Y se abandonó en el abismo de Dios: ¡Sea

Pero, ¡ojo! que ella no se guardó la alegría en el paladeo personal de la maravilla. Ella, tan intimista y amiga de «guardarlo todo en su corazón», se desbordó. Consciente de que la alegría, como el bien, es difusiva, se fue a la montaña de Ain-Karín, a casa de su prima. Y aquel encuentro fue el triángulo de la alegría, un sin par «aleluya, a tres voces»: el Niño «dio saltos de gozo en sus entrañas»; Isabel no pudo menos que cantar: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». Y María... ¡Bueno! María salmodió la «Oda de la Alegría» por excelencia: «Mi alma glorifica al Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador».

Andando el tiempo, San Pablo dirá: «Estad alegres en el Señor...». Y es natural. Una vez que «el Verbo se hizo carne», con todo lo que esto supone, y que «pasó por la vida haciendo el bien», la tristeza no puede tener cabida en el cristiano. «Un santo triste es un triste santo», decía dolorosamente Santa Teresa. Por eso, como oro en paño, guardan aún sus monjas, en el convento de San José, unas alpargatas, unas castañuelas y unas chirimías, con las que la santa bailaba para alegrar su conventico. Ejemplos como los de la castiza santa castellana echan por tierra los ataques de todos los «Nietzsches» que han afirmado que el cristianismo es «una religión pesimista que entenebrece el mundo con su tristeza». ¡Mentira!

Hombre, no podemos negar que ha sólido haber «aguafiestas» de tres al cuarto, que han confundido «santidad» con «sequedad». Sé yo que, en seminarios y noviciados, más de una vez, se dudaba de la «vocación» de quienes eran «demasiado abiertos, joviales y dicharacheros».

Pero esas posturas no pasaron de ser desenfoques del verdadero evangelio que, lo repito, es alegría. Oídme una cosa. Las tres virtudes teologales son cuatro: fe, esperanza, caridad y alegría. Lo que pasa es que el hombre confunde la alegría con el follón, la gamberrada y otros sucedáneos aberrantes. Pero, claro, como decía Walton: «Nuestras alegrías no pueden ser ésas que obligan a nuestros amigos, a la mañana siguiente, a mirarnos avergonzados». Evidente. ¡La alegría que llevó María a su prima Isabel, ya os dais cuenta, era otra cosa! Por eso, la llamamos «Causa de nuestra alegría».

ELVIRA-1.Págs. 201 s.
(fuente: www.mercaba.org)

domingo, 20 de diciembre de 2015

La Madre de Dios nos visita

Cuarto domingo de Adviento
(20/12/2015)

Libro de Miqueas 5, 1-4a. 

Así habla el Señor: Y tú, Belén Efratá, tan pequeña entre los clanes de Judá, de ti me nacerá el que debe gobernar a Israel: sus orígenes se remontan al pasado, a un tiempo inmemorial. Por eso, el Señor los abandonará hasta el momento en que dé a luz la que debe ser madre; entonces el resto de sus hermanos volverá junto a los israelitas. El se mantendrá de pie y los apacentará con la fuerza del Señor, con la majestad del nombre del Señor, su Dios. Ellos habitarán tranquilos, porque él será grande hasta los confines de la tierra. ¡Y él mismo será la paz!


Salmo 80(79), 2ac.3b.15-16.18-19.

Escucha, Pastor de Israel,
Tú que tienes el trono sobre los querubines,
reafirma tu poder y ven a salvarnos.

Vuélvete, Señor de los ejércitos,
observa desde el cielo y mira:
ven a visitar tu vid,
la cepa que plantó tu mano,
el retoño que Tú hiciste vigoroso.

Que tu mano sostenga al que está a tu derecha,
al hombre que Tú fortaleciste,
y nunca nos apartaremos de ti:
devuélvenos la vida e invocaremos tu Nombre.


Carta a los Hebreos 10, 5-10.

Por eso, Cristo, al entrar en el mundo, dijo: "Tú no has querido sacrificio ni oblación; en cambio, me has dado un cuerpo. No has mirado con agrado los holocaustos ni los sacrificios expiatorios. Entonces dije: Aquí estoy, yo vengo -como está escrito de mí en el libro de la Ley- para hacer, Dios, tu voluntad." El comienza diciendo: Tú no has querido ni has mirado con agrado los sacrificios, los holocaustos, ni los sacrificios expiatorios, a pesar de que están prescritos por la Ley. Y luego añade: Aquí estoy, yo vengo para hacer tu voluntad. Así declara abolido el primer régimen para establecer el segundo. Y en virtud de esta voluntad quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha de una vez para siempre.


del Evangelio según San Lucas 1, 39-45.

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".










REFLEXIÓN

Estamos a tres días de la noche de Navidad, de la llegada de Dios al mundo: Emmanuel. El evangelio del día de hoy nos habla de algo muy importante que hizo la Virgen María estando embarazada, es decir algunos meses antes de que naciera su hijo. ¿Qué es lo que hizo? Sabiendo que su pariente Isabel, ya anciana, está embarazada, María parte presurosa a las montañas de Judea para ocuparse de su pariente.

El primer gesto de María, que tiene en su cuerpo a Dios, es ponerse al servicio de los demás, de aquellos que más la necesitan. En el breve pasaje del día de hoy podemos constatar la grandeza de María, es por eso que fue elegida por Dios, por su espíritu de servicio a los demás. Ella que tiene ya en su cuerpo a Dios, no se queda a descansar esperando que otros la sirvan, al contrario; ella va a ofrecer sus servicios, su cuerpo, a los otros, a los más necesitados que ella que está joven, en este caso se trata de la anciana Isabel.

Isabel por su parte que espera un bebé, al que más tarde le pondrá el nombre de Juan (Juan el bautista), se estremece en su cuerpo al escuchar el saludo de María. “En cuanto esta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno” El cuerpo todo de Isabel vibra al escuchar las primeras palabras de María. Esta es una hermosa escena de lo que significa darle la bienvenida a alguien, vibrar de gusto al recibirlo/a en nuestra casa. Hay quienes han recibido visitas muy especiales en su casa: de algún artista de moda, de algún representante político, en fin… Isabel reconoció en el saludo que su prima le dirigió no solamente a su familiar, sino a la madre de su Señor. Dios mismo entraba en su casa gracias a la visita de María. Por eso Isabel llena del Espíritu Santo exclama con humildad: “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”

Estamos en tiempo de Navidad, tiempo favorable para hacer y recibir visitas. Que estas visitas nos permitan encontrar a Dios en cada hermano, hermana, que visitemos. Que los regalos, los adornos de la casa, la cena y la fiesta sean tan solo “el pretexto” para algo más importante que lo material, reconocer la presencia de Dios en el otro que está frente a mí. Tal vez alguien pondría pensar: reconocer la presencia de Dios en María no era difícil, porque ella seguramente imanaba la presencia de Dios. Y es verdad. Sin embargo en todo hombre, mujer y niño se encuentra la presencia de Dios. Algunos hombres por su bondad como que nos permiten más fácilmente sentir la presencia de Dios en ellos, otros al contrario por su maldad nos hacen difícil creer que algo de Dios se encuentra en ellos. Sin embargo Dios está en todo hombre y ante todo él está en nosotros mismos. Nuestro cuerpo es el tabernáculo, es el pesebre donde Dios vive y nos pide que vayamos a compartirlo. Dios está en mí y Dios está en cada uno de ustedes con la alegría de su presencia. Vayamos presurosos a anunciarlo al resto de nuestros hermanos como lo hizo Virgen María. Amén.

[1] “¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?”. Miqueas 5, 1-4; Heb. 10, 5-10. IV Domingo de Adviento, Ciclo C, Parroquia de la Medalla milagrosa, Col. Impulsora, Nezahualcóyotl, Estado de México, 21 de diciembre de 2003.

(fuente: franciscoxaviersanchez.wordpress.com)

sábado, 19 de diciembre de 2015

El nacimiento de Juan El Bautista

Feria de Adviento: Semana antes de Navidad
(19/12/2015)

Libro de los Jueces 13, 2-7.24-25a. 

Había un hombre de Sorá, del clan de los danitas, que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos. El Angel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. Ahora, deja de beber vino o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. Porque concebirás y darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno materno. El comenzará a salvar a Israel del poder de los filisteos». La mujer fue a decir a su marido: «Un hombre de Dios ha venido a verme. Su aspecto era tan imponente, que parecía un ángel de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. Pero me dijo: "Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte".» La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo. Y el espíritu del Señor comenzó a actuar sobre él.


Salmo 71(70), 3-4a.5-6ab.16-17.

Sé para mí una roca protectora, Señor,
tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,
porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.
¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío!

Porque tú, Señor, eres mi esperanza
y mi seguridad desde mi juventud.
En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;
desde el seno materno fuiste mi protector.

Vendré a celebrar las proezas del Señor,
evocaré tu justicia, que es sólo tuya.
Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,
y hasta hoy he narrado tus maravillas.


del Evangelio según San Lucas 1, 5-25.

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada. Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso. Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Angel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto". Pero Zacarías dijo al Angel: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada". El Angel le respondió: "Yo soy Gabriel , el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo". Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo. Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres".











REFLEXIÓN

5-7. Lucas inicia la narración evangélica con el relato de Zacarías y de la natividad de Juan, contando maravilla antes de maravilla, menor antes que mayor. Pues como había de dar a luz una virgen, la gracia nos prepara a ese misterio, mostrándonos una anciana estéril que concibe. Declara también el tiempo cuando dice: “Hubo en los días de Herodes”. Y añadió la dignidad cuando dijo: “Rey de Judea”. Hubo otro Herodes, que mató a San Juan; pero aquél fue tetrarca y éste fue rey.

No sólo Isabel era estéril, sino que también lo habían sido las mujeres de patriarcas: Sara, Rebeca y Raquel, lo cual era deshonroso entre los antiguos. No podemos decir que la esterilidad sea efecto de pecado, puesto que los que vivían unidos eran justos y virtuosos. La causa de la esterilidad fue más bien tu propio beneficio, para que cuando vieses a la Virgen dar a luz al Señor, no fueses incrédulo, negándote a creer en tu interior la fecundidad de las estériles (in cap. graec. Patr. ex homil. in Genes).

11-14. Habiendo entrado Zacarías en el templo para ofrecer a Dios preces por todos, como mediador entre Dios y los hombres, vio que el Angel estaba dentro, por lo que se dice: “Y se le apareció el Angel”, etc. (homiliae. 2, de incomprehens. Dei natura )

Se apareció de una manera evidente y no en sueños, porque anunciaba una cosa extraordinaria y para ello era necesaria una visión más clara y admirable (homiliae in Matthaeum, hom. 11).

No puede el hombre, por justo que sea, mirar a un ángel sin temor. Por eso Zacarías se turba, no pudiendo resistir la presencia del ángel ni soportar aquel resplandor que lo acompañaba. Por eso se añade: “Y Zacarías se turbó,…”. A la manera que aturdido un cochero, dejando caer las riendas, corren desbocados los caballos y todo el vehículo se destroza, así suele suceder al alma cuantas veces es oprimida por algún temor o por algún cuidado. Por eso se añade: “Y el temor se precipitó sobre él”. (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

O “porque ha sido oída tu oración” prueba que se le había de engendrar un hijo que clamase: “He ahí al Cordero de Dios” ( Jn 1,29). (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

Conviene también expresar que aquellos en quienes debía resplandecer la virtud desde la más tierna infancia, recibían el nombre de Dios desde el principio. Mas a aquellos, que debían desarrollarse después, se les imponía el nombre más tarde (homiliae in Joannem, 18).

18-22. Teniendo en consideración Zacarías su propia edad, y también conocida la esterilidad de su mujer, desconfió. Por lo que añade: “Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto?” Como si dijese: “¿Cómo se hará esto? Y añade la causa de su duda: “Yo, pues, soy viejo”. La edad extemporánea, la naturaleza inepta: soy débil para engendrar, la tierra es estéril. Algunos consideran por esto indigno de perdón a un sacerdote que hace tantas preguntas, porque cuando Dios indica alguna cosa, conviene creerla; discutir acerca de ella es propio de un alma rebelde. De donde prosigue: “y respondiendo el ángel le dijo: “Yo soy Gabriel que estoy delante de Dios” (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

Para que cuando oigas que soy enviado por Dios, no creas que hay algo de humano en estas cosas que se te dicen. Y no hablo por mí, sino que te anuncio lo dicho por Aquel que me ha enviado. La virtud y la bondad de un enviado, consisten en que no diga nada de sí propio (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

Para que los vínculos de su impotencia generativa se trasladasen a las cuerdas vocales. No se le perdona por la consideración de ser sacerdote, sino que por el contrario, se le castigaba más, porque debía aventajar en la fe a los otros (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

Dice “y he aquí”, como si dijese: “En este instante”. Pero considera la misericordia del Señor en lo que se sigue: “Hasta el día en que sucedan estas cosas”. Como si dijera: cuando te demuestre lo que te digo con la realización de los hechos y conozcas que has sido castigado con justicia, entonces te sacaré de esta pena. Y manifiesta la causa de la pena cuando añade. Por lo mismo que no has creído en mis palabras, que se cumplirán a su tiempo, no atendiendo al poder de Aquel que me envió y a quien yo asisto. Si es castigado aquel que es incrédulo acerca de un nacimiento mortal, ¿cómo evitará el castigo el que rechaza el nacimiento celestial e inefable? (homiliae 2, De incomprehens. Dei natura).

23-25. Es decir, hizo cesar mi esterilidad, me concedió un don sobrenatural y la piedra infructuosa produjo espigas verdes. Me quitó el oprobio, haciéndome madre; de donde sigue: “En los días en que atendió a quitar mi oprobio de entre los hombres”.

Se alegra doblemente, porque Dios le quita la fama de estéril y porque se le ofrece un parto honroso. No interviene solo la unión conyugal como en los demás que engendran, sino que la gracia del cielo fue el principio de este nacimiento.

escrito por San Juan Crisóstomo
(fuente: www.deiverbum.org)
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