Buscar este blog

jueves, 18 de febrero de 2016

“Pedid y se os dará... llamad y se os abrirá”

Jueves de la Primera semana de Cuaresma
(18/02/2016)

Libro de Ester 14, 1.3-5.12-14. 

En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y rezó así al Señor, Dios de Israel: "Señor mío, único rey nuestro. Protégeme, que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti, pues yo misma me he expuesto al peligro. Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia, cómo tú, Señor, escogiste a Israel entre las naciones, a nuestros padres entre todos sus antepasados, para ser tu heredad perpetua; y les cumpliste lo que habías prometido. Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación, y dame valor, Señor, rey de los dioses y señor de poderosos. Pon en mi boca un discurso acertado cuando tenga que hablar al león; haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo, para que perezca con todos sus cómplices. «¡Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Unico! Ven a socorrerme, porque estoy sola, no tengo otra ayuda fuera de ti.


Salmo 138(137), 1-2a.2bc-3.7c-8.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
te cantaré en presencia de los ángeles.
Me postraré ante tu santo Templo.

y daré gracias a tu Nombre
por tu amor y tu fidelidad.
Me respondiste cada vez que te invoqué
y aumentaste la fuerza de mi alma.

Tu derecha me salva.
El Señor lo hará todo por mí.
Tu amor es eterno, Señor,
¡no abandones la obra de tus manos.


del Evangelio según San Mateo 7, 7-12.

Jesús dijo a sus discípulos: Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; llamen y se les abrirá. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá. ¿Quién de ustedes, cuando su hijo le pide pan, le da una piedra? ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan! Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos: en esto consiste la Ley y los Profetas.




REFLEXIÓN

“Pedid y se os dará....; llamad y se os abrirá.”

“Inclina tu oído hacia mí, Señor.” (Sal 5,2) Tú has venido, Señor, no sólo por misericordia con tu pueblo Israel, sino para salvar a todas las naciones..., no sólo a restaurar una parte de la tierra, sino a renovar al mundo entero. Por esto “Inclina tu oído hacia mí.” ¡No rechaces mi súplica por indigna, no desdeñes mi oración! No pido oro ni riquezas... Deseando el amor y el respeto de tu nombre, clamo sin cesar: “Inclina tu oído hacia mí, Señor.”

Israel gozaba de tus bienes. Yo también tendré experiencia de tus beneficios. Tú sacaste a tu pueblo de Egipto. Sácame de mi error. Tú lo rescataste del poder de Faraón. Líbrame del autor del mal. Tú lo hiciste pasar por el Mar Rojo. Condúceme a través de las aguas bautismales. Tú lo guiaste con una columna de fuego. Ilumíname por tu Espíritu Santo. Israel comió del pan de ángeles en el desierto. Dame tu Cuerpo santísimo. Bebió el agua de la roca; sacia mi sed con la Sangre de tu costado. Israel recibió las tablas de la ley; grava tu evangelio en mi corazón...

“Inclina tu oído hacia mí, Señor.” ¡Comprende mi grito! Gracias a este grito, Moisés tuvo a la creación como aliada para tu pueblo ( en el mar rojo). Gracias a este clamor, Josué paró el curso del sol (Jos 10,12) Gracias a este grito, Elías volvió estériles las nubes del cielo. (1R 17,1) Gracias a este clamor, Ana engendró un hijo contra toda esperanza (1S 1,10ss) ¡Señor, atiende, pues, mi súplica!

Proclamo el poder absoluto del Padre y la mediación del Hijo, su misión en el mundo y su obediencia. El Padre tiene su trono eterno y tú, “inclinaste los cielos y bajaste” (Sal 28,10; 17,10)... En el Jordán recibiste el testimonio del Padre...; multiplicando los panes en el desierto, levantaste los ojos hacia el cielo y pronunciaste la bendición. Cuando estuviste suspendido en la cruz, el Padre recibió tu espíritu; cuando depositaron tu cuerpo en el sepulcro, él te resucitó al tercer día. Por todo esto clamo en mi oración, esto es lo que proclamo a través de los tiempos.

Homilía anónima del siglo IV
atribuida a San Juan Crisóstomo; SC 146, pag 67ss
(fuente: evangeliodeldia.org)

miércoles, 17 de febrero de 2016

"Esta es una generación malvada... "

Miércoles de la Primera semana de Cuaresma
(17/02/2016)

Libro de Jonás 3, 1-10. 

La palabra del Señor fue dirigida por segunda vez a Jonás, en estos términos: "Parte ahora mismo para Nínive, la gran ciudad, y anúnciale el mensaje que yo te indicaré". Jonás partió para Nínive, conforme a la palabra del Señor. Nínive era una ciudad enormemente grande: se necesitaban tres días para recorrerla. Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida". Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño. Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua; vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. Tal vez Dios se vuelva atrás y se arrepienta, y aplaque el ardor de su ira, de manera que no perezcamos". Al ver todo lo que los ninivitas hacían para convertirse de su mala conducta, Dios se arrepintió de las amenazas que les había hecho y no las cumplió.


Salmo 51(50), 3-4.12-13.18-19.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Crea en mí, Dios mío, un corazón puro,
y renueva la firmeza de mi espíritu.
No me arrojes lejos de tu presencia
ni retires de mí tu santo espíritu.

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.


del Evangelio según San Lucas 11, 29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación. El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón. El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.






REFLEXIÓN

“Los hombres de Nínive se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás”

Abre, Señor, ábreme la puerta de tu misericordia antes de mi partida (Mt 25,11). Porque es preciso que me vaya, que venga a ti y me justifique de todo lo que digo de palabra, de todos mis actos y de todo lo que pienso en mi corazón. “Incluso el rumor de mis murmullos no dejan de escuchar tus oídos” (Sab 1,10). David exclama en su salmo: “Tú has creado mis entrañas; se escribían todas en tu libro” (Sl 138, 13.16). Leyendo en él los caracteres de mis malas acciones, grábalas sobre tu cruz, porque es en ella que me glorío (Gal 6,14) gritándote: “Ábreme”…

Nuestro espíritu se ha endurecido hasta el punto que cuando hemos oído hablar de las calamidades de otros, no nos hemos corregido en absoluto (Lc 13,1s). “Todos se extravían, igualmente obstinados, no hay uno que obre bien, ni uno solo” (Sl 13, 2-3). Los ninivitas, en otro tiempo, se convirtieron al escuchar la palabra del profeta. Pero nosotros no hemos comprendido ni la llamada ni la amenaza. Ezequías con sus lágrimas consiguió hacer huir a los asirios provocando contra ellos la justicia de lo alto (2R 19). Ahora bien, los asirios… nos han llevado a la cautividad, y nosotros no hemos llorado ni gritado: “Ábrenos”.

Altísimo Señor, juez de todos, no esperes a que nosotros cambiemos de conducta; tú no tienes necesidad de nuestras buenas acciones, porque cada uno de nosotros se dedica a hacer malas acciones con el pensamiento y la voluntad. Puesto que esto es así, Salvador, dirige nuestros días según tu voluntad, sin esperar a nuestra conversión, porque es posible que ella nunca llegue a realizarse. Y aunque viniera, sería por poco tiempo, no persiste hasta el final. Es como la simiente caída entre las piedras, como la hierba sobre los tejados, que se seca antes de crecer (Mc 4,5; Sl 128,6). Derrama tus misericordias sobre nosotros y sobre los que exclaman: “Ábrenos”.

San Romano el Melódico (?-c. 560), compositor de himnos
Himno 51
(fuente: evangeliodeldia.org)

martes, 16 de febrero de 2016

“Venga a nosotros tu reino”

Martes de la Primera semana de Cuaresma
(16/02/2016)

Libro de Isaías 55, 10-11. 

Así habla el Señor: Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.


Salmo 34(33), 4-5.6-7.16-17.18-19.

Glorifiquen conmigo al Señor,
alabemos su Nombre todos juntos.
Busqué al Señor: El me respondió
y me libró de todos mis temores.

Miren hacia El y quedarán resplandecientes,
y sus rostros no se avergonzarán.
Este pobre hombre invocó al Señor:
El lo escuchó y lo salvó de sus angustias.

Los ojos del Señor miran al justo
y sus oídos escuchan su clamor;
pero el Señor rechaza a los que hacen el mal
para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando ellos claman, el Señor los escucha
y los libra de todas sus angustias.
El Señor está cerca del que sufre
y salva a los que están abatidos.


del Evangelio según San Mateo 6, 7-15.

Jesús dijo a sus discípulos: Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados. No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal. Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes. Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.





REFLEXIÓN

“Venga a nosotros tu reino”

Si alguien pudiera mirarlo de cerca, quedaría asustado al ver de qué manera el hombre busca, en toda cosa, su bien personal aun en detrimento de otros hombres, en las palabras, las obras, los dones, los servicios. Tiene siempre la vista puesta en su bien personal: gozo, utilidad, gloria, servicios a recibir, siempre ventajas para sí mismo. He aquí lo que buscamos y queremos conseguir de las criaturas, e incluso en el servicio de Dios. El hombre no ve más que las cosas terrestres, de la misma manera que la mujer encorvada de la que nos habla el evangelio, estaba totalmente inclinada hacia el suelo y no podía mirar hacia lo alto (Lc 13,11). Nuestro Señor dice que “no se puede servir a dos señores, a Dios y a las riquezas”, y continúa “buscad primero”, es decir ante todo y por encima de todo, “el Reino de Dios y su justicia” (Mt 6,24.33).

Vigilad, pues, vuestras profundidades, y no busquéis más que el Reino de Dios y su justicia –es decir no busquéis más que a Dios, que es el verdadero reino. Es este el reino que deseamos y pedimos todos los días en el Padrenuestro. El Padrenuestro es una oración muy subida y poderosa; no sabéis lo que pedís (Mc 10,38). Dios está en su propio reino, el reino de todas las criaturas dotadas de razón, y es el fin de sus movimientos e inspiraciones. El reino que pedimos es Dios, él mismo en toda su riqueza...

Cuando el hombre se mantiene en estas disposiciones, no buscando, no queriendo, no deseando nada más que a Dios, él mismo llega a ser el Reino de Dios y Dios reina en él. En su corazón reina magníficamente el rey eterno que le manda y gobierna; la sede de este reino está en lo más íntimo del fondo de su alma.

escrito por Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo
Sermón 62
(fuente: evangeliodeldia.org)

lunes, 15 de febrero de 2016

“Venid, benditos de mi Padre, y recibid la herencia del reino”

Lunes de la primera semana de Cuaresma
(15/02/2016)

Libro del Levítico 19, 1-2.11-18. 

El Señor dijo a Moisés: Habla en estos términos a toda la comunidad de Israel: Ustedes serán santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Ustedes no robarán, no mentirán ni se engañarán unos a otros. No jurarán en falso por mi Nombre, porque profanarían el nombre de su Dios. Yo soy el Señor. No oprimirás a tu prójimo ni lo despojarás; y no retendrás hasta la mañana siguiente el salario del jornalero. No insultarás a un ciego, sino que temerás a tu Dios. Yo soy el Señor. No cometerás ninguna injusticia en los juicios. No favorecerás arbitrariamente al pobre ni te mostrarás complaciente con el rico: juzgarás a tu prójimo con justicia. No difamarás a tus compatriotas, ni pondrás en peligro la vida de tu prójimo. Yo soy el señor. No odiarás a tu hermano en tu corazón: deberás reprenderlo convenientemente, para no cargar con un pecado a causa de él. No serás vengativo con tus compatriotas ni les guardarás rencor. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor.


Salmo 19(18), 8.9.10.15.

La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple.

Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos.

La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos.

¡Ojalá sean de tu agrado
las palabras de mi boca,
y lleguen hasta ti mis pensamientos,
Señor, mi Roca y mi redentor!


del Evangelio según San Mateo 25, 31-46.

Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: 'Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver'. Los justos le responderán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?'. Y el Rey les responderá: 'Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo'. Luego dirá a los de su izquierda: 'Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron'. Estos, a su vez, le preguntarán: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?'. Y él les responderá: 'Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo'. Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna".






REFLEXIÓN

“Venid, benditos de mi Padre, y recibid la herencia del reino.” (Mt 25, 34)

Cristo, la misericordia celestial, viene cada día la puerta de tu casa: no sólo espiritualmente a la puerta de tu alma, sino materialmente a la puerta de tu casa. Porque, cada vez que un pobre se acerca a tu casa, sin duda alguna se acerca Cristo en él, porque él dijo: “Cada vez que lo habéis hecho a uno de estos pequeños, me lo hacíais a mí.” (Mt 25,40) No endurezcas el corazón, da un poco de dinero a Cristo del que esperar heredar el reino. Da un trozo de pan a aquel de quien esperar te dé la vida. Acoge al pobre en tu casa para que él te reciba en el paraíso. Dale alguna limosna a quien te puede dar la vida eterna.

¡Qué audacia querer reinar en el cielo con aquel a quien tú negaste tu limosna en este mundo! Si lo recibe durante el viaje terreno, él te acogerá en la felicidad eterna. Si tú lo desprecias aquí en tu patria de la tierra, él retirará su mirada sobre ti en la gloria. Un salmo dice: “cuando te alzas, desprecias su imagen.” (Sal 73,20) Si despreciamos en esta vida a aquellos que son imagen de Dios (Gn 1,26) hemos de temer ser rechazados en la eternidad. ¡Tened, pues, misericordia en esta vida!... Gracias a vuestra generosidad, escucharéis aquella palabra feliz: “Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del reino.” (Mt 25,34)

escrito por San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermón 26,5; SC 243, pag. 89ss
(fuente: evangeliodeldia.org)

domingo, 14 de febrero de 2016

"Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios"

Primer domingo de Cuaresma
(14/02/2016)

Deuteronomio 26, 4-10. 

El sacerdote tomará la canasta que tú le entregues, la depositará ante el altar, y tú pronunciarás estas palabras en presencia del Señor, tu Dios: "Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y se refugió allí con unos pocos hombres, pero luego se convirtió en una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron una dura servidumbre. Entonces pedimos auxilio al Señor, el Dios de nuestros padres, y él escuchó nuestra voz. El vio nuestra miseria, nuestro cansancio y nuestra opresión, y nos hizo salir de Egipto con el poder de su mano y la fuerza de su brazo, en medio de un gran terror, de signos y prodigios. El nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra que mana leche y miel. Por eso ofrezco ahora las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me diste". Tu depositarás las primicias ante el Señor, tu Dios, y te postrarás delante de él.


Salmo 91(90), 1-2.10-11.12-13.14-15.

Tú que vives al amparo del Altísimo
y resides a la sombra del Todopoderoso,
di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte,
mi Dios, en quien confío».

No te alcanzará ningún mal,
ninguna plaga se acercará a tu carpa,
porque Él te encomendó a sus ángeles
para que te cuiden en todos tus caminos.

Ellos te llevarán en sus manos
para que no tropieces contra ninguna piedra;
caminarás sobre leones y víboras,
pisotearás cachorros de león y serpientes.

“Él se entregó a mí,
por eso, yo lo libraré;
lo protegeré, porque conoce mi Nombre;
me invocará, y yo le responderé.

Estaré con él en el peligro,
lo defenderé y lo glorificaré.


Carta de San Pablo a los Romanos 10, 8-13.

¿Pero qué es lo que dice la justicia?: La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón, es decir la palabra de la fe que nosotros predicamos. Porque si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener la salvación. Así lo afirma la Escritura: El que cree en él, no quedará confundido. Porque no hay distinción entre judíos y los que no lo son: todos tienen el mismo Señor, que colma de bienes a quienes lo invocan. Ya que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará.


del Evangelio según San Lucas 4, 1-13.

Jesús, lleno del Espíritu Santo, regresó de las orillas del Jordán y fue conducido por el Espíritu al desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. No comió nada durante esos días, y al cabo de ellos tuvo hambre. El demonio le dijo entonces: "Si tú eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan". Pero Jesús le respondió: "Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan". Luego el demonio lo llevó a un lugar más alto, le mostró en un instante todos los reinos de la tierra y le dijo: "Te daré todo este poder y el esplendor de estos reinos, porque me han sido entregados, y yo los doy a quien quiero. Si tú te postras delante de mí, todo eso te pertenecerá". Pero Jesús le respondió: "Está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto". Después el demonio lo condujo a Jerusalén, lo puso en la parte más alta del Templo y le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: El dará órdenes a sus ángeles para que ellos te cuiden. Y también: Ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra". Pero Jesús le respondió: "Está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios". Una vez agotadas todas las formas de tentación, el demonio se alejó de él, hasta el momento oportuno.







LECTIO DIVINA

I. LEER: entender lo que dice el texto fijándose en como lo dice

La tradición evangélica (Mc 1,12 - 13; Mt 4,1 - 11; Jn 6,14 - 15; 7,1 - 9; 12,27 - 28) , y no solo ella (Heb 2,14 - 18; 4,15), nos transmite el hecho desconcertante de que Jesús fue tentado. Lucas coloca estratégicamente su relato de las tres tentaciones (Lc 4,1 - 13): inmediatamente después de haber afirmado la plena humanidad de Jesús con la divulgación de su genealogía (Lc 3,23 - 38) y antes de narrar propiamente el inicio de su ministerio público en Nazaret (Lc 4,14 - 30). El por Dios proclamado hijo amado (Lc 3,22) es hijo de su pueblo y de la humanidad (Lc 3,23 - 37). Antes de ser rechazado por su paisanos (Lc 4,2 4 - 30), deberá optar por ser como Dios lo quiere, su hijo predilecto. La filiación divina es para Jesús gracia que debe ser defendida; la tentación que, triplicada, sufrirá es una experiencia que afronta guiado por el Espíritu. Es verdad que surge cuando más débil se siente, tras un largo ayuno. Pero no es la debilidad humana sino el enemigo de su Dios la fuerza que lo tienta.

Lucas ha cambiado del orden narrativo de Mateo; así hace de la tentación en el templo de Jerusalén el ápice del ataque diabólico, que ha iniciado y termina poniendo en duda la filiación divina de Jesús (Lc4,3.9), cuanto Dios le había asegurado en su bautismo (Lc 3,22). Tentado, Jesús sufre la lucha entre dos voluntades, entre dos poderes, el del Padre que lo quiere hijo, y el del diablo, que cuestiona la voluntad de Dios. Aunque sea Jesús, su conciencia personal, el lugar de la batalla, son Dios y su antagonista los protagonistas.

La relación de los tres asaltos, una única tentación, es esquemática: el primero y el último (Lc 4,3.9) condicionan lo que Jesús sabe ser, hijo de Dios, a la satisfacción de su más perentorias necesidades, el imprescindible alimento y el deseado cuidado. En el segundo envite el demonio cambia de táctica y se vuelve prometedor: si Jesús lo adora, será omnipotente. Es significativo que esta promesa no vaya avalada por la palabra de Dios, como las dos anteriores. Y más significativo aún es que Jesús resista las tres embestidas, y las venza, apoyándose sine glossa en la palabra del Padre. Los hijos se salvan cuando dejan que sea el Padre, su Palabra, quien los defienda. Atenerse a cuando Dios ha dicho es mantenerse en el amor del Padre.

II. MEDITAR: aplicar lo que dice el texto a la vida

Conducido por el Espíritu, Jesús es probado en el desierto. El relato, en apariencia lineal e ingenuo, está cargado de sentido y simbolismo: Jesús repite la experiencia de Israel y sale, hasta ‘otra’ ocasión, triunfador del maligno. La posesión del Espíritu de Dios y su dominio de la Palabra le conducirán a una triple victoria: vict oria sobre su propia necesidad vital, victoria sobre su sed de poder y victoria sobre su propia conciencia de ser hijo de Dios. En los tres casos, Jesús deja que Dios sea Dios y ése es su éxito frente al tentador: hambriento, prefiere el querer de Dios como alimento; necesitado de poder, se pone a disposición de Dios; sabiéndose hijo, opta por no tentarlo. Si el hijo probó la tentación y dejó probada su filiación, difícilmente podría aspirar a ser considerado hijo quien rehúse la prueba o tema sucumbir en ella. Quien posea el Espíritu de Jesús y apoye su obediencia en la Palabra, saldrá victorioso de cualquier prueba, porque sabrá contar con Dios incluso cuando la tentación nos ponga a prueba su fidelidad.

Por inexplicable que nos parezca, hoy tendría que ser para nosotros una buena noticia el saber que Jesús fuera tentado. Hay algo bueno y esperanzador en ello. No en vano se nos acaba de proclamar como palabra de Dios la narración de las pruebas a que fue sometido Jesús en el desierto. Y lo primero que deber íamos aprender del evangelio de hoy es que nada hay de lamentable, nada es indigno, en padecer tentación: si el Hijo de Dios la conoció, no debería humillarnos tener que reconocer que vivimos expuestos a ella. Quien no sabe de dudas, no se sabrá nunca seguro. Si no hemos sentido la tentación de liberarse de Dios, no se sentirá la alegría de mantenernos en su presencia; quien no ha podido abandonar a Dios, no tendrá tampoco razones para quedarse con Él.

Quien no ha sentido la ilusión de programarse la vida desde sí mismo, y con los propios recursos, no consentirá del todo al plan que Dios le propone. Quien no ha intentado vivir a su propia luz y con sus propias fuerzas, no sabrá qué significa vivir a la luz de Dios y con su fuerza.

El creyente tentado no es un fiel más débil, sino quien más posibilidad tiene de mostrar su fortaleza. Sólo quien ha sido probado, ha dejado probada su fidelidad. Una fidelidad no probada es, todavía, una fidelidad por probar, algo de poco monta. Tendríamos que recordar más a menudo que la tentación, nuestras tentaciones diarias, no son el obstáculo para encontrarnos con Dios, sino la ocasión para quedarnos con Él. No se siente tentado de dejar a Dios sino quien convive con Él. Es gratificante, es esperanzador, es en verdad una buena noticia, saber que la tentación la tienen los hijos de Dios, no sus enemigos, los extraños. El odio no es tentación para el enemigo, sino sólo para el amigo y familiar. Sentirse provocado para renunciar al padre es la prueba que caracteriza a sus hijos.

Un día fue la prueba de Jesús, el Hijo de Dios. Saberlo nos debe llevar a aprovechar nuestras tentaciones, esas pruebas pequeñas, las más frecuentes, y esas otras más importantes, las menos corrientes, para probar a Dios nuestra fidelidad y para permitirle que nos apruebe como sus hijos.

La primera tentación que conoció Jesús se refiere a su necesidad de alimento. Tras cuarenta días de ayuno, sintió hambre y la tentación de satisfacerla con su poder divino; le bastaba, en efecto, gritárselo a las piedras para que se le convirtieran en manjar. Pero resistió su hambre y se negó a satisfacerla milagrosamente; sabía que a Dios, su Padre, debía la vida y era a Él a quien competía su custodia. Prefirió confiarse a Dios a confiarse en sus fuerzas; era para él más fuerte la necesidad de Dios que el necesario pan.

El hijo sabe que lo decisivo no es vivir angustiado por satisfacer los propios deseos y necesidades, por vitales que éstos sean, sino vivir para satisfacer los deseos y la necesidad del Padre. No define al hijo lo que éste necesita, sino cuánto lo necesita su padre. Perder tiempo y vitalidad en procurarse un alimento que le satisfaga, hace inútil al padre que vive para dar vida a sus hijos y para mantenérsela. No hay que maravillarse de que Jesús sintiera hambre, ni siquiera de que sintiera la tentación de procurarse alimento; pero hay que envidiarle su capacidad de retrasar su satisfacción para concederle a Dios, su Padre, la satisfacción de agotársela. Deberíamos aprender de Jesús, el hijo de Dios, si queremos hacer a Dios nuestro Padre, a poner en sus manos nuestras necesidades y a esperar de Él su satisfacción; para los hijos de Dios nada, ni la urgencia más irresistible, es preferible a la voluntad del Padre.

La segunda prueba que sintió Jesús es aún más actual, más peligrosa también. Se le ofreció todo el poder del mundo, si renegaba de su Padre y Dios. La negativa de Jesús es neta: sólo Dios puede aspirar a exigirle un servicio exclusivo. Únicamente al padre se le debe obediencia filial. Nada es preferible a Dios, ni siquiera un poder tan grande que nos a Él nos asemejara: contar con Dios como Padre es contar con el poder de Dios.

Quien, como Jesús, se libera de la tentación de ejercer el poder sobre los demás, no se hace más débil. Permite que Dios sea con mayor facilidad su Dios y se convierte con mayor seguridad en su hijo. Y es que saberse siervo de un sólo Dios nos libera de todos los demás dioses. Bien lo sabemos: nadie es más libre que quien tiene a un sólo señor que servir. Tener a Dios como único Dios nos hace hijos de un único Padre. ¡Con cuánta mayor libertad viviríamos, si viviéramos cultivando únicamente a Dios! En cambio, porque nos desvivimos cultivando nuestros miedos a ser insignificantes, acrecentando nuestra angustia ante lo poco que valemos o podemos, comparándonos continuamente con cuanto han conseguido los otros, no logramos vivir seguros de tener a todo un Dios como Padre y Señor único. No optando por servirle únicamente a Él y nos perdemos la oportunidad de que ponga a nuestra disposición su omnipotencia de Dios; a limentando otras filiaciones, le negamos que sea Él nuestro único Padre.

La tercera prueba que superó Jesús fue la más sutil y grave. Como estaba tan seguro de ser hijo de Dios, sintió que podía contar sin más con la protección de su Padre. ¿Para qué sirve un Padre que no puede salvar a su hijo? De poco serviría un Dios que no ayudara a los suyos. La confianza de Jesús pudo llevarle a la temeridad: la vida del hijo no puede arriesgarse sólo porque se está seguro de estar al cuidado del padre. Para autentificarse como hijo no hay que poner a prueba el propio Padre.

Jesús, el hijo verdadero no tentó al Padre poniéndole a prueba sólo porque se sabía hijo. Quien espera demasiado de Dios, quien le exige más de lo que Él está dispuesto a conceder en un momento dado, quien se defrauda de un Dios que no acude cuando se le necesita, pone a prueba a Dios, menosprecia sus decisiones y desprecia su querer. Un Dios que se precia, no está a disposición de quien le necesita o sólo cuando se le necesita. El Padre de Jesús quiere ser Dios nuestro siempre, en la necesidad y en la abundancia, en el llanto y en la alegría, en el aprieto y en anchura. Tomarlo en serio cuando nos hace falta equivale a hacerle inútil si no tenemos de Él necesidad. No hacerlo Dios siempre es no hacerlo Dios nunca. Y un buen hijo se cuida de no prescindir de su Padre: ni cuando necesita de sus cuidados ni cuando puede prescindir de ellos, deja de considerarse hijo.

Jesús, el Hijo de Dios, nos recuerda hoy que sufrir tentación no es algo vergonzante, que no hay hijo que se precie si no ha sentido alguna vez deseos de dejar a su padre. Si ello es consolador, no es menos exigente. Sólo quien opta por quedarse en casa, junto a su Padre, haciendo su voluntad cueste lo que cueste, es hijo para su Dios. Si la tentación es el camino para quedarnos de forma más consciente con Dios como Padre, bienvenida sea.

(fuente: donbosco.es)

sábado, 13 de febrero de 2016

"No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos..."

Sábado después de Ceniza
(13/02/2016)

Libro de Isaías 58, 9b-14. 

Así habla el Señor: Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía. El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán "Reparador de brechas", "Restaurador de moradas en ruinas". Si dejas de pisotear el sábado, de hacer tus negocios en mi día santo; si llamas al sábado "Delicioso" y al día santo del Señor "Honorable"; si lo honras absteniéndote de traficar, de entregarte a tus negocios y de hablar ociosamente, entonces te deleitarás en el Señor; yo te haré cabalgar sobre las alturas del país y te alimentaré con la herencia de tu padre Jacob, porque ha hablado la boca del Señor.


Salmo 86(85), 1-2.3-4.5-6.

Inclina tu oído, Señor, respóndeme,
porque soy pobre y miserable;
protégeme, porque soy uno de tus fieles,
salva a tu servidor que en ti confía.

Tú eres mi Dios: ten piedad de mí, Señor,
porque te invoco todo el día;
reconforta el ánimo de tu servidor,
porque a ti, Señor, elevo mi alma.

Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica!


del Evangelio según San Lucas 5, 27-32

Jesús salió y vio a un publicano llamado Leví, que estaba sentado junto a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció a Jesús un gran banquete en su casa. Había numerosos publicanos y otras personas que estaban a la mesa con ellos. Los fariseos y los escribas murmuraban y decían a los discípulos de Jesús: "¿Por qué ustedes comen y beben con publicanos y pecadores?". Pero Jesús tomó la palabra y les dijo: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, para que se conviertan".







REFLEXIÓN

«Dejándolo todo, se levantó y le siguió»: la cuaresma conduce al bautismo

Sois ya discípulos de la nueva Alianza y partícipes de los misterios de Cristo, ahora por vocación, pero dentro de poco también como un don: haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo (Ez 18,31) para que se alegren los moradores del cielo. Pues si, como dice el evangelio, «habrá alegría por un solo pecador que se convierte»( Lc 15,7), ¿cuánto más no moverá a la alegría a los habitantes del cielo la salvación de tantas almas?

Habiendo entrado por un camino ancho y hermoso, recorred cautelosamente la senda de la piedad. Pues el unigénito Hijo de Dios está plenamente dispuesto para vuestra redención y señala: «Venid todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré»( Mt 11,28). Los que lleváis el pernicioso vestido de vuestras ofensas y estáis oprimidos por las cadenas de vuestros pecados, escuchad la voz del profeta que dice: «Lavaos, purificaos, quitad de delante de mis ojos las maldades de vuestra alma»( Is 1,16), de modo que os aclame el coro de los ángeles: «Dichoso el que es perdonado de su culpa, y le queda cubierto su pecado»( Sal. 31,1). Los que habéis encendido hace poco por primera vez las lámparas de la fe, sostenedlas en las manos sin que se apaguen, para que aquel que en otro tiempo abrió por la fe el paraíso al ladrón en este santísimo monte del Gólgota (Lc 23,43) os conceda también a vosotros cantar el cántico nupcial.

Si alguno es ahora esclavo del pecado, prepárese mediante la fe para la regeneración liberadora de la adopción filial. Y abandonada la funesta servidumbre de los pecados, una vez dedicado al dulce servicio del Señor, será juzgado digno de disfrutar la herencia del reino celestial. Desvestíos por medio de la confesión del hombre viejo, que se corrompe por las concupiscencias del error, para revestiros del hombre nuevo, que se renueva por el conocimiento de aquel que le creó. Recibid por la fe las arras del Espíritu (2Co 5,5) para que podáis ser recibidos en las moradas eternas. Acercaos (a recibir) el sello espiritual para que podáis ser reconocidos favorablemente por vuestro dueño.

escrito San Cirilo de Jerusalén (313-350),
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismales, n° 1
(fuente: www.evangeliodeldia.org)

viernes, 12 de febrero de 2016

"Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán"

Viernes despúes de Ceniza
(12/02/2016)

Libro de Isaías 58, 1-9a. 

Así habla el Señor Dios: ¡Grita a voz en cuello, no te contengas, alza tu voz como una trompeta: denúnciale a mi pueblo su rebeldía y sus pecados a la casa de Jacob! Ellos me consultan día tras día y quieren conocer mis caminos, como lo haría una nación que practica la justicia y no abandona el derecho de su Dios; reclaman de mí sentencias justas, les gusta estar cerca de Dios: "¿Por qué ayunamos y tú no lo ves, nos afligimos y tú no lo reconoces?". Porque ustedes, el mismo día en que ayunan, se ocupan de negocios y maltratan a su servidumbre. Ayunan para entregarse a pleitos y querellas y para golpear perversamente con el puño. No ayunen como en esos días, si quieren hacer oír su voz en las alturas. ¿Es este acaso el ayuno que yo amo, el día en que el hombre se aflige a sí mismo? Doblar la cabeza como un junco, tenderse sobre el cilicio y la ceniza: ¿a eso lo llamas ayuno y día aceptable al Señor? Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne. Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor. Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!".


Salmo 51(50), 3-4.5-6a.18-19.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Porque yo reconozco mis faltas
y mi pecado está siempre ante mí.
Contra ti, contra ti sólo pequé
Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.


del Evangelio según San Mateo 9, 14-15.

Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?". Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán".









REFLEXIÓN

En el Evangelio de hoy, Jesús insiste en que la «alegría» sea primero. Antes del «ayuno», antes del sacrificio, hay la alegría de estar «con el Esposo», con Dios. "Los compañeros del Esposo ¿deben ayunar mientras el Esposo está con ellos?"

-Me buscan, según parece... Les agrada mi vecindad... Dicen: nosotros ayunamos y Tú, Señor, ¿no lo ves?

Emocionante confesión de Dios: reconoce nuestras pobres tentativas humanas. Efectivamente, es verdad, la humanidad busca a Dios. Se le quisiera cercano y favorable a nuestros proyectos; y para ello uno es incluso capaz de ayunar, de hacer alguna penitencia.

-Pero mientras ayunáis sabéis buscar vuestro negocio, explotáis a vuestros trabajadores, continuáis las querellas, las disputas, los puñetazos.

Ayunar es bueno, dice Dios, pero no es lo esencial. Lo esencial es respetar al prójimo, no explotarle, no considerarlo como un objeto que ponemos a nuestro provecho.

Ayúdanos, Señor, a no buscar con avidez nuestra ventaja y menos si hay detrimento para los demás. ¡Ayuda a cada hombre a no explotar a otro hombre! En nuestras vidas de familia, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones, ayúdanos a no ser exigentes ni duros, ni atropelladores, ni tajantes; que renunciemos a las «disputas y a las querellas» y, como dice el Señor, que nuestro ayuno sea «desatar los lazos de maldad». Privarse de suscitar disputas y atropellos es más necesario que privarse de alimento o de golosinas.

La Cuaresma que me agrada es:

-Aflojar las cadenas injustas...
-Liberar a los oprimidos...
-Compartir el pan con el hambriento...
-Dar acogida al desgraciado...
-Cubrir al que veas sin vestido...
-No esquivar a tu semejante...

Esas frases deberían pasar sin comentario. Es preciso llevar a la oración esas palabras que nos queman como brasas.

Eso es lo que Tú esperas de mí, Señor. ¡Ah, si todos los cristianos pudieran oír esas llamadas. Si tu pueblo aceptara dejarse interrogar sobre esas cuestiones, durante cuarenta días al año! ¡Cuál sería la renovación de la sociedad humana, con esa levadura! ¡Qué revolución sin violencia sería la Iglesia en medio del mundo!

Pero, cuidado, no he de aplicar esas palabras a mis vecinos. Van dirigidas a mí. Concédeme, Señor, no andar soñando en sacrificios y en «ayunos» excepcionales; te pido saber aceptar francamente los que me imponen mis relaciones humanas, cotidianas. «¡Comparte!» «¡Acoge!» «¡Da!».

-Un día agradable al Señor...

Lo significativo de ese día no es el «ayuno», sino el amor a los semejantes.

-Entonces brotará tu luz como la aurora. Entonces clamarás al Señor y te contestará: "Aquí estoy".

Si la búsqueda de Dios, el deseo de su cercanía parece a menudo tan inoperante, es porque no ponemos los medios adecuados. El encuentro con Dios está condicionado por nuestras conductas humanas fraternas o no.

escrito por Noel Quesson
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 3
PRIMERAS LECTURAS PARA ADVIENTO - NAVIDAD
CUARESMA Y TIEMPO PASCUAL
EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 98 s.
(fuente: mercaba.org)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...