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sábado, 6 de febrero de 2016

Sintió compasión de ellos

Sábado de la cuarta semana del tiempo ordinario
(06/02/2016)

Primer Libro de los Reyes 3, 4-13. 

El rey fue a Gabaón para ofrecer sacrificios allí, porque ese era el principal lugar alto. Sobre ese altar, Salomón ofreció mil holocaustos. En Gabaón, el Señor se apareció a Salomón en un sueño, durante la noche. Dios le dijo: "Pídeme lo que quieras". Salomón respondió: "Tú has tratado a tu servidor, David, mi padre, con gran fidelidad, porque él caminó en tu presencia con lealtad, con justicia y rectitud de corazón; tú le has atestiguado esta gran fidelidad, dándole un hijo que hoy está sentado en su trono. "Señor, Dios mío, has hecho reinar a tu servidor en lugar de mi padre David, a mí, que soy apenas un muchacho y no sé valerme por mí mismo. Tu servidor está en medio de tu pueblo, el que tú has elegido, un pueblo tan numeroso que no se puede contar ni calcular. Concede entonces a tu servidor un corazón comprensivo, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal. De lo contrario, ¿quién sería capaz de juzgar a un pueblo tan grande como el tuyo?". Al Señor le agradó que Salomón le hiciera este pedido, y Dios le dijo: "Porque tú has pedido esto, y no has pedido para ti una larga vida, ni riqueza, ni la vida de tus enemigos, sino que has pedido el discernimiento necesario para juzgar con rectitud, yo voy a obrar conforme a lo que dices: Te doy un corazón sabio y prudente, de manera que no ha habido nadie como tú antes de ti, ni habrá nadie como tú después de ti." Y también te doy aquello que no has pedido: tanta riqueza y gloria que no habrá nadie como tú entre los reyes, durante toda tu vida.


Salmo 119(118), 9.10.11.12.13.14.

¿Cómo un joven llevará una vida honesta?
Cumpliendo tus palabras.
Yo te busco de todo corazón:
no permitas que me aparte de tus mandamientos.

Conservo tu palabra en mi corazón,
para no pecar contra ti.
Tú eres bendito, Señor:
enséñame tus preceptos.

Yo proclamo con mis labios
todos los juicios de tu boca.
Me alegro de cumplir tus prescripciones,
más que de todas las riquezas.


del Evangelio según San Marcos 6, 30-34.

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer. Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto. Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.








REFLEXIÓN

“Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo... que es resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Heb 1,1-3). Ya en el Antiguo Testamento el Dios de Israel se había revelado como un Dios personal, que ama a su pueblo y lo salva, que lo conduce como un pastor a su rebaño, que vela por el huérfano y la viuda y que defiende personalmente a los débiles. Pero la revelación plena de Dios se nos iba a dar en su Palabra encarnada, Jesucristo. En efecto, “a Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1,18).

Dios es invisible; pero no por esto perdemos toda esperanza de verlo, pues su Hijo único “lo ha contado”, lo ha hecho visible en su propia persona. A esto se refiere Jesús cuando declara: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn 14,9). Nuestra principal ocupación debe ser, entonces, contemplar a Jesús. Viendolo actuar a él debemos concluir: “Así es Dios”. Es lo que haremos leyendo el Evangelio de este domingo.

El Evangelio nos relata el momento en que los apóstoles regresan donde Jesús, después de haber sido enviados por él en una primera misión: “Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado”. Habríamos esperado que Jesús hiciera con ellos una evaluación de esta primera experiencia apostólica. Pero la preocupación de Jesús se centra en ellos. Jesús está más preocupado de procurarles descanso a ellos: “Entonces, él les dice: ‘Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco’”. Jesús los defiende del “stress”, pues -dice el Evangelio- “los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer”. Y se fueron con él en la barca a un lugar solitario. Concluimos: Así es Dios. Para él lo importante es el bienestar nuestro. Dios es un Padre que se interesa por cada uno de sus hijos personalmente y vela incluso por sus necesidades temporales, por su descanso y su alimentación.

Van con Jesús en la barca a un lugar solitario con intención de “descansar un poco”. Pero la multitud se les adelanta por la playa y “al desembarcar, vio mucha gente”. No los dejaron cumplir con su objetivo de descansar y comer. ¿Cómo reacciona Jesús ante esta contrariedad? Habríamos esperado algún gesto de impaciencia o de molestia. Pero no hay ni sombra de esto. Al contrario, Jesús reacciona de esta otra manera: “Sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor”. Jesús reacciona como el pastor que ellos buscan, más aun, como “el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). No está velando por su propio descanso, sino solamente por el bienestar de esas ovejas: “Se puso a enseñarles muchas cosas”.

Al observar esta actitud de Jesús, debemos concluir: “Así es Dios”. Dios es un Padre que está siempre disponible para sus hijos, sobre todo cuando lo buscan. Así lo expresa hermosamente la IV Plegaria eucarística: “Compadecido tiendes la mano a todos, para que te encuentre el que te busca”.

escrito por + Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles
22 de julio de 2012
(fuente: aciprensa.com)

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