Buscar este blog

viernes, 22 de enero de 2016

Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios

Viernes de la segunda semana del tiempo ordinario
(22/01/2016)

Primer Libro de Samuel 24, 3-21. 

Entonces reunió a tres mil hombres seleccionados entre todo Israel y partió en busca de David y sus hombres, hacia las Peñas de las Cabras salvajes. Al llegar a los corrales de ovejas que están junto al camino, donde había una cueva, Saúl entró a hacer sus necesidades. En el fondo de la cueva, estaban sentados David y sus hombres. Ellos le dijeron: "Este es el día en que el Señor te dice: 'Yo pongo a tu enemigo en tus manos; tú lo tratarás como mejor te parezca'". Entonces David se levantó y cortó sigilosamente el borde del manto de Saúl. Pero después le remordió la conciencia, por haber cortado el borde del manto de Saúl, y dijo a sus hombres: "¡Dios me libre de hacer semejante cosa a mi señor, el ungido del Señor! ¡No extenderé mi mano contra él, porque es el ungido del Señor!". Con estas palabras, David retuvo a sus hombres y no dejó que se abalanzaran sobre Saúl. Así Saúl abandonó la cueva y siguió su camino. Después de esto, David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Saúl: "¡Mi señor, el rey!". Saúl miró hacia atrás, y David, inclinándose con el rostro en tierra, se postró y le dijo: "¿Por qué haces caso a los rumores de la gente, cuando dicen que David busca tu ruina? Hoy has visto con tus propios ojos que el Señor te puso en mis manos dentro de la cueva. Aquí se habló de matarte, pero yo tuve compasión de ti y dije: 'No extenderé mi mano contra mi señor, porque es el ungido del Señor'. ¡Mira, padre mío, sí, mira en mi mano el borde de tu manto! Si yo corté el borde de tu manto y no te maté, tienes que comprender que no hay en mí ni perfidia ni rebeldía, y que no he pecado contra ti. ¡Eres tú el que me acechas para quitarme la vida! Que el Señor juzgue entre tú y yo, y que él me vengue de ti. Pero mi mano no se alzará contra ti. 'La maldad engendra maldad', dice el viejo refrán. Pero yo no alzaré mi mano contra ti. ¿Detrás de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién estás persiguiendo? ¡A un perro muerto! ¡A una pulga!. ¡Que el Señor sea el árbitro y juzgue entre tú y yo; que él examine y defienda mi causa, y me haga justicia, librándome de tu mano!". Cuando David terminó de dirigir estas palabras a Saúl, este exclamó: "¿No es esa tu voz, hijo mío, David?", y prorrumpió en sollozos. Luego dijo a David: "La justicia está de tu parte, no de la mía. Porque tú me has tratado bien y yo te he tratado mal. Hoy sí que has demostrado tu bondad para conmigo, porque el Señor me puso en tus manos y tú no me mataste. Cuando alguien encuentra a su enemigo, ¿lo deja seguir su camino tranquilamente? ¡Que el Señor te recompense por el bien que me has hecho hoy! Ahora sé muy bien que tú serás rey y que la realeza sobre Israel se mantendrá firme en tus manos.


Salmo 57(56), 2.3-4.6.11.

Ten piedad de mí, Dios mío, ten piedad,
porque mi alma se refugia en ti;
yo me refugio a la sombra de tus alas
hasta que pase la desgracia.

Invocaré a Dios, el Altísimo,
al Dios que lo hace todo por mí:
él me enviará la salvación desde el cielo
y humillará a los que me atacan.

¡Que Dios envíe su amor y su fidelidad!
¡Levántate, Dios, por encima del cielo,
y que tu gloria cubra toda la tierra!
porque tu misericordia se eleva hasta el cielo
y tu fidelidad hasta las nubes.


del Evangelio según San Marcos 3, 13-19.

Jesús subió a la montaña y llamó a su lado a los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar con el poder de expulsar a los demonios. Así instituyó a los Doce: Simón, al que puso el sobrenombre de Pedro; Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; luego, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago, hijo de Alfeo, Tadeo, Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.














Una reflexión bíblico-pastoral siguiendo el esquema de la Lectio Divina

1. Introducción

Aparecida, último acontecimiento eclesial en América Latina. No podemos ignorar la importancia que tiene en nuestra Iglesia. Ahí, citando Deus caritas est 12, de el Papa Benedicto, se dijo:

No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran ¡dea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a ¡a vida y, con ello, una orientación decisiva (DA, 243).

Se trata, entonces, dicho de otra manera, del propósito de los evangelios y de la evangelización en el inicio del cristianismo:

Un encuentro de fe con la persona de Jesús

Este encuentro, señala el DA, "se realiza en la fe recibida en la Iglesia" (246); "en la Sagrada Escritura, leída en la Iglesia" (247).

Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la Roca de la Palabra de Dios (DA, 251).

Si ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo (San Jerónimo), lo contrario es conocer las Escrituras para un encuentro con Cristo.

Una forma de acercamiento a las Sagradas Escrituras es la Lectio Divina:

una lectura orante, bajo la guía del Espíritu Santo, que conduce al encuentro con Jesús Maestro, Hijo de Dios, Señor del universo, Mesías y Salvador, Hermano Mayor... En fin, un ser vivo que está presente en la Iglesia, en los pobres, en los sacramentos, en las más diversas circunstancias de la vida (Cf. DA, 249).

2. Objetivo de esta reflexión

Que a partir de este ejercicio de lectura orante de la Palabra, tengamos en la práctica, lo que sugiere el DA y, al mismo tiempo, descubramos la profunda relación entre discipulado y misión como centro de nuestro ser en Cristo.

Los evangelios sinópticos nos señalan los momentos del proceso por el que pasa el discípulo para llegar a ser enviado (apóstol o misionero): Mt 4, 18-22; Le 5,1-11; Me 1,16-20, Mt 9,9; Le 5,27-28; Me 2,13-14, Mt 10, 1-41 (elección de los Doce y discurso misionero); Le 9, 1-6 (elección y misión de los doce); Me 3,13-19.

3. Lectio ¿Qué dice el texto inspirado?
Mc 1, 16-20; 2, 13-14; 3, 13-19. Además: 16, 15-18.


Tenemos entonces que los textos nos hablan de La Vocación

• Una mirada de Jesús que elige
• Iniciativa de Jesús que llama
• Urgencia de Jesús que apremia

La Respuesta

* Fe
* Desapego
* Seguimiento

3. 2. La Misión

16, 15-18.20: Y les dijo:
•Vayan por todo el mundo y proclamen la buena noticia a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará, pero el que no crea, se condenará... Ellos salieron a predicar por todas partes colaborando el Señor con ellos y confirmando la palabra con las señales que la acompañaban.

El mismo esquema:
Orden de Jesús: Vayan... proclamen
Respuesta de los enviados: salieron...

4. Meditatio: ¿Qué me/nos dice el Señor a través del texto inspirado?

Después de esta reflexión, pueden dos personas expresar también la suya.

Llamado y envío van unidos estrechamente. El envío está ya contenido en el llamado. Nadie es llamado sino para ser enviado. De manera que el llamado o la elección sólo tiene sentido por la misión.

No somos llamados para separarnos de los demás y estar cómodos, sino para ocuparnos de aquellos a quienes somos enviados. No somos llamados por ser mejores que otros. En principio no somos diferentes de los demás. No nos elige por ser mejores, tal vez al contrario.

Por tanto, ser llamado es un privilegio que compromete y adquiere todo su valor por la misión a realizar que no es nuestra sino del que nos envía.

El llamado es apremiante: ¡vengan, síganme, vayan! Exige, entonces, una respuesta inmediata. La vida Cristina es, ante todo una respuesta, no una búsqueda. Es respuesta a la gracia. Y una respuesta permanente. Por eso es necesario estar siempre atentos, ser sensibles a las miradas de Jesús que pasa y nos puede llamar cuando y donde menos lo esperamos. La llamada de los primeros discípulos se dio en el lugar de trabajo. Él me mira, me conoce y me llama por mi nombre. Es Dios el que nos busca, no al revés. No es decisión nuestra el asumir una misión, sino que parte de una iniciativa divina.

Nosotros sólo respondemos en la fe y la esperanza. Esto implica correr riesgos en la libertad. Implica desapego y abandono de falsas seguridades: profesión, familia, ganancias, fama, poder, placer...

Tras la mirada de Jesús que me llama a seguirlo no me queda más que la fe para responder, aún en medio de la duda. La fe es aventura. Basta con fiarse del que llama. Esta es la fe que caracteriza al discípulo: no se miden las consecuencias positivas o negativas. Para ser discípulo hay que entregarse incondicionalmente. Basta creer. El Seguimiento es la expresión más auténtica del amor a Jesús.

Pero hay que insistir: Lo más importante de nuestra relación con Jesús es el seguimiento, sin saber por dónde ni cómo nos conducirá. Porque lo propio del discípulo es seguir a Cristo, caminar por sus sendas, no basta con admirarlo. Es importante compartir sus criterios y sus proyectos, especialmente sus actitudes de servicio desinteresado. Ser discípulo es dejarse transformar. Sólo Él nos hace llegar a ser lo que Él necesita que seamos. Es tarea suya ,basta con que nos dejemos moldear por Él.

Sólo de esta manera asegurarnos, la presencia de Cristo en el mundo. Esa es la intención del llamado y de la misión. Él es quien tiene que aparecer, no nosotros. Es éste uno de los sentidos de la Ascensión. Somos sus manos, su cuerpo, su voz, en fin su rostro.

Pero no pensemos que seguimiento y misión son dos etapas sucesivas cronológicamente. No es así. Son más bien alternas. La formación se ve necesaria cuando, alcanzados por Cristo, empezamos a caminar con Él y a tener las primeras experiencias de apostolado. Seguirnos detrás de Él siempre, pues no nunca dejamos de ser discípulos, pero vamos creciendo y madurando en la comprensión y en la experiencia de la fe de la que vamos dando testimonio mientras caminamos con Jesús cumpliendo su encargo a favor de nuestros hermanos El seguimiento, entonces, se hace más gratificante y alegre cuanto más exigente. Este es el sentido de la formación permanente.

5. Oratio

A partir de lo que me/nos dice el Señor ¿qué le digo/decimos para dialogar con Él? Podemos dar gracias, alabar, suplicar, pedir perdón.

También después de esta breve oración, ojalá dos personas lo hagan en voz alta para edificación de todos.

Señor, Jesús, creo firmemente que desde el día de mi bautismo me has llamado a ser discípulo tuyo y me has enviado, desde entonces, a dar testimonio de la fe que, como don tuyo he recibido. Como Samuel, el profeta, te digo: Aquí estoy porque me llamaste. Estoy dispuesto a seguirte a donde me quieras llevar. Sé que sin ti me pierdo. Pero sé también que tú estás siempre conmigo para que pueda cumplir el proyecto que tiene para mí y para aquellos que con mi testimonio he de servir para que te encuentren y se salven. Me encomiendo a tu misericordia y al mismo tiempo te encomiendo a quienes, deseosos de conocerte, esperan con todo derecho que les sirva con el testimonio de mi fe, esperanza y amor.

5. Contemplatio

Es el momento de "la oración en su más alta calidad, en toda su pureza. No es experiencia extática ni situación paradisíaca, sino el reconocimiento pacífico, manso de la venida del Señor a nuestra incapacidad, a nuestra pobre humanidad. Es una venida que sana y que restaura.

...Es ese sumergirse en la tremenda simplicidad y dulzura del grandioso amor de Dios o, como san Juan de la Cruz: estar amando al amado... (Fidel Oñoro, A la escucha del Maestro. CEM, 1997).

Contemplemos la infinita misericordia de Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha llamado, sin ningún mérito nuestro, a ser presencia viva de Jesús en el mundo.

Qué grande es nuestro Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo que nos envía, como Iglesia e individualmente, con todo y nuestras miserias como instrumentos de salvación de todos aquellos que están alejados del influjo bienhechor del Evangelio.

Oración final o canto (Por ti, mi Dios, cantando voy la alegría de ser tu testigo Señor).

escrito por Pbro. José Luis Herrera Martínez
(fuente: www.vicariadepastoral.org.mx)

jueves, 21 de enero de 2016

"¡Tú eres el Hijo de Dios!"

Jueves de la segunda semana del tiempo orfdinario
(21/01/2016)

Primer Libro de Samuel 18, 6-9.19,1-7. 

A su regreso, después que David derrotó al filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salían a recibir al rey Saúl, cantando y bailando, al son jubiloso de tamboriles y triángulos. Y mientras danzaban, las mujeres cantaban a coro: "Saúl ha matado a miles y David a decenas de miles". Saúl se puso furioso y muy disgustado por todo aquello, pensó: "A David le atribuyen los diez mil, y a mí tan sólo los mil. ¡Ya no le falta más que la realeza!". Y a partir de ese día, Saúl miró con malos ojos a David. Saúl habló a su hijo Jonatán y a todos sus servidores de su proyecto de matar a David. Pero Jonatán, hijo de Saúl, quería mucho a David, y lo puso sobre aviso, diciéndole: "Mi padre Saúl intenta matarte. Ten mucho cuidado mañana por la mañana; retírate a un lugar oculto y no te dejes ver. Yo saldré y me quedaré junto con mi padre en el campo donde tú estés; le hablaré de ti, veré que pasa y te lo comunicaré". Jonatán habló a su padre Saúl en favor de David, y le dijo: "Que el rey no peque contra su servidor David, ya que él no ha pecado contra ti. Al contrario, sus acciones te reportan grandes beneficios. El se jugó la vida cuando derrotó al filisteo, y el Señor dio una gran victoria a todo Israel. Si tanto te alegraste al verlo, ¿por qué vas a pecar con sangre inocente, matando a David sin motivo?". Saúl hizo caso a Jonatán y pronunció este juramento: "¡Por la vida del Señor, no morirá!". Jonatán llamó a David y lo puso al tanto de todo. Luego lo llevó a la presencia de Saúl, y David quedó a su servicio como antes.


Salmo 56(55), 2-3.9-10.11.12-13.

Ten piedad de mí, Señor, porque me asedian,
todo el día me combaten y me oprimen:
mis enemigos me asedian sin cesar,
son muchos los que combaten contra mí.

Tú has anotado los pasos de mi destierro,
¡recoge mis lágrimas en tu odre!:
¿acaso no está todo registrado en tu Libro?
Retrocederán mis enemigos el día que te invoque.

Sé muy bien que Dios está conmigo.
confío en Dios y alabo su palabra;
confío en él y ya no temo:
¿qué pueden hacerme los hombres?
Debo cumplir, Dios mío, los votos que te hice:
te ofreceré sacrificios de alabanza.


del Evangelio según San Marcos 3, 7-12.

Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió mucha gente de Galilea. Al enterarse de lo que hacía, también fue a su encuentro una gran multitud de Judea, de Jerusalén, de Idumea, de la Transjordania y de la región de Tiro y Sidón. Entonces mandó a sus discípulos que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Porque, como curaba a muchos, todos los que padecían algún mal se arrojaban sobre él para tocarlo. Y los espíritus impuros, apenas lo veían, se tiraban a sus pies, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero Jesús les ordenaba terminantemente que no lo pusieran de manifiesto.








REFLEXIÓN

Este texto del evangelio de hoy, Jesús lo pone en otro paisaje. Se acuerdan que ya pasamos por el terreno cultivado, hemos pasado por la sinagoga. Hoy es Jesús que nos lleva a la orilla del mar. Ese es el escenario, la geografía donde se desarrolla el texto.

La palabra que utiliza el texto es que Jesús se retiró con sus discípulos. ¿Cuál habría sido el motivo de este retirarse? Como venimos haciendo las lecturas continuas, y podemos imaginarnos que tuvo una seguidilla de días bravos, de mucha agitación, de mucha tensión, de mucho trabajo. De sábado en sábado, tanta gente que Jesús lo seguía y tanta gente que Jesús los iba conociendo.

Y la tensión desde unos encuentros de gente que se resistía a este nuevo modo de hablar y de obrar. Así que el retiro podría haber sido de un descanso, de un alejarse a un lugar interesante, que promoviese el descanso físico, la convivencia.

Entonces están Jesús y sus discípulos, en retiro, a orillas del mar. Los que viven en Mar del Plata nos podrían describir esto que significa las sensaciones del mar. Es un mar que entra también por el olfato, los perfumes, los colores, las resonancias de experiencias vividas ahí a la orilla del mar. Es un espacio que nos ayuda a contemplar la inmensidad del mismo mar. Que nos retrotrae a pensar en nuestra pequeñez, en saber que entrando por el mar, empezamos a cambiar tierra en no tierra. Entonces en lugares donde no tenemos tanto el control. Como que necesitamos de otras herramientas, otros saberes para poder introducirnos en este espacio.

Ruidos y graznidos de gaviotas, un rico perfume. La hora del día no la señala. Cada uno de nosotros podría imaginarse la hora que más le agrada. Como en un amanecer, en un atardecer, o en algún otro momento, en algún otro rato de la jornada. Y experimentar este descanso en Dios, este descansar en Jesús en una geografía que nos acompaña.

Y de vuelta, tenemos allí la imagen de armonía. Jesús en medio, los discípulos que pueden ser nuestra propia familia, un paisaje que ayuda a la relación con la naturaleza, (en este caso un paisaje de mar)… Así que está la relación con el Cielo, que es Jesús, la convivencia humana, tu familia, el grupo de amigos, la comunidad, y la relación con lo Creado, en este caso a través del paisaje de la playa. Y Jesús que nos invitó, nos llevó, casi nos exigió al retiro. Con esta actitud quiero que empecemos la mañana. Mar, gente amiga, momento del día espléndido, la presencia de Dios, y nuestra alma que se aquieta.

Ahí está Jesús, de retiro, casi de vacaciones. Unas vacaciones en comunidad. Y le pasó a Él lo que nos suele pasar a nosotros. Los que tuvimos la experiencia de salir algunos días, en algún año, nos damos cuenta que junto con el bolso y las ropas, cuando llegamos al lugar también llevamos las otras cosas, llevamos la preocupación, el ritmo, el trabajo, el acelere y que, en realidad, se tiene que prolongar varios días hasta que uno se empieza a desacelerar, a mandar las cosas de vuelta a su lugar de origen. Sus situaciones de trabajo. Porque uno llevó todo. Llevó al jefe, llevó la problemática en el bolso, llevó todo.

Ahí está Jesús, que no está terminando de llegar con sus amigos, y detrás mucha gente con las situaciones. No menciona el texto en ningún lado la reacción de Jesús y sí lo que hace. Entonces podríamos nosotros intuir su razón. Llegó ahí para estar un rato y de pronto, aparece la gente. No parece el fastidio como la reacción de Jesús frente a esto. Si para eso ha venido, para proclamar la Palabra y que la Palabra sea escuchada.

Y la Palabra proclamada significa el contacto físico, visual, el estar cerca para poder hablar, y ser escuchado. Entonces la reacción de Jesús no es el fastidio. Casi, casi, podríamos decir que hasta que fue provocado, porque tampoco como hace mención que en este lugar del barco hubiera una población grande, si pareciera que hubiera un tipo muelle. Porque después pide una barca, así que algún tipo de atracadero debe haber habido ahí.

Bueno ahí está Jesús recibiendo a mucha gente. Es gente que ya tuvo contacto con Él, gente que ya lo conoce. Que ha experimentado su Palabra sanadora, la sanación de sus gestos que ha traído liberación interior o salud física. Entonces toda esta gente que lo sigue, no puede ya estar sin Él. Y dejando ya sus seguridades lo acompaña, lo sigue.

Como que van uniendo destinos. Ahí donde está Jesús ahí va la gente. Y quizás otros muchos, sabiendo que con Jesús su Palabra sanaba y tranquilizaba, daba paz, daba perspectivas, generaba esperanza, y que con sus gestos sanaba.

Y quizá otros muchos que no habían tenido este encuentro se sumaban a este grupo que iba acudiendo adonde estaba Jesús.

Mucha gente lo seguía. Pero también dice el texto que mucha gente al enterarse lo que Jesús hacía, es decir, que esta misma gente proclamaría por otras partes, (a los parientes, a los amigos), y uno se pone a contemplar esto. Sin que hable, sin que se escuche Su voz, como dice el salmo 18, a todas partes se expande Su voz.

El mensaje de Jesús empieza a correr. Desde la línea del testimonio, de boca en boca, de lo que me sucedió a mí, de lo que pasó en mi familia. Porque Jesús está un lugar, pero su mensaje ya está recorriendo otra geografía, otra historia, metiéndose en otros lugares, en otras familias, movilizando a gente. No ya con su presencia física, sino con la fuerza del testimonio de aquellos que lo conocieron y escucharon y propagan esa Voz.

Así que si mucha gente va por el contacto directo de su actividad física en estos poblados de Galilea, muchos otros porque escucharon lo que Él hacía también fueron a su encuentro. Y a estos los nombra como una gran multitud. Y nombra como ciudades y provincias de esa zona. Como Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania, y la región de Tiro y Sidón. Como que no queda nadie fuera.

De la pequeña geografía que implica esta zona de la Palestina en tiempos de Jesús, estos territorios abarcan todo. Es una palabra que llevó a todos. Y todos quieren ir a Su encuentro. Esta es otra imagen. Un Jesús que es convocante.

Está la orilla del mar, que es el paisaje elegido por Él para este encuentro. Con sus amigos, con los que ya habían conocido su Palabra y su actividad en Galilea. Y con todos aquellos que sin conocerlo, ya habían escuchado lo que Él hacía, quieren encontrarse, de todos lados. La invitación de hoy es esta: nombrar nuestra comarca, junto con Jerusalén, Idumea, Judea, Transjordania…

La región de donde provenís, de donde provengo y sentirnos invitados también, a partir de las cosas que hemos escuchados de Jesús, anhelar el encuentro. Y saber qué cosas tenemos que dejar y salir al encuentro con Jesús, que obra maravillas. Que trae esta presencia inigualable de Dios. Él está en medio de nosotros. Nosotros queremos estar al lado suyo.

Todos merecen su lugar cerca Jesús. Unos antes, otros después, algunos viniendo desde una situación, otros desde otra. Pero todos vamos al encuentro. Y ahí estamos. Dejamos de ser espectadores para convertirnos en peregrinos. También salimos al encuentro de Jesús por las cosas que escuchamos de Él. Y acá viene esta invitación de Jesús.

Él mandó, dice el texto, a sus discípulos a que le prepararan una barca, para que la muchedumbre no lo apretujara. Y pudiera tener una situación de encuentro, digo yo, que sea posible. Es decir con todos. No con aquellos que primero lo empujen o lo aprieten con esa necesidad de la posesión o del poco espacio.

Y qué lindo que esta tarea Jesús se la encomiende a sus discípulos. Fíjense son los primeros que llegaron. Este Jesús, incluso cuando está atendiendo, no desatiendo a los primeros que llegaron que son sus discípulos. Los está mirando, les está dando indicaciones. Y qué lindo lo que les enseña, no sólo lo que les pide, sino también lo que les enseña. Que aquellos que primero llegan, no tienen el privilegio de la primera fila, sino que tienen el privilegio del servicio, para que el encuentro sea posible para todos.

Con esta simple invitación, los invito a sumergirse en esta perspectiva, la del servicio. Una presencia cercana a Jesús que se define por la ministerialidad del lugar, por el privilegio del lugar. En cualquier lugar que vos estés, si llegás primero, si fuese el fundador del grupo, si fuese el constructor de la capilla, si fuese… en qué medida o en qué hacés derivar habitualmente este privilegio de haber sido el primero.

Entre los primeros en tiempo de llegada, entre los primeros en la capacidad de poseer. Hoy Jesús con un pequeño gesto, una pequeña indicación, en medio del gentío, lo cual por una parte nos habla de su dominio de la situación, no se desborda. Si los otros son muchos y se apretujan, Él sigue teniendo una mirada hacia todos y hacia cada uno.

Y a los apóstoles, a sus discípulos, a sus amigos lo que les pide es esto: vos que viniste conmigo ocupá ahora un ministerio. El del servicio. Dedicate a acomodar que la situación mejore para todos. Que todos puedan oír, que todos puedan ver, que todos puedan tener el encuentro según lo han deseado. Y ustedes son los encargados de esto. Los amigos de Jesús empiezan a convertir este gesto en servidores, en ministros, en mediadores de este encuentro. No lo toman a Jesús como suyo. No se enojan porque tienen que compartirlo con los otros. Sino que el gozo que les da la presencia y el llamado de Jesús se convierte en una actitud de servicio a los demás.

Mirá que linda invitación que nos hace Jesús. Nosotros que salimos de peregrinación para encontrarnos con Él. Y nos dice que nuestro encuentro con Él se va a definir por la capacidad de servicio. Bueno, a aquellos les pidió que le acerquen, le busquen y le preparen una barca. ¿Qué es lo que te está pidiendo hoy en este día, en concreto? Para que tu presencia cercana a Jesús, que la deseás y que espiritualmente, nos hemos motivado para hacerla desde nuestra comarca. Ahora te toca servir.

¿Qué te pide Jesús? Hoy qué te pide. Imaginate. Revisá el pasado. ¿Para qué utilizaste el privilegio de ser el primero o más intensas experiencias de Dios? Si fue para el servicio o fue para el dominio. O fue para autoproclamarte ser el mejor. ¿Qué te está pidiendo para que hoy Él pueda encontrarse con otros? Esa es la tarea. Él vino para todos y vos podés ser mediador de ese encuentro.

Como sigue el texto. Porque Jesús sanaba a muchos, todos los que estaban ahí, se arrojaban a Él. Para tocarlo. Todos los que padecían algún mal, se arrojaban a Él para tocarlo. Acá nos podemos acercar a las experiencias de padecimiento. Padecer el mal. El verbo que utiliza el texto para el mal, es que es un padecimiento. Es parte de la Pasión. No es algo como elegido.

Es algo que se padece, algo que se recibe, algo dado. Nadie elige el mal, por el mal en sí. Sí podemos tomar elecciones incorrectas, o no haberlas pensado tanto, y como consecuencia acarrear un mal. Pero del mal, lo señala el texto, y todos nos queremos liberar. Todos los que padecen algún tipo de mal, lo dice así, no lo explicita que tipo de mal, se quiere librar, y Jesús aparece como aquél que nos puede liberar del mal. Y lo repetimos cotidianamente tantas veces. “Líbranos del mal” en la oración que él mismo nos enseñó.

El mal no es una posesión, es algo padecido, del cual anhelamos todos los seres humanos, ser liberados. Y acuden las personas a los lugares que tengan estas características.

Vamos a ver en el próximo bloque, nuestro ser que se resiste a ser liberados del mal. Pero acá estamos nosotros, y las personas que podamos ir nombrando, desde nuestras casas, que están padeciendo algún mal. Pongámoslas cerca de Jesús. Que sientan el deseo de liberarse de ese mal. Del alcoholismo, de la droga, de alguna adicción; alguna alteración de carácter que se convierta en algo malo.

No que me caiga mal a mi, no que a mi me moleste; sino mal en sé mismo, sino que estamos nombrando, aquello que en el otro no deja que cumpla sus objetivos.

No es una mirada interesada de buscar la propia tranquilidad. Realmente es ver lo que en la persona con la que convivo, no la deja ser ella misma en el proyecto de vida que Dios soñó para ella. Algo que está quitando la posibilidad de ser.

Nombramos a todas esas personas. Y las ponemos muy cerca de Jesús, Él tendrá el modo de atender a cada uno. De no sentirse apretujado, abrumado, desbordado de tantos nombres, tantas situaciones. Él y sus ministros se ocupan de que sea atención personalizada. Entonces no tengamos miedo de decir los propios males, de nuestros conocidos, de nuestra propia gente.

Fíjense que en Jesús se despierta la atracción que los seres humanos tenemos de estar bien, que la gente es capas de tomar esta actitud que nos dice el evangelio. Arrojarse, con tal de tocarle.

Es decir, el contacto más mínimo con esta fuente de salud, con este espacio de salvación, que se transforma inmediatamente en una apropiación. En algo para mi aquello que es del otro. Quitándome a mi aquello que a mí me molesta. Jesús es capas de esto. Es una usina de bien, que borra todo mal. Entonces tenemos que recuperar y repensar todas aquellas cosas que suceden en nuestra sociedad y que nosotros decimos, son como males enquistados.

¿En qué se enquistan? ¿En donde están como atornillados, aferrados, que no se sueltan? Porque en el texto bíblico, y creemos que es la experiencia de todos nosotros, nunca nadie quisiera estar atornillado al mal.

Lo que uno escucha cuando uno acompaña a situaciones de dolor, de enfermos. La pregunta es ¿Hasta cuando con esta situación? Nadie la quiere.

Y el texto de hoy nos da razón de esto. Nadie quiere el mal. Todos lo quieren como fuera de uno mismo. Porque estamos hechos para el bien.

El ser humano está hecho para el bien. Para Dios.

Hemos sido creados para ti y nuestro corazón estará inquieto mientras no descanse en Ti; había formulado como expresión san Agustín.

Así que en nuestro corazón, en alguna dimensión, física, intelectual, psicológica, familiar, social, haya algo del mal, y nosotros no estamos tranquilos. No nos podemos quedar ahí, tenemos que trabajar para que esto sea expulsado. Que el mal sea vencido. Y el texto bíblico dice que el mal se vence con la presencia de Jesús que es el Bien. No es un mal más fuerte.

No es un mal de “cinco gramos”, lo venzo con un mal de “diez gramos”. No a un mal lo venzo con dos males.

Jesús que pasó haciendo el bien, según una frase bíblica del evangelista, es la manera, en concreto, de quitar el mal. “Venzan el mal, a fuerza de bien”, repite san Pablo. Entonces, como que la experiencia cristiana, nos dice que este dolor que vos padecés, o el dolor que sabés que padece otra persona; el único camino de quitarlo, es el bien. El bien de la presencia de Dios, y quizás el bien de la comunidad. El bien de la presencia que acompaña, hace el aguante. Que acerca alguna medicina, algún consuelo, que escucha.

Y si nosotros conocemos personas, y uno dice “este está empecinado en el mal. ¿Qué pasa? Parece que quiere hacer esto.” El hombre desde lo más profundo, varón, mujer, anhela la salud. Anhela el bienestar, la armonía en la convivencia.

¿Cuáles son las resistencias que nosotros experimentamos tristemente, en nuestro interior o en otros? Para que ese mal que nos hace mal, sigamos nosotros aferrándonos a ese mal. Porque lo natural, lo sencillo sería esto, que la gente que tiene un mal se lo saque, se lo quite, lo evite, se lo entregue a Dios. Pida la ayuda de la ciencia. Porque el mal siempre es un padecimiento, nunca una decisión.

Después de que la gente se arrojaba sobre Él para tocarlo, los espíritus impuros apenas lo veían, se tiraban a sus pies. Y uno se pregunta. ¿De dónde salieron estos espíritus impuros? Porque de lo que íbamos leyendo había salido Jesús con sus amigos a la vera del mar. La gente que lo había conocido, la gente que había escuchado, nosotros que leemos el texto y nos sumergimos. Y ¿estos? O estaban ahí y se despertaron cuando llegó tanta gente, como espíritus del lugar. O son esas cosas que llevamos cada uno. Y a veces, las llevamos sin saber que las llevamos.

La imagen sería como para que entendamos, “yo estaba bien hasta que fui al médico”. “Me hicieron un análisis y resulta que yo creía que iba solo, y volví con colesterol, triglicéridos, azúcar por las nubes”…

Estas son estas cosas que uno lleva sin darse cuenta que las lleva, porque se hicieron tan de uno, que uno cree que son uno. Y de pronto, cuando uno se pone frente a la luz, (de un examen clínico, de una presencia sanadora como la de Jesús), frente a un parámetro, empiezan a aparecer todas estas cosas que están torcidas para un lado, y que uno estaba como adherido a sí. Hecho carne, hecho uña, hecho uno con uno mismo. Que cree que son yo, pero son cosas que no son yo.

Sino que se convierten como experiencias de impurezas, porque distorsionan mi personalidad, y el sueño de Dios, y mi proyecto personal. Por eso se transforman en impurezas. Y son espíritus porque son como intangibles. Un tumor uno lo ve, porque sobresale. Estas son cosas que están dentro, subsistiendo en cosas, pero que veo los efectos, pero no las veo.

Bueno, ahí aparecen todas juntas. Y se resisten. Y fíjense que táctica interesante tienen. Se resisten intentando la distracción. Ahí están gritando, intentando llamar la atención. Las miramos a ellas, ahora. Perdemos el centro en Jesús. Mientras Jesús es el que tenía sanación, ahora ellas están gritando. Y gritando cosas interesantes. Porque están gritando la proclamación “Tú eres el Hijo del Altísimo”.

Pero a la misma vez que gritan esto. Estas cosas que tenemos como pegadas a nosotros, son distracción. Porque nos quitan la mirada y la presencia de Jesús, aunque hablen de Jesús. Aunque tengan gestos como tirarse a los pies. O gestos muy parecidos a la gente, que buscaba la vida. ¿Se acuerdan? Se arrojaban para tocarlo. Estas se arrojaban a sus pies.

Pero si en uno veíamos un deseo de quitarse este mal, que los tenía atornillados a la no vida, o a la menos vida. Este arrojarse a los pies, como muy de esclavo, muy de sometido, muy de decir “me hago el humildito, pero en el fondo sigo tan fuerte como siempre”.

Es como cuando uno ataca el mal y lo arrincona hasta un lugar, pero no lo saca de raíz. Y de golpe, ese pedacito que dejaste ahí arrinconadito, aparece como una fuerza, y se genera como un yuyo más grande que el anterior. Entonces los gritos, y el achicarse no es signo de que lo saqué todavía.

Hay cosas que se han adherido a tu vida, se han adherido a la mía, a la de todos. Quizás desde chicos, quizá por distintas experiencias, y el gran trabajo nuestro es sacarlas de raíz. No dejarles ningún rinconcito. Porque desde ahí, se vuelven a posicionar y vuelven a crecer con una fuerza que…

¿Qué cosas pueden ser? Y, estas frases, a través de las cuales, uno construye la vida. Por ejemplo, “mirá, el que me las hace, las paga”. Y yo construyo mi vida a partir de eso. Y siempre descubro que quiero construir una relación afectiva interesante, pero que termina mal. Pero por qué? Quizá uno va haciendo la historia, y siempre basas en esta.

Entonces, por un lado vos proclamas que querés armar una relación afectiva, pero por otro lado, el más mínimo error de la otra parte, para vos es evaluado como el motivo de corte. Entonces, a la misma vez que decís “quiero estar con”, interiormente pusiste unas plataformas, unos cimientos a la construcción que está diciendo siempre “te vas a quedar sin”. Por ejemplo.

Y así, cada uno podemos descubrir, cuáles son estas cosas que están muy metidas dentro de nosotros. Que son pensamientos, modos de armar el pensamiento, modos de construir las cosas, modos de relacionarnos con el mundo material, o con los vínculos afectivos, o con el mismo Dios.

Yo digo querer y amar a Dios. Pero profundamente tengo un gran miedo respecto de Él. Entonces, yo voy todos los días, pero voy todos los días, como para alguien que me va a pegar. Quiero amarlo y servirlo, pero tengo un terror, pánico frente a Su presencia.

A eso le llamamos hoy, espíritus impuros. Aquello que pareciendo parte nuestra, y habiendo viajado kilómetros. Fíjese, cada uno, salió de su comarca y sin darse cuenta, lo trajo. Porque no es que yo lo adhiero, como que armo la mochila, y pongo una muda de ropa. Estas cosas ya vienen conmigo. Y frente a Jesús quedaron evidenciados, y son estas las cosas que hacen que el Reino de Dios no ingrese en nosotros. Se resisten, porque quieren todavía ellos, reinar en nuestras vidas.

Le pedimos a Jesús y que también estos aspectos de nuestra vida, se rindan frente a Él. Que busquemos la paz, la salud total, plena, que hagamos guerra frente a estas cosas extrañas, no son nuestras, que se han adherido. Que todo lo nuestro sea estar al servicio, a las órdenes de Jesús para que otros hermanos se encuentren. Y que el día de hoy sea el ser mediadores de esta Presencia que experimentamos, sea una lucha contra estas cosas extrañas que todavía viven en nuestra vida. Y sobre todo, sintamos la Sanación que la Presencia de Dios trae a nuestra vida.

Que Jesús te bendiga, y pedimos la intercesión de Laurita Vicuña. Ella que luchó contra el mal, haciendo el bien a su mamá, nos ayude en esta lucha contra el mal. Y ganarla a fuerza del Bien.

escrito por Padre Marcos Aguirre
(fuente: radiomaria.org.ar)

miércoles, 20 de enero de 2016

Jesús cura en la sinagoga a un hombre con la mano paralizada

Miércoles de la segunda semana del tiempo ordinario
(20/01/2016)

Primer Libro de Samuel 17, 32-33.37.40-51. 

David dijo a Saúl: "No hay que desanimarse a causa de ese; tu servidor irá a luchar contra el filisteo". Pero Saúl respondió a David: "Tú no puedes batirte con ese filisteo, porque no eres más que un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su juventud". Y David añadió: "El Señor, que me ha librado de las garras del león y del oso, también me librará de la mano de ese filisteo". Entonces Saúl dijo a David: "Ve, y que el Señor esté contigo". Luego tomó en la mano su bastón, eligió en el torrente cinco piedras bien lisas, las puso en su bolsa de pastor, en la mochila, y con la honda en la mano avanzó hacia el filisteo. El filisteo se fue acercando poco a poco a David, precedido de su escudero. Y al fijar sus ojos en David, el filisteo lo despreció, porque vio que era apenas un muchacho, de tez clara y de buena presencia. Entonces dijo a David: "¿Soy yo un perro para que vengas a mí armado de palos?". Y maldijo a David invocando a sus dioses. Luego le dijo: "Ven aquí, y daré tu carne a los pájaros del cielo y a los animales del campo". David replicó al filisteo: "Tú avanzas contra mí armado de espada, lanza y jabalina, pero yo voy hacia ti en el nombre del Señor de los ejércitos, el Dios de las huestes de Israel, a quien tú has desafiado. Hoy mismo el Señor te entregará en mis manos; yo te derrotaré, te cortaré la cabeza, y daré tu cadáver y los cadáveres del ejército filisteo a los pájaros del cielo y a los animales del campo. Así toda la tierra sabrá que hay un Dios para Israel. Y toda esta asamblea reconocerá que el Señor da la victoria sin espada ni lanza. Porque esta es una guerra del Señor, y él los entregará en nuestras manos". Cuando el filisteo se puso en movimiento y se acercó cada vez más para enfrentar a David, este enfiló velozmente en dirección al filisteo. En seguida metió la mano en su bolsa, sacó de ella una piedra y la arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra se le clavó en la frente, y él cayó de bruces contra el suelo. Así venció David al filisteo con la honda y una piedra; le asestó un golpe mortal, sin tener una espada en su mano. David fue corriendo y se paró junto al filisteo; le agarró la espada, se la sacó de la vaina y lo mató, cortándole la cabeza. Al ver que su héroe estaba muerto, los filisteos huyeron.


Salmo 144(143), 1.2.9-10.

Bendito sea el Señor, mi Roca,
el que adiestra mis brazos para el combate
y mis manos para la lucha.

El es mi bienhechor y mi fortaleza,
mi baluarte y mi libertador;
él es el escudo con que me resguardo,
y el que somete los pueblos a mis pies.

Dios mío, yo quiero cantarte un canto nuevo
y tocar para ti con el arpa de diez cuerdas,
porque tú das la victoria a los reyes
y libras a David, tu servidor.


del Evangelio según San Marcos 3, 1-6.

Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo. Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: "Ven y colócate aquí delante". Y les dijo: "¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Pero ellos callaron. Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.








REFLEXIÓN

Recordamos el contexto de este texto: comienza el capítulo 2 con la curación de un paralítico, donde la atención está puesta en el cumplimiento o el no cumplimiento. Acá Marcos nos invita a repensar nuestros cumplimientos y nuestras estructuras, relacionadas con lo legal, con la ley que puede alienar o doblegar al hombre, o bien liberarlo. Jesús entra en la sinagoga, el lugar sagrado, y se encuentra con este hombre de la mano paralizada; están también los fariseos y al último aparecen los llamados herodianos.

Veamos el primer versículo:

“Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.

Se nos aclara que entró nuevamente, por lo que se entiende que Jesús ya ha estado en una sinagoga. Al comienzo de su vida pública, tras el llamado a los primeros cuatro discípulos, Él va a la sinagoga de Cafarnaún y se encuentra con el endemoniado. Por eso, esto de nuevamente también nos hace suponer que se trata de la misma sinagoga. Ha cambiado un poquito -en el tranco que Jesús ha hecho ya- el ambiente y el modo de estar en la sinagoga. Allá parecía que simplemente iba a cumplir con el culto sinagogal y a compartir con sus hermanos de Cafarnaún; en cambio acá, ya trae sobre la mochila un bagaje de tensiones y dificultades que hacen de esta entrada a la sinagoga algo particular y totalmente distinto a lo anterior. Ya no entra para enseñar ni para anunciar la Buena Noticia, como nos relataba Lucas, cuando todos los ojos estaban puestos en Él. Acá ya lo conocen, ya saben lo que ha hecho y pareciera que en esta visita ya hay que decidirse, no es tiempo de seducción sino de definición. Jesús vuelve a intentar con sus hermanos un acercamiento, pero un acercamiento que tiene que ver con la definición.

Tenemos que hacer la traslación a nuestros cultos y a nuestro modo de estar en el templo, puesto que el texto bíblico no es solo para relatarnos algo que pasó, sino para inquietarnos también en el hoy. La sinagoga para los judíos es lo que para nosotros significan nuestras capillas, nuestros templos, aquellos lugares donde nos encontramos con lo sagrado, donde celebramos la misa, el culto.

había allí un hombre… En el otro texto también estaba esta expresión, aunque en este caso no es un poseído sino un hombre que tenía una mano paralizada. Allá era uno más en medio de todos los asistentes, y el endemoniado pronuncia palabras, incluso conversa con Jesús y lo espeta. En cambio en este caso, el hombre de la mano paralizada no va a hablar nunca. La pregunta de fondo allá era cómo podía haber un endemoniado adentro de la sinagoga. Si en la sinagoga hay lugar para demonios y para parálisis, algo esta pasando allí… pareciera que esto es lo profundo en el texto de Marcos: la sinagoga se ha convertido en un lugar donde pueden estar los espíritus inmundos y donde hay parálisis, quietudes irreparables aparentemente. Lo pasivo, lo inválido de este hombre, es distinto a lo anterior, porque no es de nacimiento. El texto al final dice que quedó restablecida la mano, lo que da idea de que en algún momento estuvo bien. Es la misma expresión que posteriormente usa con respecto a la higuera (en el cap. 11, 20-21, dice: “A la mañana siguiente, al pasar otra vez, vieron que la higuera se había secado de raíz. Pedro, acordándose, dijo a Jesús: «Maestro, la higuera que has maldecido se ha secado».”) En esta cita, no hay duda de que la simbología está referida a Israel. El texto de hoy puede ser un adelanto, que quiere significar una sinagoga donde habitan espíritus impuros y donde Israel se ha quedado seco, sin vida, inválido. Por eso no hay más gente. Solo el hombre. Otros autores dicen que a este hombre se lo han puesto a Jesús como carnada para hacerlo caer en la violación del sábado.

Cuatro veces va a nombrar la palabra mano, la misma cantidad en que usa la palabra camilla en el texto del hombre paralítico que bajaron por el techo. Así como la parálisis simboliza la ausencia de autonomía, de movimiento; la mano paralizada simboliza la incapacidad de acción, de hacer, de construir. En el sentido profundo del texto quiere decir que este espacio que es el del culto, espacio donde escuchar la palabra de dos filos, se ha vuelto un espacio que no tiene capacidad de acción. Es una denuncia terrible, incluso pensando en nuestros espacios, cuando la gente dice “esta gente va una hora a la semana pero, la verdad, no cambia nada, ni su corazón, ni en sus contactos inmediatos, y menos aún en los espacios comunes. ¡Cuántas veces el mundo político u otras instituciones nos ven como estructura de poder! ¿Por qué? Por nuestra incapacidad de movilización. Esta gente junta todos los sábados y domingos tantas personas que van a misa, al templo… Creen que eso nos debe dar capacidad de acción. Pero si simplemente se lo hace por cumplir un rito, eso no nos moviliza, no no ayuda ni nos hace transformar la realidad.

Veamos el versículo que sigue:

”Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.”

Es bueno hacer composición de la escena: si uno mira el contraste, vemos que Jesús ha entrado abiertamente a la sinagoga, con total libertad, puesto que es parte de su vida y de su casa. Del otro lado, lo están asechando, la actitud es absolutamente desconfiada, lo hacen subrepticiamente, a traición, ocultando sus propósitos. Ya se lo habían dicho cuando sus discípulos cortaban espigas en sábado. Esto ya se puede tener como el anticipo, de ir a curar a este hombre, como anticipo para pedir la pena de muerte. Éste es el ambiente de la sinagoga: paralizados y asechando.

Ahí está Jesús. No hay pedido ni presentación de este hombre. Simplemente está ahí. Entonces Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: "Ven y colócate aquí delante".

De nuevo aparece el tema de la mano seca, paralizada. Lo que nos recuerda a Ezequiel 37, en una lectura analéptica (es como si el autor de los Evangelios, el autor bíblico, tomara un texto del Antiguo Testamento, y arriba le pusiera una hoja transparente y entonces escribiera la narración de alguna historia de Jesús teniendo al fondo ese texto). Hay muchos que dicen que detrás están los textos que denuncian la sequedad de Israel, y particularmente el de Ezequiel 37, 1-6.11:

“La mano del Señor se posó sobre mí, y el Señor me sacó afuera por medio de su espíritu y me puso en el valle, que estaba lleno de huesos.

Luego me hizo pasar a través de ellos en todas las direcciones, y vi que los huesos tendidos en el valle eran muy numerosos y estaban resecos.

El Señor me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán revivir estos huesos?». Yo respondí: «Tú lo sabes, Señor».

El me dijo: «Profetiza sobre estos huesos, diciéndoles: Huesos secos, escuchen la palabra del Señor.

Así habla el Señor a estos huesos: Yo voy a hacer que un espíritu penetre en ustedes, y vivirán.

Pondré nervios en ustedes, haré crecer carne sobre ustedes, los recubriré de piel, les infundiré un espíritu, y vivirán. Así sabrán que yo soy el Señor».

Luego el Señor me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos dicen: «Se han secado nuestros huesos y se ha desvanecido nuestro esperanza. ¡Estamos perdidos!».

Jesús pone en medio la sequedad de Israel. Y aún sacando toda la simbología, en el hecho concreto del milagro, Jesús pone en medio la dificultad. Hay que ver cómo Jesús mira esta dificultad, la sequedad, lo que tengo paralizado. El resto del culto, de la asamblea, no tiene sentido si en el medio no se pone aquello que está inválido.

Jesús le dice levántate, "Ven y colócate aquí delante". Pareciera que no estaba de pie porque no desplegaba toda su estatura y su capacidad y lo pone en medio del culto. En el medio de la sinagoga está el hombre y su problema. Ha puesto en el medio lo que debe estar en el medio: el hombre y su problema.

Veamos qué dice Jesús:

“Y les dijo: "¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?". Pero ellos callaron.

Jesús utiliza un lenguaje legal, un tipo de pregunta retórica, con respuesta obvia, que sirve para salir del brete donde lo han puesto. Y estas palabras responden también a lo que decía al principio el texto: Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.

Hacer el bien es curar. Hacer el mal es acusar. ¿Quién hace daño? El que anda al asecho, buscando acusar al otro. Son dos líneas claramente opuestas. En la segunda parte de la disyuntiva, Jesús va a llevar las cosas hasta el extremo, las va a exagerar, radicalizar: ¿qué hay que hacer, salvar una vida o matar? La respuesta es obvia, más vale que hay que salvar, hacer el bien, curar. Pero en aquel contexto, y en nuestros contextos, a veces no es tan obvio. ¿para qué ha puesto Dios el sábado, para qué ha puesto Dios los preceptos, los mandamientos? Para sanar, para hacer el bien, para curar.

Y lo religioso ¿sana, eleva? Habría que preguntarle a los niños si el modo de vivir lo religioso de mamá, de papá, de la abuela, de los grandes, sana, salva, hace el bien, alegra… Algunos chicos dirán: mamá, tu modo religioso es un plomo, solo te lleva a determinados reglamentos, pero no a hacer el bien ni a sanar ni a salvar…

Los fariseos, ante la pregunta de Jesús, se quedan callados. Porque no quieren ceder, están cerrados en sus respuestas; no van a debatir con Jesús porque ya tienen sus formulaciones hechas. En contraste, Jesús es el único que habla en ese texto. El enfermo no habla nunca. Tampoco hablan los fariseos dentro de la sinagoga. Pero afuera, confabulan. Es un ambiente muy pesado: la asechanza, la acusación, la pérdida del deseo de hacer el bien.

Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: "Extiende tu mano". El la extendió y su mano quedó curada. Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él.”

La mirada de Jesús es de ira, de enojo, y de pena por la dureza. Son dos sentimientos distintos: la ira corresponde al mal que hacen los fariseos subyugando a la gente sencilla e impidiendo hacer el bien. La tristeza corresponde a la obsecación de los fariseos de llamar al mal bien y al bien, mal. Ambas reacciones de Jesús nacen del amor, tanto hacia el pueblo como hacia los fariseos, a quienes ama y le da tristeza que sean tan obsecados.

Hay una autora que se detiene en el análisis de las expresiones corporales de esta escena: por un lado hay una mano paralizada; por otro lado, unos ojos de ira y una pena por la dureza en el corazón. La ira como función primaria que me hace reaccionar ante un mal presente o futuro, que no lo quiero para mi vida y por eso intento cambiarlo. En cambio la tristeza es la reacción ante un mal presente que se ya se ve como invencible. Me entristezco porque esto que estoy padeciendo no lo puedo combatir. Jesús tiene estos dos sentimientos: la ira, porque está decidido a combatir aquello que le hace mal a su pueblo, no va a permitir la inmovilidad y la inacción ante cualquier cosa que le pase a cualquier persona.

Uno podría rezar pidiendo preservá siempre esa santa ira y hacénosla saber, cuando en nuestros cultos o lo que sea que hagamos religioso, no hayamos puesto al hombre que padece o que tiene alguna necesidad en el centro. Y también pedirle a Jesús que jamás sienta tristeza por la dureza de mi corazón, que siempre sienta que la puede combatir, la puede doblegar.

Jesús los desafía: "Extiende tu mano". Esa expresión está ya en el Éxodo, cuando Moisés tiene atrás a los egipcios pisándole los talones y parecía que todo se vendría en banda, le dice el Señor a Moisés: ¿Por qué sigues clamando a mí? Dí a los israelitas que se pongan al mar, y tú alza tu cayado, extiende tu mano sobre el mar y divídelo, para que los israelitas entren en el medio del mar a pie enjuto.

Este extender tu brazo que tantas veces aparece en la Biblia tiene esto atrás también. Extender los brazos para abrir los mares, para abrir este espacio que parece invencible, de quietud, de inmovilidad. Jesús nos extiende el brazo y nos abre camino.

escrito por el Padre Roberto Álvarez
(fuente: radiomaria.org.ar)

martes, 19 de enero de 2016

"El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado"

Martes de la segunda semana del tiempo ordinario
(19/01/2016)

Primer Libro de Samuel 16, 1-13. 

El Señor dijo a Samuel: "¿Hasta cuándo vas a estar lamentándote por Saúl, si yo lo he rechazado para que no reine más sobre Israel? ¡Llena tu frasco de aceite y parte! Yo te envío a Jesé, el de Belén, porque he visto entre sus hijos al que quiero como rey". Samuel respondió" "¿Cómo voy a ir? Si se entera Saúl, me matará". Pero el Señor replicó: "Llevarás contigo una ternera y dirás: 'Vengo a ofrecer un sacrificio al Señor'. Invitarás a Jesé al sacrificio, y yo te indicaré lo que debes hacer: tú me ungirás al que yo te diga". Samuel hizo lo que el Señor le había dicho. Cuando llegó a Belén, los ancianos de la ciudad salieron a su encuentro muy atemorizados, y le dijeron: "¿Vienes en son de paz, vidente?". "Sí, respondió él; vengo a ofrecer un sacrificio al Señor. Purifíquense y vengan conmigo al sacrificio". Luego purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó al sacrificio. Cuando ellos se presentaron, Samuel vio a Eliab y pensó: "Seguro que el Señor tiene ante él a su ungido". Pero el Señor dijo a Samuel: "No te fijes en su aspecto ni en lo elevado de su estatura, porque yo lo he descartado. Dios no mira como mira el hombre; porque el hombre ve las apariencias, pero Dios ve el corazón". Jesé llamó a Abinadab y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: "Tampoco a este ha elegido el Señor". Luego hizo pasar a Sammá; pero Samuel dijo: "Tampoco a este ha elegido el Señor". Así Jesé hizo pasar ante Samuel a siete de sus hijos, pero Samuel dijo a Jesé: "El Señor no ha elegido a ninguno de estos". Entonces Samuel preguntó a Jesé: "¿Están aquí todos los muchachos?". El respondió: "Queda todavía el más joven, que ahora está apacentando el rebaño". Samuel dijo a Jesé: "Manda a buscarlos, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que llegue aquí". Jesé lo hizo venir: era de tez clara, de hermosos ojos y buena presencia. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Levántate y úngelo, porque es este". Samuel tomó el frasco de óleo y lo ungió en presencia de sus hermanos. Y desde aquel día, el espíritu del Señor descendió sobre David. Samuel, por su parte, partió y se fue a Ramá.


Salmo 89(88), 20. 21-22.27-28.

Tú hablaste una vez en una visión
y dijiste a tus amigos:
“Impuse la corona a un valiente,
exalté a un guerrero del pueblo.

«Encontré a David, mi servidor,
y lo ungí con el óleo sagrado,
para que mi mano esté siempre con él
y mi brazo lo haga poderoso.»

El me dirá: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Yo lo constituiré mi primogénito,
el más alto de los reyes de la tierra.


del Evangelio según San Marcos 2, 23-28.

Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: "¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?". El les respondió: "¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?". Y agregó: "El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado".








REFLEXIÓN

A veces nos hemos corrido por distintos motivos de ese centro de la vida. Hoy el Señor nos quiere ayudar a encontrar otra vez el centro, el verdadero sentido de las cosas, por eso vamos a estar orientándonos por la Palabra sobre el “sábado”. Este sábado que para nuestros hermanos mayores, los judíos, es tan sagrado. Pero, ¿cuál es el verdadero sentido que el Señor hoy le quiere dar? Quizás las palabras de San Agustín, esta frase tan conocida “Ama y haz lo que quieras” nos ayude a iluminar este tiempo de reflexión.

El Señor viene a renovar el sentido de la Ley judía, no la viene a destruir sino que le viene a dar cumplimiento. Viene a dar cumplimiento al Espíritu de la Ley, así como ayer también lo podíamos reflexionar. El Espíritu, poder ver que es lo que Dios quiere a través de esa Ley que viene a grabar a fuego en nuestros corazones. Por eso nos preparamos, por eso queremos, junto al Señor, recorrer este camino, el camino de recibir Su Palabra y hacerla vida en cada una de nuestras vidas.

Primero, es bueno, cuando leemos la Escritura, ubicarnos en el contexto histórico. Nos hace tanto bien cuando rezamos a partir de algún pasaje bíblico armarnos la escena, poder visualizar los distintos personajes, y en este evangelio que hoy escuchamos también es bueno recordar que es el sábado para los judíos, quién lo impuso, cuál es el sentido que tenía. El sábado para los judíos era y es el día actualmente para nuestros hermanos, el día del descanso, el día en donde no se puede hacer ningún tipo trabajo, ningún tipo de esfuerzo. Con decirte por ejemplo que el judío más ortodoxo, cuando observa de esta manera el sábado ni siquiera puede hacer el esfuerzo de prender una tecla de la luz porque es un día de descanso ofrecido especialmente como día del Señor y día de descanso en medio del trabajo, aquél que impuso Moisés. Y Jesús tiene que enfrentarse a esta ley que en realidad era vivida por los fariseos de una manera extrema, de una manera en donde lo que importaba era cumplir la ley, el cumplimiento, todo lo que tenía que ver con lo legal, con ese cumplimiento legalista, pero Jesús veía que estos hombres se quedaban en aquél cumplimiento y no en lo que movía o llevaba a cumplir esa Ley. Por eso, si hay un riesgo que el Señor nos ayuda siempre a discernir y evitar es el del cumplimiento, mitad cumplir y mitad mentir. Cumplo pero a la vez miento. En realidad lo que nos tiene que llevar y lo que Jesús nos quiere llevar a descubrir es qué es lo que me mueve a cumplir esa Ley y es el amor a mi Dios, el amor a ese Dios que se ha entregado todo y que quiere venir a grabar a fuego la Ley en nuestro corazón pero para que la llevemos al cumplimiento, para que sea el motor de nuestras palabras, de nuestros pensamientos, de nuestros gestos. Por eso Jesús se tiene que enfrentar a los fariseos que han deformado la Ley de Moisés porque se quedaron en las pequeñeces y se olvidaron del Espíritu que crea la Ley, ese Espíritu de la Ley que es el que mueve a llevarla a cabo y hacer todo por amor a Dios.

Los fariseos por eso acusan a los discípulos de Jesús de violar el sábado. Y así como no está permitido en sábado para los judíos ni siquiera encender la llave de una luz, tampoco estaba permitido hacer lo que los judíos hicieron en el campo. Ese trabajo que ellos hicieron de quitar las espigas porque tenían hambre, le llaman segar o trillar, y estas tareas del campo y unas cincuenta tareas más que podríamos añadir e investigar a cerca del trabajo del campo en aquél tiempo, estaban prohibidas en sábado, en el día del descanso. Por eso es que el Señor, que muchas veces se antepone al grupo de los fariseos, pero no solamente por hacer la contra, por querer imponer su Ley, sino que el Señor quiere hacerles ver, quiere demostrarles que la Ley es una Ley que debe ser vivida en el Espíritu, una Ley que el viene a renovar y a darle cumplimiento con hechos, con palabras, con gestos concretos, no quedándose en el mero precepto sino en lo que nos mueve, por eso Jesús le da un nuevo sentido al sábado. Jesús viene a enseñarnos que toda ley, los mandamientos, los preceptos que nos enseña nuestra Santa Madre Iglesia, deben ser llevados adelante solamente por amor a Dios. Si hoy te encuentras haciendo algo por obligación será hora de sincerarnos frente a Dios. ¿Qué es lo que me mueve a cumplir con los preceptos de la Iglesia, a rezar, a hacer el bien, a llevar adelante lo que Jesús planea para mi vida? ¿Es el amor? ¿Es el cumplimiento? ¿Es el temor a Dios? El precepto dominical, por ejemplo, este día del Señor, que para los católicos podríamos decir que es como ese sábado para los judíos, este día del Señor que viene Jesús a instaurar entre nosotros, este precepto de amor, obligación de amor, ¿cómo la cumplimos, la llevamos a cabo? ¿Qué es lo que nos mueve a llevarla adelante?

Agradar a Dios en todo, esa puede ser la consigna de hoy y la enseñanza que el Señor hoy nos quiere dejar. Desde la intención por la cuál hacemos cada cosa hasta aquello que hacemos en concreto.

Continuando con nuestra reflexión, veníamos preguntándonos acerca de cuál era la intención con la cuál hacemos cada cosa, cuál es la intención con la cuál cumplimos la Ley de Dios, cumplimos los mandamientos, los preceptos, hacemos las cosas en nuestra vida. ¿Qué es lo que me mueve? Es importante que podamos reflexionar y mirar hacia nuestro interior acerca de qué es lo que nos mueve a hacer cada cosa. Decíamos al comienzo del programa que la frase de San Agustín nos iba a ayudar a poder reflexionar y que iba a venir a iluminar esta reflexión de la mano del Evangelio: Ama y haz lo que quieras. Pero primero amar, ahí está la clave que San Agustín nos muestra hoy también, primero amar, y que sea el amor lo que nos mueva a decir, a pensar, a hacer, a llevar en concreto cada una de las cosas que realizamos. Amar, cuando es el amor el que nos mueve a hacer cada cosa, entonces, estamos seguros, tenemos la certeza de estar haciendo lo que Dios haría en nuestro lugar. Por eso es bueno analizar y preguntarse: ¿amo en cumplimiento o amo por el amor mismo? Ojala que el Señor nos ayude a purificarnos cada vez que hagamos, que digamos, que pensemos, que sea el amor siempre el que nos mueva a hacer esto para que ese amor nos mueva a hacer las cosas buenas, las cosas que el Señor haría en nuestro lugar. Qué bueno preguntarse cada vez que uno está en una situación, ante una decisión, ante un hecho, ante una circunstancia, qué haría el Señor en mi lugar. Quizás ello nos ayude a confrontar con lo que sentimos, que quizás esté en disonancia o quizás no, esté en consonancia, y descubramos que lo que siento es lo mismo que haría el Señor. Qué bueno que si disentimos eso que haría el Señor en mi lugar, me ayude a sobreponerme y con voluntad realizar lo que Dios realmente quiere para nuestras vidas, por eso este es el gran significado que Jesús viene a darle al sábado, al día del Señor, vivir en Cristo y alegrarnos en el por la paz y la salvación que nos ha venido a traer.

El Concilio Vaticano II inspirándose también en este pasaje evangélico que hoy estamos reflexionando y ante el cuál hoy nos hemos posicionado, viene a comentar y a subrayar que la persona debe estar por encima de las cuestiones económicas y sociales. Dice el CVII: “El orden social y su progresivo desarrollo se han de subordinar en todo momento al bien de la persona, porque el orden de las cosas se ha de someter al orden de las personas y no al revés. El mismo Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.” Por eso, queridos hermanos, el Señor viene a traernos esta novedad hoy, viene a ayudarnos a encontrar el centro, ese sentido común, hacer todo por amor. Los discípulos tenían hambre, quisieron comer, no es que quisieron violar la Ley, había un sentido común, había algo que los movió a suplir esa necesidad. Toda la Ley de Dios y todos los mandamientos y preceptos que la Iglesia nos propone están a nuestro servicio, no para esclavizarnos sino para hacernos libres. No para atarnos sino para que, realmente, conociendo la verdad más profunda, podamos amar cada día más perfectamente. Por eso recordemos lo que Jesús dice en el Evangelio hoy a los fariseos y también para nosotros, este día del Señor, esta Ley que llega a nuestros corazones, ha sido hecha para el hombre, para hacerlo libre y no el hombre para la ley. Viene esta ley para servirnos y viene a darnos esa plenitud que no podríamos conseguirla por nuestros propios medios.

¿Qué podemos hacer para agradar a Dios hoy? Quizás sea liberarnos de este cumplimiento, de este cumplir y mentir a la vez, liberarnos de querer agradar a todo el mundo, para que mejor podamos querer lo primero es agradar a Dios. Que podamos recordar estas palabras de San Agustín: Ama y haz lo que quieras. Se lo pedimos al Señor que nos ayude a llevar a cumplimiento en nuestras vidas, que podamos llevar en concreto, en la práctica, esto de primero amar y después hacer. Que sea el amor el que nos lleve a hacer todo en este día y en nuestros días.

El Señor hoy viene a renovar nuestras intenciones, qué bueno que el Señor venga a purificarnos para que sea el amor el motor de cada una de las cosas que haga. Y a veces quizás podemos encontrarnos con sentimientos encontrados, con voluntades encontradas, muchas veces quizás tengamos voluntad de querer hacer algo pero cuando lo examinamos en la presencia del Señor no es lo que el Señor haría, o no es el amor el que me va a mover a hacer esas cosas, por eso hay algo fundamental que nos enseña el Señor que es el amor de benevolencia, es decir, el amor por el cuál se busca el bien del otro que es nuestro propio bien. Por eso ¿qué es lo que te mueve a hacer cada una de las cosas que haces? ¿Qué es lo que te mueve a trabajar, a perdonar, a ser bueno, a tratar de hacer el bien, a servir? ¿Qué es lo que te mueve a cada una de las cosas que decís, que pensás? Qué bueno que el Señor hoy nos ayude a purificarnos en nuestras intenciones y que pueda reinar el amor en cada una de nuestras decisiones, en cada uno de nuestros pasos. Por eso también el Señor, como te lo decía antes, nos ayuda a encontrar siempre el sentido común ante todas las cosas.

Cuando vivimos nuestra religiosidad como un medio que nos termina aislando o que nos aliena y nos hace perder este sentido común estamos en un riesgo porque estamos haciendo lo que hacían los fariseos, quedarnos en la ley sin vivir el espíritu que mueve a esa ley, por eso es bueno siempre, en la presencia del Señor, purificar nuestras intenciones. Por qué voy a misa, por qué voy a rezar, por qué voy a cumplir este precepto dominical, este día del Señor. Qué puedan ser obligaciones de amor. En la vida tenemos muchas obligaciones de amor y es bueno que así sea, con nuestros padres, hijos, hermanos, familiares, vecinos, enfermos, pobres, obligación de amor. Y ojo que la obligación de amor no siempre coincide con nuestras ganas, no siempre coincide con lo que queremos hacer, no siempre coincide con la distribución del tiempo en nuestras vidas, por eso es bueno preguntarnos ante cada circunstancia, ante cada situación, ante cada hermano, qué es lo que Jesús haría en mi lugar en este momento. No siempre va a coincidir con nuestro querer pero será bueno que sigamos los pasos del maestro.

¿Señor, vos hubieras hecho esto? Yo lo voy a hacer. Aunque no tenga ganas, aunque no me de placer, aunque no me sea cómodo, aunque en este momento no lo quiera llevar adelante, aunque este domingo me gustaría quedarme aquí en mi casa descansando sé que tengo esta obligación de amor, ir a alabarte, bendecir tu nombre en la asamblea dominical, en la Misa, en la Eucaristía, sabiendo que cuando nos anteponemos con nuestra voluntad a veces a vencer la pereza, sabemos que el Señor jamás nos deja iguales.

Cuando hacemos lo que Dios quiere, lo que al Señor le agrada, siempre el Señor se ocupa de modificar nuestras vidas, de tocarnos y dejarnos esa gracia que necesitamos. Dios ve todas nuestras intenciones, por eso, cuando también con su gracia, tratamos de vencer las tentaciones ante las intenciones, esa tentación de quedarme, de no hacerlo, cuando puedo vencer con mi voluntad, con la fuerza de la gracia que me da el Señor, entonces vivo en la presencia de Jesús en todo momento, no solamente cuando tengo ganas. Ahí está nuestro desafío, hacer lo que podamos, todo lo que podamos cada día, de esa manera estaremos tratando de ser santos. Hermanos, hermanas, ese es el llamado que Dios nos hace a todos cuando nos ha creado, a amarlo y servirlo, este llamado a la santidad consiste en hacer todo lo que podamos, lo que no podemos lo hace Dios. Y lo que no podemos, si no está a nuestro alcance, entonces no tenemos la obligación de cumplirlo, de hacerlo. Dios quiere que hagamos todo lo que podamos de bueno cada día. Ese es el camino de nuestra santidad. Y frente a todo lo que podemos entonces no quedará lugar para el reproche, no quedará lugar para arrepentirnos y decir que podría haber hecho tal cosa y me quedé.

Que el Señor hoy impulse nuestras vidas para que salgamos con ganas, con fuerza, con voluntad también, pero también tratando de no caer en la tentación del voluntarismo sino nuestra voluntad confiada a la gracia de Dios. Señor fortalece mi voluntad para que hoy pueda ir a trabajar agradándote y aunque no tengo ganas o me gustaría quedarme en casa lo hago porque me mueve el amor a mi familia, el amor a vos, y este trabajo también, que es la tarea diaria que hace que el pan llegue a mi mesa cada día me santifica también. Y así con cada una de las tareas que tenemos que enfrentar y que llevar adelante, hacer lo que podamos, amar y hacer lo que queramos siguiendo la recomendación de San Agustín. Ese es el camino de la santidad, el camino que tantos hermanos y hermanas han recorrido a lo largo de tantos años de la Iglesia, esos que ya gozan de la Iglesia triunfante en el cielo, que han sabido discernir en sus corazones que es todo lo bueno que podían hacer cada día. Que podamos llevar adelante esto en nuestras vidas, con la ayuda del Señor, esa gracia que hace posible lo que nos parece imposible.

Señor, ayúdanos a que podamos cumplir de verdad, con amor, estas obligaciones de amor que tenemos para con vos y también para con los hermanos. El que dice que ama a Dios, nos dice la Biblia, y nos ama a los hermanos está mintiendo, por eso Señor queremos cada día ser más y más consecuentes con aquellos que dejas en nuestro corazón, tu amor infinito,. Señor recibí todas las intenciones que hoy hemos compartido, todas las que tenemos en el corazón, todas nuestras intenciones buenas, y aquellas que no concuerden en nuestra voluntad ayúdanos Señor a purificarlas, ayúdanos a discernir qué es lo que vos harías en nuestro lugar, cuál es tu voluntad. Discernir en nuestra vida la voluntad de Dios es pensar qué es lo que Jesús haría en mi lugar y por consecuente, llevarlo a cabo.

escrito por Padre Matías Perez
(fuente: radiomaria.org.ar)

lunes, 18 de enero de 2016

"¡A vino nuevo, odres nuevos!"

Lunes de la segunda semana del tiempo ordinario
(18/01/2016)

Primer Libro de Samuel 15,16-23.

Entonces Samuel dijo a Saúl: "¡Basta! Voy a anunciarte lo que el Señor me dijo anoche". "Habla", replicó él. Samuel añadió: "Aunque tú mismo te consideres poca cosa, ¿no estás al frente de las tribus de Israel? El Señor te ha ungido rey de Israel. El te mandó hacer una expedición y te dijo: Ve y consagra al exterminio a esos pecadores, los amalecitas; combátelos hasta acabar con ellos. ¿Por qué entonces no has escuchado la voz del Señor? ¿Por qué te has lanzado sobre el botín y has hecho lo malo a los ojos del Señor?". Saúl le replicó: "¡Yo escuché la voz del Señor! Hice la expedición que él me había encomendado; traje a Agag, rey de Amalec, consagré al exterminio a los amalecitas, y el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor de lo destinado al exterminio, para ofrecer sacrificios al Señor, tu Dios, en Guilgal". Samuel respondió: "¿Quiere el Señor holocaustos y sacrificios o quiere que se obedezca su voz? La obediencia vale más que el sacrificio; la docilidad, más que la grasa de carneros. Como pecado de hechicería es la rebeldía; como crimen de idolatría es la contumacia. Porque tú has rechazado la palabra del Señor, él te ha rechazado a ti para que no seas rey".


Salmo 50(49), 8-9.16bc-17.21.23.

No te acuso por tus sacrificios:
¡tus holocaustos están siempre en mi presencia!
Pero yo no necesito los novillos de tu casa
ni los cabritos de tus corrales.

"¿Cómo te atreves a pregonar mis mandamientos
y a mencionar mi alianza con tu boca,
tú, que aborreces toda enseñanza
y te despreocupas de mis palabras?

Haces esto, ¿y yo me voy a callar?
¿Piensas acaso que soy como tú?
Te acusaré y te argüiré cara a cara.

El que ofrece sacrificios de alabanza,
me honra de verdad;
y al que va por el buen camino,
le haré gustar la salvación de Dios."


del Evangelio según San Marcos 2, 18-22.

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?". Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!".






REFLEXIÓN

Todos estos días vamos a ir compartiendo esta parte del evangelio de Marcos, ustedes saben que casi todos los estudiosos del evangelista coinciden decir que Marcos cuando se sienta a armar, a pensar, son dos los grandes temas que tiene: la identidad de Jesús y el tema del discipulado, si bien el discipulado va a tener otro centro en otro momento del evangelio, esta primera parte donde están los llamados a los discípulos, va como armando el ambiente donde los discípulos descubren esta identidad de Jesús y lo que les va a significar a ellos. En este pedacito que estamos leyendo del capítulo 2 entramos al centro del ciclo, porque en esta parte, lo que Marcos quiere señalar es que con esta nueva relación con Dios, caducan las instituciones de Israel, quiere afirmar la absoluta novedad del mensaje de Jesús, y quiere que queden excluidas todas las antiguas estructuras y hacerlas pasar por incompatibles con este mensaje.

Siempre es bueno aclarar que el evangelio de Marcos, que es el más cercano a la vida concreta de Jesús, tiene este calor que uno puede descubrir San Pablo, en combate, en su polémicas con el mundo de los judíos, y por eso siempre la Iglesia hace una lectura de Marcos en el contexto de los otros evangelios, cuando uno lee solo Marcos esta todo este calor por quebrar con estructuras, de hecho antes de este texto ha venido el llamado a Leví y en este llamado a Leví que nosotros ya lo leemos como un llamado más para el contexto judío ha significado un escándalo, el publicano llamado supone que se ha acabado el exclusivismo en el discipulado que tenía que ser de tal o cual modo los discípulos de las estructuras rabínicas, llamarlo a Leví era no solo sentar precedentes sino marcar claramente un modo de discipulado de Jesús que ya no están solo los puros, solo los buenos, solo los que tienen toda la vida acomodadita, lo cual al menos a mí y creo que a muchos nos llena de tranquilidad esto e inmediatamente en el contexto, en esta parte del evangelio comienza a aumentar la hostilidad de los letrados que eran los maestros de la institución judía y la hostilidad de los fariseos que son los que observan la ley, están llamando gente que no cumplen la ley, porque empiezan a olfatear que Jesús va a terminar con una ruptura con la sinagoga porque esta relación entre Dios y el hombre está cambiando, está abierta a todos los hombres, es universal y hasta necesariamente va a cambiar el rol de Israel. La apertura a todos los hombres sin distinción inmediatamente va a hacer caducar todas las instituciones y las estructuras judías.

En el texto que hemos leído el ayunar o no ayunar es la escusa ideal para terminar haciendo la reflexión sobre lo viejo y sobre lo nuevo. En relación al texto anterior si se fijan, ha cambiado el personaje, ha cambiado la temática y esta está más vinculada al tema de los ayunos.

Nos metemos en el comienzo del texto, en la primera parte y para eso sin duda, hay que meterse en el tema del ayuno, para Israel el ayuno es sinónimo de mortificación, de humillación ante dioses, un acto de renuncia y de sufrimiento donde se intentaba aplacar la ira de un dios enojado por el pecado o apoyar la suplica, la extensión en los pedidos, quiero pedirle esto a Dios, me posiciono desde un lugar, ayunando, haciendo mortificación. Sin embargo estrictamente la ley judía prescribía un solo ayuno al año. Si recuerdan el texto del levítico, decía “era este para ustedes un decreto perpetuo, en el mes séptimo, el día decimo del mes, ayunaran y no harán trabajo alguno ni el nativo, ni el forastero que reside en medio de ustedes porque en ese día se hará expiación por ustedes para purificar, todos sus pecado quedaran limpios delante de Yahvé, será para ustedes día de descanso completo en el que han de ayunar, decreto perpetuo”

Así como en esta cita del levítico 16-19, donde el ayuno es expresión de luto y de tristeza en donde incluso, se omitía el arreglo personal para expresar exteriormente la ficción, recuerden el texto de Mateo donde Jesús dice: “Ayuna y que no se note”, bueno esto es porque la costumbre era que se notara y de hecho a los trasgresores del ayuno, el texto del levítico decía también cosas muy duras: “Ayunaras y ofrecerán manjares a Dios, no harán ese mismo día ningún trabajo, pues días de expiación en el que se debe hacer la expiación por ustedes delante de Yahvé, su Dios, el que no ayune este día será exterminado de entre su pueblo” Eso que era un día concreto, de a poquito la ansiedad judía lo había encendido. Los fariseos lo practicaban los lunes y los jueves de todas las semanas.

Una tradición decía que tenía que ser lunes y jueves porque el lunes Moisés había subido el monte y el jueves había bajado y otros dicen que la tradición de lunes y jueves son porque son los días más lejanos al sábado y los dos días más separados entre sí. El tema es que esta práctica que en la ley solo tenía un día y se había extendido, tenía no solo la observancia estricta de la ley, sino darse cuenta que nada satisfacía el ansia de perfección, el tema de poder ubicarse ante Dios cara a cara o con derecho. Uno no tiene claro si en muchas practicas de ayuno de antes y de ahora está disponer el corazón, en purificarse para amar más o eso de “Hago ayuno para obligarlo a que me escuche”, y en este contexto donde el ayuno es posicionarse ante Dios, para el fariseo, tener elementos para reclamar, para pararse y pedir a Dios, se acerca esta gente y hace esta pregunta, comparando a los discípulos de Jesús con los discípulos de Juan, lo cual es curioso porque en el evangelio de Juan en ningún momento esta expresado que hubiera un circulo de discípulos alrededor de Juan.

Para Marcos, Juan es el precursor nada más y el que importa es el que viene detrás, nosotros sabemos que después de eso hubo discípulos, pero en el evangelio de Marcos no, porque Marcos es tan importante que Juan lo presente solo a Jesús, abre el camino a Jesús, que no tiene tiempo de hacer una propia escuela, estas escuelas donde en el templo están los ritos, las mortificaciones, no entran dentro del concepto de el Juan Bautista de Marcos no quiere perpetuarse, no quiere aparecer, no quiere sostenerse en el tiempo porque su rol es solo preparar, cuando uno ve esto en Marcos se pregunta si muchas veces algunos discipulados que tienen el centro esto de la mortificación, del ayuno, del sacrificio, del esfuerzo constante, no son modos de perpetuar de las personas que los conmueven o de los mismos grupos, modos de identificarse como distintos, nosotros somos los que ayunamos, nosotros somos los que nos sacrificamos, esa parte no está pensada en lo que recuerda Marcos de Jesús y por eso es tan extraño ese discipulado de Juan; sin embargo van y le dicen presente el texto de Marcos, van y le dicen “¿Por qué tus discípulos no ayunan?”, cuando hay un presente en Marcos suele ser una preocupación de la comunidad, se ve que en la comunidad cristiana ya había preocupación por esto del ayuno, de hecho si uno lee la carta de los colosenses de Pablo, descubre un ambiente parecido, dice “Por tanto que nadie los critique por cuestiones de comida o bebida o a propósitos de fiestas, o de sábados”, ya había una cierta tendencia a volver al ayuno farisaico. Por qué razón le preguntan, con una fuerte extrañeza, le están marcando al maestro, al responsable de la enseñanza qué cosas está haciendo, qué cosas lleva esta gente que no le enseña a ayunar, que no le enseña la mortificación, que no le enseña el sacrificio.

Sería bueno ir pensando: ¿Qué tipo de discipulado seguimos nosotros? ¿Cómo es nuestro discipulado? Porque podría ser que también cuando nos decidimos, nos decidamos desde la mortificación, desde el sacrificio, desde el ayuno y que hoy descubramos que eso nos acerca más a un mundo de los fariseos, a un mundo de la observancia estricta de ciertas normativas o leyes, que al seguimiento de Jesús.

Vamos a la respuesta de Jesús y en la respuesta de Jesús seguimos pensando esto de si mi relación con Dios tiene esta característica de asentarme sobre mis esfuerzos, mis mortificaciones y hay cosas que son buenas y esta bueno proponérselas pero si eso me hace tener una relación de contrato con Dios o de relación de amor, vamos a ver cómo responde a esta inquietud de los discípulos de los fariseos, o discípulos del bautista Jesús. Recuerdan que en el texto dice: ¿pueden, a caso ayunar los amigos del novio, mientras el novio está con ellos?

Empieza este artículo 19, mencionando el nombre de Jesús, Marcos en general, cuando vuelve a poner el nombre de Jesús es porque quiere resaltar la respuesta a lo que va a decir y a eso le agrega que nosotros traducimos en les dijo, pero es un verbo enérgico, de fuerza, replicó, les contestó con fuerza y a una pregunta que estaba en presente porque recuerdan que se le acercaba y le dicen, lo usan en presente, la respuesta es en pasado, les dijo, les replicó porque en el fondo la respuesta ya está dada, es tan vieja las respuesta y tiene que ver con un cambio de enfoque, no va a dejar que lo entrampen a Jesús, ni siquiera se va a meter en esta comparación, no va a comparar, no va a contrastar, lo que si va a hacer es cambiarle las perspectivas a quienes ven el ayuno como un modo de expiación, Jesús se los va a hacer leer como de expresión.

¿Qué está expresando este ayuno, qué tipo de vinculo con Dios entonces, qué hace?, los mete en una boda, los mete en un espacio de amor y alegría, que es una preciosura, pensar que cada vez que yo estoy revisando mi relación con Dios, cada vez que estoy respetándola, la pienso desde estoy en un banquete de bodas y el novio es Jesús, entonces desde ahí les va a hacer ver con la pregunta retorica que su pregunta no tiene sentido y que el ayuno no es la expresión adecuada, de algo a esbozado Marcos cuando ha dicho que Juan no es digno de desatarle la correa de las sandalias de una relación esponsal con Dios, el simbolismo nupcial en la Biblia no lo inventa Jesús, ni Marcos, recuerdan el Antiguo Testamento, Isaías sin expresiones, Jeremías, Ezequiel y la expresión preciosa de Oseas cuando dice. “Por eso, yo voy a seducirla, la llevaré al desierto y hablaré a su corazón, allí le daré sus viñas, el valle Acor, lo haré puerta de esperanza y ella responderá allí como en sus días de juventud como el día en que subía del país de Egipto y sucederá aquel día, oráculo de Yahvé, que ella me llamará marido mío y no me llamará más Baal”. Toda esta tradición de Dios como esposo, como el novio, es la que está retomando casi al pasar en esta pregunta Jesús, ¿Cuál es el cambio? El primer plano no es el contractual, la relación con Dios no es un contrato, sino que es el amor y la fidelidad, entonces este nuevo vínculo va a ser caracterizado por el amor mutuo y la fidelidad y donde Jesús retoma o recrea la tradición del Antiguo Testamento y se adjudica a sí mismo la esponsalidad que estaba reservada solo a Dios.

En distintas partes de este versículo lo pone al novio como sujeto y como predicado, mientras el novio está con ellos, ahí seria Jesús el sujeto o el esposo del sujeto, diciendo que la iniciativa es Dios, es Dios el que está con nosotros y después dice mientras tengan al novio con ellos y el sujeto somos nosotros y Jesús es el predicado, la capacidad que nos ha dado de poseerlo a Dios, tenerlo con nosotros. Estos amigos del esposo que tienen esta posibilidad y hacen que esta relación no tenga nada que ver ni con el ayuno, ni con nada que se le parezca porque el clima de una boda es alegría. Entonces yo les preguntaba hace un ratito para los mensajes de repensar la relación con Dios desde esta clave donde nos convierte en discípulos desde el amor, desde un seguimiento donde en el centro está esta relación de alegría con Dios y no lo contractual, yo me esfuerzo y yo me porto bien para que Dios me quiera.

Yo estoy en una boda en donde he sido invitado y no soy el último orejón del tarro, sino que soy amigo del novio, de los que preparaban el sálamo nupcial, hay que crecer en seguridad para sentir esto, yo estoy en esta fiesta porque soy el amigo del novio y en este contexto ya no es la disciplina lo que rige mi relación con Dios, sino la presencia y de hecho el ayuno tiene esa clave cuando existe o donde debe existir, un pedido, un proceso de purificación o de mortificación. Si yo me mortifico o si yo me purifico es para la fiesta, para el banquete, para la alegría de encontrarme con el novio. Cuando nosotros éramos chiquitos mi papá nos invitaba a un diente libre muy famoso, muy rico, pues el día ese que a la noche nos íbamos a esta fiesta que era el diente libre en Jesús María nosotros ayunábamos, comíamos poquito para comernos todo después, en el diente libre. Me parece que esa es la clave para entender nuestros ayunos o nuestros sacrificios, preparación para la fiesta, tienen sentido tanto cuanto me voy a encontrar con Jesús, me voy a sentir el invitado especial, aquel que está en la boda y de hecho si se fijan en el versículo donde le reclaman a Jesús, muchas veces dice la palabra discípulo, Jesús no usa más la palabra discípulo, le dice los amigos del esposo, ustedes son mis amigos va a decirnos Jesús en el evangelio. Con esto corona el cambio de perspectivas, ya no hay mortificación para una relación de contrato, ya no hay un pararse desde mi propio sacrificio para tener con qué presentarme ante Dios, sino somos amigos del esposo invitados a su boda. Inmediatamente aclara: “Llegaran días” y después dice. “Aquel día”, no son muchos, el día en que el esposo les será quitado, históricamente un momento determinado, la noche del jueves, el viernes, en ese momento ayunaran, ¿Por qué ayunaron ahí? Por qué es una expresión espontanea de tristeza. Y si a mí me falta el amor de mi vida, si a mí me falta aquel por quien he entregado todo, he dejado todo, lógicamente esa angustia me cierra el estomago. Fíjense si en esa perspectiva nosotros viéramos nuestros pequeños ayunos o los sacrificios de los viernes durante el año, nuestro ayuno de abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo, es el cerrarse el estomago ante esta ausencia, esta ausencia de Jesús en nuestra vida, en la del mundo, en las injusticias sobre los pobres, sobre los explotados, si eso nos cerrara el estomago y fuera un momento particular, donde nos decidimos volver a la fiesta renovado, compartiendo más, exigidos a la caridad. Me parece que al fondo está esto, no tiene un valor religioso permanente, sino que está asociado el ayuno a momentos particulares, ¿Cuál es la realidad permanente en nuestra vida de cristianos? La boda y la alianza. Está claro que Jesús quiere mostrar que Dios no necesita de nuestras privaciones, no es que necesite que nosotros nos sacrifiquemos o suframos, sino que nosotros tendremos motivos para ayunar como purificación, pero no es eso el centro de la relación. El centro es la identidad de amigos del esposo y el estar en esta boda. Preguntémonos esto ¿Qué ha marcado mi identidad de cristiano y se parece este estilo de los fariseos? ¿Qué cosas son en las que yo baso mi relación con Dios o mis seguridades, en promesas, sacrificios?. Estaría bueno recordar aquellas veces donde hice promesas y sentí la decepción porque supuestamente yo cumplí y Dios no. Cuantas veces digo voy a hacer esta novena, voy a hacer esto o aquello, no voy a comer para que Dios me de esto. Después eso no aparece y me siento decepcionado. Eso sería un indicador y un tipo de relación contractual con Dios. Y por otro lado preguntarnos si mi relación discipular es una relación de amigo, donde me siento invitado a la boda, a estar de fiesta con Jesús cada día. En el último pedazo del texto, pone una comparación del principio general de esto de una nueva relación basada en el amor, y en esa comparación que hace Jesús entre el remiendo del paño nuevo en un vestido viejo o el vino nuevo, fíjense que en cada una de ella, en el versículo 21-22 nos hace ver el evangelio la Buena Noticia o el Reino como aquello nuevo, donde supone una novedad absoluta y en dónde no se puede mezclar no, dónde poner éste remiendo en aquello viejo, las estructuras, los estilos, el modo de vincularse de los fariseos con Yahvé, no tiene sentido porque va a terminar rompiéndolo. Lo fuerte y lo débil, lo fuerte, lo nuevo, lo que tiene realidad absoluta que es el evangelio, no encaja así no más en lo antiguo. No sería capaz de resistir la fuerza de lo nuevo. En Marcos, la Buena Nueva de Jesús, la posición en relación a toda la estructura farisea, es una alternativa. No hay posibilidad de síntesis entonces, los que conocen la realdad del reino no pueden seguir apegados a las instituciones y a las estructuras, que me parece que siempre desde la apoderación, relacionado a los otros evangelios, al Nuevo Testamento, a veces nosotros, por querer ser equilibrados dejamos de escuchar esta parte que también es del evangelio. Hay cosas que son incombinables, hay cosas donde uno tiene que ponerse en un lugar y decidir. Eso es lo que Marcos recordando la Buena Nueva de Jesús nos quiere decir en este pedacito.

Yo no puedo vivir poniendo paños nuevos en vestidos viejos. Hay momentos en que la radicalidad del evangelio, me invita a tomar postura que a veces nosotros lo ubicamos en temas morales y Marcos apunta a otro lado, en la estructura general como cristiano, como bautizado, hoy tiene que estar esta relación espontanea, tiene que estar esta conciencia de un vínculo que nace, es sentirse amigo del esposo e invitado a la fiesta. Si yo la quiero combinar con otras cosas a la corta o a la larga algo se va a romper y lo que dice primero del paño nuevo, lo dice al revés en relación a los pellejos viejos de vino, lo viejo no puede remozarse con lo nuevo, no es que yo le voy a meter lo que aprendí ahora, en toda la estructura vieja sino que si quiero hacer eso, corro el riesgo de estropear lo nuevo. A veces en nosotros, en nuestra inquietud, en nuestra vida cotidiana crujen estructuras. Pienso en algunas mamás, abuelas, papás que estarán escuchando la radio donde ven que un montón de estructuras de la vida familiar, de la vida de sus hijos están crujiendo y uno querría meterles algo del evangelio, la Buena Noticia en sus vidas, o cosas así, y nos darnos cuenta que por ahí, es incombinable y que hay que tomar decisiones y que a veces las decisiones no son seguir metiéndoles estructuras viejas a nuestros chicos, a nuestros adolecentes, a nuestros jóvenes o a las familias jóvenes, sino repensar la relación de esa gente con Dios. Cómo hacemos para entender que el evangelio en sus vidas los va a transformar pero no desde nuestras estructuras, hay que tener estructuras nuevas. Nosotros como diócesis en Córdoba llevamos mucho tiempo pensando, no tener respuestas viejas a preguntas nuevas, preguntas que hoy el mundo se hace, preguntas que hoy a través de las cuales Dios nos provoca en el hoy, del reino y de la iglesia, porque si no existe el peligro de querer integrar el reino a antiguos moldes. Lo nuevo es demasiado potente, demasiado fuerte para ser contenido por estructuras nuevas. Me parece que en esta parte del evangelio Jesús nos invita a la creatividad, a encontrar formas originales para expresar la realidad que se vive y para comunicarle a la humanidad. Entonces los invito a que, pensando esto de la nueva relación con Dios, una relación de amor, de alegría y cuales son aquellas cosas que tenemos que dejar de intentar combinarlo todo y decidirnos por el reino dejando de costado estructuras, estilos que ya no nos sirven, y lo único que hacen es aguar el vino nuevo en la fiesta de Jesús.

escrito por Padre Roberto Álvarez
(fuente: radiomaria.org.ar)

domingo, 17 de enero de 2016

El Vino Nuevo

Segundo domingo del tiempo ordinario
(17/01/2016)

Libro de Isaías 62, 1-5. 

Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una antorcha encendida. Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor. Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios. No te dirán más "¡Abandonada!", sino que te llamarán "Mi deleite", y a tu tierra "Desposada". Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo. Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.


Salmo 96(95), 1-2a.2b-3.7-8a.9-10ac.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre.
Día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.

adoren al Señor al manifestarse su santidad:
¡que toda la tierra tiemble ante él!
Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.


Carta I de San Pablo a los Corintios 12, 4-11.

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.


Evangelio según San Juan 2, 1-11.

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado con sus discípulos. Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le respondió: "Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía". Pero su madre dijo a los sirvientes: "Hagan todo lo que él les diga". Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.









REFLEXIÓN

VINO BUENO

A Jesús se le identifica, por lo general, con el fenómeno religioso que conocemos por cristianismo. Hoy, sin embargo, comienza a abrirse paso otra actitud: Jesús es de todos, no sólo de los cristianos. Su vida y su mensaje son patrimonio de la Humanidad.

Nadie en occidente ha tenido un poder tan grande sobre los corazones. Nadie ha expresado mejor que él las inquietudes e interrogantes del ser humano. Nadie ha despertado tanta esperanza. Nadie ha comunicado una experiencia tan sana de Dios, sin proyectar sobre él ambiciones, miedos y fantasmas. Nadie se ha acercado al dolor humano de manera tan honda y entrañable. Nadie ha abierto una esperanza tan firme ante el misterio de la muerte y de la finitud humana.

Dos mil años nos separan de Jesús, pero su persona y su mensaje siguen atrayendo a los hombres. Es verdad que interesa poco en algunos ambientes, pero también es cierto que el paso del tiempo no ha borrado su fuerza seductora ni ha amortiguado el eco de su palabra.

Hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, la figura de Jesús escapa de toda doctrina y transciende toda religión para invitar directamente a los hombres y mujeres de hoy a una vida más digna, dichosa y esperanzada.

Los primeros cristianos experimentaron a Jesús como fuente de vida nueva. De él recibían un aliento diferente para vivir. Sin él, todo se les volvía de nuevo seco, estéril, apagado. El evangelista Juan redacta el episodio de las bodas de Caná para presentar simbólicamente a Jesús como portador de un «vino bueno», capaz de reavivar el espíritu. Jesús puede ser hoy fermento de nueva humanidad. Su vida, su mensaje y su persona invitan a inventar formas nuevas de vida sana. Él puede inspirar caminos más humanos en una sociedad que busca el bienestar ahogando el espíritu y matando la compasión. Él puede despertar el gusto por una vida más humana en personas, vacías de interioridad, pobres de amor y necesitadas de esperanza.

FALTA VINO: No les queda vino

El episodio de Caná es de gran riqueza para quien se adentra en la estructura y la intención teológica del relato. Esta boda anónima en la que los esposos no tienen rostro ni voz propia, es figura de la antigua alianza judía. En esta boda falta un elemento indispensable. Falta el vino, signo de alegría y símbolo del amor, como cantaba ya el Cantar de los Cantares.

Es una situación triste que sólo quedará transformada por el «vino» nuevo aportado por Jesús. Un «vino» que sólo lo saborean quienes han creído en el amor gratuito de Dios Padre y viven animados por un espíritu de verdadera fraternidad.

Vivimos en una sociedad donde cada vez se debilita más la raíz cristiana del amor fraterno desinteresado. Con frecuencia, el amor queda reducido a un intercambio mutuo, placentero y útil, donde las personas sólo buscan su propio interés. Todavía se piensa quizás que es mejor amar que no amar. Pero en la práctica, muchos estarían de acuerdo con aquel planteamiento anticristiano de S. Freud: «Si amo a alguien, es preciso que éste lo merezca por algún título».

Uno no sabe qué alegría puede sobrevivir ya en una sociedad modelada según el pensar de profesores como F. Savater que escribe así: «Se dice que debo preocuparme por los otros, no conformarme con mi propio bien, sino intentar propiciar el ajeno, incluso, renunciar a mi riqueza o a mi bienestar personal o a mi seguridad para ayudar a conseguir formas más altas de armonía en la sociedad, o para colaborar en el fin de la explotación del hombre por el hombre. Pero, ¿por qué debo hacerlo?... ¿No es signo de salud que me ame ante todo a mí mismo?».

Uno comprende que cuando no se cree en un Dios Padre sea tan fácil olvidarse de los hermanos. En la nueva constitución de nuestro país ha desaparecido el término «fraternidad» sustituido por la palabra «solidaridad». Cabe preguntarse si sabremos comprometernos en una verdadera solidaridad cuando no nos reconocemos como hermanos. ¿Es suficiente reducir la convivencia a una correlación de derechos y obligaciones? ¿Basta organizar nuestra vida social como una mera asociación de intereses privados?

Esta sociedad donde cualquier hombre puede ser secuestrado e instrumentalizado al servicio de tantos intereses, necesita la reacción vigorosa de quienes creemos que todo hombre es intocable pues es hijo de Dios y hermano nuestro.

El amor al hombre como alguien digno de ser amado de manera absoluta es un «vino» que comienza a escasear. Pero no lo olvidemos. Sin este «vino» no es posible la verdadera alegría entre los hombres.

LENGUAJE DE GESTOS

El evangelista Juan no dice que Jesús hizo "milagros" o "prodigios". Él los llama "signos" porque son gestos que apuntan hacia algo más profundo de lo que pueden ver nuestros ojos. En concreto, los signos que Jesús realiza, orientan hacia su persona y nos descubren su fuerza salvadora.

Lo sucedido en Caná de Galilea es el comienzo de todos los signos. El prototipo de los que Jesús irá llevando a cabo a lo largo de su vida. En esa "transformación del agua en vino" se nos propone la clave para captar el tipo de transformación salvadora que opera Jesús y el que, en su nombre, han de ofrecer sus seguidores.

Todo ocurre en el marco de una boda, la fiesta humana por excelencia, el símbolo más expresivo del amor, la mejor imagen de la tradición bíblica para evocar la comunión definitiva de Dios con el ser humano. La salvación de Jesucristo ha de ser vivida y ofrecida por sus seguidores como una fiesta que da plenitud a las fiestas humanas cuando éstas quedan vacías, «sin vino» y sin capacidad de llenar nuestro deseo de felicidad total.

El relato sugiere algo más. El agua solo puede ser saboreada como vino cuando, siguiendo las palabras de Jesús, es «sacada» de seis grandes tinajas de piedra, utilizadas por los judíos para sus purificaciones. La religión de la ley escrita en tablas de piedra está exhausta; no hay agua capaz de purificar al ser humano. Esa religión ha de ser liberada por el amor y la vida que comunica Jesús.

No se puede evangelizar de cualquier manera. Para comunicar la fuerza transformadora de Jesús no bastan las palabras, son necesarios los gestos. Evangelizar no es solo hablar, predicar o enseñar; menos aún, juzgar, amenazar o condenar. Es necesario actualizar, con fidelidad creativa, los signos que Jesús hacía para introducir la alegría de Dios haciendo más dichosa la vida dura de aquellos campesinos.

A muchos contemporáneos la palabra de la Iglesia los deja indiferentes. Nuestras celebraciones los aburren. Necesitan conocer más signos cercanos y amistosos por parte de la Iglesia para descubrir en los cristianos la capacidad de Jesús para aliviar el sufrimiento y la dureza de la vida.

¿Quién querrá escuchar hoy lo que ya no se presenta como noticia gozosa, especialmente si se hace invocando el evangelio con tono autoritario y amenazador? Jesucristo es esperado por muchos como una fuerza y un estímulo para existir, y un camino para vivir de manera más sensata y gozosa. Si solo conocen una "religión aguada" y no pueden saborear algo de la alegría festiva que Jesús contagiaba, muchos seguirán alejándose.

Difunde la alegría de Jesús. Pásalo.

escrito por José Antonio Pagola
(fuente: www.misionerosclaretianos.org)
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...