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martes, 19 de abril de 2016

"Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen"

Martes de la cuarta semana de Pascua
(19/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 19-26. 

Los que se habían dispersado durante la persecución que se desató a causa de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, y anunciaban la Palabra únicamente a los judíos. Sin embargo, había entre ellos algunos hombres originarios de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, también anunciaron a los paganos la Buena Noticia del Señor Jesús. La mano del Señor los acompañaba y muchos creyeron y se convirtieron. Al enterarse de esto, la Iglesia de Jerusalén envió a Bernabé a Antioquía. Cuando llegó y vio la gracia que Dios les había concedido, él se alegró mucho y exhortaba a todos a permanecer fieles al Señor con un corazón firme. Bernabé era un hombre bondadoso, lleno del Espíritu Santo y de mucha fe. Y una gran multitud adhirió al Señor. Entonces partió hacia Tarso en busca de Saulo, y cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Ambos vivieron todo un año en esa Iglesia y enseñaron a mucha gente. Y fue en Antioquía, donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de "cristianos".


Salmo 87(86), 1-3.4-5.6-7.

¡Esta es la ciudad que fundó el Señor
sobre las santas Montañas!
El ama las puertas de Sión
más que a todas las moradas de Jacob.

Cosas admirables se dicen de ti,
Ciudad de Dios.

«Contaré a Egipto y a Babilonia
entre aquellos que me conocen;
filisteos, tirios y etíopes han nacido en ella.»

Así se hablará de Sión:
«Este, y también aquél,
han nacido en ella,
y el Altísimo en persona la ha fundado.»

Al registrar a los pueblos, el Señor escribirá:
«Este ha nacido en ella.»
Y todos cantarán, mientras danzan:
«Todas mis fuentes de vida están en ti.»


del Evangelio según San Juan 10, 22-30.

Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón. Los judíos lo rodearon y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente". Jesús les respondió: "Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa".

















REFLEXIÓN

En el mensaje que hoy el Señor nos regala nos invita a asumir nuestra responsabilidad de liderazgo, de conducción, de acompañamiento de las personas que Dios nos confía en distintos ámbitos. Amigos, compañeros de trabajo, compañeros de estudio, hijos, hijas, a veces también cuando los hijos tienen la responsabilidad de acompañar a sus padres por su situación de fragilidad en la salud, todo lo que tiene que ver con el pastoreo, sobretodo si vos sos un agente pastoral en la catequesis o tenés un servicio de caridad en alguna obra que Dios te confía, aquél al que Dios puso bajo tu cuidado.

Hoy la catequesis va a estar orientada sobre esto, y algunos rasgos muy interesantes que refleja San Ignacio de Antioquia cuando habla de pastoreo y de cuál es la disposición interior que debe tener quien ejerce este rol, este servicio dentro de la comunidad. Que nos llegue a todos esa invitación y que podamos encontrar verdaderamente el lugar que Dios nos pide que tengamos desde el pastoreo que nos confía.

Una vez más, y de manera parabólica, Jesús sale al encuentro de sus interlocutores quienes cuestionan su lugar dentro de la comunidad de Israel como maestro, pidiéndole y exigiéndole que les manifieste su mesianismo.

Él revela esta condición suya en clave muy simple, muy sencilla, en aquella que en la sencillez le da autoridad al que la ejerce. El pastoreo que habla también y que se referencia sin duda a la figura de David, pero ahora resalta la comunión de vida que hay entre el Padre y El e invita a dos disposiciones fundamentales para poder nosotros participar de esa comunión de vida: el conocimiento del Pastor y la escucha de su voz. Jesús se identifica con Dios a tal punto que dice “el Padre y yo somos uno”.

El Cristo, el Mesías, revelado en la persona de Jesús de Nazaret, llama a este lugar de comunión desde el ejercicio de la caridad que, como lo compartíamos ayer, se expresa en ese “conocer”. “Yo conozco al Padre y el Padre me conoce a mí, yo conozco a mis ovejas, ellas me conocen, yo las llamo por su nombre, ellas me responden”; es este conocimiento que brota de la caridad. Es la caridad una ciencia que permite ahondar la vida de los demás y la propia vida a fondo, hasta lo profundo, y desde este lugar el ejerce un buen pastoreo, una buena conducción, un buen liderazgo. Un liderazgo, un pastoreo y una conducción que están marcadas por este signo, el de la caridad. Y entre este estilo de Jesús y aquel que ejercen quienes tienen la autoridad en ese tiempo hay una grandísima diferencia. El habla como quien tiene autoridad, decían quienes lo escuchaban y la autoridad nacía justamente entre la coherencia de su discurso y el ejercicio del mismo en la caridad, particularmente para con los desposeídos de su tiempo. Jesús vive en y desde la fuerza del amor el misterio del Padre que lo pone en contacto con todos, sin excluir a nadie, pero particularmente con los más pobres.

El está dispuesto a dar la vida por las ovejas en el momento del peligro, el las conoce y es conocido por ellas. “Yo soy el Buen Pastor que conozco a las mías, las mías me conocen a mí, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre”. El conocimiento en el amor es el que lo lleva a Jesús a querer entregarlo todo, a querer entregar la propia vida.

Este es un camino que se nos abre a nosotros hacia adelante. Cuando encontramos obstáculos frente al mandato, la invitación, la llamada que Dios nos hace de hacernos cargo y acompañar el proceso de formación y crecimiento de la vida de otras personas ya sea en el vínculo de amistad, sea en el vínculo pastoral en el ejercicio de nuestro pastoreo por ser agentes pastorales en la caridad, en la catequesis, en el ministerio de la liturgia, sea porque ejercemos un rol docente y tenemos a nuestro cargo jóvenes, alumnos, niños, adultos también que se forman y Dios nos pide que ejerzamos sobre ellos la presencia de El, el que forma, el que da forma a la vida de los demás.

Desde este lugar nuestro, el que nos toca, por ejemplo a mí todas las mañanas con ustedes, Dios nos invita a asumir los rasgos de buen pastor. Y te compartía al comienzo de nuestro encuentro, he encontrado un texto muy bonito que es el que vamos a seguir en la mañana de hoy que es de San Ignacio de Antioquia: “Desempeña el cargo que ocupas con toda diligencia, de cuerpo y espíritu”, comienza este texto a abrirse camino en una llamada a desarrollar la gracia pastoral que recibimos el día del bautismo y ejercerla en aquél lugar donde como educadores, formadores, en uno o en otro sentido somos llamados a hacer presente, desde un liderazgo al estilo de Jesús, marcado por la caridad y por el servicio.

Vamos a ir viendo los distintos rasgos que San Ignacio de Antioquia, padre de la iglesia, hace mucho tiempo escribía llamando al pastoreo según el estilo de Jesús.

Este acompañar en el camino que Dios nos hace a nosotros descubriéndonos su amor cercano, su amor familiar, su amor comprometido con la historia nuestra de ayer, con la que hoy queremos construir, con los sueños que tenemos para mañana, es un regalo que nos hace para compartirlo con otros. Descubrir esta presencia de Dios amigo, cercano, compañero de camino, pastor que guía, que sostiene, que alienta, que acompaña, que cura, que abraza y que consuela, es para que nosotros podamos igualmente desarrollar ese don, esa gracia, entre nuestro amigos, con nuestros vecinos, con nuestros compañeros, en el lugar de trabajo, allí donde Dios nos pone como luz para que ilumine a los demás, donde nos invita a ser sal, fermento en la masa, donde nos llama a ponerle sabor a la vida, y ¿cómo hacerlo?, ¿cómo desarrollar este don?, ¿a qué hay que atenerse y que es lo que hay que tener en cuenta?

San Ignacio de Antioquia hace mucho tiempo escribía al respecto de esto y nos invita, desde hermoso texto, a asumir nosotros actitudes que colaboren, favorezcan el desarrollo de este don que ha puesto el Señor en nuestro corazón y que quiere hacerlo extensivo a los demás: “Preocúpate de la unidad, no existe nada mejor que ella”. Aquello de Jesús: “Que sean uno”, y que en la unidad podamos construir el verdadero rostro de Dios para que el mundo crea. Para que el mundo crea Dios nos invita a trabajar y a luchar por la unidad. Ayer a la tarde tuve un hermoso encuentro ocasional con los hermanos focolares que están desarrollando un espacio bello en “La Casa”, la casa urbana.

Tenemos dos casas nosotros en el fin de semana, la casa del sábado donde compartimos y reencontramos todos los caminos recorridos durante la semana, y “La casa de campo”, el domingo, a donde vamos a disfrutar de la naturaleza y viajamos con Anabel y con Juanjo para poder, estando en casa, en la casa de la ciudad, en la casa del pueblo, recoger lo vivido en los cinco primeros días y después en la casa de campo como para distendernos. En la casa urbana, digámoslo así, en la casa del sábado, nuestros hermanos focolares tienen un espacio que yo les decía, cuando armábamos esta parte de la producción de la radio, tiene que ser como el hogar a leña de la casa, esto tan típicamente focolar, ese fuego que congrega. Y con ellos hablábamos ayer, ellos que tienen este carisma de la unidad, del valor y del sentido de la unidad, particularmente en este tiempo que estamos viviendo en nuestra patria, como luchar por ella. Me lo decía también Ismael, quien acompaña desde el servicio voluntario de Radio María en la gestión, el desarrollo de distintas Radios Marías en América Latina desde aquí, desde Argentina, que cuánto hay que trabajar en este sentido para que nuestras radios verdaderamente puedan llevar adelante su mensaje, su tarea, su rol de evangelizadoras. Y la verdad sea dicha que la intuición en el espíritu que Chiara Ludvic recibió fue grande en este sentido y cuánto tenemos que orar en estos días por la visita de Benedicto XVI a EEUU donde la Iglesia está sufriendo embates duros desde dentro de ella misma y cuestionada profundamente, a veces por mucha razón por la sociedad estadounidense ante escándalos que necesitan una corrección honda, profunda, en su interior.

Luchar por la unidad y trabajar por ella supone a veces esto de corregir, alentar, consolar, perdonar, arrepentirse y comenzar de nuevo. “Preocúpate de la unidad, no existe nada mejor que ella”, es un regalo grande que Dios nos ha hecho y es lo que habla en la diversidad del misterio de Dios del rostro completo de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. También Ignacio de Antioquia llamaba a “llevarlos a todos sobre sí como el Señor te lleva a ti”.

Llevar a todos sobre tus brazos, como el Señor te lleva sobre sus brazos. Hay un texto bello en la Palabra, hay una cita comparativa de Juan 14 que creo se refiere a Deuteronomio que dice algo así: “acuérdate del que te tomó entre sus brazos y te conduzco por el desierto”. Cuando el pueblo va perdiendo referencias del rostro de Dios en el desierto, las referencias cambian, igual que en el exilio, Dios invita al pueblo a recordarse a sí mismo que el fue tomado por los brazos de Dios y que Dios lo conduzco, y decía el padre Walter Gómez, un hermano sacerdote de Córdoba, nos recordaba ayer en la reflexión aquella hermosa historia de Juan XXIII cuando lo subían a la silla gestatoria, cosa que ya no está mas, antes al papa en vez de llevarlo en el papamóvil lo llevaban en una silla que se llama silla gestatoria y lo hacían caminar por los distintos lugares entre el pueblo.

Decía el “la silla gestatoria más hermosa donde fui llevado, mejor que en ésta, decía con esa sencillez que lo caracterizaba, fue cuando tenía ocho años e hice la Primera comunión. Para ir a comulgar por primera vez yo tuve que recorrer hasta la capilla donde recibía por primera vez a Jesús en el Santísimo Sacramento del altar ocho kilómetros porque vivíamos en el campo y la capilla del pueblo se encontraba a ocho kilómetros. A la vuelta yo estaba muy cansado y me trajo mi padre en sus brazos, y la verdad es que el recuerdo de aquél gesto de amor por parte de mi padre lo llevo por siempre en mi corazón”. Qué lindo, con qué sencillez y profundidad Juan XXIII nos dice esto que San Ignacio de Antioquia y la Palabra en el libro del Deuteronomio nos invita a recordar que fuimos llevados por los brazos del Padre y que eso mismo tenemos que hacer con los demás.

También Ignacio de Antioquia, en el ejercicio de la caridad pastoral invita a soportarnos a todos con espíritu de caridad, que es más que la tolerancia, es más que el respeto de las diferencias, es la caridad la que nos permite llevarnos mutuamente, soportar, que no es aguantársela, apretar los dientes, sino verdaderamente ser soporte, es decir quien le pone el hombro al otro, no el soportar como quien marca un límite, sino soportar asumiendo al otro con la diferencia que el otro tiene y se deja asumir por el otro en las diferencias que uno tiene.

“Dedícate sin pausa a la oración en el ejercicio de la tarea pastoral”. “Velen, decía Jesús, recen insistentemente”. “El espíritu está cerca, decía Pablo, pero la carne es frágil”. Es importante en el camino de acompañamiento de otras personas el desarrollar la gracia de la inteligencia en el discernimiento para poder verdaderamente adelantarnos y ver por donde van los caminos, y así, si yerra alguno de los que Dios nos confía poder indicarle la vuelta al camino correcto.

“Pide mayor inteligencia de la que ya tienes en discernimiento y permanece alerta con espíritu que desconoce el sueño”, que no se duerme en los laureles, que no se dice a sí mismo “descansa alma mía porque ya tienes de todo” sino que está siempre en tensión hacia, que es distinto que vivir estresado, es distinto a vivir enchufado a 220w como a veces nos pasa. Es vivir como una cuerda de guitarra, tensa para que suene con el tono que tiene que sonar.

Cuando la cuerda de la guitarra no está tensa en el justo lugar, desafina, así también en la propia vida, la falta de tensión, o la tensión de más o de menos, hace que nosotros desafinemos en el ponerle verdaderamente música a la vida, y cuando esta música tiene que ser ofrecida a los demás es bueno que el corazón esté bien calibrado, que esté bien afinado. Esto supone una actitud de escucha al otro, atenta, con un corazón inteligente y al mismo tiempo una escucha profunda al misterio de Dios en la vida del otro y en el propio corazón.

“Habla a los hombres del pueblo al estilo de Dios”, ¿y cómo habla Dios a los hombres? Dios habla con el lenguaje materno que es el lenguaje de la caridad, este es el lenguaje al que Jesús se refiere en estos días cuando dice: “Mis ovejas escuchan mi voz”, porque tiene la capacidad de hacerse entender desde las parábolas, con ejemplos sencillos, pero por sobre todas las cosas con la contundencia que tiene el lenguaje cuando está impregnado del mensaje de la caridad.

“Habla a los hombres del pueblo al estilo de Dios”, es decir “háblales con caridad, carga sobre ti como perfecto atleta las enfermedades de todos”, este modo de no despreocuparnos de los otros, de ocuparnos particularmente de los demás. Todo el ejercicio de la tarea pastoral, del acompañamiento de los que Dios nos confía se sintetizan en este lugar donde Dios verdaderamente le da forma a nuestro servicio, es la caridad, es el amor que todo lo impregna y lo transforma desde nosotros en servicio a los demás.

El que tiene la gracia del acompañamiento a los demás desde el lugar que le toca servir como educador, educadora, en el lugar donde le toca hacer de padre, de madre, de compañero de camino de otro que lo necesita en el peregrinar, sabe que no todas las heridas se curan con el mismo remedio y en este sentido Ignacio de Antioquia decía “no todas las heridas se curan con el mismo emplasto”, uno tiene que saber como conviene expresar lo que hay que expresar o callar cuando hay que callar o abrazar cuando hay que abrazar o poner una mano sobre el hombro cuando es necesario, o sencillamente contemplar el dolor del otro y recibirlo en su llanto sabiendo que es el silencio, no ese silencio del que se mantiene distante sino del silencio del que verdaderamente recibe, silencio acogedor con el que los hermanos más dolidos necesitan ser bienvenidos a nuestro corazón.

No toda herida se cura de la misma manera, no hay recetas para la vida sino que hay caminos en la vida y son tan diversos para cada uno que la sabiduría del que acompaña está en saber por donde tiene que ir el hermano, aprender a esperar a que pueda encontrar el camino aún cuando uno lo haya visto antes, cuando uno ha tenido la gracia de poder descubrir por donde Dios conduce a la persona, hay que saber que es cada uno el que tiene que ir aprendiendo a descubrir ese sendero.

Esto supone una actitud, como dice Ignacio de Antioquia, de prudencia, como la serpiente y al mismo tiempo de mucha sencillez, como la paloma. Bíblicamente “se prudente como la serpiente y se también muy simple como es simple una paloma”. Esto siempre buscando alcanzarlo a Dios en el ejercicio pastoral, en la tarea pastoral, no como una estrategia, no como el ejercicio de un mandato profesional sino como quien hace lo que hace sabiendo que lo que hace lo hace para que Dios se manifieste a partir de ese quehacer y sea Él el piloto que maneja los vientos y quien navega sobre la vida propia de los demás ayudándonos a soportar las tormentas y poniéndonos en el corazón el anhelo de alcanzar pronto el puerto, el destino.

La sobriedad, como si fuera uno un atleta, como dice San Ignacio de Antioquia, para que la vida alcance perspectivas de más allá, de eternidad. Es justamente en el ejercicio de la sobriedad donde se nota que ningún bien de todos los que podamos poseer aquí se parece en algo al gran tesoro que Dios nos tiene reservado en la eternidad y justamente a quien guía lo que le toca es acercar la eternidad. Porque ¿acompañamos hacia donde?, ¿guiamos hacia dónde? Guiamos hacia la vida eterna, a la vida para siempre ya acá en la tierra, por eso, cuando uno conoce el fin, conoce el hacia donde puede articular, en el proceso educativo, todos los instrumentos que hacen falta para alcanzar aquello que está puesto en el horizonte como fin.

Cuando al fin lo acercamos más, lo ponemos más a la mano, facilitamos a que la persona pueda administrar todos los recursos que tiene para llegar a ese lugar y en este sentido el educador, pastor, la educadora, pastora, el papa, la mamá, el amigo, la compañera de camino que hace las veces de pastor, el catequista, la catequista, el sacerdote, la religiosa, el comunicador social que tiene un don del anuncio, tienen que buscar los modos de permanentemente estar como referenciándolo todo eso que contempla como a la parte de atrás del escenario de la vida, el telón de fondo, es el cielo, es la eternidad. Los hombres y las mujeres de hoy necesitan que alguien les acerque un poquito el cielo, un poquito mucho digamos ¿no?, y un cielo que no sea el paraíso en la tierra como lo ofrece el consumismo en su voracidad y que nos llama al placer como si fuera la última palabra con la cuál el hombre encuentra la felicidad.

Si fuera así poco tendría que ver con esa propuesta del anuncio de la felicidad en las bienaventuranzas que hace Jesús “Felices los que lloran, los que están tristes, felices los perseguidos, los que trabajan por la justicia, cuando son insultados, agraviados”. No es el placer la felicidad. Tampoco la felicidad está reñida del placer, no es que para ser feliz hay que sufrir pero la verdad sea dicha que aún en medio del sufrimiento la felicidad es posible y la verdadera felicidad tiene momentos de placer que permite justamente continuar el camino en medio de la lucha de lo cotidiano, de lo de todos los días, que resulta muy duro a veces.

Un verdadero educador, pastor, sacerdote, religioso, catequista, mamá, papá, amigo, compañero de trabajo, vecino, ese don de pastoreo ejercido en cualquier ámbito, supone un contacto con lo eterno, con el cielo como telón de fondo de la vida, como lugar que hay que alcanzar y en la medida que lo hagamos más cerquita lo pongamos más comprensible, a la mano de los demás, sobretodo con el testimonio de la caridad, con el ejercicio del amor fraterno, más accesibles se hacen los caminos para alcanzar la meta y se encuentran más caminos de los que a veces encontramos cuando hemos perdido el horizonte del cielo del telón de fondo del escenario de la vida.

Justamente decimos que lo acercamos cuando ejercemos la caridad, será eso, será amor. “Sólo será amor” dice San Pablo, “todo lo demás va a desaparecer”, sólo va a quedar el amor. Por eso en el ejercicio de la caridad, de la vida entregada al amor, el cielo se pone más cerca. Cuando Jesús dice quienes son los que van a llegar al cielo, son aquellos que ejercieron la caridad. Al final de la vida, dice San Juan de la Cruz, seremos juzgados sólo en el amor. Nuestra vida se va a pesar en la balanza de la caridad. Si tiene peso la caridad que hemos ejercido entonces participaremos verdaderamente del banquete, vamos a ser pesado en la balanza de la caridad.

En la balanza de la caridad se va a decir cuánto peso específico ha tenido nuestra vida, cuánto valor, cuánto sentido. El que tiene la gracia pastoral ejercida en cualquiera de los ámbitos de la vida tiene esta responsabilidad de buscar el cielo, vivir la caridad y acercarla a los demás como telón de fondo. Cuando el amor está instalado en el centro de la vida de las personas los caminos se abren. Perdemos camino, y perdemos horizonte cuando nos falta el amor. Ser sobrio es vivir en conexión con el amor.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

lunes, 18 de abril de 2016

Salir de la ceguera para encontrar la puerta

Lunes de la cuarta semana de Pascua
(18/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 1-18.

En aquellos días: Los Apóstoles y los hermanos de Judea se enteraron de que también los paganos habían recibido la Palabra de Dios. Y cuando Pedro regresó a Jerusalén, los creyentes de origen judío lo interpelaron, diciéndole: "¿Cómo entraste en la casa de gente no judía y comiste con ellos?". Pedro comenzó a contarles detalladamente lo que había sucedido: "Yo estaba orando en la ciudad de Jope, cuando caí en éxtasis y tuve una visión. Vi que bajaba del cielo algo parecido a un gran mantel, sostenido de sus cuatro puntas, que vino hasta mí. Lo miré atentamente y vi que había en él cuadrúpedos, animales salvajes, reptiles y aves. Y oí una voz que me dijo: 'Vamos, Pedro, mata y come'. 'De ninguna manera, Señor, respondí, yo nunca he comido nada manchado ni impuro'. Por segunda voz, oí la voz del cielo que me dijo: "No consideres manchado lo que Dios purificó". Esto se repitió tres veces, y luego, todo fue llevado otra vez al cielo. En ese momento, se presentaron en la casa donde estábamos tres hombres que habían sido enviados desde Cesarea para buscarme. El Espíritu Santo me ordenó que fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron también los seis hermanos aquí presentes y llegamos a la casa de aquel hombre. Este nos contó en qué forma se le había aparecido un ángel, diciéndole: 'Envía a alguien a Jope, a buscar a Simón, llamado Pedro. El te anunciará un mensaje de salvación para ti y para toda tu familia'. Apenas comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, como lo hizo al principio sobre nosotros. Me acordé entonces de la palabra del Señor: 'Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo'. Por lo tanto, si Dios les dio a ellos la misma gracia que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿cómo podía yo oponerme a Dios?". Después de escuchar estas palabras se tranquilizaron y alabaron a Dios, diciendo: "También a los paganos Dios les ha concedido el don de la conversión que conduce a la Vida".


Salmo 42(41), 2-3.43(42),3.4.

Como la cierva sedienta
busca las corrientes de agua,
así mi alma suspira
por ti, mi Dios.

Mi alma tiene sed de Dios,
del Dios viviente:
¿Cuándo iré a contemplar
el rostro de Dios?

Envíame tu luz y tu verdad:
que ellas me encaminen
y me guíen a tu santa Montaña,
hasta el lugar donde habitas.

Y llegaré al altar de Dios,
el Dios que es la alegría de mi vida;
y te daré gracias con la cítara,
Señor, Dios mío.


del Evangelio según San Juan 10, 1-10.

Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. El llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz". Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir. Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."










REFLEXIÓN

Salir de la ceguera para encontrar la puerta

Quizás podríamos preguntarnos la importancia que puede tener que nuestro evangelio esté enmarcado en el episodio del ciego, pero es que tanto en el capítulo 9, como en el capítulo 10, la ceguera es el símbolo de la falta de fe de los fariseos, de su incapacidad de comprender y de su rechazo y resistencia a lo que Jesús viene a revelar. En el capítulo 9, Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo”. El ciego de nacimiento es curado, y cree en Jesús. Los fariseos por el contrario, resultan ser los verdaderos ciegos incapaces de creer, no pueden ver. El ciego ve, los que supuestamente ven, los fariseos, en realidad no ven.

Esta contradicción pone a la luz que Jesús ha venido a traer una nueva manera de leer la realidad. En el capítulo 10, Jesús dice: “Yo soy la Puerta”, “Yo soy el buen Pastor”, pero se dice que los fariseos no comprendían. Como ya había aparecido esto en el capítulo 6, 6 de Juan, y como se repite a lo largo de todo el evangelio. Incluso piensan que Jesús está loco. Es más lo creen poseído por un demonio. No creen. Continúan estando ciegos. Es a esos personajes faltos de fe, judíos y fariseos, a quienes Jesús dirige la palabra de nuestro evangelio de hoy. En los versos 1,5, pone una comparación que los dirigentes judíos no entienden. Por eso en los versos, 7 y 10 Jesús tiene que explicarla. En qué consiste esa comparación, en primer lugar, en los personajes que aparecen en el verso 1 y 5, ovejas, ladrones, bandidos, pastor y portero.

La puerta y el Pastor

Se trata de dos imágenes muy significativas con las que Jesús emite su mensaje. Jesús nos invita a salir de la ceguera y a curar nuestra vista para poder ver la puerta.

Es Jesús mismo por donde se entra y se sale en libertad, por donde la vida se nos llena de luz y alegría, por donde encontramos lo que estamos buscando. No andemos más a tientas, abramos los ojos de la fe, renovémonos en ella y aprendamos a descubrir la puerta. La puerta puede ser un vínculo perdido, puede ser una oración en la que el Señor te está llamando a escuchar su voz. Puede ser el encuentro sostenido a la mañana, en 10 minutos con la palabra en la que el Señor sale a tu encuentro. Puede que sea una sorpresa con la que Dios te tenga preparado y te diga “Estate atento porque quiero hablarte, estoy a la puerta y llamo”. También puede ser en el encuentro compasivo con los más pobres, donde aparece la presencia escondida del Señor. El Señor está cerca, es más, dirá San Agustín y lo dirá también San Juan de la cruz, está dentro de nosotros, el que está escondido.

Nos abrimos a su presencia, manifiestamente escondida dentro de nosotros que como dirá Juan, provocada desde fuera con señales con las que Dios quiere abrirnos desde dentro del corazón a su presencia íntima que nos pone en salida. Centrados en Jesús salidos a los hermanos, como dice Francisco. Esta presencia escondida del Señor dentro nuestro es un manantial que brota de nuestro corazón. Lo recibimos. ¿Dónde está esa puerta que te está invitando al encuentro con Jesús?. ¿Dónde vos ves que se te abre una puerta para ir hacia delante, a lo que estás buscando?. Tratá de agudizar tu mirada. Hay un poco de sombra, de neblina, pero está ahí la puerta. Cómo se llama la puerta que te lleva al encuentro de Jesús. Empezamos a abrir puertas que nos llevan al encuentro con Jesús.

Puertas que se abren frente a nosotros

Hay otras puertas que también se nos presentan: la puerta de la sonrisa, la alegría de las personas que nos alegran con su presencia, la puerta de la esperanza en los que ponen certezas en el corazón, en medio de tantas incertidumbres, de un tiempo de cambio, en un cambio de época, la puerta de la fortaleza en el medio de la lucha de lo cotidiano, la puerta del gozo cuando la angustia nos quiere ganar por dentro. Cuantas puertas se abren delante de vos y a cuál vas a seguir. En todas ellas está Jesús y si sabes mirar con agudeza vas a descubrir que el Señor está frente a vos abriéndote puertas de encuentro.

Solemos decir a veces, "se me cerró la puerta". Cuando decimos así estamos ciegos porque muy cerca nuestro, el Señor que es la puerta, dice el evangelio, nos ha abierto mas de una para que encontremos lo que El nos quiere regalar, el don y la gracia de la felicidad.

Puertas que queremos descubrir como abiertas delante de nosotros, cuando parece que todo se nos cierra, puertas que se abren.

El Señor es mi Pastor

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, el pueblo es el rebaño de Dios. En la agreste geografía a la que pertenece el pueblo de Dios y a donde Jesús nació, la figura del pastor es muy cercana. Entre las montañas, las praderas y los caminos, siempre se percibe un pastor guiando a sus ovejas. Israel se ha descubierto un nuevo pueblo de Dios también, como así bajo la mirada de Dios, cuidado, custodiado, conducido de la mano a los mejores lugares, a los mas reconfortables, expulsando a los que intentan atacar al rebaño.

En los salmos y en los textos de los profetas esto queda reflejado, por ejemplo en el salmo conocido por nosotros, el salmo 22 “El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar”. El salmo 99 también, “Debes saber que el Señor es Dios, que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño”. En el salmo 79 también reza así, “Pastor de Israel, escucha, tu que guías a José como un rebaño”. El texto más conocido es el del profeta Ezequiel, 34,11 dedicados a los pastores de Israel, que en lugar de cuidar el rebaño, se apacientan a si mismo por lo que les dice Dios, “aquí estoy Yo, Yo mismo cuidaré de mi rebaño y velaré por él”.

¿Quienes son los pastores en Israel? los reyes, de hecho el primer rey en Israel, es David, un pastor perdido entre las ovejas por las que está velando en medio de su pueblo. Este pastor, David, es el que después inicia todo un proceso de reinado en Israel, y las figuras de los pastores queda bastante mal parada. El mismo David, en su momento, con su pecado de mandar al frente a Urías para ser matado cuando él ha tenido relación con la esposa de la cual nace el futuro rey de Israel, Salomón, el rey de la sabiduría. Por eso Jesús va a decir “Yo soy el Buen Pastor”, el que apacienta con el amor compasivo de su corazón interesado por el bien de las ovejas. Lo que han venido antes no han estado a la altura de la demando de amor que el Padre recibe del pueblo que reclama por compasión. Eso ha hecho que Dios asuma Él la promesa de ser el pastor de su pueblo. Las características que marcan la figura del Buen Pastor son la mansedumbre, la sencillez, la cercanía…

En el nuevo testamento, el pueblo simbolizando por el rebaño, aparece en la parábola de la oveja perdida, en Lucas 15, 4-7 , y en otras referencias de los evangelios en los que se dice que Jesús sentía compasión de la gente porque se encontraban perdidas, como ovejas que no tienen pastor, en Marcos 6, 34, y en Mateo 9, 36, en donde después Jesús aparece multiplicando los panes, enseñando largo tiempo y dándoles de comer a su pueblo con lo cual, se muestra claramente aquello que en Evangeli Nuntianti, dice Pablo VI, que el proceso de evangelización supone sí o sí el camino de la cercanía en la promoción humana. Es el corazón compasivo de buen Pastor el que lo mueve.

No basta sólo con proclamar la palabra, sino que es necesario el compromiso de caridad que nos ponga al lado de los que más necesitan. El Cardenal Martini decía que el 80% del evangelio tiene que ver con la promoción de las personas, y un 20% se lleva el discurso de Jesús que explica aquel acontecimiento de cercanía de compromiso de Dios por el amor a su pueblo. El amor se manifiesta más en gestos que en palabras, diría San Ignacio. Las palabras aparecen para explicar con elocuencia los significativos gestos.

Los ladrones y bandidos

Intentamos descubrir a quién se refiere Jesús cuando habla de ladrones y bandidos, son los que no entran por la puerta, los que juegan a las escondidas, no tienen que ver con el pastor que entra y sale por la puerta.

Quines son los ladrones y bandidos de los que habla el texto, Jesús se está refiriendo a los fariseos y dirigentes judíos en general, los dirigentes son ladrones porque explotan al pueblo, en lugar de servirle y conducirlo a Dios.

Son también bandidos, bandido es el que usa la violencia, como ellos la usan con Jesús, con sus seguidores, hasta tal punto de darle la muerte. Como lo usaban ya con quienes adherían a Jesús, expulsándolo de la sinagoga, como lo habían usado antes sus antepasados, dice Jesús y lo hicieron con los profetas, de otro tiempo.

El pastor es Jesús, cuya voz reconocen y escuchan sus ovejas. Él va delante de ellas, como pastor y maestro y sus ovejas le siguen.

Las ovejas, somos los discípulos, el nuevo pueblo de Dios, que intentamos obedecer sólo a Jesús y rechazar otra voz u otro maestro. Los escribas y fariseos quieren ser pastores y maestros del pueblo y Jesús dice que solo hay un maestro, Cristo, que ha venido a traer la gracia del Padre para guiar a su pueblo, sirviéndolo y dando la vida por El.

“El Buen Pastor da la vida por las ovejas”. Esta imagen que Jesús usa para hablar de sí mismo, es la que vamos encontrando en nuestro compartir. Una puerta que tiene figuras diversas, que puede ser esperanza, alegría, gozo, paz, providencia. Jesús va gestando delante de nosotros estas puertas, en donde nos invita a caminar por verdes praderas que nos reconforta y nos devuelve las fuerzas para continuar el camino.

Es tan amplia la puerta de Jesús que tiene colores tan diversos, como diversa es la manera de hacerse El a nuestra necesidad y salirnos al cruce para abrirnos la puerta, donde parece que todo está cerrado. Por Él se entra a un ámbito de salvación, de libertad, de vida, que ni las instituciones judías ni sus dirigentes podían dar. Ellos habían cerrado las puertas.

Fíjate lo que dice Jesús de si mismo, “yo soy la puerta, si uno entra por mi estará a salvo”. Entrar a Jesús es acercarse a Él, conocerlo, es creer en Él, amarlo, seguirlo y guardar su Palabra. Vivir desde dentro de Jesús, es sentir, pensar, actuar y elegir desde Él.

En Jesús quedamos a salvo de todas las amenazas de nuestra vida y sobretodo de aquella que atenta generándonos temor y miedo, el pecado, la muerte.

Jesús dice, por esta puerta se entra y se sale, encontrando pastos, alimento, paz, sosiego… En Él encontramos el alimento que no es otro que su carne y su sangre, su Palabra. Él es el alimento, Jesús, el buen pastor.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

domingo, 17 de abril de 2016

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas

Cuarto domingo de Pascua
(17/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 13, 14.43-52. 

Pero ellos continuaron su viaje, y de Perge fueron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y se sentaron. Cuando se disolvió la asamblea, muchos judíos y prosélitos que adoraban a Dios siguieron a Pablo y a Bernabé. Estos conversaban con ellos, exhortándolos a permanecer fieles a la gracia de Dios. Casi toda la ciudad se reunió el sábado siguiente para escuchar la Palabra de Dios. Al ver esa multitud, los judíos se llenaron de envidia y con injurias contradecían las palabras de Pablo. Entonces Pablo y Bernabé, con gran firmeza, dijeron: "A ustedes debíamos anunciar en primer lugar la Palabra de Dios, pero ya que la rechazan y no se consideran dignos de la Vida eterna, nos dirigimos ahora a los paganos. Así nos ha ordenado el Señor: Yo te he establecido para ser la luz de las naciones, para llevar la salvación hasta los confines de la tierra". Al oír esto, los paganos, llenos de alegría, alabaron la Palabra de Dios, y todos los que estaban destinados a la Vida eterna abrazaron la fe. Así la Palabra del Señor se iba extendiendo por toda la región. Pero los judíos instigaron a unas mujeres piadosas que pertenecían a la aristocracia y a los principales de la ciudad, provocando una persecución contra Pablo y Bernabé, y los echaron de su territorio. Estos, sacudiendo el polvo de sus pies en señal de protesta contra ellos, se dirigieron a Iconio. Los discípulos, por su parte, quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo.


Salmo 100(99), 2.3.5.

Sirvan al Señor con alegría,
lleguen hasta él con cantos jubilosos.

Reconozcan que el Señor es Dios:
él nos hizo y a él pertenecemos;
somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

¡Qué bueno es el Señor!
Su misericordia permanece para siempre,
y su fidelidad por todas las generaciones.


Apocalipsis 7, 9.14b-17.

Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas. Estaban de pie ante el trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas; llevaban palmas en la mano y exclamaban con voz potente: Yo le respondí: "Tú lo sabes, señor". Y él me dijo: "Estos son los que vienen de la gran tribulación; ellos han lavado sus vestiduras y las han blanqueado en la sangre del Cordero". Por eso están delante del trono de Dios y le rinden culto día y noche en su Templo. El que está sentado en el trono habitará con ellos: nunca más padecerán hambre ni sed, ni serán agobiados por el sol o el calor. Porque el Cordero que está en medio del trono será su Pastor y los conducirá hacia los manantiales de agua viva. Y Dios secará toda lágrima de sus ojos".


del Evangelio según San Juan 10, 27-30.

Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa".









REFLEXIÓN

El texto de este domingo es una parte del discurso del Buen Pastor, que encontramos desarrollado a lo largo de todo el capítulo 1o del evangelio de Juan.

Jesús utiliza una figura conocida por sus contempóraneos, el pastor y las ovejas del rebaño, para dar a conocer su mensaje y su identidad.

Se presenta como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas, que las cuida, las protégé y alimenta. En el Antiguo Testamento se habla de Dios como pastor de su pueblo.

Es por ello que los judíos que escucharban sus palabras lo interrogan preguntándoles si en verdad es el Mesías esperado (versículos 22-26, no leídos en el texto del día), a lo que Jesús responde afirmativamente, a través de esta comparación.

Señala que los verdaderos discípulos son los que escuchan su voz, es decir sus enseñanzas, su mensaje. Y añade el criterio para hacerse discípulo (escuchar no basta, es el comienzo), "seguir" a Jesús (el pastor). La condición necesaria para hacerse del rebaño del Señor es seguir sus pasos (en otros pasajes de los evangelios, especialmente en los sinópticos explica con claridad en qué consiste este seguimiento).

A continuación Jesús da ciertas "seguridades" a quienes decidan embarcarse en la "inseguridad" del seguimiento: él mismo protegerá a su "rebaño" (seguidores). Porque él tiene el poder que le ha conferido el Padre, porque El y el Padre son lo mismo: el Dios de la Vida. Por eso el Señor nos puede prometer vida eterna.

Para rumiar la Palabra...

- Releer el evangelio. Si es posible leer el capítulo 10 completo, para ambientarse y contextualizar el fragmento de hoy.
- ¿Qué comparación utiliza Jesús?
- ¿Qué pide a sus discípulos?
- ¿Qué promete Jesús a sus seguidores?

y fecundar la vida...

- A partir del texto revisa tu propio corazón y tu compromiso con su Palabra.

- Escuchar su voz, ¿de qué manera podemos escuchar con mayor continuidad la palabra de Jesús?
- ¿Qué compromiso puedes ofrecerle para leer más su Palabra en la Biblia?
- Seguir sus pasos, ¿a qué nos compromete seguir los pasos de Jesús en nuestros días?
- Creemos y confiamos en que la mano del Señor nos acompaña y protege…
- Revisar tu vida en los momentos de crisis, ¿nos acordamos de esta promesa del Señor?

escrito por Marcelo Murúa
(fuente: www.buenanueva.net)

sábado, 16 de abril de 2016

Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna

Sábado de la tercera semana de Pascua
(16/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 31-42. 

La Iglesia, entre tanto, gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba consolidando, vivía en el temor del Señor y crecía en número, asistida por el Espíritu Santo. Pedro, en una gira por todas las ciudades, visitó también a los santos que vivían en Lida. Allí encontró a un paralítico llamado Eneas, que estaba postrado en cama desde hacía ocho años. Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te devuelve la salud: levántate, y arregla tú mismo la cama". El se levantó en seguida, y al verlo, todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sarón se convirtieron al Señor. Entre los discípulos de Jope había una mujer llamada Tabitá, que quiere decir "gacela". Pasaba su vida haciendo el bien y repartía abundantes limosnas. Pero en esos días se enfermó y murió. Después de haberla lavado, la colocaron en la habitación de arriba. Como Lida está cerca de Jope, los discípulos, enterados de que Pedro estaba allí, enviaron a dos hombres para pedirle que acudiera cuanto antes. Pedro salió en seguida con ellos. Apenas llegó, lo llevaron a la habitación de arriba. Todas las viudas lo rodearon y, llorando, le mostraban las túnicas y los abrigos que les había hecho Tabitá cuando vivía con ellas. Pedro hizo salir a todos afuera, se puso de rodillas y comenzó a orar. Volviéndose luego hacia el cadáver, dijo: "Tabitá, levántate". Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se incorporó. El la tomó de la mano y la hizo levantar. Llamó entonces a los hermanos y a las viudas, y se la devolvió con vida. La noticia se extendió por toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor.


Salmo 116(115), 12-13.14-15.16-17.

¿Con qué pagaré al Señor
todo el bien que me hizo?
Alzaré la copa de la salvación
e invocaré el nombre del Señor.

Cumpliré mis votos al Señor
en presencia de todo su pueblo.
¡Qué penosa es para el Señor
la muerte de sus amigos!

Yo, Señor, soy tu servidor,
tu servidor, lo mismo que mi madre:
por eso rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
e invocaré el nombre del Señor.


del Evangelio según San Juan 6, 60-69.

Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?". Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen". En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede". Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?". Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".












REFLEXIÓN

Con el fragmento del Evangelio de Hoy, completamos el Capitulo 6 de san Juan, el que no ha acompañado durante ocho sábados. Las enseñanzas de Jesús, del mismo modo como a nosotros nos causa un efecto impactante, en aquel tiempo a los discípulos y los apóstoles, también les causo un efecto especial. San Juan siempre nos dice el efecto que le causaba el discurso de Jesús a la muchedumbre, pero ahora lo hace con estos casos concretos.

1. MUCHOS DE SUS DISCÍPULOS, AL OÍRLE, DIJERON: “ES DURO ESTE LENGUAJE. ¿QUIÉN PUEDE ESCUCHARLO?”

Después de escuchar la enseñanza de Jesús, muchos de sus discípulos decían: ¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo? Esta doble enseñanza de Jesús produce escándalo en los discípulos. Estos están contrapuestos a los apóstoles, y por este pasaje se sabe que eran muchos. En diversas ocasiones, los evangelios hablan de discípulos de Jesús. Para ellos era esta enseñanza dura, no de comprender, sino de admitir; pues por comprenderla es por lo que no quisieron admitirla. Era doble: que él bajó del cielo — su preexistencia divina — y que daba a comer su carne.

2. PERO SABIENDO JESÚS EN SU INTERIOR QUE SUS DISCÍPULOS MURMURABAN POR ESTO, LES DIJO: ¿ESTO OS ESCANDALIZA?

Jesús les responde con algo que es diversamente interpretado. Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: ¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? Si esto es escándalo para ellos, ¿qué sería si lo vieran subir a donde estaba antes? Por la forma como lo dice, hace ver su origen divino: donde estaba antes era en el cielo (San Juan 17:5.24), de donde bajó por la encarnación. Esta respuesta de Jesús, para unos vendría a aumentarles el escándalo, al ver subir al cielo al que, por lo que decía y exigía, venían a considerar por blasfemo. Para otros, estas palabras que se refieren a la. ascensión serían un principio de solución: verían un cuerpo no sometido a ley de la gravedad; por lo que a un tiempo demostraba, subiendo a donde estaba antes, que era Dios, y que podía dar a comer su carne de modo prodigioso — eucarístico — sin tener que ser carne partida y sangrante.

3. EL ESPÍRITU ES EL QUE DA VIDA; LA CARNE NO SIRVE PARA NADA. LAS PALABRAS QUE OS HE DICHO SON ESPÍRITU Y SON VIDA.

Jesús dice: El Espíritu es el que da vida, la carne de nada sirve. En la perspectiva literaria de San Juan, probablemente se refiere a ambas cosas. Para precisar más el pensamiento, les dice que el espíritu es el que da vida, mientras que la carne no aprovecha para nada. De esta frase se pueden dar dos interpretaciones:

Pudiera, a primera vista, parecer esta frase un proverbio, ya que Jesús no dice mi carne. Sin embargo, en la psicología judía, el principio vivificador de la carne, de la vida sensitivo-vegetativa — aunque no muy precisa —, no era el espíritu sino el alma. Por eso, si la expresión procediese de un proverbio, éste estaría modificado aquí por Jesús, con objeto de que sobre él se aplicase esta sentencia.

4. LA CARNE NO SIRVE PARA NADA

Así como la carne sin vida no aprovecha, de nada sirve dice Jesús, pues el alma, el espíritu vital, es el que la vitaliza, así aquí, en esta recepción de la carne eucarística de Jesús, que no es carne sangrante ni partida, ella sola nada aprovecharía; pero es carne vitalizada por una realidad espiritual, divina, que es el principio vitalizador de esa carne eucarística, y, en consecuencia, de la nutrición espiritual que causa en los que la reciben. Sería una interpretación en función de lo que se lee en el mismo San Juan: Lo que nace de la carne, es carne; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu (San Juan 3:6).

Jesús, contrapone el espíritu a la carne, que es materia, por eso dice que la carne no sirve para nada, mientras que es el espíritu el que da la vida, y las palabras que dice el espíritu también son palabras de vida.

La Eucaristía es la carne de Dios, que, por lo mismo, vivifica. Por eso, el concilio de Efeso condenó al que negase que la carne del Señor no sea vivificadora, pues fue hecha propia del Verbo poderoso para vivificar todas las cosas.

5. LAS PALABRAS QUE LES DIJE SON ESPÍRITU Y VIDA.

Otra interpretación está basada en que sólo se afirma con ello la imposibilidad humana de penetrar el misterio encerrado en estas palabras de Jesús. Carne o carne y sangre son expresiones usuales para expresar el hombre en su sentido de debilidad e impotencia (San Juan 1:14; Mt 16:17, etc.). Aquí la carne, el hombre que entiende esto al modo carnal, no logra alcanzar el misterio que encierra; sólo se lo da la revelación del Espíritu.

En función de la interpretación que se adopte está igualmente la valoración del versículo siguiente: Las palabras que les dije son Espíritu y Vida.

En el segundo caso, el sentido de éstas es: aunque el hombre por sus solas fuerzas no puede penetrar el misterio de esta enseñanza de Jesús si no es por revelación del Espíritu, éste, por Jesús, dice que estas palabras son espíritu y vida, porque son portadoras o causadoras para el ser humano de una vida espiritual y divina.

En el primer caso, el sentido es que las enseñanzas eucarísticas de Jesús — Las palabras que les dije — son vida espiritual, porque esa carne está vitalizada por una realidad espiritual y divina, que es el Verbo hecho carne (San Juan 1:14).

6. DESDE ESE MOMENTO, MUCHOS DE SUS DISCÍPULOS SE ALEJARON DE ÉL

Pero estas enseñanzas de Jesús no encontraron en muchos de sus discípulos la actitud de fe y sumisión que requerían. Y las palabras que ellos llamaron duras, les endurecieron la vida, y no creyeron en El; Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. En un momento rompieron con El, retrocedieron, y ya no le seguían en sus misiones giradas por Galilea. Pero san Juan, conforme a su costumbre, destaca que esto no fue sorpresa para Jesús, pues El sabía desde el principio quiénes eran los no creyentes, lo mismo que quién le había de entregar. Es, pues, la ciencia sobrenatural de Jesús la que aquí destaca de una manera terminante. Este desde ese momento, hace ver que se trata del momento en que cada uno de ellos fue llamado por Jesús al apostolado.

7. JESÚS DIJO ENTONCES A LOS DOCE: ¿TAMBIÉN VOSOTROS QUERÉIS MARCHAROS?

Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo. Jesús preguntó entonces a los Doce: ¿También ustedes quieren irse? Simón Pedro le respondió: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo Dios.

San Juan, nos pone ahora la cuestión de fidelidad que Jesús plantea a los apóstoles. Jesús plantea abiertamente el problema de su fidelidad ante El, a causa de esto, a sus apóstoles. La partícula interrogativa con que se lo pregunta supone una respuesta negativa. No dudaba Jesús de ellos, pero habían de hacer esta confesión en uno de esos momentos trascendentales de la vida.

1. LE RESPONDIÓ SIMÓN PEDRO: SEÑOR, ¿DONDE QUIÉN VAMOS A IR? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA

Y le confiesa que no pueden ir a otro, pues sólo El tiene palabras de vida eterna, porque la enseñan y la confieren, como relatan los evangelios. Y le confiesa por el Santo de Dios, que es equivalente al Mesías (Jn 10:36; Mc 1:24). No deja de ser un buen índice de fidelidad histórica, y del entronque de san Juan con los sinópticos, el que aquí, en este evangelio del Hijo de Dios (Jn 20:31), se conserve esta expresión. Y ante el Santo de Dios, el Mesías, no cabe más que oírle y obedecerle. Ya no bastan Moisés ni los profetas.

Aquí se contrapone acusadamente su fe en El por los apóstoles —Nosotros hemos creído y sabemos —, frente a la incredulidad ligera de los discípulos que le abandonaron (Jn 17:8).

La confesión de Pedro en nombre de todos era maravillosa, es modelo para cualquier creyente. Esta confesión, nace de una discusión entre Jesús y sus oyentes. Jesús expone sus enseñanzas sobre le Pan de Vida y sobre la necesidad de comer su carne y beber su sangre para tener vida, los oyentes se mostraron escépticos, entonces Jesús les repitió el mensaje con más fuerza y ellos encontraron duro el mensaje y se alejaron de El. Hoy sucede lo mismo, hay quienes se apartan del seguimiento de Jesús por lo exigente del mensaje, porque les compromete toda la vida y en todos los ámbitos. Entonces Jesús, sin ceder nos interroga ¿También ustedes quieren irse?, respondámosle igual que Pedro, resueltos a seguirle siempre, pues El, y solo El tiene palabras de Vida Eterna; Apartarse de Jesús, es ir a la muerte.

Juan Pablo II, escribió en la CARTA APOSTÓLICA MANE NOBISCUM DOMINE : La «fracción del pan» —como al principio se llamaba a la Eucaristía— ha estado siempre en el centro de la vida de la Iglesia. Por ella, Cristo hace presente a lo largo de los siglos el misterio de su muerte y resurrección. En ella se le recibe a Él en persona, como “pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51), y con Él se nos da la prenda de la vida eterna, merced a la cual se pregusta el banquete eterno en la Jerusalén celeste.

El Señor les Bendiga

escrito por Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
(fuente: www.caminando-con-jesus.org)

viernes, 15 de abril de 2016

"El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día"

Viernes de la tercera semana de Pascua
(15/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 9, 1-20. 

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres. Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?". El preguntó: "¿Quién eres tú, Señor?". "Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer". Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber. Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: "¡Ananías!". El respondió: "Aquí estoy, Señor". El Señor le dijo: "Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista". Ananías respondió: "Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre". El Señor le respondió: "Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre". Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: "Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo". En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas. Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.


Salmo 117(116), 1.2.

¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos!

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre.

¡Aleluya!


del Evangelio según San Juan 6, 52-59.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?". Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaún.










LECTIO DIVINA

Oración inicial: Te pedimos, Señor, que ya que nos has dado la gracia de conocer la resurrección de tu Hijo, nos concedas también que el Espíritu Santo, con su amor, nos haga resucitar a una vida nueva. Por nuestro Señor.

Reflexión

• Estamos llegando casi al final del Discurso del Pan de Vida. Aquí empieza la parte más polémica. Los judíos se encierran en sí mismos y empiezan a cuestionar las afirmaciones de Jesús.

• Juan 6,52-55: Carne y sangre: expresión de vida y de entrega total. Los judíos reaccionan "¿Cómo este hombre puede darnos su carne para comer?" Era cerca de la fiesta de Pascua. Dentro de unos pocos días, iban a comer la carne del cordero pascual en la celebración de la noche de pascua. Ellos no entendían las palabras de Jesús, porque tomaron todo al pie de la letra. Pero Jesús no disminuyó las exigencias, ni tampoco retira nada de lo que había dicho, e insiste: "«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él”. (a) Comer la carne de Jesús significa aceptar a Jesús como el nuevo Cordero Pascual, cuya sangre nos libera de la esclavitud. La ley del Antiguo Testamento, respecto a la vida, prohibía comer sangre (Dt 12,16.23; He 15.29). La sangre era la señal de la vida. (b) Beber la sangre de Jesús significa asimilar la misma manera de vivir que marcó la vida de Jesús. Lo que trae vida no es celebrar el maná del pasado, sino comer este nuevo pan que es Jesús, su carne y su sangre. Participando en la Cena Eucarística, asimilamos su vida, su donación y su entrega. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.” Deben aceptar a Jesús como mesías crucificado, cuya sangre será derramada.

• Juan 6,56-58: Quien me come, vivirá por mí. Las últimas frases son de gran profundidad y tratan de resumir todo lo que se dijo. Evocan la dimensión mística que envuelve toda la participación en la eucaristía. Expresan lo que Pablo dice en la carta a los Gálatas: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí (Gál 2,20). Es lo que dice el Apocalipsis de Juan: “Si uno me oye y me abre, entraré en su casa y comeremos juntos” (Ap 3,20). Y Juan mismo en el Evangelio: “Si alguien me ama guardará mi palabra y mi Padre le amará y los dos nos vendremos con él y en él haremos nuestra morada” (Jn 14,23). Y termina con la promesa de vida que marca la diferencia con el antiguo éxodo: “Este es el pan bajado del cielo. No es como el pan que comieron vuestros padres y después murieron. Quien come de este pan vivirá por siempre."

• Juan 6,59: Termina el discurso en la sinagoga. Hasta aquí la conversación entre Jesús, la gente y los judíos en la sinagoga de Cafarnaún. Como aludimos anteriormente, el Discurso del Pan de Vida nos ofrece una imagen de cómo era la catequesis en aquel final del siglo primero en las comunidades cristianas de Asia Menor. Las preguntas de la gente y de los judíos reflejan las dificultades de los miembros de las comunidades. Y las respuestas de Jesús representan las aclaraciones para ayudarlos a superar las dificultades, a profundizar en su fe y a vivir más intensamente la eucaristía que se celebraba sobre todo en las noches del sábado al domingo, el Día del Señor.

Para la reflexión personal

• A partir del Discurso del Pan de Vida, la celebración de la Eucaristía recibe una luz muy fuerte y una enorme profundización. ¿Cuál es la luz que estoy percibiendo y que me ayuda a da un paso?
• Comer la carne y la sangre de Jesús, es el mandamiento que él nos da. ¿Cómo vivo la eucaristía en mi vida? Aunque no pueda ir a misa todos los días o los domingos, mi vida debe ser eucaristía. ¿Cómo alcanzar este objetivo?

Oración final

¡Alabad a Yahvé, todas las naciones,
ensalzadlo, pueblos todos!
Pues sólido es su amor hacia nosotros,
la lealtad de Yahvé dura para siempre. (Sal 117,1-2)

(fuente: ocarm.org)

jueves, 14 de abril de 2016

"Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre"

Jueves de la tercera semana de Pascua
(14/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 26-40. 

El Angel del Señor dijo a Felipe: "Levántate y ve hacia el sur, por el camino que baja de Jerusalén a Gaza: es un camino desierto". El se levantó y partió. Un eunuco etíope, ministro del tesoro y alto funcionario de Candace, la reina de Etiopía, había ido en peregrinación a Jerusalén y se volvía, sentado en su carruaje, leyendo al profeta Isaías. El Espíritu Santo dijo a Felipe: "Acércate y camina junto a su carro". Felipe se acercó y, al oír que leía al profeta Isaías, le preguntó: "¿Comprendes lo que estás leyendo?". El respondió: "¿Cómo lo puedo entender, si nadie me lo explica?". Entonces le pidió a Felipe que subiera y se sentara junto a él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era el siguiente: Como oveja fue llevado al matadero; y como cordero que no se queja ante el que lo esquila, así él no abrió la boca. En su humillación, le fue negada la justicia. ¿Quién podrá hablar de su descendencia, ya que su vida es arrancada de la tierra? El etíope preguntó a Felipe: "Dime, por favor, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿De sí mismo o de algún otro?". Entonces Felipe tomó la palabra y, comenzando por este texto de la Escritura, le anunció la Buena Noticia de Jesús. Siguiendo su camino, llegaron a un lugar donde había agua, y el etíope dijo: "Aquí hay agua, ¿qué me impide ser bautizado?". Y ordenó que detuvieran el carro; ambos descendieron hasta el agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor, arrebató a Felipe, y el etíope no lo vio más, pero seguía gozoso su camino. Felipe se encontró en Azoto, y en todas las ciudades por donde pasaba iba anunciando la Buena Noticia, hasta que llegó a Cesarea.


Salmo 66(65), 8-9.16-17.20.

Bendigan, pueblos, a nuestro Dios,
hagan oír bien alto su alabanza:
él nos concedió la vida
y no dejó que vacilaran nuestros pies.

Los que temen al Señor, vengan a escuchar,
yo les contaré lo que hizo por mí:
apenas mi boca clamó hacia él,
mi lengua comenzó a alabarlo.

Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.


del Evangelio según San Juan 6, 44-51.

Jesús dijo a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre. Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".











REFLEXIÓN

Esta mañana cuando oraba frente a Jesús, en el Santísimo sacramento del altar, en mi casa, en el oratorio que tenemos en casa, pensaba cuántas realidades del mundo necesitan de vida nueva.

Cuánto nos golpea por este tiempo esta amenaza y realidad, endemia, por la gripe porcina. Cuánto de malestar se encuentra en la Argentina ante discursos tan amenazantes, tan de otro tiempo, tan retrógrados, en torno a una política que no levanta la cabeza como para ponerse a la altura de los tiempos, sino que se traduce sencillamente en un enfrentamiento, de quienes quieren con demasiada ambición (para mi gusto y bastante sospechas de por qué esa misma ambición) buscan un lugar de poder, desde donde poder instalarse.

¿Para qué? Uno se pregunta. Con todo el dolor que hay en la humanidad ante la situación de inseguridad, de hambre, de guerra, de amenaza, de enfrentamientos étnicos no resueltos. Cuánto dolor, y cuánta pobreza. Un porcentaje muy alto de la humanidad vive en condiciones infrahumanas. Y hoy la Palabra sale a nuestro encuentro para decirnos que en la Eucaristía, y el que cree en ella, tiene vida para siempre.

Cuando uno confronta todos estos discursos y estas realidades de muerte alrededor de nosotros, y pone en el centro de ese escenario de dolor, de sufrimiento, de muerte el misterio eucarístico, no tiene más que unir las dos realidades y pedirle al Señor con clamor, y con llanto para que se haga presente cada vez más, como Misterio que da la Vida, allí donde la muerte parece acrecentarse con su amenaza tenebrosa, oscura.

Adoramos y bendecimos. Nos alimentamos del manjar del cielo, del pan vivo, Jesús mismo que se ofrece como alimento que da vida, y lo hacemos con la plena conciencia de estar en un escenario de cultura de muerte. Como la ha definido tan claramente el predecesor de Benedicto, nuestro querido Juan Pablo II.

Vivimos una cultura de muerte, en esa cultura de muerte hoy surge una proclamación de VIDA, YO SOY LA VIDA Y LA VIDA PARA SIEMPRE. No una vida que pasa, no una tormenta de verano ni un amor de verano. Una presencia que se establece y se queda para vencer todo lo que amenaza contra la vida, bajo cualquiera de sus formas.

He visto con mucho gozo y con mucha alegría, en la parroquia donde ahora resido aquí en Córdoba, en la Iglesia del Pilar, cómo jóvenes de distintos grupos, y cómo también adultos se dedican en tiempos distintos a la Adoración Eucarística. También he visto en Buenos Aires en días pasados, allí muy cerquita de Plaza de Mayo, en la Iglesia de San Ignacio de Loyola cómo allí hay Adoración Eucarística perpetua. Cómo esto también lo he visto en San Juan, en la parroquia del padre Augusto, en la Virgen de los desamparados.

Cómo se va abriendo un camino de Adoración Eucarística perpetua. Qué valor inmenso que tiene esto de adorar y cuánto tenemos que aprender a hacerlo desde estos lugares existenciales, desde estos lugares de profunda comunión con el dolor que en la humanidad se cierne, bajo los signos de la cultura de la muerte. Porque lo que adoramos y bendecimos, alabamos y proclamamos, lo que invitamos a proclamar para después comer y alimentarnos de ello, es el Pan de la Eucaristía. El Pan de la Vida.

Adorar y bendecir, alabar y proclamar. La presencia de Jesús en medio de nosotros, bajo este signo como el que viene a poner un fundamento nuevo en el corazón mismo de la humanidad, a partir de la relevancia que adquiere el signo Eucarístico.

La presencia del Señor que nos regala la Eucaristía, es una presencia única. Es una presencia de vida que conduce al camino de la unidad, de constituirnos todos un solo cuerpo en Cristo. La humanidad toda. Cuando adoramos y bendecimos proclamamos la presencia gozosa y triunfante, que ha vencido la muerte, del misterio Eucarístico. Lo que hacemos es decir que allí reconocemos el proyecto del Padre, de que por encima de las diferencias, todos estamos desde esos lugares que nos distinguimos a ser Uno, distintos y Uno. Uno y diversos.

Cuánto se necesita, en el mundo de hoy, de este esquema de unidad! No de uniformidad, no de hegemónicos discursos. No de discursos que si no son como debería ser lo que uno dice que tiene que ser el infierno, el terror, el pasado con todo su dolor, se cierne sobre, en este caso, una República como la nuestra, con su juventud de 200 años solamente, busca abrirse caminos para consolidar sus sistemas democráticos.

La presencia de Jesús en la Eucaristía es una presencia, que si la sabemos orar, adorar, bendecir, proclamar, proponer desde la comunión que hacemos con los lugares que hay de muerte, seguramente seremos testigos de lo que en su contenido más profundo el misterio Eucarístico tiene. Como lo hoy lo dice Jesús, es para la vida, y la Vida eterna.

Y la Vida es la que ha venido a revelar a Aquel que viene del Padre. El mismo pan de la Palabra, pan de la Eucaristía Jesús. QUE TODOS SEAN UNO.

¿Cómo se hace este proceso? Sin entrar en uniformidades, en desesperación, en querer decretar la unidad. ¿Cómo se construye lo diverso desde la unidad? ¿Y la unidad en y desde lo diverso?

En el Misterio Eucarístico está el secreto.

¿Cuáles son las realidades de dolor, de muerte, de situaciones desgarrantes? Desde donde vos sentís, “aquí hace falta la Vida”. Desde ese lugar te invito a que hagas tu adoración. Que hagas tu postración. Desde ese lugar donde no pueden alabar y bendecir los que sufren y padecen, te invito a que le pongas palabras a su dolor. Como Jesús en la Cruz. Con tu entrega puedas también hacerte con Él, desde el misterio Eucarístico, corredentor con Jesús, siendo uno con el Señor.

Vamos a describir esos escenarios donde se pide por la vida. Va a ser así la consigna. “En la esquina de mi casa, donde hay diez adolescentes que se juntan a tomar cerveza hasta largas horas de la noche, porque no encuentran otro motivo para reunirse, desde ese lugar bendecimos y adoramos.” No es que los invitamos a la oración. No es que los invitamos a la Iglesia. También si fuera necesario. Nosotros ocupamos el lugar de ese escenario para llevarlos al lugar donde nosotros bendecimos, adoramos, proclamamos la grandeza del Pan de la Vida.

Cuántos otros escenarios más, de tu oficina, de tu familia, de la política argentina, de la epidemia y de la endemia… Cuántos escenarios de muerte necesitan que nosotros los encarnemos en nuestra súplica de adoración y los presentemos en este día, ante el Pan de la Vida Eterna.

Dice 1º Corintios 10, 17 “porque uno sólo es el pan, aun siendo muchos un solo cuerpo somos. Porque todos participamos del mismo pan”. La Eucaristía que hace a la Iglesia el cuerpo Eucarístico, que nos hace Cuerpo de Cristo, es lo que estamos proclamando. O con la imagen de Juan también “todos nosotros somos una misma vid”, con la savia vital del Espíritu que circula en cada uno y en todos. La Eucaristía nos hace uno con Cristo.

Cirilo de Alejandría recuerda “para fundirnos en unidad con Dios entre nosotros, y para amalgamarnos unos con otros, el Hijo unigénito inventó un medio maravilloso, por medio de un solo cuerpo, Su propio Cuerpo. Él santifica a los fieles en la mística comunión, haciéndolos concorpóreos con Él y entre ellos.” Esto es lo que bendecimos, esto es lo que adoramos. La Presencia real de Jesús. Que desde Su lugar nos atrae, para constituirnos en el proyecto que el Padre tiene para la humanidad: LA UNIDAD. Desde la diversidad, desde lo distinto. Al modo, a semejanza del misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Diverso y Uno. Somos una sola cosa. Ese Uno que se realiza en la participación en la Eucaristía.

El Resucitado nos hace uno con Él y con el Padre. Y con el don del Espíritu Santo es el que constituye esa unidad. En la unidad, realizada por la Eucaristía y vivida en el amor recíproco, Cristo Jesús puede tomar en sus manos el destino de la humanidad y llevarnos al verdadero fin, por el cual hemos sido creados: un solo Padre, y todos nosotros hermanos en Él, en Cristo Jesús.

Si tomamos conciencia, dice François Van Thuan, de lo que realiza la Eucaristía ésta nos hace inmediatamente enlazar las dos palabras de la oración dominical, “Padre nuestro, y Pan nuestro”. Da testimonio de ella la Iglesia de los orígenes, dice Van Thuan, se mantenían constantes en la fracción del pan. Así dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el capítulo 2, 42 “la multitud de los creyentes a partir de esta experiencia tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían común”. Si la Eucaristía y comunión son dos caras inseparables de la misma realidad, esa comunión no puede ser únicamente espiritual, dice Van Thuan. No es un entrar en comunión sólo espiritualmente. Nosotros no somos espíritu sólo. Es la carne, la propia carne la que se ve transformada y comprometida en la comunión Eucarística, que nos atraviesa interiormente con la luminosidad propia del Resucitado en el Pan de la Vida. Y hace que vayamos sobre las realidades donde somos invitados a poner nuestro cuerpo, para que la realidad cambie.

Todos sabemos cómo en los dos siglos que han pasado, decía Van Thuan, (y recordaba yo, a partir de esta lectura), lo que tan terriblemente describe Juan Pablo II, en Cruzando el umbral de la esperanza, como el mundo del siglo XX nos dejó tan marcado de muerte. Muchas personas, dice Van Thuan, que sentían la exigencia de una verdadera justicia social, al no hallar en el ámbito del cristianismo un testimonio claro y fuerte han recurrido a falsas esperanzas. Y todos nosotros hemos asistidos a verdaderas tragedias. Bien sólo escuchando hablar de ellas, bien pagando personalmente en la propia carne. Y él da testimonio de esto. En su Vietnam que lo vio preso durante años, como obispo.

En nuestros días, decía Van Thuan, el problema social no ha disminuido en absoluto. Desgraciadamente gran parte de la población mundial sigue viviendo en la miseria más inhumana. Se está caminando hacia la globalización en todos los campos. Pero esto puede agravar más que resolver los problemas. Falta un auténtico principio unificador, que una, valorando y no masificando las personas. Falta el principio de la comunión, el principio de la fraternidad. Cristo, Pan Eucarístico, que nos hace uno con Él y nos enseña a vivir según un estilo eucarístico de comunión.

Los cristianos, decía Van Thuan, estamos llamados a dar esta aportación esencial. Lo entendieron muy bien los cristianos de los primeros siglos. Así se lee en la “Didagé”, una de las primeras catequesis que hay de los primeros siglos. Pues si son copartícipes en la inmortalidad, cuánto más en los bienes corruptibles.

San Juan Crisóstomo exhorta a estar atentos a la presencia de Cristo en el hermano, cuando celebramos la Eucaristía. Aquel que dijo “esto es mi Cuerpo”, dice Crisóstomo, y que les ha garantizado con su Palabra la verdad de las cosas, ha dicho también “lo que le hayan negado al más pequeño me lo han negado a mí”. Es el mismo Jesús, no es otro.

Consciente de esto, Agustín había constituido en Nipona una “domus caritatis”, una casa de caridad cerca de su casa. Y san Basilio había creado una ciudadela de la caridad en Cesarea.

Afirma el catecismo de la Iglesia católica, “la Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres. Para recibir en la verdad, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, entregados por nosotros, debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos.”

Pero la función social de la Eucaristía va más allá. Es necesario que la Iglesia que celebra la Eucaristía sea también capaz de cambiar las estructuras injustas de ella misma, y del mundo. En formas nuevas de socialidad, en sistemas económicos donde prevalezca el sentido de la comunión y no del provecho.

Pablo VI acuñó una frase estupenda, y un programa “hacer de la misa una escuela de profundidad espiritual, y una tranquila pero comprometida palestra de sociología cristiana”.

Jesús, pan de Vida, impulsa a trabajar para que no falte el pan que muchos necesitamos todavía. El pan de la justicia, y de la paz. Allá donde la guerra amenaza, y no se respeta los derechos del hombre, de la familia, de los pueblos. El pan de la verdadera libertad, decía Van Thuan, allí donde no rige una justa libertad religiosa, para profesar abiertamente la propia fe. El pan de la fraternidad, donde no se reconoce, se realice el sentido de la comunión universal en la paz y en la concordia. El pan de la unidad entre los cristianos, aún divididos, en camino para compartir el mismo pan y el mismo cáliz.

Una frase hermosa de san Juan Crisóstomo, decía Casaldáriga, nadie la ha leído seguramente ni en los seminarios de formación. Y si lo han leído, no lo han entendido, porque a veces hemos concentrado en la Adoración Eucarística una piedad vacía de contenido de compromiso en la caridad.

Para quien no lo recuerda, quiero decir, decía Casaldáriga, que san Juan Crisóstomo era un obispo de la Iglesia antigua, al cual se le ocurrió decir cosas como estas: “quieres honrar el cuerpo de Cristo? No permitas que sea objeto de desprecio en sus miembros.

Es decir en los pobres, que no tienen ropas para vestirse. No honres en la Iglesia con ropa de seda, mientras fuera lo descuidas cuando sufre por el frío o la desnudez. ¿Qué puede importarle a Jesús que la mesa del Sacrificio esté llena de candelabros de oro, si se está muriendo de hambre en la persona de los pobres? Sacia primero al hambriento, y adorna luego el altar con lo que te sobre. ¿Ofrecerás un cáliz de oro, y no le darás un vaso de agua, en el sediento? Por tanto, mientras adornas el lugar del culto, no cierres tu corazón al hermano que sufre. Porque ese es un templo vivo de más valor que el otro.”

Los fariseos diciendo que ofrecen al templo los bienes con los que habrían bebido, debían atender a los pobres, reciben la bendición de los sacerdotes del templo. Porque es más cómodo ver a Dios en piedras de una Iglesia que a los necesitados.

Este templo fue edificado por la donación de don “X”, este altar de plata es donación de “Y”, esta corona la donó la señora de, duquesa de. Claro que se quedan satisfechos, pero seguro que, decía Casaldáriga, no han escuchado ni leído a san Juan Crisóstomo. Habrían pasado estas páginas, los hombres que reciben estas donaciones y las emplean en compra de joyas, coronas de oro.

Dicen algunos que “es para mayor gloria de Dios”. Una palabra profética, que suena en nuestro continente, en Brasil, la de este hermano sacerdote que nos trae a la memoria a este santo de los primeros siglos de la Iglesia. Lucas Casaldáriga nos hace memoria de este padre de la Iglesia, san Juan Crisóstomo.

El amor y el compromiso en la caridad es lo que nos salva. Es lo que verdaderamente nos pone adonde tenemos que ir. Es la verdadera felicidad. No se puede desvincular la Eucaristía de la Caridad. De hecho, en el evangelio de Juan en el capítulo 13, alrededor del pan eucarístico que se ofrece como alimento para la vida, Jesús mismo que se entrega incruentamente antes de ir al patíbulo de la Cruz aparece al lado de Él la entrega de la vida, como mandamiento, como gesto de amor. Van de la mano Caridad y Eucaristía.

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)

miércoles, 13 de abril de 2016

"Yo soy el pan de Vida"

Miércoles de la tercera semana de Pascua
(13/04/2016)

Libro de los Hechos de los Apóstoles 8, 1b-8. 

Ese mismo día, se desencadenó una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén. Todos, excepto los Apóstoles, se dispersaron por las regiones de Judea y Samaría. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. Los que se habían dispersado iban por todas partes anunciando la Palabra. Felipe descendió a una ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. Porque los espíritus impuros, dando grandes gritos, salían de muchos que estaban poseídos, y buen número de paralíticos y lisiados quedaron curados. Y fue grande la alegría de aquella ciudad.


Salmo 66(65), 1-3a.4-5.6-7a.

¡Aclame al Señor toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan al Señor: «¡Qué admirables son tus obras!»

Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras del Señor,
las cosas admirables que hizo por los hombres.

El convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en él,
que gobierna eternamente con su fuerza.


del Evangelio según San Juan 6, 35-40.

Jesús dijo a la gente: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen. Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día".










REFLEXIÓN

El primer punto de nuestro encuentro es éste: el pan de cada día y nuestro pedazo de cielo. Todos estamos necesitados de pan. Cuando decimos pan no solo nos referimos al alimento que surge del amasado de la harina del trigo u otros cereales sino de todo el que es necesario para vivir.

No siempre nos alimenta el mejor alimento el que da salud. De hecho por estos tiempos vamos tomando conciencia en el mercado de la alimentación cuanta comida que hay que es chatarra que no es tan saludable y así como lo decimos del alimento que entra por nuestra boca también lo podemos decir que entra por nuestros oídos, por nuestros ojos, que lo tocamos con nuestras manos, con el que nos articulamos y vinculamos intentando saciar necesidades profundas que hay en nosotros y que creemos poderlas hacer a partir de entrar en éste círculo vicioso de la sociedad de consumo que además de vendernos mentiras en torno a que necesidades cubrir, con que producto nos crea nuevas necesidades para vendernos nuevos productos.

La sociedad de consumo, el sistema consumista ha creado a través de la publicidad, el medio ambiente y nuestra ambición un grupo de necesidades que cuando nos detenemos a pensar cuanto invertimos para alcanzar aquello que se nos ha despertado en el corazón como lo que debemos alcanzar cuanto tiempo perdemos y cuanto invertimos en energía y dinero de vínculos.

Es la preocupación por el tener que nos va absorbiendo sin dejarle lugar a las cosas que verdaderamente valen que son las que están en el corazón y las que suscita en nosotros la vida del Espíritu. Nos vamos como materializando. Cada vez le dejamos menos espacio a Dios. Pensamos solamente en lo que es transitorio y rara vez en aquello que permanece.

De hecho todo es light en la sociedad en la que vivimos y descartable al mismo tiempo, livianito, fácil de deshacernos de ello. Desde un envase de botella hasta un vínculo que recién empieza a aparecer en relación afectiva con nosotros y con el que establecemos contacto demasiado rápidamente para comprometer nuestra afectividad y después al poco tiempo también la desechamos. Pasa eso mucho en la noche de los jóvenes los sábados hacen vínculos transitorios, afectividades desbordadas, no encausadas que terminan por enredarse en compromisos que después no pueden sostenerse y entonces rápidamente son liberados de esos compromisos. Nos sacamos de arriba esos compromisos.

El camino que propone Jesús debe renovarnos en lo más profundo de nuestro ser y que nos invita a adherirnos a los verdaderos valores, a los que permanecen, a relacionarnos con las personas, con nosotros, con el mundo y de otro lugar. Desde donde la vida se sostiene. Por encima de todo está éste valor de lo eterno, de lo que no pasa y tiene carácter de para siempre. En el texto de Juan que hemos compartido esto se entiende desde el amor de Dios. Dios es amor y esto es lo que permanece. Yo soy el Pan de Vida. El que come de éste Pan no tiene más hambre. Es decir la necesidad está cubierta.

De que tenemos hambre y necesidad. Sobretodo de éste alimento que Dios mismo Dios amor. Este Dios amor se traduce en lo cotidiano en el gesto de entrega de la vida por amor. El amor más grande está en dar la vida, ha dicho Jesús y ahí en darla desde donde se la recupera. El que pierde loa vida por amor la gana. Es una lógica increíble.

Como dice Van Twan parece que Dios en Cristo no sabe de matemáticas o en todo caso, como dicen algunos, ha venido a plantear una nueva lógica que trasciende la racionalidad y la lógica de los números.

Es una lógica diversa la que plantea Dios y en éste sentido el que pierde gana. El que da la vida la recupera. El último pasa a ser el primero. Es ahí en el darla a la vida donde se la recupera. Hay lugares de la vida cotidiana donde la vida en cuanto guiada por el amor y vivida desde la entrega se hace eterna. A eso llamamos nuestro cielo. La vida entregada es tu cielo.

Decime si en ese andar por la vida en la entrega de tu trabajo no encontrás en tu darte y entregarte por amor a la sociedad a la que hay que cambiarle la cara y entonces te comprometes a meter mano en los lugares donde verdaderamente hace falta dar la vuelta a la historia no tenés una perspectiva más amplia que cuando pensás en tu pequeño mundo, chiquito mundo de cubrir tus necesidades básicas primarias y algunas innecesarias.

Es que el amor hace que se abra el horizonte para nosotros y el cielo aparezca. Se abre el cielo cuando por amor nos entregamos en lo sencillo y en lo más complejo, en la fidelidad en lo pequeño y en la fidelidad hasta dar la vida. Hay pedazos de cielo en tu historia. Hay en lo cotidiano un cielo que se te abre diariamente.

El segundo punto de nuestro encuentro es: el pan de la eucaristía un amor resucitado que transforma y da vida. Yo soy el pan vivo, el Pan de la vida, dice Jesús. Este alimento que permanece. Este pedazo de cielo que es el pan cotidiano que se traduce de tantas maneras cuando por amor entendemos la lógica de la donación de Dios a partir de nuestra donación de nuestro dar la vida sabiendo que la recuperamos. Yo soy el Pan de Vida.

No es cualquier pan. Es un pan pascual. Es un pan de resurrección. De resucitado y resucitador. Por lo mismo un pan transformante. El que coma de éste pan vivirá para siempre, no morirá jamás. El pan de la vida, es la carne de Jesús para la vida del mundo. Cuando comemos éste pan nos hacemos uno con el Señor Resucitado y somos transformados.

Una maravilla cuando entramos en ésta lógica. Cuando nos alimentamos desde éste lugar de la entrega de la vida al modo como Jesús en el pan de la Eucaristía se nos entrega y se nos da y nosotros al comerlo también sentimos que somos llevados por esa corriente de4 donación de la vida se nos cambia la vida. El pan de la Eucaristía. Un amor resucitado que transforma y que da vida.

Lo comemos y el pan de la Eucaristía nos incorpora a la dinámica de la voluntad del amor del Padre que ofrece al mundo la carne de su hijo, la de Jesús que nos da la vida. La voluntad de mi Padre es que todo el que ve al Hijo y cree en El tenga vida eterna y que yo lo resucite en el último día. ¿ cuándo son los últimos días a los que tenemos que esperar para que Jesús venga a resucitarnos?

Estos son los últimos días. Son los que pasan entre la primera venida de Jesús y la segunda venida de Jesús. Este tránsito de tiempo entre la primera y segunda venida donde la vida se da en abundancia. Estos son los tiempos finales. Jesús en la Eucaristía nos invita a comerlo y a vivir en éste estado de resurrección lo cual con capacidad de dar mucho fruto por la Gracia de comunión con Jesús.

Comerlo a Jesús nos capacita para el permanecer en El y dar mucho fruto. El pan eucarístico, amor resucitado que transforma y da vida. Nos transforma en el amor, nos hace permanecer en el y al mismo tiempo permaneciendo en El nos hacemos con El dadores de vida.

Pensar en un cambio de vida en Cristo es acercarnos con una fe renovada al pan de la Eucaristía para encontrar ahí la presencia que transfigura nuestra existencia y a partir de ahí hacernos protagonistas del amor de comunión con la voluntad del amor del Padre capaz de recrear la creación entera.

Este es el misterio que celebramos. Viene hoy a nosotros como ayer el testimonio de Francois Van Tuan en Testigos de la esperanza decía: el aspecto sacramental de la comida que alimenta y la bebida que fortalece sugiere la vida en Cristo y decía el Obispo Vietnamita citando a León Magno: la participación en el cuerpo de Cristo no hace otra cosa que transformarnos en aquello que comemos. Así dice el Obispo que en la cárcel desarrolló la espiritualidad honda eucarística en la prisión sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo.

Por éste misterio de comunión en el amor hasta, como dice Pablo, llegar a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús. La hondura de la presencia de Jesús por el misterio del amor en nosotros nos hace latir al ritmo del latir del corazón de Dios, del corazón de Cristo

El encontró su cielo en un campo de concentración. Su cielo fue la Eucaristía cuando la celebraba así en la clandestinidad. Van Twan nos recuerda cuanta creatividad puede tenerse cuando el amor por la Eucaristía es grande y dice así el: estando yo en prisión sentía latir en mi corazón el corazón de Cristo. Sentías que mi vida era su vida y la suya era mía.

La Eucaristía se convirtió para mi y para los demás en una presencia escondida y alentadora en medio de toda la dificultad. Jesús en la Eucaristía fue adorado clandestinamente por los cristianos que vivían conmigo como tantas veces ha sucedido en los campos de concentración en el siglo XX.

En el campo de re educación estábamos divididos en grupos de 50 personas dormíamos en un lecho común. Cada uno tenía derecho a 50 centímetros. Nos arreglábamos para que hubiera 5 católicos conmigo. A las 21:30 había que apagar la luz y todos tenían que irse a dormir.

En aquel momento me encogía en la cama para celebrar la Misa de memoria y repartía la Comunión pasando la mano por debajo del mosquitero. Incluso fabricábamos bolsitas con papel de los paquetes de cigarrillo para conservar al Santísimo Sacramento y llevarlo a los demás. Jesús Eucaristía estaba siempre conmigo en el bolsillo de la camisa.

Una vez por semana había una sección de adoctrinamiento en el que tenía que participar todo el campo. En el momento de la pausa mis compañeros católicos y yo aprovechábamos para pasar un saquito a cada uno de los otros 4 grupos de prisioneros. Todos sabían que Jesús estaba en medio de ellos. Por la noche los prisioneros se alternaban en turnos de adoración eucarística. Jesús Eucarístico ayudaba de una manera inimaginable con su presencia silenciosa. Muchos cristianos volvían al fervor de la fe. Su testimonio de servicio y amor producía un impacto cada vez mayor en los demás prisioneros.

Budistas y otros no cristianos alcanzaron la fe. La fuerza del amor de Jesús era irresistible. Así la oscuridad de la cárcel se hizo luz pascual y la semilla germinó bajo tierra durante el temporal. La prisión se transformó en una escuela de catequesis. Los católicos bautizaron a sus compañeros.

Eran sus padrinos. En conjunto fueron apresados cerca de 300 sacerdotes, Su presencia en varios campos fue providencial no solo para los católicos sino fue la ocasión para un prolongado diálogo interreligioso que creo comprensión y amistad con todos.

Así Jesús se convirtió como decía Santa Teresa de Jesús: en el verdadero compañero nuestro en el Santísimo Sacramento. Fue la pregunta que me hicieron los fieles. En cuanto me vieron me preguntaron.

Ha podido celebrar la Misa Padre? En el momento que vino a faltar todo la Eucaristía estuvo en la cumbre de nuestro pensamiento. El Pan de Vida. Si uno come de éste pan vivirá para siempre y el pan que les voy a dar es mi carne para la vida del mundo. Cuantas veces me acordé de la frase de los mártires de Avitén No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía.

En todo tiempo y especialmente en la época de persecución la Eucaristía ha sido el secreto de la vida de los cristianos, la comida de los testigos, el pan de la esperanza. Eusebio de Cesarea recuerda que los cristianos no dejaban de celebrar la Eucaristía ni siquiera en medio de las persecuciones.

Cada lugar donde se sufría era para nosotros un sitio para celebrar ,decía el. Ya puede ser un campo, un desierto, un barco, una posada, una prisión. El martirologio del siglo XX está lleno de narraciones conmovedoras, de celebraciones clandestinas de la Eucaristía en campos de concentración porque sin la Eucaristía no podemos vivir la vida de Dios

escrito por el Padre Javier Soteras
(fuente: www.radiomaria.org.ar)
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